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Archivo para agosto, 2012

El «vintage» a los 40

lunes, agosto 6th, 2012

Reconozco que a mí lo del vintage me pone, pero solo desde un punto de vista lingüístico. Me encanta oírlo porque en esa idea cool de expresarse en idioma extranjero fantaseo con que al fin alguno de los que lo pronuncian lo hagan como deberían hacerlo. Porque ni en francés ni en inglés se asoma ese español arrabalero vintash que tanto adornan los estilistas de ahora. Yo soy poco vintage, será que me tocó crecer en barrio de aluvión y que lo nuevo (sobre todo si era en forma de tigretón a la hora de la merienda) tenía un atractivo mayor. Siempre me ha gustado más la novedad que abrirme a la nostalgia, más ir hacia delante que hacia atrás. En todo. Y no por el olor a naftalina, que también, sino porque en casa de los que no tienen qué heredar queda cutre llamarle vintage a lo que no ha cumplido ni diez años. Y porque en realidad cada vez que me he probado un chaquetón de mi madre siempre le he visto un punto Norma Duval, que en los ochenta era la señora guapa por excelencia. Así que hoy, sobrepasados los 40, debo de pertenecer ya a ese grupo de madres que se visten como adolescentes con la camiseta de Mango, el inconveniente mayor para una hija que observa con ojos de ¡por qué mi madre hace esto! unos looks que más que retro son retró-grados para ella. Porque si entrar en la cuarentena tiene el hándicap de que sabes que El Consorcio es herencia de Mocedades, también tiene esa parte liberadora de apretarte el descolgamiento en los vaqueros como segunda oportunidad, a lo Paco Costas y sin miedo a pegártela en el límite de la estrechez. Y es que en ese límite está la clave, porque si para una de 30 el vintage es chic, para una de 40 tiene el sonido del Oil of Olay (pronúnciese oilofulai), que viene a ser como si de repente tu madre te pidiese que fueses a la playa con su bañador de flores. Que sí, muy riquiño en las fotos del verano del 78, pero nada que ver con la línea del horizonte que marca tu Calcedonia de temporada. Que, por otra parte, tu hija no querrá ni ver cuando pasen veinte años y tú seas ya el vintage hecho carne.

(Columna publicada el domingo 5 de agosto en el suplemento Extra Voz)