El ex portavoz nacional promueve un informe contra la línea oficial que su organización mantiene sobre las cajas
En vísperas de que el Parlamento gallego aprobara la ley de cajas con el respaldo del PP y el BNG, el ex portavoz nacional del Bloque, Anxo Quintana, el productor Antón Reixa y algunos colaboradores se reunieron en privado con el presidente de Caixanova, Julio Fernández Gayoso, en lo que fue un intento por actuar como lobby y hacer movimientos dirigidos a modificar la posición del Bloque sobre las cajas, especialmente para torpedear cualquier perspectiva de fusión entre las dos entidades financieras.
En dicha reunión cobró fuerza la idea de que el IGEA (Instituto Galego de Estudos Europeos e Autonómicos), esa especie de Fundación FAES en la que se parapetó Quintana tras perder los galones en el BNG, realizara un informe sobre las cajas recogiendo las prioridades del presidente de Caixanova. La decisión de recurrir al think tank del quintanismo no es casual, pues Caixanova se gasta sus cuartos en financiar dicho instituto, al tiempo que es, junto a la constructora San José, accionista de Filmanova, la productora que preside Reixa. Este último se ha convertido en uno de los más estrechos colaboradores de Quintana en el BNG al tiempo que es miembro del consejo asesor y científico del IGEA, el órgano que promovió el documento presentado ayer.
El informe contradice abiertamente la línea oficial del BNG, pues concluye que la fusión entre Caixanova y Caixa Galicia haría una entidad «vulnerable á hora de poder facer fronte a posibles operacións» y llega a aconsejar como la opción menos mala una unión con entidades foráneas, que podría abocar a Galicia a perder el control sobre sus entidades financieras.
Recelos hacia el «Ikea»
En la cúpula del BNG, especialmente en el entorno de su partido hegemónico, la Unión do Povo Galego (UPG), eran conscientes del riesgo que tenía para la organización el impulso del IGEA por el contrapoder que podría intentar hacer Quintana frente a la línea oficial marcada por una ejecutiva en la que el ex portavoz nacional no tiene asiento. De ahí que el Bloque se desmarcara del informe, mientras buena parte de la dirección no duda en desacreditar al IGEA, al que rebautizaron irónicamente como Ikea, en honor a la multinacional sueca del mueble, quizás por eso de que es una estructura sencilla, que se monta o desmonta fácilmente y que lo puede hacer uno mismo.
En todo caso, la dirección nacionalista cree que el caso del informe de las cajas, que roza la deslealtad con la organización, es «unha máis» en los movimientos auspiciados por Quintana para mantener vivas sus aspiraciones de volver algún día a tomar el timón del BNG.
Esta misma semana, el anterior líder nacionalista se empleó a fondo en dinamitar la línea oficial de su organización al impulsar en el Parlamento, conjuntamente con Carlos Aymerich, pero con el pleno desconocimiento del resto del grupo y de la dirección del partido, una iniciativa en la que pide que la Xunta elimine cualquier convenio con los medios de comunicación. La petición contrasta con la praxis de Quintana en el Gobierno bipartito, donde no hizo sino alentar este tipo de protocolos y tejer su propia «rede mediática», como denunció el propio ex presidente Touriño recientemente, entretanto algún miembro de su equipo incluso se atrevía a dictar los titulares a los periodistas.
Otros episodios, como la decisión de hacerse colaborador de la emisora de los obispos o la operación que le llevó al Bloque a perder su representación en el Consello de Contas, debido al interés de Quintana por ser miembro de la Mesa del Parlamento -que le permite cobrar hasta 9.000 euros al mes, el doble que un diputado corriente, y moverse en coche oficial- hicieron del anterior portavoz nacional un sujeto cada vez más incómodo, no solo para la dirección del Bloque, controlada por la U , sino también para la corriente Máis BNG que alentó, pero que ahora intenta desembarazarse de su sombra.