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Renglón Torcido

A Roma

22 de octubre de 2011 a las 17:55

Foto de grupo en la inauguración de curso. El rector del Bíblico, los superiores del Colegio, los colegiales, las monjas que nos cuidan y algún que otro invitado más. (Pulsa en la foto para verla en grande)

Como ya sabéis, este año, y el que viene, y el siguiente, y el siguiente… y por unos cinco años como mínimo, estaré aquí en Roma estudiando la licenciatura y, en principio, el doctorado en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico. Y es probable que muchos quizá os preguntaréis: ¿qué hará un diácono (o un seminarista o un cura) que estudia en Roma? ¿Cómo es su vida? De hecho más de uno me lo ha preguntado ya, y creo que es interesante responder, por las dudas que podáis tener.

Alguno pensará: se pasará el día viendo monumentos y comiendo pasta y metido en cosas de curas. Pues bien: todo eso es absolutamente cierto. Lo primero porque el Bíblico no se encuentra nada céntrico (nótese la ironía): está a medio camino entre la Piazza Venezia y la Fontana di Trevi, cerquita de la Via del Corso y a unos 5-10 min andando de la Piazza de Spagna o del Pantheon. Vamos, en pleno meollo de la cuestión. No sólo eso, sino que se encuentra justo delante de la Pontificia Universidad Gregoriana, que es un palacete bastante curioso.

Segundo, lo de la pasta. En serio, estos italianos tienen un cierto problema con los hidratos de carbono que no es normal. Porque es pasta a todas horas. No es un tópico. Es completamente cierto. Y no es que la pasta sea plato único como acostumbramos a hacer en España. No. Cierto es que no es lo único que hay. También están las pizzas… Y más cosas, por supuesto. Más cosas. El risotto también existe.

Y tercero: lo de los curas. Normal, sólo dentro del Pontificio Colegio Español debemos estar 90 curas, más los dos diáconos y los tres seminaristas que estamos “a mayores”. Pero es que además, en Roma das una patada y salen curas, frailes, monjes y monjas a punta pala, y de todas las razas y colores y hábitos y carismas distintos. Y más moviéndonos en el ámbito en que nos movemos. Pero de eso ya había medio hablado el otro día cuando os hablaba de la Torre de Babel.

Y luego que aquí siempre hay algún gran acto. Hoy, por ejemplo, varios de mis compañeros están en San Giovanni in Laterano (San Juan de Letrán para los que hablamos la lengua de Cervantes) para celebrar de forma solemne la primera memoria del Papa Juan Pablo II desde que es Beato. Yo confieso que, por mi parte, hoy he decidido quedarme un poco en modo seta.

¿Por qué? Porque ahí viene la otra cosa. La parte “negativa”: la cuestión académica – nótese el entrecomillado, que al fin y al cabo yo estoy haciendo y estudiando algo que me apasiona. El Bíblico, si alguno está metido en el mundillo curil lo sabrá, tiene fama de ser muy duro. Y, aunque no hay que tenerle miedo, sí requiere un trabajo constante diario y de bastante dedicación. Vamos, como una ingeniería o cualquier otra carrera cuando se lleva a conciencia.

Además que se hace un poco tedioso, porque (al menos hasta febrero) sólo tengo dos asignaturas: hebreo y griego. Sí, sí. Sólo esas dos asignaturas. Una hora de cada al día. Y diréis: “¡Qué poco!” Nunca había estudiado tanto en mi vida, os lo aseguro. Porque puede parecer como que uno se pega la vidorra padre, pero no.

Y para acabar de redondearla, tenemos clase los sábados. A cambio de eso, tenemos los jueves libres. Al parecer era una tradición propia de los jesuitas que también regía hasta hace unos años en la Gregoriana. Pero ahora sólo lo conservamos nosotros. Y se agradece, porque los miércoles uno acaba derreado de darle tanto al vocabulario. Aunque los sábados uno se pregunta que por qué tiene clase. Supongo que es cuestión de acostumbrarse al ritmo, que a todo uno se acostumbra.

Por lo demás: la vida más o menos normal. Muy parecida a la que llevaba ya en Santiago pero al mismo tiempo muy distinta. Clase, estudio, misa y oración diaria, convivir con los compañeros, tomarse algún café, salir a tomar algo o a cenar fuera los fines de semana que a uno no le entra devoción por quedarse en modo vegetal en su habitación, conocer Roma, acercarse al Vaticano… Nada que objetar a la vida que llevamos. Incluso el trabajo duro y tedioso es, en el fondo, gratificante. Porque, insisto, estoy haciendo algo que me apasiona.

Y… ahora mismo no se me ocurre nada más que deciros, pero si queréis podéis preguntar ya sea en los comentarios o a través del formspring (que sabéis que está abierto para esto y para todas las preguntas que queráis hacerme) y yo las responderé con todo el gusto del mundo, como siempre.

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Roma
Escrito por Ricardo Sanjurjo 1 Comentario
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Una respuesta a “A Roma”

Patch
octubre 24th, 2011 a las 16:04

Bueno, yo el año que viví en Italia también estaba sorprendida al principio por el tema de la pasta (si hablas con italianos verás que ellos deducen que nosotros comemos paella todos los días de comida y de cena) pero al final me lo tomaba como lo de comer con pan, que en España se hace en muchas casa. Fíjate que en una semana, aunque comas en el mismo sitio (en mi caso en el comedor de la universidad) no repites ni tipo de pasta ni forma de preparación.

Disfruta y estudia! :D

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