La mano arriba, cintura sola…
Jueves, agosto 11th, 2011
Lo bueno del iPad es que mientras tus hijos van a grito pelado en el coche, tú puedes seguir escribiendo en directo las emociones de la vuelta a casa. Llevamos conviviendo los cinco algo más de una semana las 24 horas del dÃa, y en este Gran Hermano tengo claro que la primera expulsada de la casa serÃa yo, pero por voluntad propia. Se lo pido al público. Y es que aunque cada vez nos parezcamos más a los Alcántara, es verdad que con nosotros bien podrÃan hacer un reality de la familia española, pero en el 2011, con su crisis, su tomtom para el coche, con sus nuevas tecnologÃas, pero con la base playera de siempre: su neverita, su sombrilla (en eso hemos avanzado poco), sus cubos y sus palas, y las discusiones tÃpicas de la familia que se quiere, pero no se aguanta. Hay muchas como la nuestra, lo he visto estos dÃas de ¿descanso? playero. Todas, sin excepción, vamos entrando en fila india en la arena, y siempre de la misma manera: el padre con la sombrilla a cuestas esperando a que la churri (o sea la madre) diga aquà nos plantamos. Porque un marido en condiciones, camina y camina con el sudor de su frente playa adelante hasta que oye: “¿Adónde vas? Ponla ahÔ y ahà se clava la sombrilla. Y asà afanados clavan y clavan en la arena mientras nosotras disparamos a nuestras crÃas con esas pistolas de crema que a mà me recuerdan a mi abuela cuando mataba las moscas con aquel “flica”, como decÃa ella. Bueno, pues los niños con su pistolita de agua, nosotras con la pistolita de crema, ellos clavando en la arena, pendientes de si sube o si baja la marea, por si hay que volver a levantar el campamento, asà se nos han ido las vacaciones en el sur, donde no hay esa indecisión norteña de si abre o no abre, donde el sol es sol, y el calor, calor y donde como corresponde a una madre-madre, con su tripita, su celulitis, su biquini Calzedonia, y su sombrero de moda una se arranca a bailar al borde de la piscina con otras cincuenta como tú (mientras ellos duermen la siesta, ¡que clavar la sombrilla cansa un huevo!) para acompañar a los niños. Todas nos conocemos, nos hemos visto antes, yo lo noto en la cara de cada una de ellas cuando rodeadas de crÃos sudamos la gota gorda a las seis de la tarde y suena la música: “¡La mano arriba, cintura sola, da media vuelta, danza Kuduro!”.