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Contra Trump

Escrito por Paco Sánchez
5 de Marzo de 2016 a las 12:26h

Hace unos años fui arrastrado por el afecto a una reunión de la que nada sabía, salvo que se trataba de negocios. Se desarrolló en la sala de un hotel y, pasados pocos minutos, comprendí que aquello tenía pinta de estafa piramidal. Había una docena de incautos, todos en el paro o en sus aledaños, todos con problemas que iban contando en voz alta. Algo sencillamente sórdido que aguanté, insisto, por mero afecto hasta que no pude más y aduje una excusa para escaparme sin ofender. No sabía si aquello debería ser investigado o denunciado, y lo dejé estar por miedo a herir sin necesidad. La sorpresa mayor de aquella puesta en escena había consistido en un vídeo en el que salía Donald Trump recomendando el sospechoso negocio.

No tenía por entonces buena opinión de Trump, cuyo apellido se puede traducir como naipe de triunfo en los juegos de cartas, pero también como ventosidad, por decirlo finamente. Con todo, me extrañó que se prestara a una cosa así. Después miré un poco su historial como empresario y hasta me pareció plausible que alentara además aquella probable estafa.

Ahora no puedo creer que el Partido Republicano le haya dejado competir por la presidencia al amparo de sus siglas: pensaron que nunca llegaría a nada y hoy, si lo echan, se arriesgan a que se presente como independiente. Tampoco entiendo que los medios lo hayan engrandecido a base de darle caña y cancha, como hacen aquí con Podemos. Pero sobre todo, me asusta que haya tantísima gente que se sienta representada por él. Y no es la gente del dinero, que esa ha apostado muy claramente por otros, sino la común, la que ya solo consume para vivir y vive para consumir. También vídeos y tuits. Y se queja.

La Voz de Galicia, 5.marzo.2016

Una homilía

Escrito por Paco Sánchez
27 de Febrero de 2016 a las 11:49h

Me llegó el vídeo de la homilía en el funeral por Antonin Scalia, el polémico juez del Supremo estadounidense recientemente fallecido. Empecé a verla por cortesía, por poder decir algo a quien me la envió, pero muy pronto me di cuenta de que me encontraba ante algo excepcional, ante una pieza ejemplar de oratoria fúnebre católica pronunciada con indecible aplomo por el propio hijo del juez, Paul Scalia. El arranque algo efectista, después de los saludos y agradecimientos obligatorios, captó por completo mi atención y ya no pude dejar de escucharle hasta el final.

Paul Scalia habló poco de su padre: no glosó su gigantesca figura profesional o humana, huyó de la hagiografía. Se limitó al agradecimiento filial. Y al hacerlo, dijo algo que me conmovió: «Nos quería [a sus nueve hijos], y procuraba mostrar ese amor y compartir la bendición de la fe que veía como un tesoro. Nos dio unos a otros para que nos apoyáramos mutuamente: es el mayor bien que los padres pueden dar y, precisamente ahora, les estamos especialmente agradecidos por él».

Los hermanos son el mayor regalo que los padres pueden dar a sus hijos. En contra de lo que pueda parecer, quienes carecen de hermanos saben lo que se pierden: un cariño total e incondicionado, fuerte y muy difícil de encontrar en otras personas, que ayuda a crecer desde los primeros meses. Y una capacidad de querer desinteresadamente que no es imposible adquirir de otra manera, pero sí mucho más difícil. Necesitamos recuperar esta idea, arraigada en nuestra cultura hasta hace poco, porque solo ella es capaz de devolvernos a la normalidad demográfica. Los incentivos económicos ayudan, pero siempre que operen sobre esa cultura previa.

La Voz de Galicia, 27.febrero.2016

Aquí puede encontrarse el video y una transcripción al castellano

Tolerancia cero

Escrito por Paco Sánchez
22 de Febrero de 2016 a las 10:49h

Hace ya muchos años, siendo aún presidente, Felipe González se quejaba de la crispación. Sobre todo, de la crispación de la vida política y, particularmente, de la parlamentaria. Hoy se habla ya de intolerancia y se vuelve más que nunca a la maldita referencia a las dos Españas. El tono del debate público -si es que podemos llamarlo así- se ha elevado y envilecido. Debemos reconocerlo para arreglarlo -o terminaremos a guantazos- en vez de jalearlo desde posturas políticas cerradas o desde medios acostumbrados a la comodidad de defender lo que nadie ataca o de atacar lo que nadie defiende.

