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Archivo para Mayo, 2015

Reaprender a sumar

Sábado, Mayo 30th, 2015

Fue lo primero que nos enseñaron, la clase inicial de aritmética después de que aprendiéramos los números: sumar. Parecía la operación más sencilla y fácil, desde luego, mucho menos enrevesada que restar, multiplicar o, por supuesto, dividir. Aquellas sumas que se podían hacer con los dedos fueron complicándose con más sumandos y más largos, en los que había que aprender a llevar de una columna a otra. Pero incluso esas sumas parecían más honestas que las restas o las nefandas divisiones. Y luego estaba el signo más, la cruz tan valiente y equilibrada, tan bonita.

El signo más o plus sigue gustándonos de mayores, lo asociamos a lo positivo a lo que añade, por eso lo incorporan tantas marcas. Pero sumar, para los adultos, resulta mucho más complicado, sobre todo cuando se trata de sumar personas. Tendemos a reducirlas a votos, como si un voto al PP o a las mareas significara siempre lo mismo. Y no. A veces un voto a las mareas puede producirse por el mismo motivo que un voto al PP o, al menos, por un miedo parecido. Porque votamos como se puede y a lo que hay, a menudo sin sentirnos bien representados por nadie. O votamos por simpatías difusas, apenas razonadas. O por amistad. O por amor. O no votamos.

Y está bien así. Ni disponemos de un sistema mejor ni parece que exista. El voto implica siempre cierta división, porque hay que elegir entre estos y aquellos, escoger bando. Pero el Gobierno debería diseñarse como una ofensiva sumatoria: un intento humilde de juntar fijándose en lo común, que es mucho más de lo que parece. Por eso, los alcaldes de cualquier color que defienden a su gente y huyen del sectarismo ideológico repiten con mayorías absolutas.

La Voz de Galicia, 30.mayo.2015

Aguja de marear

Sábado, Mayo 23rd, 2015

Bueno, ya está. Ya pasó la campaña. Ahora queda sentarse en la playa y esperar a ver cómo viene la mar mañana por la noche. Si habrá marea alta o baja. Una incógnita esta vez, porque no depende de la luna de verdad, sino de otras lunas menos seguras, más impredecibles, menos claras y fiables. Por ese lado, apenas cabe asegurar que, alta o baja, será una marea roja. Han arriesgado mucho los coaligados con Podemos al elegir ese nombre para sus plataformas atlánticas. Deberían haber revisado a fondo el diccionario.

Si viene alta, habrá que atender a lo que se traga: cierto nacionalismo para el que es más importante ser de izquierdas que ser de aquí, quizá incluso se trague los restos de una IU que camina con paso firme y saleroso de la insignificancia hacia la nada o al propio PSOE acuclillado en la sombrilla de la playa de los pactos a la espera de un socorrista o al PP que se juega unas cuantas ciudades y diputaciones.

Pero si toca marea baja, a ver quién recoge la basura que quede en las playas: la marea roja puede convertirse en marea negra si demuestra que Podemos no puede o no podrá tanto como algunos esperaban. ¿Y quién limpiará el chapapote feo, viscoso y pegadizo de la desilusión? Porque alguien pretenderá aprovecharlo, reciclándolo.

No quiero una marea alta ni baja, sino una buena marea, como la que sueñan los pescadores antes de hacerse a la mar, en la que cada uno se conforme sin rencores ni falsos agravios con lo que las aguas hayan querido darle. Y lo agradezca. Sin pensar que los demás son necios por disentir, sin querer recuperar por otros medios lo que se haya perdido.

Feliz día electoral y ojalá esta vez, por fin y de verdad, ganemos todos.

La Voz de Galicia, 23.mayo.2014

Nueva clerecía

Domingo, Mayo 17th, 2015

Según Monedero, caído de Podemos, «el error que siempre ha tenido la socialdemocracia española es pensar que la gente es tonta». Coincide con algunos análisis sobre la socialdemocracia británica que han asomado a los papeles esta semana, después de la gran derrota. Vienen a decir que los laboristas han olvidado su mensaje originario, muy conectado con los problemas de la gente real y necesitada, para encapsularse en una burbuja ideológica repleta de proyectos de ingeniería social con los que sintonizan bien cierta clase media universitaria o tuitera, la farándula y los medios, pero no la gente real: estatismo, laicismo, multiculturalismo, doctrina de género, matrimonios homosexuales… En fin, ya saben el resto.

