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Caras de fin de curso

Escrito por sandrafaginas
17 de junio de 2008 a las 10:16h

A estas alturas todos estamos agotados, pero los niños más. Al menos esa es la sensación que se respira en el ambiente, tanto en casa como en el cole. Si hace unos meses la mayoría iban encantados al colegio (me refiero sobre todo a los pequeños), ahora no hay más que verles la cara de cansancio a la puerta. Parece que el fin de curso empieza a hacer efecto, y hoy mismo una niña de 4 años a la entrada del colegio estaba encantada con la idea de que ya no volvería NUNCA MÁS a clase, con un curso le ha sido suficiente. El síndrome de las vacaciones empieza a rodear a padres, profesores y alumnos, que en función de sus intereses muestran su contento o descontento. Si echo la vista atrás y me acuerdo de la sensación de felicidad, nervios y cansancio que se mezclaba a finales de junio, entiendo a los chavales que andan excitados entre los exámenes y el calor. Como madre comprendo el agobio de muchos que no saben aún cómo encajar la falta de rutina en su calendario estival con los niños de vacaciones, pero también siento el alivio del no madrugar y del no correr para cumplir sus horarios. Los profesores estiran estos días sus clases con la desidia de la víspera y a ellos sí les quedan unos mesecitos de tranquilidad, que ya los quisieran muchos en su trabajo… Merecidas o no, las vacaciones llegan y no sé todavía cómo nos organizaremos hasta septiembre, pero algo se nos ocurrirá. Mientras, viviremos al día, como siempre.

Embarazada y gorda

Escrito por sandrafaginas
9 de junio de 2008 a las 18:05h

«Hola, estoy embarazada de seis meses y estoy gorda». Hago esta confesión pública después de ir acumulando hormonas y gramos a lo largo de estos meses y de irme conteniendo por ello a lo largo también de estos meses. En vista de que han publicado que las embarazadas no tenemos estrés (también debido a las hormonas), mis jefes han decidido que una sobredosis de Eurocopa no me alteraría en absoluto el ánimo, así que el mal genio de estos días debo acharcárselo, entonces, solo a la dieta. Reconozco mi estado natural de gordura como desahogo tras haber observado que si antes las embarazadas disfrutaban de flanes con nata y se encaprichaban, como nos contaban los anuncios de la tele, de fresas con nata o bombones a altas horas de la madrugada, ahora no nos podemos pasar ni nun kilo. Y si pesan los kilos más pesan esos comentarios tipo: «Yo solo engordé 8 kilos», «Solo me puse ropa premamá a partir del sexto mes», «A la semana de dar a luz ya me ponía mi ropa de antes»… O esas fotos del Hola en las que nos muestran la prontísima recuperación de nuestras famosas embarazadas, que en nada ya salen a cenar con un vestido de la 38. Sí, estoy resentida y gorda. A dieta de chocolate y de mentiras de salón.

La tentación de llevarse los niños al trabajo

Escrito por sandrafaginas
3 de junio de 2008 a las 18:39h

La noticia de la funcionaria de la Xunta que pretendía llevarse a su hijo al trabajo apelando a la Lei de Igualdade, y ante la falta de respuesta sobre el escrito en el que solicitaba una reducción de jornada para ocuparse de su hijo ha despertado la curiosidad de muchos padres que se han visto en situaciones límite. La tentación de llevárselos alguna vez al trabajo ha rondado por la cabeza de aquellos a los que le ha fallado la logística diaria, e incluso, a veces, la idea ha asaltado como medida de presión ante una situación tensa con la empresa en temas de conciliación, como es el caso de la funcionaria. Pero sin llegar a más. Por el momento, el pulso de la empleada de la Administración gallega se ha quedado en noticia, porque un vigilante le prohibió ayer la entrada con su hijo de 18 meses. Y en muchas empresas privadas sólo se ha dejado sentir la tentación…

Lost in translation

Escrito por sandrafaginas
29 de mayo de 2008 a las 22:10h

Imagen de previsualización de YouTube 

Me acojo al título de la gran película de Coppola, Sofia, filme en el que me he refugiado muchas veces, para describir cómo han sido mis últimos días en casa. Sigo sola frente al peligro hasta el sábado y una vez más me han echado el cable (cualquier día me lo echan al cuello) mi madre y mi suegra, además de la intendencia habitual que funciona en el hogar conyugal. Así que una que siempre se había imaginado en el papel de Scarlett, se da cuenta a estas alturas de que cada vez se parece más a la mujer de Bill Murray y ahora solo queda empezar a pasar por fax el color de la moqueta del despacho, como hacía ella, esa voz en off, en la peli. Me queda el fax y el teléfono, para contar cómo van los niños, lo bien o mal que han comido, y lo bien o mal que han dormido. Perdida en esta incomunicación, recurro a mi fetiche fílmico para sobrevivir hasta el sábado, que me espera un pequeño premio de fin de semana de descanso.

