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Archivo para Marzo, 2016

Lula y yo

Lunes, Marzo 21st, 2016

Me apena la situación de Brasil, país para el que guardo un afecto especial desde hace casi treinta años. Estos días he recibido muchos mensajes de amigos de allí, antiguos alumnos la mayoría, periodistas casi todos. La percepción general puede resumirse en una palabra: impotencia. Uno de los mensajes resumía el panorama en una frase certera que me dio que pensar: no hablaba de Lula ni de Dilma ni de la conveniencia de que se retiraran o prosperara la moción para retirarlos. Se limitaba a decir que la gente es buena, que trabaja mucho, pero que, si se le presenta una ocasión favorable para atrapar algo más, no lo piensa dos veces. Y no se refería solo a los políticos.

Los brasileños son, en efecto, gente buenísima y muy trabajadora, pero lamentablemente, lo otro también es frecuente, como han podido comprobar quienes hayan intentado hacer negocios allí. No es fácil resistirse a lo fácil, sobre todo si se disfraza, al principio, de preocupación por la familia u otros intereses nobles: la financiación del partido, por ejemplo. Primero se hace una caja b y, cuando el dinero se ha vuelto invisible, resulta fácil separar una parte para uno mismo y guardarla en Suiza o en Andorra. Pero no se llega a Suiza de golpe.

Sí, he cambiado de país a mitad de párrafo, porque las diferencias de nuestros políticos con los de Brasil son solo de grado: circulan allí muchos chistes sobre esto. Y también son de grado las diferencias entre la gente común que, aquí como allí, se indigna y protesta, pero si se presenta la ocasión propicia para trincar, trinca: sean de derechas o de izquierdas, políticos o técnicos, empleados o empleadores. Por desgracia, no ocurre solo con el dinero.

La Voz de Galicia, 20.marzo.2016

Colau en tres refranes

Lunes, Marzo 14th, 2016

Siempre pensé que Ada Colau tenía cara de buena persona y, por aquello de que «la cara es el espejo del alma», me caía bien. La juzgaba quizá osada, pero la osadía puede convertirse en una virtud política si se casa con la prudencia. Pronto percibí que su atrevimiento provenía más bien de ese otro dicho según el cual «la ignorancia es atrevida». La alcaldesa de Barcelona dio pronto señales de incompetencia que no me atrevía a juzgar como maldad. Solo incompetencia. La misma que le impidió pedir previamente al Ejército -por razones buenas o malas- que no acudieran a la feria educativa. La misma incompetencia que, quizá sin pretenderlo, la llevó a humillarlos.

Tal vez porque ignora que las Fuerzas Armadas proporcionan formación de mucha calidad y en todos los niveles: desde pilotos de aviación e ingenieros hasta mecánicos o conductores de vehículos especiales. Tal vez porque ignora la diferencia entre ser antimilitar y ser antimilitarista («militarismo: preponderancia de los militares, de la política militar o del espíritu militar en una nación»). Contra esto último, nos apuntamos casi todos, también los militares españoles.

Pero me pregunto si le diría Colau algo así a Fidel Castro, al Che o a Chávez, todos ellos militares y de izquierdas. No sin consecuencias. No, ¿porque a lo peor los admira? ¿O será que Colau prefiere un Ejército ideológico a uno profesionalizado y sometido a las instituciones democráticas, como explicaba ayer Roberto Blanco? ¿Y cómo encaja esto con que Podemos proponga a un militar para ministro de Defensa después de una serie ya larga de ministros civiles? En fin, todo refrán tiene su contrarrefrán y es verdad que «las apariencias engañan».

La Voz de Galicia, 12.marzo.2016

Contra Trump

Sábado, Marzo 5th, 2016

Hace unos años fui arrastrado por el afecto a una reunión de la que nada sabía, salvo que se trataba de negocios. Se desarrolló en la sala de un hotel y, pasados pocos minutos, comprendí que aquello tenía pinta de estafa piramidal. Había una docena de incautos, todos en el paro o en sus aledaños, todos con problemas que iban contando en voz alta. Algo sencillamente sórdido que aguanté, insisto, por mero afecto hasta que no pude más y aduje una excusa para escaparme sin ofender. No sabía si aquello debería ser investigado o denunciado, y lo dejé estar por miedo a herir sin necesidad. La sorpresa mayor de aquella puesta en escena había consistido en un vídeo en el que salía Donald Trump recomendando el sospechoso negocio.

No tenía por entonces buena opinión de Trump, cuyo apellido se puede traducir como naipe de triunfo en los juegos de cartas, pero también como ventosidad, por decirlo finamente. Con todo, me extrañó que se prestara a una cosa así. Después miré un poco su historial como empresario y hasta me pareció plausible que alentara además aquella probable estafa.

Ahora no puedo creer que el Partido Republicano le haya dejado competir por la presidencia al amparo de sus siglas: pensaron que nunca llegaría a nada y hoy, si lo echan, se arriesgan a que se presente como independiente. Tampoco entiendo que los medios lo hayan engrandecido a base de darle caña y cancha, como hacen aquí con Podemos. Pero sobre todo, me asusta que haya tantísima gente que se sienta representada por él. Y no es la gente del dinero, que esa ha apostado muy claramente por otros, sino la común, la que ya solo consume para vivir y vive para consumir. También vídeos y tuits. Y se queja.

La Voz de Galicia, 5.marzo.2016