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Archivo para abril, 2016

¡Al sótano!

sábado, abril 30th, 2016

Siendo un párvulo de segundo año, estaba tan tranquilo en mi pupitre y de pronto se abrió la puerta con mucho estruendo y apareció mi hermano llorando. Venía en mi busca, perseguido por una profesora, porque una avioneta había hecho un vuelo rasante sobre el colegio nacional en el que estudiábamos y Luis pensó que se avecinaba un bombardeo y quería morir conmigo. Mientras me abrazaba, la profesora que lo había perseguido sin éxito por el pasillo comentó: «A saber lo que le cuentan al niño en casa». Me sentí muy culpable. Por entonces, padecía obsesión con la guerra y, muy especialmente, con los bombardeos, materia frecuente de mis pesadillas nocturnas, y ya de día, tendía a dibujar aviones lanzando toda clase de munición sobre barcos y ciudades. Eso era lo que le enseñaban a mi hermano en casa y se lo enseñaba yo.

Aunque ya no sufro tales pesadillas infantiles, temo el próximo bombardeo, tan inútil, para el que están aprontando sus armas tantos trolls y tantos bobos que pretenden ametrallarnos con tuits desde sus helicópteros pesados de vuelo bajo. Me refiero a los memes y memeces, a las guerras de banderolas, banderas y banderillas, farola a farola, calle a calle, barrio por barrio. Y a los asuntos sucios que caerán aparentemente del cielo como bombas de racimo sin mirar a quién lastiman más. Y al spam de propaganda y papeletas en el ordenador y en el buzón de casa que se derramará sobre una población ahíta, cansada, harta, hasta las narices.

Como en los bombardeos, cada uno se refugiará en su sótano o en su búnker, si lo tiene. Y de ahí saldrán el día 26 de junio para votar lo mismo. O para no votar. O quizá quince días sin asomar cabeza, pensando… ¿Se imaginan?

Robar o no robar

jueves, abril 28th, 2016

El

relato periodístico de lo que han hecho durante años Ausbanc, supuesta protectora de los usuarios bancarios, y Manos Limpias, supuesta defensora de la justicia, me ha recordado un cuento y lo he releído. Porque en estos asuntos, como en el cuento, parece que todo el mundo sabía. Todos estaban al tanto y hubiera sido imposible semejante actividad chantajista sin la anuencia de otros que, quizá, operaban con criterios oscuros que los convertían en presa fácil. Dibuja una figura negra de nuestra sociedad en la que, por cierto, apenas comparecen los políticos. Si acaso, por omisión: porque seguro que también ellos sabían. Pero ni Ausbanc ni Manos Limpias ni las decenas de fregados comparables que se han ido descubriendo en los últimos meses -papeles de Panamá aparte- aparecen protagonizados por políticos. El problema con la corrupción no es un problema de corrupción política, sino de corrupción social, intestina.

En su cuento La oveja negra, Italo Calvino describe un pueblo donde todos eran ladrones, un pueblo igualitario: «En aquel país el comercio solo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El Gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos. Y por su lado los súbditos solo pensaban en defraudar al Gobierno. La vida transcurría sin tropiezos y no había ni ricos ni pobres».

Pero uno dejó de robar y desequilibró el ecosistema: aparecieron los ricos, los pobres, el hambre y la miseria, la desigualdad. Ahí estamos: o robamos todos o recuperamos el sentido moral en la familia y en la educación. Esta última parece una solución más razonable y poética. Más humana, también. Y más difícil.

La Voz de Galicia, 23.abril.2016

Infierno y paraíso

martes, abril 19th, 2016

Cuanto menos se cree en el infierno, más se anhela el paraíso. El paraíso fiscal, por supuesto. Los papeles de Panamá lo demuestran. Apenas un despacho de uno solo de esos paraísos, no precisamente el más prestigioso, y? miren lo que sale. Mientras andamos entretenidos con nombres y nombrecitos, con la exigua presencia de ricos y políticos americanos, mientras le atribuimos la filtración a la CIA, que quiere cerrar las tuberías por las que circula el dinero de la droga y del tráfico de armas, el dinero que comercia con Corea del Norte, con Siria o con Irán pese a las sanciones internacionales, mientras nos entretenemos en todo eso, pocos se fijan en lo fundamental.

