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Archivo para julio, 2012

Mi Olimpiada

jueves, julio 26th, 2012

Hasta hace unos años, yo solo corría por motivos profesionales, es decir, cuando estaba a punto de cerrar el último pub o cuando había que pillar el taxi que me devolviera a los brazos de mi cama. Pero desde que soy una it nai —quizás debería decir monster nai, a los ojos de mis ojeras— corro que me las pelo para ejercer el don de la ubicuidad, ese que te permite pintarte el morro en el retrovisor a la vez que abrochas la mochila del campamento mientras hablas con tu bendita madre. Ella fue vallista antes de que yo empezara a hacer relevos, que es a lo que me dedico todo el día. Porque una madre olímpica espera el relevo de todo el que se cruza en su camino, sin necesidad de más empujón que el que le das a tu hijo (¡hala pa’dentro!) ni más explicación que la del rescate. Que yo no sé por qué nos agobiamos tanto con esa palabra, cuando es un himno que una canta en el podio matutino a lo Mónica Naranjo: «¡Rescaaataaame!». Porque si un hijo aprieta, tres pequeños aprietan hasta hacerte correr con tacones de aguja a lo Forrest Gump. Como una boba y sin mirar para atrás. Y si no que se lo digan a mi amiga Lore que hizo un sprint que ya quisiera Marion Jones en sus mejores tiempos. Mi amiga corrió por lo que corre una auténtica madre: ¡por salvar los dientes de su hija! La pobre niña, que disfrutaba de merienda y piscina, envolvió el aparato (ahora ortodoncia) en una servilleta que fue a parar directamente a la papelera del club veraniego. ¿Y qué hace una it nai de noche cuando descubre en la soledad de su casa dónde puede acabar la boca de su hija? Una supernai arranca más rápido que Alonso, corre los cien metros valla, salta con altura glam la verja de la piscina, y rebusca los ahorros de su vida entre helados, mondas de plátano y petisuís. El aparato apareció, por instinto materno, flotando en sucias profundidades. Pero mi amiga, mi amiga llegó al coche más hinchada que un informe del Banco de España. Sudando, con el paladar en la mano y la sonrisa de medallista olímpica. A la espera, eso sí, del próximo relevo. ¡Que estas olimpiadas no son cada cuatro años!