Un Dios prohibido

Ayer por la tarde fuimos invitados al pre-estreno en Roma de Un Dios Prohibido, una película de A Contracorriente Producciones que narra el martirio de los Claretianos de Barbastro en el verano del 36, en los primeros momentos de la guerra, y, junto a ellos, del primer beato gitano, Ceferino Giménez Malla, “el Pelé”, del Obispo de aquella Diócesis, Mons. Florentino Asensio, y otros sacerdotes de la región.
Yo conocía la historia más o menos por oídas, en especial lo referido al martirio particular del obispo, que fue especialmente cruel. Lo cierto es que es una historia con muchísima fuerza. Una historia que es historia tipo, pero que, por desgracia, no fue una historia única en aquellos días. Porque mártires (sacerdotes, religiosos, seminaristas, monjas, laicos…) hubo a espuertas en España entre el 36 y el 39.
Así que el director, Pablo León, contaba con una historia con mucho atractivo. Y, al menos bajo mi punto de vista, sabe contarla. Se manejan muy bien los ritmos de la narración y se consigue empatizar con los personajes. Se cuenta, además, con algunas caras más o menos conocidas de la ficción televisiva como Elena Furiase, Jesús Guzmán, José María Rueda, Julio Alonso o Juan Alberto López entre otros. Y muchos actores jóvenes, menos conocidos, pero que están dentro del nivel general de la interpretación.
Es cierto que para los más puristas tiene sus fallos. Ayer, por lo menos, el montaje de sonido era bastante deficiente. Las interpretaciones, por más que sean decentes, no son de Óscar. Y había algunas transiciones demasiado bruscas entre escena y escena que no contribuían al buen ritmo de la narración. Pero los fallos de montaje son disculpables en un pre-estreno, así que los disculpamos.
Pero también tiene sus virtudes. Yo diría que dos por encima de todas: la primera es que (pese a lo que yo pensaba) no se recrea en las escenas más brutales. Que podía haberlo hecho, porque algunas de las cosas que pasaron esos días fueron muy brutas. El caso más claro es la tortura del obispo. Que si leéis el relato de su martirio, sabréis que no fue una cosa apta para mentes sensibles.
La segunda es que refleja muy bien (sobre todo a través del personaje del líder del Comité Revolucionario y de la Trini) cómo mucho de lo que pasa es consecuencia de un progresivo “irse de las manos” de los acontecimientos. Es decir, las ideas estaban ahí, los sentimientos estaban ahí… pero quizás no hasta los extremos que se llegan. Y eso queda, insisto, muy bien reflejado.
En definitiva, no es una cinta que posiblemente llegue al gran público y seguramente no será de las que triunfe. Como decía alguno de los compañeros con los que fuimos a verla, es una cinta “de consumo interno”. Pero es una historia – una historia sobre el perdón, como nos la presentaron – que merecía ser contada.
En los medios, Roma

