El caso es que perdieron en contra de las encuestas, acaso porque la gente no se atreve a decir lo que realmente piensa por miedo a convertirse en los herejes de la nueva corrección, con riesgo de perder empleos -no es broma: ya ha ocurrido demasiadas veces- y de ser lapidados en las ordalías mediáticas montadas por los nuevos clérigos de los novísimos dogmas que, encima, suelen vestir también de negro o morado. Al voto oculto conservador -no es cosa solo española- se une ahora esta presión -cultura de la Stasi, la llamó alguien- a la que la gente corriente responde con silencios en la calle y con indecisos o mentiras en las encuestas, hasta que, finalmente, contestan con su voto y resultan mayoría. Entonces, los socialdemócratas se extrañan: «Pero si toda la gente que conozco vota laborista». He ahí la cápsula.

Habría que preguntarse, escriben, qué ha sido de la libertad de expresión si la gente no se atreve a decir lo que piensa ni en las encuestas.

La Voz de Galicia, 16.mayo.2015

Encuestas

Sábado, Mayo 9th, 2015

Que las encuestas fallen en Gran Bretaña no es cosa nueva: se equivocaron con tres victorias conservadoras (1970, 1992 y la de anteayer) y con una laborista (1974). Así que no deberíamos iniciar ahora un debate sobre la calidad y metodología de las encuestas: simplemente se trata de un arte difícil, uno de los pocos ámbitos profesionales en los que todavía se admite un margen de error que suele situarse en torno al cuatro por ciento: un margen muy peligroso, sobre todo en un sistema mayoritario como el británico. Huelgan, por tanto, las discusiones sobre una posible crisis de las encuestas. Siempre fue así. Pero me pregunto dos cosas.

Primero: toda esa opinión casi unánime, manifestada incluso por especialistas muy reputados y con cierta fama de adivinadores, acerca de que el Reino Unido se encaminaba hacia la incertidumbre y la ingobernabilidad, toda esa opinión, insisto, ¿hizo cambiar la tendencia de las encuestas o debe anotarse como un manifiesto error de análisis? Quizá ambas cosas. La primera no es medible. La segunda, sin embargo, resulta patente. El periodismo debe mejorar.

Segundo: ¿Será que tanto políticos como votantes utilizamos cada vez más las encuestas para mandar mensajes? Los políticos siempre lo habían hecho: jugar con las previsiones para generar efecto arrastre, convertir en voto del miedo el abstencionista, etcétera. También puede ocurrir que en las encuestas digamos lo que querríamos de verdad y en las urnas votemos lo que nos parece menos imprudente. Esto explicaría, por ejemplo, que según el CIS del jueves, uno de cada tres españoles duden qué votar el 24. Una campaña al uso, repleta de insultos y ayuna de ideas, no les ayudará a decidir.

La Voz de Galicia, 9.mayo.2015

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Confuso

Sábado, Mayo 2nd, 2015

Los ya casi siete mil muertos de Nepal han tenido problemas para asomarse a la prensa americana, porque se estaba discutiendo en el Supremo si se puede permitir que algunos estados prohíban los matrimonios gay. Uno de los jueces argumentó que se trata de un fenómeno demasiado nuevo después de miles de años de historia y que, quizá, habría que dejar a la gente decidir si quieren esperar qué resultados ofrece el experimento allí donde ha sido aprobado. La representante de los grupos homosexuales respondió que no están en una democracia pura (es decir, no importa lo que se haya votado), sino en una democracia constitucional (es decir, importa lo que decidan unos señores de negro sobre una constitución que, ni de broma, preveía semejante cosa). Un argumento algo confuso, me parece.

Mientras, los nepalíes morían en masa. Ninguna referencia esta vez a dónde estaba Dios: quizá porque ya aprendimos la lección de Haití. Cinco años después poco ha mejorado: siguen en pie 123 campos para desplazados (una letrina por cada 82 personas) y los que han escapado de ellos, son perseguidos por chabolistas. Se ha construido menos de la séptima parte de las viviendas prometidas, cuyo sobrecoste parece haberse ido por el sumidero de las empresas contratistas. En fin… Que no era culpa de Dios. Y quizá por eso no se habla del asunto a propósito de Nepal.

Pero sí se ha empezado a comentar que varios países occidentales están evacuando a las madres de alquiler que sus ciudadanos tenían contratadas allí. Ese sórdido mercadeo, humillante hasta en el nombre, «vientres de alquiler», resulta muy barato en Nepal, y tiene algo que ver con el argumento que se discute en el primer párrafo.

La Voz de Galicia, 2.mayo.2015

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