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Entradas etiquetadas como ‘Sao Paulo’

São Paulo, otra vez

Viernes, agosto 21st, 2009

Estaré tres días en el Master em Jornalismo Digital Multimídia, que organiza el Instituto Internacional de Ciências Sociais (IICS).

También daré una conferencia el miércoles en la Semana Estado, que organiza el diario O Estado de Sao Paulo.

A São Paulo

Jueves, marzo 5th, 2009

Mañana por la noche vuelvo a São Paulo. Estaré en el Master de Gestão de Empresas de Comunicação, y estos serán mis alumnos.

El agnóstico

Sábado, septiembre 27th, 2008

Un matrimonio amigo me invitó a tomar café en su casa nueva en Vila Pompeia, un barrio italiano de Sao Paulo que, como ocurre con todo aquí, mezcla en realidad todas las procedencias, las edades, las razas y cualquier condición social. Esta potencia mezcladora de Brasil siempre me conmueve. Aproveché la conversación para preguntar muchas cosas. Por ejemplo, cuántos motoristas hay en Sao Paulo y cuántos de ellos son mensajeros (motoboys, les llaman). Unos seiscientos mil, de los cuales ciento cincuenta mil son mensajeros. La verdad es que impresiona verlos circular por el tráfico densísimo de las avenidas paulistas, sorteando coches, baches y personas. Pregunté también cuántos mueren: la media de muertos en el tráfico de la ciudad asciende a 4,3 diarios. Las calles de Sao Paulo producen además setenta heridos por día. Una barbaridad.
Andábamos en estas y otras conversaciones cuando llegó un socio del marido: abogado, profesor, un hombre joven, elocuente e ingenioso, con sangre portuguesa e italiana al cincuenta por ciento. Hablamos de muchas cosas, saltando de tema en tema sin darnos cuenta, hasta que caímos en lo que el llamó «el sentimiento de culpa» de los católicos. Dije lo de siempre, que esa angustia es connatural al ser humano desde sus orígenes y que, en todo caso, precisamente el cristianismo vino a aliviarla con el descubrimiento del perdón. Se extrañó y comenzó a hablar de la fe: él, decía, es muy racional y la fe no. Le dije que la fe también es muy racional. Se volvió a extrañar. Los anfitriones pensaron que nos habíamos puesto muy serios y cambiaron de asunto. Pero mi querido abogado regresó para decir que tenía una gran devoción a San Francisco de Asís. Dije riéndome: «¡Mira el agnóstico!». Y él, que pensó que no le había creído, contó una historia y abrió su billetera: llevaba tres medallas de San Francisco y una de la Virgen.

Chuvas de março

Sábado, marzo 15th, 2008

En São Paulo la lluvia puede ser una bendición o una desgracia, depende para quién. Ocurre, de hecho, en muchos lugares. Las lluvias de marzo, cantadas por Elis Regina y Tom Jobim, comparecieron de nuevo, no solo para cerrar el verano, sino también, quizá, para celebrar el crecimiento de un 5,4 en el PIB, que se hizo público ayer. Buen dato, desde luego.
Las lluvias despejaron la eterna contaminación que engrisece el aire de la ciudad, siempre envuelta, vista desde lejos, en esa nube tóxica que parece de dibujos animados. La lluvia llega y lo limpia todo. Barre el polvo de las calles y de las fachadas de los rascacielos, filtra el aire a través de las cortinas de agua y le devuelve transparencia y frescura. Diluye los olores penetrantes a carburantes diversos y mezclados (a alcohol, sobre todo, que es el combustible preferido por aquí).
 Pero el tráfico empeora. Porque salen más coches, porque se inundan algunas zonas, por un conjunto de causas, los seis millones de vehículos matriculados aquí (más otros cientos de miles matriculados en otros estados donde resulta más barato hacerlo) terminan amontonados en las grandes avenidas y en las circunvalaciones. Ayer se consiguió el récord: doscientos dieciocho kilómetros de atasco me dijo un taxista, tres más añadía hoy el periódico en primera página, pero sin destacarlo mucho.
El paulista está acostumbrado a todo. Sabe que las cosas más sencillas pueden volverse muy complicadas en su ciudad. Para fijar una cita, por ejemplo, hay que tener en cuenta muchísimas variables: de distancia, horario, climatología, accesos a la zona, etc. Pero el paulista quiere a São Paulo con locura, no podría vivir en otro lugar sin regresar a menudo para curarse el mal de saudade.
También yo estoy empezando a sentir saudades, porque tengo que volverme mañana.

ojd