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Archivo para Octubre, 2015

Hijos chinos

Sábado, Octubre 31st, 2015

La inhumana prohibición de tener más de un hijo por pareja ha sido sustituida en China por otra también inhumana: desde ahora podrán llegar a dos. La primera ha producido todo tipo de horrores económicos y sociales -estos siempre llevan a aquellos- y la segunda nada arreglará. La política del hijo único ha logrado ralentizar el crecimiento chino a costa de la dignidad de las personas y ha creado, además, una superpoblación nueva de hijos únicos, los llamados «pequeños emperadores»: niños consentidos y maleducados que hacen de sus familias lo que se les antoja. Además de desequilibrar la pirámide poblacional, complicar el futuro de las pensiones y la atención de los ancianos, a más corto plazo aún, han dejado comprometido el mercado laboral y su capacidad de crecimiento. Y una consecuencia más que tampoco buscaban: han generado una alarmante desproporción entre la población femenina y la masculina, fruto de un genocidio silencioso de las niñas de cuyos espantos hemos recibido algunas noticias.

Sin contar la vida precaria de los millones de niños nacidos ilegales, los sufrimientos de sus padres o los de aquellos que han perdido al único hijo que les permitían y para quienes la nueva tolerancia llega tarde. Cuánta soledad y cuánta tristeza agrumadas bajo datos fríos. La nueva medida, poco menos injusta que la anterior, no revertirá los datos: ni llega a tiempo, ni los chinos, por idénticas razones que aquí, quieren tener más hijos. Los occidentales hemos seguido ese camino sin que nadie nos forzara, libremente, empujados por argumentos culturales que, salvo en lo de las niñas, nos están conduciendo a un paisaje social más cercano al chino de lo que pueda parecer.

La Voz de Galicia, 31.octubre.2015

El amigo

Martes, Octubre 27th, 2015

La vida es un ejercicio más bien solitario en el que, según cómo te portes y qué suerte tengas, te acompañan algunas personas durante buena parte del trayecto o, al menos, en ciertas etapas: familiares y amigos que ayudan a sacar adelante la propia existencia de mil modos diferentes. Aunque el peso siempre lo lleva cada uno, porque a veces no sabemos compartirlo o porque, simplemente, no hay manera de compartirlo del todo, la familia y los amigos aligeran el vivir, lo inspiran y motivan, lo engrandecen incluso. Por eso duele tanto la muerte de uno de ellos.

Duele como una amputación, porque la vida de ningún modo puede seguir exactamente igual. Los amigos, como poco, son testigos que necesitamos. Ellos, de alguna manera, nos cuentan nuestra propia biografía: lo que somos y lo que queremos ser. Al perderlos, nos quedamos sin un conarrador. Con él o con ella, ese capítulo queda cercenado, interrumpido sin posibilidad de retomarlo. Por eso, la muerte del amigo nos amputa si no creemos en un más allá en el que el amigo sigue viviendo y testificando en nuestro favor, ayudándonos, libre ya de sus propios apuros y cargas.

Tengo una familia muy grande y muchos amigos, algunos de ellos mayores que yo, y últimamente se me han muerto varios. Ayer mismo uno, Antonio Legerén. Sé que no lo he perdido y que descansa de sus dolores y penas, tan duros y largos en los últimos años y, de modo particular, en los últimos meses. Pero noto el zarpazo e inevitablemente me faltará la alegría de su presencia física, siempre luminosa. En medio de sus sufrimientos prolongados, su vida llena de sentido tenía un valor infinito, porque era un hombre que ayudaba a vivir. Es decir, un amigo.

La Voz de Galicia, 24.octubre.2005

Retranca y política

Domingo, Octubre 18th, 2015

El próximo viernes se defiende en Pontevedra una voluminosa tesis doctoral sobre la obra del admirado Xaquín Marín, genial humorista gráfico de este periódico. No ofrezco valoración alguna sobre la investigación, porque figuro en el tribunal que la juzgará. El autor, Félix Caballero, introduce la figura de Marín con una serie de disquisiciones sobre la historia y la peculiar naturaleza del humor gallego y sobre por qué se está perdiendo en nuestros días.

