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Archivo para agosto 11th, 2011

La mano arriba, cintura sola…

Jueves, agosto 11th, 2011

Imagen de previsualización de YouTubeLo bueno del iPad es que mientras tus hijos van a grito pelado en el coche, tú puedes seguir escribiendo en directo las emociones de la vuelta a casa. Llevamos conviviendo los cinco algo más de una semana las 24 horas del día, y en este Gran Hermano tengo claro que la primera expulsada de la casa sería yo, pero por voluntad propia. Se lo pido al público. Y es que aunque cada vez nos parezcamos más a los Alcántara, es verdad que con nosotros bien podrían hacer un reality de la familia española, pero en el 2011, con su crisis, su tomtom para el coche, con sus nuevas tecnologías, pero con la base playera de siempre: su neverita, su sombrilla (en eso hemos avanzado poco), sus cubos y sus palas, y las discusiones típicas de la familia que se quiere, pero no se aguanta. Hay muchas como la nuestra, lo he visto estos días de ¿descanso? playero. Todas, sin excepción, vamos entrando en fila india en la arena, y siempre de la misma manera: el padre con la sombrilla a cuestas esperando a que la churri (o sea la madre) diga aquí nos plantamos. Porque un marido en condiciones, camina y camina con el sudor de su frente playa adelante hasta que oye: “¿Adónde vas? Ponla ahí” y ahí se clava la sombrilla. Y así afanados clavan y clavan en la arena mientras nosotras disparamos a nuestras crías con esas pistolas de crema que a mí me recuerdan a mi abuela cuando mataba las moscas con aquel “flica”, como decía ella. Bueno, pues los niños con su pistolita de agua, nosotras con la pistolita de crema, ellos clavando en la arena, pendientes de si sube o si baja la marea, por si hay que volver a levantar el campamento, así se nos han ido las vacaciones en el sur, donde no hay esa indecisión norteña de si abre o no abre, donde el sol es sol, y el calor, calor y donde como corresponde a una madre-madre, con su tripita, su celulitis, su biquini Calzedonia, y su sombrero de moda una se arranca a bailar al borde de la piscina con otras cincuenta como tú (mientras ellos duermen la siesta, ¡que clavar la sombrilla cansa un huevo!) para acompañar a los niños. Todas nos conocemos, nos hemos visto antes, yo lo noto en la cara de cada una de ellas cuando rodeadas de críos sudamos la gota gorda a las seis de la tarde y suena la música: “¡La mano arriba, cintura sola, da media vuelta, danza Kuduro!”.

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