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Archivo para diciembre, 2015

No herir

lunes, diciembre 28th, 2015

Pensaba, como mi hermana, que en las fiestas familiares debería evitarse la política, pero la experiencia de esta Nochebuena me ha hecho cambiar: si la familia se quiere, si cada cual tiene más cariño a los demás que a las ideas propias, el comentario político, siempre y cuando no se prolongue en exceso, puede resultar muy enriquecedor y hasta agradable, por muy opuestas que parezcan las posturas. Cuesta bien poco dar con la razón: en una familia que se quiere, todos evitan herir a los otros y, a la vez, la prioridad radica más en ayudarse a entender que en imponer siglas o visiones particulares.

La primera condición, no herir, establece un mínimo que debería comparecer siempre en la discusión política y, muy especialmente, en la discusión política profesional. Por eso produjo tanto escándalo el debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Quizá no se pueda pretender que se quieran, pero sí que se respeten. Además de por un imperativo moral, también por una razón práctica: si se insultan, dejan moratones y marcas. Qué difícil entenderse luego, como si nada, con un tipo que te ha llamado indecente o mezquino. En política, la capacidad de entenderse lo es todo, pero en situaciones como la nuestra, en la que los pactos resultan obligados, conviene ponderarla aun más.

Pero hay también una razón de ejemplaridad: los modos políticos deben mostrar que se busca el bien común y el entendimiento, sin gestos sectarios de desprecio a los que piensan diferente, renunciando al insulto y a la descalificación sectaria. No herir ni a los representantes ni a los representados, estén en el Gobierno o en la oposición. Lo contrario casi siempre genera polarización, odio y violencia.

La Voz de Galicia, 26.diciembre.2015

Al final…

sábado, diciembre 19th, 2015

Al final, sacan adelante los países aquellas mujeres y aquellos hombres que, pase lo que pase, pelean a brazo partido por sus familias. La gente normal que ama y sufre, que se levanta por la mañana y trabaja -a menudo en empleos que no les satisfacen- para construir el futuro de los suyos y, de paso, quizá sin pretenderlo, de los nuestros, de todos. Cuando esa gente abunda, los países van bien. Cuando escasea, decaen o se atrofian. Los líderes, por supuesto, ayudan a canalizar esas torrenteras de amor y sacrificio, se incorporan a ellas, las incentivan o las entorpecen. Pero poco más. Por eso, la gente normal, la que ama y sufre y lucha por los suyos, vota a quien piensa que estorbará menos o que ayudará más en la brega diaria.

Sin embargo, en la campaña apenas se ha hablado de la familia. En realidad, no se ha hablado de casi nada en lo que usted y yo podamos hacer algo. Nuestro ideal más inmediato, la felicidad de los nuestros, ha quedado muy al margen, arrebujado en números inverosímiles o en eslóganes que predican miedo, la pasión que se aduce cuando faltan argumentos: solo derecha e izquierda, nuevos y viejos. Disyuntivas simples, fáciles.

Como si no sintiéramos miedo bastante, como si no supiéramos en carne propia que no podemos asegurarlo todo, que vivimos siempre sin red, equilibrándonos en la cuerda floja, que somos dependientes. Está bien. Votaremos con miedo. Y mañana por la noche, ocurra lo que ocurra, nos llenaremos de esperanza, porque todavía hay mucha gente que ama, sufre y lucha por su familia y por las de todos. Gente que seguirá sacando este país adelante, si acaso, apretando un poco más los dientes, quizá sin que nadie quiera representarlos.

La Voz de Galicia, 19.diciembre.2015

Ganar, perder

lunes, diciembre 14th, 2015

Progresamos a tal velocidad que apenas se entiende ya el viejo refranero, plagado de sentido común. Me arriesgaré, no obstante, con aquel dicho según el cual «en la mesa y en el juego se conoce al caballero». Precisamente el sentido común me advierte de que debería aclarar el concepto caballero. Para el diccionario, la palabra se aplica a un «hombre que se comporta con distinción, nobleza y generosidad». También recibe otras acepciones, claro, pero el refrán se refiere a esta, ahora casi desconocida. Pretende explicar que el hombre generoso, noble y distinguido se muestra de manera especial en el modo de comer, en saber ganar con generosidad y sin alardes, en saber perder con serenidad, sin revanchas, y si es el caso, en el modo de pagar.

Parece obvio que Cristina Kirchner no responde a la definición de caballero, porque incumple ya el primer requisito: ser un hombre. Maduro, sin embargo, cumple con esa primera palabra y quizá sus maneras en la mesa se alejen mucho de las de un gañán, pero desde luego, al igual que Kirchner, no sabe perder. Acaso haya que descartar un problema de elegancia o de generosidad. Tal vez se deba a ese extraño sentido de posesión sobre la gente característico de ciertas ideologías. «El pueblo me pertenece por derecho», parecen decir, y les extraña que el pueblo no los quiera o los quiera menos que a otros. Las reacciones de la argentina y del venezolano aparentan eso.

La campaña electoral se está siguiendo con una viveza casi olvidada. Acaso porque estamos muy entrenados como hooligans y la sentimos como un partido de fútbol o una carrera de caballos. Bueno. Pero conviene mucho que, al final, por lo menos sepamos perder o ganar.

La Voz de Galicia, 12.diciembre.2015