Churras y merinas

Todos tenemos filias y fobias. Todos tenemos, más o menos, unas ciertas inclinaciones a favor y en contra que marcan mucho nuestro carácter, nuestras opiniones, nuestra forma de situarnos ante las cosas que suceden en nuestra vida. También las tenemos en materia religiosa, es indudable. Y si no lo creéis, es mejor que echéis un vistazo a la gente de tu parroquia, a los curas que conocéis, a blogs y publicaciones en papel relacionadas con este ámbito… Y en seguida os daréis cuenta de que hay distintos estilos.
Y eso es bueno. Muy bueno. No voy a ser yo el que diga que la situación óptima es la estricta uniformidad, como si hubiéramos sido clonados cuales ovejas Dolly. Concediendo que hay ciertas cosas que son dogmas de fe y, por tanto, son innegociables, interpretables sólo hasta cierto punto, el hecho de que haya distintos estilos, distintos puntos de vista es óptimo en la mayor parte de los aspectos. También en este caso.
El problema llega cuando dejamos que nuestras filias y fobias dicten lo que decimos y emborronen la transmisión del mensaje de Cristo, que queremos hacer llegar a los demás. Y ya no hablemos de cuando esas filias y fobias se convierten en prácticas declaraciones de guerra frente al bando de enfrente, convirtiendo la falta de uniformidad (buena) en falta de unidad (desastrosa) y sembrando la semilla de la división en base simplemente – no nos engañemos – a la absolutización de nuestra propia opinión.
Tenemos derecho a hablar de lo que sea, eso está claro, pero, especialmente cuando estamos en una tribuna determinada, debemos medir mucho lo que decimos y no mezclar churras y merinas. No podemos mezclar churras con merinas ni el tocino con la velocidad. No tenemos derecho a enturbiar la Palabra de Dios con nuestras opiniones personales. No desde un púlpito, sea real o electrónico. Porque lo que conseguiremos al final es escandalizar…
… Y “ay del que escandaliza”.
Reflexión




















En nuestra querida terriña gallega andamos en tiempo de derby. Mañana a las 20:00 el Celta visita Riazor. Se nota en el ambiente, en los ánimos más o menos revueltos, en los nervios a flor de piel y en la carne de gallina que se nos pone a todos los aficionados al deporte rey por estos lares. Los unos y los otros. Que además lo esperado del choque hace que haya mucha más (valga la rebuznancia) expectación. Y ahí le andamos





