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Archivo para Noviembre, 2014

Es un poema

Sábado, Noviembre 29th, 2014

Aquellos versos de T. S. Eliot, tan leídos, me alcanzaron de una manera nueva cuando los evocó Alejandro Llano anteayer: los hombres «tratan constantemente de escapar / de las tinieblas de fuera y de dentro / a fuerza de soñar sistemas tan perfectos / que nadie necesitará ser bueno». Y me alcanzaron de un modo nuevo porque hablábamos de ética pública y corrupción en un curso organizado por la Escola Galega de Administración Pública y la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre. Es verdad: no existe el sistema político perfecto que nos libere del trabajo de ser personas, de ser buenos. Y en esa clave coincidían los ponentes como ayer mismo podía leerse en la entrevista a Javier Gomá: la corrupción es un problema de virtud personal y no solo ni principalmente de los políticos, sino de la sociedad entera.

Claro que esta solución no tiene atajos ni responde al inmediatismo tan propio de nuestros días ni resulta lo suficientemente simplona y fácil para que todo el mundo la entienda y acepte. Requiere otros modelos educativos, no ya en los colegios, sino en la propia familia, porque la virtud no se aprende, no es teórica, sino que se vive: solo se aprende viviéndola y viéndola vivir.

Por la misma razón, también se produjo una coincidencia casi unánime en que la legislación motorizada, la proliferación de leyes, códigos éticos y demás instrumentos de la retórica política más que ayudar, entorpecen cualquier proceso de regeneración. No existen sistemas perfectos para liberarnos del trabajo de ser buenos. Esos intentos terminan en contradicción: la de la extrema desigualdad en un mundo cada día más igualitario o la multiplicación de reclusos en una sociedad más libre.

Publicado en La Voz de Galicia, 29.noviembre.2014

Ideas grandes

Lunes, Noviembre 24th, 2014

En contra de lo que tantos vaticinaron, la caída del muro de Berlín no supuso un triunfo del modelo occidental y de la democracia, sino más bien su crisis, la puesta en evidencia de una falta de identidad, de ideas y de líderes en un contexto mucho más complejo que el anterior: el del blanco y negro y los dos bloques de la guerra fría. Se habla de crisis de la democracia por todas partes, y me parece que esa crisis se debe al intento de mantener la simplificación dualista en un mundo casi completamente distinto, que necesita menos simplificación y más interpretación. Pero la interpretación de calidad no abunda, sino la otra, la atrincherada, la de buenos y malos, la tabernaria, la de aquellos que escriben para quedar bien.

Como es lógico, el mal se ha contagiado a la política, de la que han desaparecido aquellos personajes a los que solíamos llamar «hombres de Estado», líderes fuertes y a la vez, profundos conocedores de las habilidades y recursos del juego político nacional o internacional. Pero, sobre todo, hombres y mujeres que pensaban más allá y ofrecían ideas grandes. A veces resulta difícil distinguir las ofertas de los partidos, tan chatas todas, tan pegadas a lo económico, a lo inmediato, tan sin grandeza. Buen caldo de cultivo para los utópicos, como ha sucedido siempre a lo largo de la historia.

El mundo entra en otra era y necesitamos intérpretes y escritores que sepan recomponer nuestra narrativa deshilachada. Por eso me alegró tanto que los Premios Fernández-Latorre distinguieran este año a Barreiro Rivas, que escribe hurgando en lo complejo, sin reducirlo a una simplificación empobrecedora en la que caben todos los odios y ninguna solución.

Publicado en La Voz de Galicia, 22.noviembre.2014

Programa político

Sábado, Noviembre 15th, 2014

Releí ayer aquel famoso cuento de Isaac Asimov en el que, por un error de diseño, construyen un robot capaz de leer los pensamientos humanos. Los científicos advierten enseguida el problema, pero ni saben qué falló en el sistema de producción ni se percatan de todas sus consecuencias, porque no caen en la cuenta de que, además, el robot traía inscrita de serie a la Primera Ley Fundamental de la Robótica: «Un robot no debe lesionar a un ser humano, ni mediante la inacción llegar a producirle daño». Resultado: cuando cualquiera le preguntaba algo, el robot siempre contestaba lo que sabía que el otro quería escuchar, para no herirle. Como es lógico, montó un carajal de cuidado y, por fin, terminó él mismo de mala manera, con sus circuitos girando en bucle, arruinados para siempre.

