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Vacaciones escolares, perrea, perrea

Escrito por sandrafaginas
17 de marzo de 2008 a las 20:25h

Cuando los niños están de vacaciones se agradece, seguro, el no tener esas prisas matutinas del «Venga, desayuna», «Corre, que cierran la puerta», «Rápido, a peinarte»… se agradece también que a la hora de que se vayan a la cama puedan andar remoloneando sin necesidad de agobiarlos ni de que te agobien. Así que las vacaciones en principio se suponen relajantes. Ahora sólo falta conciliarlas con las de los padres, porque ahí donde tu crío de, pongámosle de 3 años, tiene todo un calendario fijado ya a principio de curso con parones cada aproximadamente dos meses, tú andas escasito para pillarte unos días en medio del año, si contamos que en el verano dispones de ese mes tan deseado. Es entonces en ese momento cuando te asalta un grito de guerra: ¡Vacaciones escolares, perrea, perrea! 1. Los carnavales. 2. Semana Santa. 3. El veranito. 4. La Navidad…, perrea, perrea. Y sí, los padres perrean y berrean porque no saben qué hacer con ellos.No se trata tanto de deshacerse de los niños, porque den la lata, sino de cómo poder estar con ellos si tú estás trabajando. Las vacaciones son sagradas y los niños seguramente las necesitan (no sé si tantas), pero durante ese tiempo de ocio feliz, tú, infeliz, tienes que seguir con tu rutina laboral. Así que o te las apañas con los abuelos (que no trabajen) o comienzas a recurrir a todo ese tipo de actividades enfocadas a los niños que se están poniendo de moda, como ludotecas, parques infantiles, campamentos urbanos, etcétera, con distinto éxito, según los padres, y que no abarcan, como es lógico, todo el período vacacional y no son gratuitos. Hay otro inconveniente todavía más grave, que es el que realmente impide la conciliación con los niños en estas fechas: no todos los padres dejan de trabajar en los días supuestamente festivos. Las enfermeras y enfermeros seguirán cuidando de los pacientes, los médicos estarán de guardia, el periódico, fresquito en el quiosco, algún centro comercial abrirá sus puertas, el pan lo recibirá calentito, las tiendas de comestibles abrirán algún día festivo y el sábado, los taxis seguirán funcionando, los autobosuses, también, los restaurantes, los hoteles, las cafeterías… El mundo no se para en días festivos, pero durante once días en Semana Santa los niños estarán en casa, porque se lo merecen, y sus padres se merecen poder estar también con ellos. ¿Cómo?

El hombre opaco

Escrito por sandrafaginas
15 de marzo de 2008 a las 23:00h

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Son muchas las mujeres que se quejan de tener a su lado a un hombre opaco, un superhéroe opaco, que en el absurdo genial de Faemino y Cansado recibe el nombre de Francisco oPaco. Este superhéroe masculino se caracteriza básicamente por pasarse el día trabajando fuera de casa, así que suele tener una base genérica que luego se metamorfosea en función de las variantes socioeconómicas y culturales que le rodean. El hombre opaco puede ser abogado, médico, practicante, enfermero, conductor de autobús, dueño de una librería, pintor, músico, ingeniero o astronauta. Pero ese hombre que a usted le ha tocado en la tómbola de la vida sale de casa a las ocho de la mañana y llega a las nueve de la noche, a veces no come en casa por trabajo (llama siempre para avisar) y a lo mejor también tiene que viajar por trabajo (avisa también antes para que una se vaya organizando). El superhéroe opaco trabaja, obligado, claro, por las circunstancias (no por gusto) y lo más probable es que termine entrando (obligado, digo) como una víctima en esa espiral masculina ascendente de reuniones a horas intempestivas, comidas, e incluso aviones… El hombre opaco, al final, puede acabar pensando que su trabajo vale más que el de su pareja porque se pasa más horas en el chollo y en su mundo eso se paga mejor, así que se convierte en un superhéroe sin horario fijo. A este laberinto sin salida se han sumado cada vez más superhéroes –se ha colado también alguna heroína- cuya misión es salvar al mundo (a la compañía, a la empresa, a su departamento, a su negocio…) como el que encarna Faemino en este vídeo que nos regalan. Muchos de ellos son seres que a golpe de cursos, másteres, y PowerPoint acaban su vida translúcidos por creerse imprescindibles. Mientras las empresas se sigan rigiendo por superhéroes opacos, el tiempo masculino dominará el mundo (para su propia desgracia) y alguien al otro lado seguirá recibiendo la llamada de teléfono clásica: «Cari, hoy no voy a comer».