Recordaba estos días, a propósito de otro incidente, la definición de caballero que ofrecía John Henry Newman en su Idea de una Universidad. Viene muy a cuento en días como este. Según él, «decir que el caballero es una persona que nunca hace daño equivale casi a definirlo». Excelente punto de partida que luego concreta. Extracto algunas frases: «El verdadero caballero evita lo que podría causar perturbación o inquietud en el ánimo de aquellos con los que le ha tocado compartir suerte; evita siempre los conflictos, las reservas, las desconfianzas, los comentarios negativos o amargos, el resentimiento. Su gran tarea es hacer que cada uno se encuentre a gusto. No confunde nunca las críticas malévolas o las frases hirientes con auténticas argumentaciones y no insinúa nunca lo que no es capaz de decir abiertamente. Con una prudente amplitud de miras, observa la máxima del sabio clásico de que deberíamos comportarnos siempre respecto de nuestros adversarios como si un día hubieran de llegar a ser nuestros amigos».

El negativo de la foto pintada por Newman es lo que tenemos hoy.

La Voz de Galicia, 20.febrero.2016

Siéntense

Escrito por Paco Sánchez
3 de Febrero de 2016 a las 10:55h

Casi todos los días alguien interpreta qué mensaje quisieron mandar los españoles en las últimas elecciones generales y, a menudo, se insiste en que se trata de un mensaje de cambio. Bueno, de acuerdo. Los españoles con nuestro voto hemos mandado cambiar. Se puede discutir en qué consiste exactamente el cambio que queremos, pero hay algo que no se puede discutir por obvio: los españoles no deseamos una mayoría absoluta de nadie y sí pretendemos que se forme un Gobierno mediante el diálogo entre los diversos partidos. Y eso, justamente, es lo que no se está haciendo. Nadie está hablando en serio con nadie. Ni siquiera se atisban verdaderos esfuerzos de aproximación real de posiciones, sino juegos casi macarras por ocupar espacios desde los que negociar más cómodamente o desde los que convertir en poco menos que imposible cualquier negociación.

Es hora de que se negocie de verdad y con sentido de urgencia. Ni se puede ni se debe mantener esta insoportable inquietud que genera toda clase de inseguridades y desconfianzas en las personas, en las instituciones y en las empresas. Sin duda, la voz de las urnas tenía otra letra y esperaba otra música: la del acuerdo entre todos o entre algunos para avanzar reformando lo que haya menester. Si no se quiere buscar ese Gobierno apoyado por una inmensa mayoría moderada, inténtese el otro o vayamos de nuevo a votar. Si se insiste en este jueguecito perverso y miserable de golpes y contragolpes de efecto, se hinchará la desconfianza en la clase política y quizá nadie lo gane nunca. Pero tendrá un perdedor asegurado, el propio país y, con él, todos nosotros. Siéntense, por favor, de una vez. ¡Ese era el mensaje de las urnas!

La Voz de Galicia, 30.enero.2016

¿Pro-gra-ma?

Escrito por Paco Sánchez
23 de Enero de 2016 a las 21:11h

En junio del año pasado Pablo Iglesias publicó en The New Left Review un artículo al que ya me referí aquí hace meses. Decía entonces cuál era su «objetivo vital» para las elecciones generales: «Sobrepasar al PSOE». No lo consiguió, pero sí ha producido la situación poselectoral que pretendía: «El PSOE quedará atrapado en la contradicción entre la lógica de Estado y sus intereses partidistas, y no está claro cómo la resolverá». Exacto.

No cabe discutir que Podemos, sin sobrepasarlo, ha bloqueado efectivamente al PSOE en el dilema lógica de Estado/intereses partidistas. Solo que lo ha dejado sin salida, porque en realidad cualquier opción perjudicará sus expectativas de voto a corto plazo, incluso la que supone nuevas elecciones. En este contexto hay que entender los gestos de ayer: uno ofreciendo apoyo y pidiendo la vicepresidencia y otro insistiendo en que el electorado no entendería que Pablo y él no llegaron a un acuerdo. Como ambos saben que resulta muy difícil articular y sostener un Gobierno a tantas bandas, posan por si hay que volver a votar: que parezca que, si no ha habido acuerdo, la culpa es del otro. De ahí, quizá, el silencio repentino y complaciente de los barones socialistas, el viaje a Portugal, tan inexplicable, para aprender cómo se monta una coalición de izquierdas o el juego de líneas rojas. El único acuerdo real e inmediato consiste en desgastar más a Rajoy, por eso la insistencia en que se someta a investidura.

Así que no sufran por lo que hagan o digan en esta fase de movimientos tácticos: ya ven cómo parpadean agónicas hasta borrarse las supuestas líneas rojas, mientras unos y otros repiten como autómatas la misma falsedad: «Pro-gra-ma».