La filtración más grande de la historia apenas boceta el paisaje: Zucman, en su libro La riqueza oculta de las naciones, decía (2015) que un ocho por ciento de la riqueza financiera mundial se oculta en los paraísos. El comisario europeo de Asuntos Económicos cifra esta semana en un billón anual de euros el fraude a las haciendas europeas directamente atribuible a esas tapaderas. Y es posible que ambas cifras, por escalofriantes que parezcan, se queden cortas.

Todos sabíamos de tales prácticas, particularmente obscenas en un tiempo en el que la brecha entre ricos y pobres se agranda velozmente a base de devorar a la clase media, la asalariada, la que paga cada vez más impuestos de los que se benefician ricos y pobres. La inmoralidad del sistema resulta evidente. En un tiempo de crisis, bastaría con recurrir a ese dinero -ahora que los bancos centrales parecen ya exhaustos- para incentivar la economía, o por lo menos, para atender a los desatendidos. Estos paraísos nos están condenando al infierno.

La Voz de Galicia, 16.abril.2016

Sin distinción

lunes, abril 11th, 2016

La ideología de género, contra lo que pueda parecer, procede de una elaboración lenta y meticulosa en algunas universidades estadounidenses y se basa en algunos datos objetivos, porque en otro caso parecería inverosímil y contraria al sentido común. Desde el principio, los investigadores del área percibieron la importancia de la retórica, porque más que a un problema científico se dedicaron a una causa y, para cambiar las cosas, advirtieron que tenían que cambiar antes las palabras y neutralizar ese sentido común. Empezaron por llamarle género al sexo, de modo que una realidad biológica fácilmente comprobable se convirtiera en una abstracción gramatical y, por tanto, en condiciones de ser discutida y reformulada al antojo de cada quien.

Luego cargaron de matices negativos ciertos vocablos. Quizá el que más vejación ha sufrido sea el término padre y cualquiera de sus derivados, muy singularmente paternalismo, que por las razones que sean, carece de equivalente femenino. Quizá el concepto maternalismono se dé en la realidad. Por el camino han comenzado a averiar el concepto maternal. No tanto como paternal, por supuesto. Y así hasta someternos a un lavado de cerebro sin precedentes que hemos aceptado de un modo acrítico, pasivo.

La ley andaluza ha producido alguna extrañeza que dejarán sin respuesta. Porque juegan así. Por supuesto, se advierten rasgos machistas en el lenguaje, pero no precisamente en los nombres genéricos. Como empieza a resultar difícil defender el sentido común, retuiteé ayer una frase de Ramón Salaverría: «Aunque prohíban decir ‘los niños’ frente a la ‘niñez’, seguiremos distinguiendo entre los gilipollas y la gilipollez».

La Voz de Galicia, 9.abril.2016

Palabra y espectáculo

miércoles, abril 6th, 2016

Me da la impresión, acaso demasiado particular, de que el volumen de conversaciones de carácter político ha bajado en las casas y en las calles, en los bares y en las oficinas. Se ha instalado en su lugar un cierto hastío, un aburrimiento muy parecido al que padece la persona que ha gastado demasiadas horas seguidas ante el televisor y, a través de la modorra que le impide moverse aún del sofá, se infiltra en su conciencia un sentimiento incómodo: el de haber perdido el tiempo. La comparación tiene más sentido porque nunca como ahora la política se resuelve en imágenes televisivas, en gestos y posados, en juegos de espejos y paripés que tienen al ciudadano ahíto, empachado. Mucha imagen y poca palabra.

Cuando la imagen sustituye la palabra en lugar de ilustrarla, ocurre exactamente eso: que la reemplaza, y que al reemplazarla obliga a pensar con imágenes en vez de con conceptos. Resulta más cómodo, también para el manipulador. Pero entre otros muchos peligros, hace casi imposible el matiz, propende a la falta de respeto y emborrona la memoria de detalles secundarios: el beso en la boca entre dos políticos, el niño de una diputada, el posado de dos candidatos por la Carrera de San Jerónimo y muchos otros que todos recuerdan, también porque los medios, en vez de obviarlos, los magnifican.

Y así hemos llegado aquí. Sin palabra, en cualquier sentido que quiera utilizarse el término, y empalagados de imágenes que matan el razonamiento, imágenes extremas en las que las pocas voces apenas sirven apenas para dibujar insultos, descalificaciones radicales o falsas apariencias. El empacho de espectáculo impide el diálogo real. Todo exceso termina en triste abotargamiento.

La Voz de Galicia, 2.abril.2016