Los robots no saben querer y, por tanto, les resulta imposible percibir que decir siempre lo que los otros desean escuchar no les evita sufrimiento, sino que lo difiere y agranda, porque terminarán chocando contra la verdad y el estrago resultará peor.

En la primera campaña presidencial de Obama, alguien comentó que sus discursos parecían una pantalla en blanco en la que cada uno se proyectaba como quería. También yo. Por eso, aunque me gustaba Obama, llegué a decir aquí que prefería a Hillary Clinton, que no me gustaba. Componer discursos como los de Obama requiere talento comercial, datos bien analizados y mucha retórica poética. Pero ninguna virtud: no hace falta querer a nadie ni ser prudente o magnánimo. Me preocupa la irrelevancia de los programas políticos: en unos casos porque mienten y, en otros, porque ni se formulan. Supongo que piensan que no pensamos. Y aciertan.

Publicado en La Voz de Galicia, 15.noviembre.2014

Borroso

Domingo, Noviembre 9th, 2014

No me hagan mucho caso. Dice un amigo muy listo que mis artículos están bien si no hablo de política y voy a hablar de política. Me faltan claves, seguro, y herramientas de análisis suficientes, pero mi impresión de lo que ha ocurrido en la última encuesta del CIS se aparta bastante de los comentarios al uso y, por si tiene algo de verdad, me atrevo a compartirla. En primer lugar, y aunque se considere raro, pienso que la caída en intención de voto del PP no arranca tanto de la corrupción como de la retirada de la ley del aborto. De hecho, las encuestas de diversos medios y en varias comunidades autónomas mostraron inmediatamente un descenso en picado del apoyo al PP en cuanto se anunció la decisión de Rajoy, mucho antes de que se agravaran los problemas de corrupción.

Están a tiempo de enmendarse, pero como resulta complicado, prefieren continuar en manos de los hechiceros de la política y empezar a gritar a los cuatro vientos: «¡Que viene el lobo!», de modo que esos votantes que les castigan en las encuestas terminen votándoles de nuevo en las urnas, aunque solo sea porque no les queda otro remedio. Por eso habrán observado que los portavoces de Podemos no parecen muy felices con los datos del CIS e insisten en que hay mucho voto oculto del PP y en que hoy volvería a ganar. Quizá lo digan solo por prudencia: expectativas desmesuradas podrían convertir en derrota un buen resultado. Pero probablemente lo creen.

El PP ha jugado con fuego: el de su propia identidad. Y al final, puede terminar abrasado. Corre el riesgo de no recuperar a esos electores y, con tiempo, el de que alguien ocupe el hueco del difuso humanismo que antes más o menos representaba.

Publicado en La Voz de Galicia, 8.noviembre.2014

Morir

Sábado, Noviembre 1st, 2014

Parece conveniente que estos días de difuntos y cementerios coincidan con un momento, uno más en realidad, en el que vivimos con rabia y tedio a la vez, es decir, con impotencia, los chaparrones de una corrupción que no amaina. «Aquí rouba todo o mundo», dice mi madre delante del telediario, y me mira suplicante, en busca de una explicación o un consuelo. No entiende y se abruma. Un día, ya lo conté en otra parte, reaccionó casi gritando: «Pero… ¡esta xente pensa que non vai morrer!». Bien visto, madre.

Se trata de eso, y lo explica bastante bien Javier Gomá en uno de sus ensayos. De eso y de algo más, por supuesto. Vivir como si no fuéramos a morir resulta más peligroso que una mala democracia, agonizante en el escaso medio mundo que cuenta con una. Y más peligroso también que una crisis económica internacional de cuyo fin nada cierto sabemos, porque ya nadie entiende ni controla el propio sistema que nos ha hecho ricos. Y más peligroso que la desigualdad creciente que provoca la falsa igualdad: claro que somos iguales, benditamente iguales, la muerte nos iguala en vida, si no nos escondemos de ella ni la escondemos, si aceptamos nuestra finitud sin renunciar, por eso, a la perfección personal y colectiva.

Nuestro principal déficit no es el democrático ni el económico, sino el ético, ya denunciado hace sesenta años por Guardini. González de Cardedal se preguntaba estos días qué fue de la ética civil. Sin proyecto moral, es imposible cualquier proyecto democrático, cualquier proyecto económico, cualquier proyecto de vida. Pero esto ya sucedió antes y el mundo consiguió reinventarse. Esperemos que esta vez sin pagar aquellos precios en guerras y en siglos.

La Voz de Galicia, 1.noviembre.2014