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Tocada y hundida

Escrito por sandrafaginas
10 de Septiembre de 2011 a las 18:04h

Las hijas tienen la puñetera manía de descoserte el alma con un simple comentario de cuarto de baño. Mi mocosa, a punto de cumplir los siete, me increpó el otro día con esa arrogancia natural etíope, de quien se siente un ser formalmente superior (y claro que lo es!): «Mamá, ¿tú por qué vas vestida como una adolescente?». A mí, que normalmente me tiembla la barbilla cuando miento, me temblaban las piernas de ver ese terror en forma de puñalada trapera en sus ojos. «¿Quién yo?», balbuceé deshecha como las madres de Maitena. Para añadir: «Qué te lleva a pensar que voy como una adolescente?», mientras hacía recuento mentalmente de mi atuendo (los tacones no me daban opción a agarcharme): unos leggins negros, unas sandalias de tacón y una camiseta con la cara impresa de alguna mujer objeto de deseo. «Esta camiseta», fue su frase demoledora a la vez que hacía el gesto acusador de cogerla sutilmente con la punta de sus dos deditos. Tengo que decir que en ese primer duelo, quedé tocada, pero recuperé el ánimo cuando en un alarde de madurez le di en donde más le gusta: «¿qué quieres que te pinte los labios?». «Sí», fue la afirmación en forma de felicidad, porque compartir ese momento de tacón, rímel y colorete fue para nosotras como un abrazo intenso después de esa herida de todo corazón. Pero como en la maternidad no hay consuelo ni un minuto, cuando las dos íbamos reconfortadas en mi coche, yo camino del trabajo y ella de clase de baile, me hirió de nuevo: ¿Mamá, por qué las madres de mis amigas son más sabias que tú? «What?», «Are you talking to me?», fue lo que dio en pensar mi mente cuando mi boca tragaba saliva. «¿Qué es lo que te hace pensar que son más sabias?», le dije. «Bueno, ellas siempre saben a qué hora es la clase de baile, qué día empieza, cuánto hay que pagar, ellas te llaman para decirte eso», fue su respuesta. «Vaya, a lo mejor yo soy sabia en otras cosas», me atreví en un alardeo inútil. «Sí, claro», dijo ella. «¿En qué?», le sonreí complacida con esa pregunta de concurso. Pero entonces se hizo el silencio, ese eterno silencio que las madres sabemos interpretar con el dolor de la verdad. «No sé, tú sabrás», se limitó a decir minutos después. Y es que para entonces yo ya estaba tocada y hundida.

(Y un abrazo a ese corrillo de madres que me ayudan en el día a día a sobrellevar ese crucigramístico horario de actividades extraescolares y sin las cuales nunca llegaría a tiempo. ¡Ah! Y a mi madre, perdón por todas las veces que le arañé con mis palabras su estilismo de madre-madre. No como yo, que me he hecho vieja de repente con ese insulto mortal: «adolescente»).

4 respuestas a “Tocada y hundida”

  1. Carmen Abella dice:

    Jajajajajajaja.
    Ves? Iso nunca me pasaría a min….

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    sandrafaginas Reply:

    Xa ves, Carmen. Tiran a dar. O certo é que paso o día entre choros e risos. Pero isto é de chorar! Non de rir, non rías, eh? “Adolescente eu!”

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  2. colo gigirey dice:

    brillante sandra ¡ cómo me he sentido reflejada en este relato…..

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  3. sandrafaginas dice:

    ¿Por qué será?, je, je. Ya sabes que a mi Sara no se le escapa ni una. Hoy sin ir más lejos me soltó: ¿por qué vas a trabajar tan glamurosa? Y es que hoy es viernes Deluxe.

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