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Renglón Torcido

Rogad al dueño de la mies

19 de mayo de 2011 a las 23:03

Hace tiempo que no escribo nada. Os pido disculpas. Habría mil y una excusas que os podría poner, pero la verdad, todo se reduce a que no era capaz de poner cuatro letras juntas, por mal que estuvieran. He estado algo liado con algunos asuntos, pero no es justificación posible. De todas formas, aquí estoy, otra vez al pie del cañón, y creedme, con ganas de seguir conversando con vosotros.

Y qué mejor oportunidad para volver que esta, porque justo hace un ratito que acabamos de cerrar las puertas del Seminario tras una intensísima jornada que comenzaba ayer por la tarde con la misa y las vísperas y que concluía con las vísperas de hoy. Así poníamos fin a 24 horas continuadas de adoración al Santísimo pidiendo por las vocaciones, especialmente las vocaciones al sacerdocio. Por su aumento y por la perseverancia y la santidad de los que ya estamos en el camino.

Quien lo vea con ojos meramente humanos puede creer que es una simple superstición. “¿Rezarle a un trozo de pan? Por mucho que simbolice…” Pero no es un trozo de pan sin más, ni un mero símbolo. Es Cristo, real y verdaderamente presente. Cumpliendo su promesa de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Entiendo que a veces es difícil de creer. Incluso a mí a veces me cuesta terminar de creérmelo y me pongo un poco en la piel de Tomás. Preferiría ver directamente, tocar, meter el dedo en las llagas. Pero no es así.

Y es increíble. Como os decía antes, acabamos de cerrar las puertas, porque no sólo éramos nosotros los que frecuentamos la capilla – por turnos, que por mucho que quisiéramos estar más, las obligaciones también siguen ahí – a lo largo de estas 26 horas que duró realmente la jornada (desde las 19 de ayer hasta casi las 21 de hoy). Durante todo el tiempo estuvo entrando y saliendo gente, jóvenes, adultos, ancianos, que quisieron unirse a nosotros en un día tan especial.

Ni siquiera a altas horas de la madrugada dejó de llegar gente. Especialmente gente mayor. Y hubo quien ni siquiera se fue a descansar a su casa hasta bastante bien entrado el día. Admirable. Admirable de verdad. Yo confieso que no fui capaz de vencer a Morfeo pero ellos, y especialmente ellas… Admirable. Admirabilísimo.

Gracias a Dios. Y gracias a todas las personas que a lo largo de todo este tiempo se han querido acercar a rezar con nosotros y todos los que, no pudiendo venir al Seminario se han unido desde sus casas. Gracias a todos. Porque necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir.

Ayuda y “relevo”. Porque nadie tiene vocación de seminarista. Como se suele decir, medio en serio medio en broma, el Seminario es un mal que pasa. Los que estamos aquí, unos más pronto, otros más tarde, nos iremos, y necesitamos que otros vengan a ocupar nuestro puesto. Y si el puesto que yo dejo libre, en vez de uno vienen dos (que teniendo en cuenta lo gordo que estoy, bien caben) mejor. Y si son tres mejor. En San Martín Pinario, creedme, hay sitio de sobra. Y seguro que si fuera necesario, se abriría otro centro.

Por eso ahora queda seguir rezando y esperar que haya frutos. Porque creedme, hacen falta. Porque, como os decía el otro día, hacen falta sacerdotes.

Sacerdotes, Seminario
Escrito por Ricardo Sanjurjo 3 Comentarios
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