Prohibido perros y niños

Escrito por sandrafaginas
14 de marzo de 2008 a las 20:40h

Comer fuera con los críos se está conviertiendo en una yincana. Tienes tantos obstáculos que casi siempre terminas por desistir o conformándote con la clásica pizza. ¿Hay vida además de la pasta? Por lo que llega a mis oídos la cosa está complicada. Los padres sensatos suelen escoger el perfil del establecimiento y acudir a los restaurantes de comida, digamos, normal a horas tempranas, así no molestan al personal ni se sienten presionados por camareros y comensales. Ya bastante presión suelen recibir entre bocado y bocado («Siéntate bien, cariño», «Apoya con el pan, cielo», «No te levantes», «No cojas el cuchillo que te puedes hacer daño», etcétera) y no hay cucharada que les entre caliente en el estómago. Además se necesita escoger un restaurante con cierta amplitud para que entren sin problema la sillas y el avituallamiento necesario. Hay que contar que, si uno de los niños es menor de dos años, puede hacerse sus necesidades por él mismo y se requeriría al menos un local acondicionado para poder cambiarlo (cosa inusual, por otra parte), así que es posible que se recurra al propio suelo del baño, a la sillita, o a la repisa del lavabo si es amplia. Comer fuera es complicado para unos padres con hijos pequeños, pero hay además hosteleros que no están por la labor. Ni siquiera por la labor de que los niños entren en su local. El otro día en un establecimiento con cafetería y comedor trasero, unos clientes que disfrutaban de la mesa le recriminaron al dueño que un niño pequeño estuviese gritando porque los molestaba. El dueño acudió veloz a rogarles a los padres (que se estaban tomando un aperitivo en la parte de la cafetería) que por favor cogiesen a su hijo porque se estaban quejando en el comedor. Rápidamente, los padres decidieron pagar la cuenta y marcharse del local, abochornados por tal afrenta. Ahora además de comer, tampoco se puede entrar a tomar un vino con los niños. Aprovecho desde aquí para que esos hosteleros pongan un cartel que diga: prohibido perros y niños. Eso sí, la televisión tenía el volumen a tope.

Bienvenida

Escrito por sandrafaginas
11 de marzo de 2008 a las 15:36h

Empezar un blog es parecido a iniciar una relación. Al principio pones mucho de tu parte, y piensas (y deseas) que el otro también se afane y que la cosa dure, pero al final depende de que se consiga el feeling necesario. Por eso, y antes de que iniciemos esta relación (espero que larga), quiero daros la bienvenida porque lo que queda por delante promete ser tan apasionante, estresante y delirante, como es para mí la vida que me lleva. El título de este blog es una pregunta que invita a que desde donde estéis volquéis en este hueco vuestras ilusiones y vuestros quebraderos de cabeza en torno a la rutina del trabajo, de la familia, de la casa, del colegio, del súper, de los amigos, de los vecinos, de la asistenta, del compañero de mesa, del jefe, de la jefa, del otro, de la otra, de la oficial, de la extraoficial, del deseado, del confidente, del marido… y de los hijos. Un mundo difícil de conciliar, pese al empeño que le ponen la mayoría de las mujeres. Sí, las mujeres, esas que como yo en este momento no pueden seguir haciendo lo que desean porque se les queman los macarrones…