Ahora, que ya he recuperado fuerzas, prefiero volver a sentirme Scarlett, así que os dejo este magnífico final del que tanto hemos hablado (Ana, Carmen…, sobre el beso necesario?) que desvela el secreto del susurro de esta relación de amor-amistad imposible y eterna. Así son los fans, capaces de digitalizar el sonido hasta entender lo que no era necesario saber. ¿No?

Profesiones que no concilian

Escrito por sandrafaginas
27 de mayo de 2008 a las 19:47h

Se quejan los militares, y se quejan sobre todo redeiras, percebeiras y mariscadoras. Para este último grupo no existen prestaciones por baja de maternidad, algo que disfrutan la mayoría de los profesionales. El sector pide conciliación laboral y familiar por nacimiento, adopción, embarazo y lactancia, nada raro en los tiempos que corren. Lo piden ellas, pero también ellos, claro. Los militares solicitan poder disfrutar como la ministra de sus mismos derechos, quieren que dé ejemplo y seguir su ejemplo, porque la mayoría se ven sometidos a las “necesidades de servicio”. De ahí que muchos se preguntasen qué haría la ministra tras su maternidad. La baja no debería ser a estas alturas un privilegio de un grupo.

Esperando ver la foto de tu hijo

Escrito por sandrafaginas
26 de mayo de 2008 a las 10:47h

Imagen de previsualización de YouTubeSon muchos los padres que están esperando la llegada de la foto de su hijo, asfixiados entre papeles, Administración y mucha, mucha ansiedad. Años de embarazo psicológico y burocrático que en nada se parece al físico. Para este tipo de espera no hay epidural, solo paciencia y aguante hasta que un día se da la luz, se abre el corazón a la mitad y se ilumina para siempre la vida. A mí me tocó parir así la primera vez, sola y en el coche, mientras de fondo sonaba Marisa Monte y su “Amor I Love You”. Estaba parada en un semáforo, sonó el teléfono y al otro lado Raquel me dio la noticia: “Tienes una niña de ocho meses, se llama Sara”. Paré el coche unos metros más adelante para llamar a su padre y decírselo en la distancia del teléfono. No pudimos ver la cara de Sara juntos, él estaba solo y a mí me tocó verla rodeada de mis compañeros en el periódico. Fue el parto más dulce que he tenido y el peor embarazo que he llevado. Hoy hace justo tres años que mi corazón se volvió negro para siempre. Toca celebrar.

(Para todos los que están atrapados en la espera de un hijo)

Vivir del cuento

Escrito por sandrafaginas
23 de mayo de 2008 a las 17:50h

No me voy a hacer la valiente a estas alturas, pero el peso que llevo dentro empieza a apoderarse de mi fuerza física. (Para aquellos que aún no hayan leído entre líneas, estoy embarazada de casi 6 meses). Así que ahora la paciencia empieza a escasear cuando mi hija de tres años se resiste a desayunar, mientras mi hijo de once meses revolotea bajo mis piernas a punto de pegársela contra cualquier esquina. Las mañanas se nos resisten, y solo el poder de la imaginación nos salva. De manera que no hay día que no termine convertida en la madre de la princesa Aurora (la bella durmiente, para profanos) fingiendo voces ya desde las ocho de la mañana. Verdadera «performance»: «¡Aurora, Aurora, levántate, venga que hay que vestirse para la cena de gala!». Lo que traducido es: «Sara, arriba, a desayunar, y a ponerse el uniforme». Lo mejor es la respuesta: «¡Oh, cielos, me he quedado dormida!» El código madre-hija funciona a día de hoy solo gracias al cuento, al cuento que le echa ella, y al que me fuerzo yo, porque si no no nos espabilamos tan de mañana. Vivimos del cuento también en el lenguaje: las comidas se han vuelto deliciosas, nosotras estamos bellas (a veces bellísimas), y en ocasiones tenemos que perseverar en el intento. Sara lo tiene claro, el cuento se conforma de las siguientes palabras clave: un día…; entonces….; de repente…; y… Y en él tienen que aparecer términos como: bella, princesa, príncipe, delicioso, encantado, terrible, oh cielos, amor (en su defecto, amorados, es decir, enamorados, o tener amor…), también es importante la palabra susto.

