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La Voz de Galicia
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Renglón Torcido

Resucitó

24 de abril de 2011 a las 1:32

Acabo de llegar de Mugardos, la parroquia donde colaboro los fines de semana y donde he tenido el privilegio de compartir esta Semana Santa. Una Semana Santa que ha sido bastante movidita, como todas, en la que ha habido de todo, como en todas – también en el apartado meteorológico -, y en la que he aprendido mucho. Cansado del trabajo, pero contento por cómo ha salido todo, orgulloso de estos días compartidos con tanta buena gente, agradecido por tantos buenos momentos y con la esperanza de que el Señor haga que tanto esfuerzo dé sus frutos, acabo de llegar a Coruña, a casa de papá.

Ahora tenemos esta semana de vacaciones. Toca descansar. Aunque en mi caso serán unas vacaciones moviditas, que mañana me marcho con mi padre al Reino Unido. ¿A la boda de William y Kate? No. A ver a mi hermano, que este año se ha ido a estudiar allí y que también tiene vacaciones esta semana. Por eso me he venido esta noche, después de la Vigilia, para poder mañana ultimar los detalles que sean necesarios.

Pero no quería dejar de felicitaros a todos la Pascua y, de paso, compartir aquí esta pequeña reflexión que escribí para “La Voz de tu parroquia”, la hoja parroquial de varias parroquias de Coruña y su entorno y que también se reparte en Mugardos y Mehá, donde estoy los fines de semana. Os dejo con ello.

FELIZ PASCUA A TODOS

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Reflexión
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Un regalo

18 de abril de 2011 a las 16:49

– Nada – sentencié al fin, casi en un susurro, con una sonrisa y una voz como si fuera el mismísimo Arquímedes en su bañera. – No había hecho nada – silabeé. – Estar hoy aquí contigo es un auténtico regalo. Mi vida es un regalo. Tu vida – puse mi índice sobre su frente – es un regalo. ¡Y eso es maravilloso! – exclamé. – Porque no dependerá ya de lo que hagas bien o mal o regular ni de lo que dejes de hacer. Tu vida es un don totalmente gratis – insistí. – Y sólo cuando te des cuenta de eso, cuando te des cuenta de que no mereces nada, de que en el fondo eres débil y que aún así vales una vida… Entonces – terminé. – Entonces serás fuerte y todos tus proyectos, tus sueños, tus ilusiones… tendrán sentido. Porque entonces podrás pensarlo todo en su justo término.

La cita que os acabo de soltar – y que espero que cierto comentarista haya reconocido – pertenece a un capítulo de una de mis “obras literarias” que escribo periódicamente aunque ahora la musa se encuentre de vacaciones. Más allá del momento publicitario, quería escribir algo sobre esto. Si no, no hubiera traído esta cita aquí.

Este speech se produce en el contexto de una especie de “lección magistral” sobre la vida en la que el personaje central, algo así como mi alter ego, hace partícipe de una serie de enseñanzas a una discípula suya. Pero también es una especie de autorrevelación para sí mismo. De hecho es más esto que aquello.

Enorme descubrimiento el que protagoniza Rido. La vida es un regalo que no nos merecemos. Es algo que nos viene dado aunque no lo hayamos buscado y esto es absolutamente esperanzador y maravilloso. Es un regalo del que debemos disfrutar intensamente, pero también es algo a lo que debemos estar a la altura de responder. Es decir, no se trata simplemente de vivir y de disfrutar a lo loco, el placer por el placer. No se trata de un “carpe diem” meramente superficial. Se trata de vivir intensamente y con responsabilidad y con mesura.

Habrá quien piense que si esto es así se convierte en una carga insoportable. ¿Quién va a estar alguna vez a la altura de responder a ese don? ¿Quién? Pero si soy sincero con vosotros, al, menos en mí supuso un enorme alivio darme cuenta de ello. Todo lo que me pasa es un regalo. No lo merezco, pero aún así tengo el enorme privilegio de disfrutarlo.

El domingo pasado – no ayer, el anterior – escuchábamos de labios de Jesús que Él es la resurrección y la vida. Una frase fantástica donde las haya de esas de las que está plagado el evangelio de Juan y que tiene mucho que ver con lo que estamos a puntito a puntito de vivir. La  Pascua, esa gran fiesta de la vida.