La Voz de Galicia, 23.enero.2016

Vanidad narco

Escrito por Paco Sánchez
17 de Enero de 2016 a las 11:06h

A los narcos casi siempre les pierde lo mismo: la vanidad. Suelen ser muy inteligentes y duros, pragmáticos. Se acostumbran pronto a ganar tanto dinero como quieren, mucho más del que necesita un país entero de buen tamaño: recordarán que Pablo Escobar se ofreció a pagar él solito la deuda externa de Colombia o que, como ya no sabía qué hacer con tantos billetes, como no había lavadoras de dinero capaces de procesar tanta colada, los metía bajo tierra y aún siguen apareciendo. Se acostumbran también al poder: controlan ejércitos de sicarios, disponen de medios avanzadísimos, no se paran a contar los muertos porque la gente les pertenece. El negocio funciona así: les sirves o no. Lo tienen todo, pero pasan la vida escondidos y parece improbable que la historia termine tratándolos bien.

Por eso encargan corridos que canten sus hazañas y mausoleos enormes que las recuerden. Vale la pena, por ejemplo, visitar el cementerio de Medellín, donde algunos se llevaron a la tumba grabaciones sin fin de sus canciones preferidas. Es su forma de colarse en la historia. Pablo Escobar o el Chapo no se conformaron con tan poco. Escobar intentó la política y el Chapo, el cine. Muy probablemente, ambos se sirvieron de importantes agencias de comunicación para que la gente los viera como ellos se veían a sí mismos: grandes líderes, hombres con una visión imponente para los negocios.

Horteras vanidosos y sin clase, por eso se perdieron. Pablo Escobar llegó a construir su propia cárcel. Otros son más discretos y ahí siguen disponiendo de la vida de tantos, admirados por la gente que desprecian, ya encerrados en su propia cárcel sin darse cuenta, sin dedicarse al narcotráfico siquiera.

La Voz de Galicia, 16.enero.2016

Asco

Escrito por Paco Sánchez
11 de Enero de 2016 a las 17:38h

Los servicios secretos europeos alertaron de posibles golpes terroristas la noche de fin de año en Bélgica y en la estación de Múnich. Al final, los belgas cancelaron las fiestas, con lo cual los terroristas consiguieron lo que pretendían, amedrentar, sin despeinarse ni inmolarse ni nada. Y lo de la estación no ocurrió en la de Múnich, sino en la de Colonia y en muchas ciudades más, solo que utilizaron una modalidad no esperada por los servicios secretos, sin bombas ni suicidas: la humillación de las mujeres y de todo Occidente en ellas. Y de paso demostraron la capacidad de movilizar a un auténtico ejército de varones.

Conviene que diagnostiquemos bien, no vaya a ser que, por no reconocer esta sorprendente fórmula terrorista o por no querer verla, reaccionemos exactamente como esperan: exasperando la islamofobia, aupando a la extrema derecha, desconcertando a la extrema izquierda -que ya no sabe qué defender o qué atacar en este asunto- y, en general, aumentando la propensión al pánico tan propia de sociedades débiles y sin coraje.

Porque los sucesos salvajes de Colonia, de Hamburgo y de las otras ciudades son una vergüenza: ¿Solo había mujeres en aquellas fiestas? ¿Dónde se metieron los demás? ¿Nadie se dio cuenta de nada o se fueron a lloriquear a la policía, que a su vez tampoco hizo nada para, según parece, evitar que se produjeran alborotos y muertos? ¿O es que nos hemos acostumbrado a unos niveles tan bajos de respeto a las mujeres, también en público, que nuestra sensibilidad se ha acorchado? Lo dejo para que nadie se enfade. Pero conste que esto sí me asusta: que perciban y aprovechen tan claramente nuestras debilidades culturales y nuestra cobardía.

La Voz de Galicia, 9.enero.2016

No herir

Escrito por Paco Sánchez
28 de Diciembre de 2015 a las 10:31h

Pensaba, como mi hermana, que en las fiestas familiares debería evitarse la política, pero la experiencia de esta Nochebuena me ha hecho cambiar: si la familia se quiere, si cada cual tiene más cariño a los demás que a las ideas propias, el comentario político, siempre y cuando no se prolongue en exceso, puede resultar muy enriquecedor y hasta agradable, por muy opuestas que parezcan las posturas. Cuesta bien poco dar con la razón: en una familia que se quiere, todos evitan herir a los otros y, a la vez, la prioridad radica más en ayudarse a entender que en imponer siglas o visiones particulares.