Nota para novatos: es fundamental fingir las voces, si no la performance no funciona, el encantamiento desaparece y la realidad se apodera de la rutina matinal.

(No encontraréis en ningún documento oficial este tipo de problemas cotidianos sobre la conciliación).

La ministra mamá

Escrito por sandrafaginas
19 de mayo de 2008 a las 21:03h

Me ha llegado algún comentario de felicitación a la ministra por su reciente maternidad, así que abro este hueco para que cada quien vuelque lo quiera al respecto. Por aquí que sepáis que ya se ha producido alguna discusión de tipo profesional sobre la importancia de la noticia y el espacio que se le dedica. Mañana juzgaréis. No es la primera mujer ministra que es madre, pero sí la primera que da a luz mientras ejerce el cargo. Felicidades.

(Por cierto, Rubalcaba será el encargado de sustituírla).

Páginas web de interés

Escrito por sandrafaginas
19 de mayo de 2008 a las 20:32h

La conclusión, después de leer algunos documentos sobre conciliación y de analizar algunos de los comentarios que se han ido volcando en el blog, es que la conciliación es básicamente flexibilidad. En principio no hay un acuerdo común sobre las necesidades de cada cual, porque dependiendo de las situaciones se dan casi tantos tipos de conciliación como de personas. Para algunos la solución pasa por la empresa, para otros por la educación, otros hacen hincapié en la familia, y la mayoría está descontenta con sus circunstancias. En cualquier caso, y para no ser derrotista parece que al menos empieza a notarse cierta sensibilidad y sensibilización hacia la dificultad de compatibilizar la vida personal, familiar y laboral. Los desequilibrios repercuten un poco en todos: familia, empresa, Administración, educación, sociedad… Pero las medidas no satisfacen a todos por igual: unos reclaman reducción de jornada, y otros no la necesitan por el tipo de trabajo. Unos solicitan más guarderías, otros más tiempo de baja. Unos quieren incorporarse pronto al trabajo, a cambio de mejoras en su horario, etcétera. Como digo, la flexibilidad en función de los intereses casi me atrevería a decir particulares parece que se vislumbra como la solución.

Por si alguien necesita alguna información sobre algún aspecto particular, cuelgo algunas páginas de interés sobre el tema.

Plan integral para la conciliación de la vida familiar y laboral en la Administración

Instituto de la mujer

Conciliación de la vida laboral, familiar y personal UGT

Xunta de Galicia. Vicepresidencia

Consejería de Empleo y Mujer. Comunidad de Madrid

Mujer, familia y trabajo

A vueltas con los veinte centímetros

Escrito por sandrafaginas
14 de mayo de 2008 a las 18:24h

Metida una vez más en conversaciones de mujeres, vuelven a salir los dichosos veinte centímetros (entiendo, Jorge, el éxito), así que no queda más remedio que denunciar la mentira que nos hemos tragado tanto tiempo. No piensen mal aquellas mentes más calenturientas, que de coches y aparcamientos estoy hablando. La Voz publicó hace dos semanas la noticia de que una mujer había sido multada por acercar demasiado su coche (menos de 20 centímetros) al de al lado, cuando la distancia mínima es de 30 centímetros. A partir de ahí el tema aparcamiento es un filón para el comentario, especialmente para las mujeres embarazadas, para los padres con carritos y niños a bordo (por supuesto, gente mayor, lesionados…). Yo el año pasado me quedé literalmente encajada en una plaza de aparcamiento subterráneo, con una barriga de 7 meses: después de ajustar el coche entre las líneas marcadas en el suelo, cuando quise abrir la puerta no podía salir. Con todo mi esfuerzo conseguí elevar mis piernas por el freno de mano y situarme en el asiento del copiloto, pero nada más pisar el suelo me encuentro con que tampoco mi barriga cabía entre la columna del párking y mi coche, ni entre el otro coche y la columna. Por detrás, ni un centímetro de espacio, todos los coches pegados a la pared. Así que vuelta a meterse en el coche o aplastamiento de barriga. Más de lo mismo cuando tienes que sacar a un crío del coche, o si necesitas abrir una silla (terminas haciéndola volar, con su tonelaje en tus brazos, por encima de varios coches hasta hacerte con un hueco donde abrirla). Acabas el lío sudada, desfondada, y cuando la claustrofobia ya te ha podido ves que solo tienes unas empinadas y estrechas escaleras de acceso a la superficie, porque en casi ninguno hay ascensor. Por todo ese esfuerzo final pagas, claro, a la vuelta: una media de un euro la hora. ¡Cómo para medir en centímetros la faena!