Él es la vida. Él nos da la vida. No puntualmente, sino todos los días, a cada instante sigue dándonos la vida y dando la vida por nosotros. Y es una experiencia fantástica. Él proveerá. A nosotros nos queda esa gran carga de responsabilidad, que no es poca. Pero sobre todo nos queda esa llamada a la confianza. Porque donde hay vida, hay esperanza.

Reflexión
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Meterse en politiqueos

7 de abril de 2011 a las 13:32



Anteanoche recibí en mi cuenta de Facebook un mensaje de un buen amigo de mi parroquia. En él, tras una serie de preguntas y de consejos me sugería eliminar mi afinidad política de mi perfil en dicha red social. Curiosamente es algo que también me había aconsejado uno de mis formadores aunque no supo explicarse bien en ese momento y creí que se refería a algo contenido en mi blog personal que no conseguí identificar. Una vez identificado este puntum dolens he procedido a seguir su consejo y he borrado la información. No sólo por la debida obediencia a un superior – aunque en este caso no fue una orden, sino un consejo –, sino también por estar de acuerdo con ellos.

¿Por qué? ¿Es que acaso – se preguntará alguno – los sacerdotes no tienen derecho a tener una ideología política? No es eso. Los sacerdotes son hombres también y como tales tienen una determinada visión del mundo que redunda en un determinado posicionamiento político. Entonces – insistirá él –, ¿por qué?

Es una cuestión de idoneidad. Parafraseando el último canon del Código de Derecho Canónico, toda la acción de la Iglesia está supeditada a la salvación de las almas. En este espíritu, es precisamente el propio ministerio pastoral el que desaconseja que un sacerdote haga gala pública de su orientación política.

Sea blanco, verde, rojo o amarillo, el sacerdote es pastor para todos. Pastor de los que están dentro del redil y pastor también disponible a los que están fuera. Y, por desgracia, la política es causa de división entre las personas. En la sociedad actual y en nuestro país de una forma especial. Por eso, la publicidad de la opción política del pastor puede redundar en afinidades y animadversiones que entorpezcan su labor.

Además, puede llevar a confusiones indeseables entre el ámbito de la fe y la creencia y el ámbito de la política: injerencias del poder político en lo que es ámbito religioso y viceversa. Sobre todo a nivel local y en grupos reducidos.

Pero entramos en un terreno pantanoso. ¿Dónde situamos la frontera? ¿No es contradecirse con lo que se expuso aquí precisamente la semana pasada? Afirmaba entonces la necesaria dimensión pública de la religión. Y también lo afirmo ahora. De hecho, esta reflexión acerca de la prudencia a la hora de manifestar públicamente las opciones políticas viene casi obligada por esa dimensión pública.

Cuando un cristiano mira el mundo lo mira no sólo con los ojos de la razón, también con los ojos de la fe. Tal y como apuntábamos en otro post, una mirada de fe sobre el mundo implica una asunción de aquello que es acorde con el evangelio y una denuncia profética de lo que es contrario. Esa denuncia tiene un marcado carácter público. Muchas veces se confunde o se asimila a una determinada opción política. Ejemplo claro de ello es la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural, un tema que suele asociarse a la derecha cuando, al menos desde mi punto de vista, trasciende la orientación ideológica y pertenece a otros niveles. También al evangélico. Pero es un ejemplo muy gráfico y actual de que ahí es donde entramos en el resbaladizo terreno donde los límites se difuminan.

¿Qué hacer? Hay que caminar entre dos zonas peligrosas, la del callar y la del decir demasiado; la del consentir con nuestros silencios y la de entrar en el juego de partidos. Ambas son indeseables. Ambas son perniciosas. Pero el peligro de caer en una no debe hacer que caigamos en la otra.

Como en todo, se trata de mantener el equilibrio justo, algo que es muy fácil escribir y decir, pero que es muy difícil llevar a la práctica. Un paso en falso y caemos en el error. Así son un poco los caminos del Señor muchas veces, aunque siempre nos queda su infinita misericordia.

