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Archivo para Noviembre, 2015

Rearme

Sábado, Noviembre 28th, 2015

Cualquier insignificante, tarado o no, puede matar a un centenar de personas en un campus americano o en una escuela, en un campamento de niños en Suecia o a los mandos de un avión alemán. De hecho, ocurre con una vergonzosa frecuencia sin necesidad de que comparezca terrorista alguno. Es fácil. Cualquier inútil puede. Las matanzas terroristas buscan algo más y dependen completamente de sus efectos para alcanzar el éxito. Les habrá encantado, por ejemplo, haber metido a los belgas en sus casas unos cuantos días. Y todo el alboroto mediático. Y la gira de Hollande en busca de apoyos para hacerse el hombrecito ante los franceses, tan poco amigos hasta hace nada de la cooperación antiterrorista y tan propensos a crear Estados fallidos por doquier.

A los terroristas les ha salido redondo, porque reaccionamos como los niños del botellón: beben, ríen, gritan e impiden el descanso de los demás, pero bien cuidados, primero, por la policía municipal y, después, por los servicios de limpieza, que han de recoger sus caquitas y fregar sus orines. De modo que, si hay peleas, heridos o destrozos, la culpa es del ayuntamiento, nunca de ellos, de sus padres o de la bebida.

Europa responde igual: lo primero es el botellón y, si hay problemas, se mira hacia el Gobierno para exigir responsabilidades por no haber espiado lo bastante, por no haber cacheado a más gente, por no cerrar fronteras -destrozando, de paso, uno de los elementos nucleares de la Unión- y por no meter a todos en sus casas. Porque si nadie se mueve, resulta más fácil pillar a los broncas que interrumpen el botellón o el Black Friday al que antes llamábamos rebajas. Tenemos que rearmarnos, sí, pero de ideas.

La Voz de Galicia, 28.noviembre.2015

Encogidos

Domingo, Noviembre 22nd, 2015

He leído muchas reacciones políticas y periodísticas a los atentados de París y solo se me ocurre una palabra para resumirlas: confusión. Estamos confusos. Ya no se trata solo de falta de coraje, sino de vigor intelectual. Unos, por costumbre, echan toda la culpa a Occidente. Otros salen a bombardear. Y los de siempre insisten en culpar a la religión, los mismos, por cierto, que se ensañaron con Benedicto XVI cuando dijo en Ratisbona lo que repite ahora Francisco: matar en nombre de Dios es una blasfemia. Con tal munición en nuestros medios y escuelas, no extraña que algunos hijos de inmigrantes salgan yihadistas.

Luego vienen los que se empeñan, políticos sobre todo, en que debemos elegir entre seguridad y libertad. Pues bien, a estos últimos querría responder.

Yo elijo libertad. Como consecuencia, estoy en contra del control masivo de las comunicaciones, cada día más tolerado por la ley con pretextos antiterroristas. Y tampoco quiero que haya cámaras por todas partes. Elijo que dejen el tratado de libre circulación como está y que de ningún modo se cierren fronteras. Y moverme por donde me plazca, aun sabiendo que los terroristas musulmanes escogen como objetivos hoteles -como se vio ayer en Mali- y restaurantes, instalaciones donde abunden los extranjeros, porque no quieren que viajemos. Y elijo hacerlo sin que me cacheen ni me desnuden. Elijo el riesgo. Elijo decir lo que pienso del islam, que nació en guerra, conquistó por las armas medio mundo y lo sometió hasta que quedó atrás en la historia, sin que nunca hayan dejado de tratar a los demás como de segunda o como esclavos. Elijo celebrar la Navidad o la Semana Santa sin complejos. Elijo vivir sin miedo.

La Voz de Galicia, 21.noviembre.2015

Primitivos

Sábado, Noviembre 14th, 2015

El mundo primitivo era muy duro y no solo porque carecieran de agua caliente o wifi, sino porque estaba dominado por dioses crueles. La momia del niño sacrificado por los incas hace quinientos años me trajo el recuerdo de aquellos terrores. Pero la noticia, tan interesante, convivía en el periódico con la sentencia por el asesinato de Asunta y con el descubrimiento de siete bebés enterrados en una casa de Alemania, una práctica que acumula precedentes en aquel país. Podría cargar la mano con los niños enterrados vivos o crucificados por el Estado Islámico y otras barbaridades, pero prefiero quedarme ahora con los que matamos aquí, en España, donde antes de acabar el año ya hemos batido todos los récords históricos. La mayoría fueron asesinados por sus madres, sus padres o por las parejas de sus padres o sus madres. Desde luego, los dioses primitivos eran crueles, pero me pregunto a qué dioses se los sacrificamos ahora.

No responderé a la pregunta. El lector ya sabe. Apenas quiero advertir sobre este neoprimitivismo. El grado de civilización se manifiesta, mejor que en ningún otro criterio, en el trato que se dispensa a los ancianos, a los niños, a los enfermos, a los pobres y, en general, a los más débiles. Debería haber incluido en la enumeración a las mujeres, pero no me he atrevido. El lector también sabe por qué. Mantengo, no obstante, la pregunta, ¿a qué dios cruel estamos sacrificándolos?

¿A qué dios ofrecemos en holocausto los millones de niños utilizados en la pornografía infantil o en la prostitución? Anteayer saltó la noticia de la madre que vendía por Internet los desnudos de sus pequeñas. Urge localizar a esos dioses despiadados y ponerles nombre.

La Voz de Galicia, 14.noviembre.2015

Referencias

Lunes, Noviembre 9th, 2015

Quizá tengan razón los viejos: andamos mal de referencias. Hasta el tiempo parece confirmarlo: nos movemos en temperaturas prácticamente veraniegas pese a circular ya por noviembre. Ni siquiera las estaciones del año sirven ya de marco al que atenerse a la hora de elegir vestimenta o de programar actividades de ocio al aire libre. El tiempo parece el último bastión abatido de un mundo que estaba repleto de señales indicadoras sobre lo que se podía hacer y lo que no, lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, lo adecuado y lo inadecuado. Ahora incluso pasamos calor en otoño.

Quizá el progreso consista en eso, como tantos se temían desde hace decenios: un mundo sin reglas ni referencias, aparentemente espontáneo e individualista, donde resulta más difícil que la gente se deje encuadrar o comprometer. De ahí la crisis de las instituciones, de los partidos o del sentido de comunidad. Y esto, como la temperatura veraniega en otoño, tiene su lado positivo. El problema radica en saber a qué atenerse. Un personaje de la segunda temporada de Fargo lo decía, perplejo, en el capítulo de esta semana: «Estamos descompensados, hemos perdido el centro moral y nos cuesta discernir».

Nos cuesta ser felices, porque para ser felices necesitamos aprender a discernir, como mínimo, lo que vale siempre y lo que nunca vale. Que todo pueda valer en algún momento parece más cómodo, pero convierte la existencia en un pantano. Un modo de vivir chapoteando que se espeja en la vida política, para la que no encontramos remedio. Como tampoco lo encontramos para el sistema educativo: porque, sin referencias, no hay nada que aprender ni nada que enseñar.

La Voz de Galicia, 7.noviembre.2015