Si Rajoy o Zapatero aprendieran de los debates que existen en el corrillo de madres sabrían realmente qué es tener el mando y hacer oposición. Porque se despellejan unas a otras con esa víbora naturalidad femenina, que va limando las diferencias hasta ganar puestos como en las listas de éxitos. Y en ese hit de competencias siempre las abuelas van por delante. Yo lo noto entre madres y suegras, y no hablo solo de mi caso (por si me leen, que ahora se te meten también en Internet además de en el día a día). Bueno, pues a lo que iba, sin necesidad de pacto de la Moncloa ni mucho menos, existe un acuerdo tácito por el cual si, pongamos por caso, una abuela le regala una camisetita a tu niño, dos días más tarde, la otra abuela cuando se la ve puesta, reacciona contraatacando. Primero van a los críos, no a ti directamente, en plan sibilino: “Ay, nené, qué bonita la camiseta nueva. Desde luego, qué buena es tu mami que te la compró”. Pero en ese regalazo verbal de una suegra siempre está el interés por ganar la batalla mientras el niño abre la boca como si de repente le pusieran delante una bolsa de chuches: “No me la compró mamá, me la regaló la abuela”. ¡Coño, empieza la guerra! Así que no te extrañes si pasados otros dos días, de repente cuando entras en casa tu marido te suelta: “Mi madre dejó ahí una bolsa, dice que es para el niño, que se lo pruebes y que si no te gusta que lo cambies”. ¡Porque ahí tampoco la cosa va directamente! No, no. Y en ese paquete bomba te encuentras un pantaloncito corto (“mujer, una mudita para un día un poco especial”), con el fin de que pasados otros dos días la otra abuela entre en combate con el mismo objetivo: “Nena, ¿qué mono el pantalón, dónde se lo cogiste?”. Y entonces tu confiesas por lo bajo, como quien no quiere la cosa: “No, bueno, me lo trajo el otro día mi suegra”, y así estás tú, como siempre en medio, en esa pescadilla que se muerde la cola a ver quién da más. Y eso, claro, siempre que sean generosas (como las mías, que lo son), aunque no sé yo si llamarlo a eso generosidad. Quizás es solo pura competencia desleal.