Así pues, en resumen, en público el sentido común nos aconseja a los que tenemos algún cargo pastoral no hacer manifestaciones políticas de ningún orden para no perjudicar así nuestra labor. Otra cosa es en privado y en los ámbitos oportunos en los que se requiera.

El mundo en que vivimos
Escrito por Ricardo Sanjurjo 2 Comentarios
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Lo que el Señor ha hecho

4 de abril de 2011 a las 23:11

Continuando con el itinerario catecumenal propio de la Cuaresma en el Ciclo A, ayer escuchábamos el evangelio del ciego de nacimiento (Jn 9,1-41). Es un pasaje que tiene una especial resonancia en mi historia personal, porque fue el que de alguna forma marcó mi conversión. Por eso siempre me gusta volver periódicamente sobre él en mi oración, como ocurre también con la parábola del Hijo Pródigo (Lc 15,11-32), que marcó mi vocación.

Una de las cosas grandes y hermosas de la Biblia es que da igual cuántas veces se vuelva sobre un texto que siempre se descubre algo nuevo. Es que la Biblia es Palabra de Dios, es viva y eficaz. Es la Palabra que Dios te dirige hoy a ti, para tu vida.

Lo mismo me ha pasado a mí últimamente con este y otros pasajes, especialmente del Evangelio de Juan. Pero sobre todo con este pasaje en particular del ciego, al que, como os digo, le tengo especial cariño.

Al margen del milagro y de todo el profundo significado que tiene todo este pasaje, hoy quería fijarme en la fascinante escena que se produce precisamente en ausencia de Jesús: el juicio de los fariseos. Me parece fascinante la enseñanza que nos deja esta escena acerca de nuestra forma de hablar de Dios y de la fe.

Si no lo habéis leído, os recomendaría ahora que leyerais el pasaje, porque es una escena realmente curiosa. Jesús ha curado al ciego, y lo ha hecho en sábado, para más INRI. La gente no se lo termina de creer y además estamos en un momento álgido de la predicación de Jesús, en su última visita a Jerusalén, cuando todo está a punto de pasar. Un momento determinante.

Por eso el ciego acaba en manos de los fariseos, que intenten que secunde la afirmación que ellos ya se habían formado (no todos, ciertamente): que era un pecador. Al fin y al cabo había curado en sábado, no una, sino ya dos veces al menos. Sin embargo, el ciego no se deja avasallar y les responde algo sencillísimo: “era ciego y ahora veo”. Luego lo completará afirmando que eso significa que, al menos, es un hombre de Dios, que no puede ser un pecador.

¿Qué quiero decir con esto? Que la base de toda nuestro anuncio, de todo nuestro proceso de fe, es la experiencia de lo que Dios ha hecho en nosotros. En otras palabras, dar testimonio, algo a lo que quise aludir ayer en el artículo que me encargaron para el suplemento de este mismo diario.

La base de todo es la experiencia de  que Dios interviene en mi vida y que puede intervenir en la tuya. Hasta el punto de que la declaración del ciego se vuelve hasta provocativa cuando ante la insistencia de los fariseos les pregunta si es que tanto interés significa que ellos también quieren ser discípulos suyos. Ojalá todos pudiéramos descubrir esa acción de Dios en nuestra vida que nos abriese los ojos y nos hiciese caminar detrás de Él.

Es cierto, la afirmación del ciego resulta en último término insuficiente y debe completarse. Ahí está el final del pasaje y la confesión final del mesianismo de Cristo. Nuestra experiencia personal debe ser completada después por un conocimiento y una profundización en la doctrina, de la mano del mismo Cristo en su cuerpo que es la Iglesia. Por eso es importante la predicación, la teología, todo lo que supone la reflexión sobre el dogma.

Pero sin cimientos, sin base, el edificio se desmorona y las palabras se las lleva el viento. Si no somos capaces de demostrar que es posible encontrarse con Cristo, de que Cristo puede significar algo de verdad en la vida de alguien hoy, entonces por mucho que hablemos nadie nos va a creer.

