Vivir del cuento
Viernes, mayo 23rd, 2008No me voy a hacer la valiente a estas alturas, pero el peso que llevo dentro empieza a apoderarse de mi fuerza fÃsica. (Para aquellos que aún no hayan leÃdo entre lÃneas, estoy embarazada de casi 6 meses). Asà que ahora la paciencia empieza a escasear cuando mi hija de tres años se resiste a desayunar, mientras mi hijo de once meses revolotea bajo mis piernas a punto de pegársela contra cualquier esquina. Las mañanas se nos resisten, y solo el poder de la imaginación nos salva. De manera que no hay dÃa que no termine convertida en la madre de la princesa Aurora (la bella durmiente, para profanos) fingiendo voces ya desde las ocho de la mañana. Verdadera «performance»: «¡Aurora, Aurora, levántate, venga que hay que vestirse para la cena de gala!». Lo que traducido es: «Sara, arriba, a desayunar, y a ponerse el uniforme». Lo mejor es la respuesta: «¡Oh, cielos, me he quedado dormida!» El código madre-hija funciona a dÃa de hoy solo gracias al cuento, al cuento que le echa ella, y al que me fuerzo yo, porque si no no nos espabilamos tan de mañana. Vivimos del cuento también en el lenguaje: las comidas se han vuelto deliciosas, nosotras estamos bellas (a veces bellÃsimas), y en ocasiones tenemos que perseverar en el intento. Sara lo tiene claro, el cuento se conforma de las siguientes palabras clave: un dÃa…; entonces….; de repente…; y… Y en él tienen que aparecer términos como: bella, princesa, prÃncipe, delicioso, encantado, terrible, oh cielos, amor (en su defecto, amorados, es decir, enamorados, o tener amor…), también es importante la palabra susto.
Nota para novatos: es fundamental fingir las voces, si no la performance no funciona, el encantamiento desaparece y la realidad se apodera de la rutina matinal.
(No encontraréis en ningún documento oficial este tipo de problemas cotidianos sobre la conciliación).