El humor gallego, como se explica en la tesis, se caracteriza por un cierto carácter defensivo, melancólico y sutil, que opera en el ámbito de lo sobreentendido y rehúye la carcajada fácil, justo lo contrario del humor frontal, zafio y brusco que se impone en los medios de entretenimiento masivo. Nosotros, a veces, ni siquiera lo percibimos como humor, sino como un modo de ser. La señora que, a la pregunta sobre si había misa a tal hora en aquella iglesia, contestó «hasta ayer la hubo», no pensaba que hacía un chiste, pero quien me contó lo sucedido reía sin parar. Entendía que la señora no quería comprometerse, algo «tan gallego». Pero la señora, en realidad, se había comprometido tanto como le era posible: le había dado toda la información disponible, exactísima y suficiente para que su interlocutor decidiera, sin especular.

La retranca gallega requiere mucha sabiduría para ser ejecutada y presupone una delicadeza casi innata, un respeto tremendo a la propia intimidad y a la ajena, un miedo a herir que quizá otros tomen a guasa, pero que convendría mucho generalizar. Por desgracia, la estamos perdiendo a todo correr y no solo en la tele o en la calle, sino en el propio Parlamento de Galicia.

La Voz de Galicia, 17.octubre.2015

Indefensión

Sábado, Octubre 10th, 2015

Comienzo los cursos de escritura con dos prácticas: en la primera los alumnos se describen y en la siguiente deben retratar a otro o a otra. Ambos ejercicios responden a objetivos docentes muy precisos, pero sobre todo sirven para que sesenta personas que no se habían encontrado antes se conviertan de pronto en amigos, porque se conocen y se miran más allá de prejuicios, de formas de vestir o de apariencias sospechosas, y descubren cuánto tienen en común. En la juventud ese fenómeno de aproximación se produce a una velocidad que los mayores no estamos en condiciones de imitar. Por eso Francisco, en su visita a Cuba, encargó a los jóvenes la recuperación de la amistad social, tan necesaria siempre en los países que han pasado por un régimen comunista, donde el tejido humano se rompe o queda infectado por la sospecha y la delación, por el rencor. Francisco muy bien podría haber encargado lo mismo a los jóvenes estadounidenses o? a los españoles. Tanto Estados Unidos como España son países divididos, polarizados. En realidad, ocurre en casi todas partes. Negamos la amistad, la buena vecindad incluso, a quien piense diferente de nosotros. Lo consideramos, de entrada, enemigo. Alguien de cuya existencia no podemos alegrarnos. Casi siempre, porque no los conocemos bien, no los escuchamos, descartamos sus argumentos sin examinarlos, no les damos una oportunidad.

A veces las redes sociales concentran a quienes piensan lo mismo y los arrojan en jauría contra quien disiente. Tampoco ayuda la menguante lectura de periódicos y libros, de la que ha surgido una furiosa ignorancia ilustrada? por eslóganes tan incisivos como falsos, moldeadores eficaces de mentes estrechas.

La Voz de Galicia, 10.octubre.2015

Sorderas

Sábado, Octubre 10th, 2015

Lo he comprobado muchas veces: quien no escucha, inventa. A menudo, sin maldad por medio, solo por incapacidad física, como le ocurría a mi padre, que perdió la audición siendo muy joven. Un día me lo encontré viendo una película con la familia. Se lo estaba pasando en grande. Reía y, al verme llegar, quiso hacerme partícipe de lo que tanta gracia le causaba y empezó a contarme la película. Miré a los demás. Nadie dijo nada. Yo había visto aquella película y sabía que el argumento difería mucho del relato de mi padre, que solo podía verla, pero no oírla, de modo que se la inventaba a partir de lo que las imágenes le permitían intuir. También se inventaba a veces lo que le decían, para evitar que el otro repitiera o gritara, para hacer más fluido el diálogo. De esa experiencia universal provienen expresiones como «diálogo de sordos». O refranes: «No hay peor sordo que el que no quiere oír».

El proverbio hace referencia a sorderas más dañinas que la física: aquella que no quiere ver las señales que la realidad emite o aquella que se aturde aposta con mil ruidos, se embarulla -nunca mejor dicho- y termina por no distinguir el gruñido del argumento. Quizá nunca se haya dado tanto riesgo de sordera por aturdimiento como en nuestra época. Alguien decía esta semana que la gente normal no se entera de nada importante. Me quedé con la frase, no leí más. No sé si culpaba a la otra gente por ocultación o a la normal por estupidez. Probablemente concurren ambas causas: unos ocultan a base de producir un exceso espantoso de información y entretenimiento de ínfima calidad y otros no nos enteramos porque la atención se nos desparrama como el agua en un cesto, móvil abajo.

La Voz de Galicia, 3.octubre.2015