Reflexión
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El Cuestionario II

3 de abril de 2011 a las 22:36

En esta sección comparto, cada domingo, las respuestas a las diversas preguntas que me van llegando a mi cuenta de Formspring, que es una red social en la que los usuarios pueden responder preguntas que le hace la gente. Os animo insistentemente a preguntar sin miedo, todo aquello que os interese. No es un “consultorio espiritual”, no me veo especialmente capacitado para ello ni creo que sea el lugar ni el modo de hacerlo, pero sí un lugar donde poder aclarar aquellas preguntas y malentendidos que uno pueda tener sobre la Iglesia y su doctrina. Y también de saciar vuestra curiosidad.

Esta semana, aprovechando las circunstancias, comparto con vosotros cosas relacionadas con la Cuaresma y, al hilo de eso, también con la penitencia. Leer más »

Cuestionario
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Vida de Seminario I: Lectores y acólitos

1 de abril de 2011 a las 15:30

En el camino de un seminarista hacia el sacerdocio se producen una serie de hitos importantes. Tres, para ser más concretos: el rito de admisión y los ministerios de lector y acólito por otro. Cuatro, si contamos con el orden del diaconado, que ya es un ministerio ordenado en contraposición al lectorado y el acolitado que son ministerios laicales.

Dentro de esos tres ministerios, cada Diócesis se organiza como mejor vea conveniente. Me explico, hay diócesis que prefiere dar el rito de admisión primero y luego van los ministerios. Otras, por ejemplo, prefieren instituir a los seminaristas lectores y acólitos primero y luego admitirlos a las órdenes. Unas instituyen a una misma persona lector y acólito en la misma ceremonia y otras lo hacen por separado.

En mi Seminario se hace primero el rito, después el lectorado y después el acolitado. Esa es, al menos, la norma general porque luego se pueden acortar plazos por cuestiones diversas. Al fin y al cabo cada persona es un mundo y cada proceso es distinto según el seminarista: edad, estudios, conducta…

Hoy quiero estrenar esta nueva sección que voy a dedicar a la vida del seminario hablando de los ministerios de lector y acólito. Parece casi como empezar por el final, pero tiene su razón. Cuatro seminaristas serán instituidos lectores y dos seremos instituidos acólitos el próximo miércoles 13 de Abril a las siete de la tarde en la Iglesia de San Martín Pinario en Santiago de Compostela.

Uno puede preguntarse “Lectores y acólitos, ¿qué será eso?” Pues exactamente lo que parecen, pero instituidos de forma especial. El lector tiene el ministerio de leer la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas. El acólito, por su parte, sirve al altar. Así visto, parece cosa de todos los días. Sí y no, con matices.

El lector es el que proclama la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas, sí, pero hace más cosas: puede llevar el evangeliario en procesión, enunciar las preces y las antífonas de entrada y comunión si no hay cantos… En general son oficios muy básicos que – a excepción de lo del evangeliario – realizan la gente normal de nuestra parroquia. El lector también tiene la misión de instruir a los que realizan estos oficios.

El acólito es el que sirve al altar, pero, como el lector, su ministerio no se reduce a ello. Viene siendo un monaguillo, pero reconocido de forma “oficial”. Pero, además, el acólito es ministro de la comunión, es decir, puede repartir la comunión sin necesitad de una bendición especial ad hoc que debería hacerse en otro caso y no siempre se hace. Puede, además, exponer el Santísimo, aunque no dar la bendición, que es algo reservado al diácono y al sacerdote.

Como veis, es algo que no realizan sólo los seminaristas ni otras personas que sí que puedan haber estado instituidas con estos ministerios. Por eso, en la práctica, el cambio que se pueda producir no es tan notable. Sin embargo son hitos, etapas que se van quemando, pasos que se van dando… Por eso recibir un ministerio es causa de especial expectación y alegría para los que aquí nos formamos.

Si queréis saber más sobre estos ministerios, está como fuente principal el Motu Proprio Ministeria quaedam del Papa Pablo VI. También, merodeando por internet, he encontrado estos documentos que me parecen especialmente interesantes sobre el lectorado y sobre el acolitado.

La foto que ilustra este post la tomó Silvia Rozas en la institución de acólitos y lectores del año pasado. Fue originalmente publicada en el blog de Pastoral Santiago. El protagonista es un servidor, a la hora de ser instituido lector.

… Esto me recuerda que debería ponerme a régimen en serio

Seminario
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