La primera condición, no herir, establece un mínimo que debería comparecer siempre en la discusión política y, muy especialmente, en la discusión política profesional. Por eso produjo tanto escándalo el debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Quizá no se pueda pretender que se quieran, pero sí que se respeten. Además de por un imperativo moral, también por una razón práctica: si se insultan, dejan moratones y marcas. Qué difícil entenderse luego, como si nada, con un tipo que te ha llamado indecente o mezquino. En política, la capacidad de entenderse lo es todo, pero en situaciones como la nuestra, en la que los pactos resultan obligados, conviene ponderarla aun más.

Pero hay también una razón de ejemplaridad: los modos políticos deben mostrar que se busca el bien común y el entendimiento, sin gestos sectarios de desprecio a los que piensan diferente, renunciando al insulto y a la descalificación sectaria. No herir ni a los representantes ni a los representados, estén en el Gobierno o en la oposición. Lo contrario casi siempre genera polarización, odio y violencia.

La Voz de Galicia, 26.diciembre.2015

Al final…

Escrito por Paco Sánchez
19 de Diciembre de 2015 a las 10:35h

Al final, sacan adelante los países aquellas mujeres y aquellos hombres que, pase lo que pase, pelean a brazo partido por sus familias. La gente normal que ama y sufre, que se levanta por la mañana y trabaja -a menudo en empleos que no les satisfacen- para construir el futuro de los suyos y, de paso, quizá sin pretenderlo, de los nuestros, de todos. Cuando esa gente abunda, los países van bien. Cuando escasea, decaen o se atrofian. Los líderes, por supuesto, ayudan a canalizar esas torrenteras de amor y sacrificio, se incorporan a ellas, las incentivan o las entorpecen. Pero poco más. Por eso, la gente normal, la que ama y sufre y lucha por los suyos, vota a quien piensa que estorbará menos o que ayudará más en la brega diaria.

Sin embargo, en la campaña apenas se ha hablado de la familia. En realidad, no se ha hablado de casi nada en lo que usted y yo podamos hacer algo. Nuestro ideal más inmediato, la felicidad de los nuestros, ha quedado muy al margen, arrebujado en números inverosímiles o en eslóganes que predican miedo, la pasión que se aduce cuando faltan argumentos: solo derecha e izquierda, nuevos y viejos. Disyuntivas simples, fáciles.

Como si no sintiéramos miedo bastante, como si no supiéramos en carne propia que no podemos asegurarlo todo, que vivimos siempre sin red, equilibrándonos en la cuerda floja, que somos dependientes. Está bien. Votaremos con miedo. Y mañana por la noche, ocurra lo que ocurra, nos llenaremos de esperanza, porque todavía hay mucha gente que ama, sufre y lucha por su familia y por las de todos. Gente que seguirá sacando este país adelante, si acaso, apretando un poco más los dientes, quizá sin que nadie quiera representarlos.

La Voz de Galicia, 19.diciembre.2015

Ganar, perder

Escrito por Paco Sánchez
14 de Diciembre de 2015 a las 10:43h

Progresamos a tal velocidad que apenas se entiende ya el viejo refranero, plagado de sentido común. Me arriesgaré, no obstante, con aquel dicho según el cual «en la mesa y en el juego se conoce al caballero». Precisamente el sentido común me advierte de que debería aclarar el concepto caballero. Para el diccionario, la palabra se aplica a un «hombre que se comporta con distinción, nobleza y generosidad». También recibe otras acepciones, claro, pero el refrán se refiere a esta, ahora casi desconocida. Pretende explicar que el hombre generoso, noble y distinguido se muestra de manera especial en el modo de comer, en saber ganar con generosidad y sin alardes, en saber perder con serenidad, sin revanchas, y si es el caso, en el modo de pagar.

Parece obvio que Cristina Kirchner no responde a la definición de caballero, porque incumple ya el primer requisito: ser un hombre. Maduro, sin embargo, cumple con esa primera palabra y quizá sus maneras en la mesa se alejen mucho de las de un gañán, pero desde luego, al igual que Kirchner, no sabe perder. Acaso haya que descartar un problema de elegancia o de generosidad. Tal vez se deba a ese extraño sentido de posesión sobre la gente característico de ciertas ideologías. «El pueblo me pertenece por derecho», parecen decir, y les extraña que el pueblo no los quiera o los quiera menos que a otros. Las reacciones de la argentina y del venezolano aparentan eso.

La campaña electoral se está siguiendo con una viveza casi olvidada. Acaso porque estamos muy entrenados como hooligans y la sentimos como un partido de fútbol o una carrera de caballos. Bueno. Pero conviene mucho que, al final, por lo menos sepamos perder o ganar.

La Voz de Galicia, 12.diciembre.2015