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Archivo para Abril, 2014

Secuestros

Lunes, Abril 28th, 2014

Ciertos medios de comunicación insisten en que Francisco ha querido unir las canonizaciones de Juan Pablo II y Juan XXIII para restar protagonismo al papa polaco. Asentado este hecho improbable, sacan consecuencias: Francisco pretendería marcar distancias con respecto a la figura y el legado de Juan Pablo II, algo inverosímil a poco que se conozca la biografía del papa actual. Parece obvio, sin embargo, que Francisco juntó las dos canonizaciones por algo más que por ahorrar gastos. Mi teoría, probablemente equivocada, es que las unió para liberar a Juan XXIII de su secuestro.

En rigor, el primer secuestrado fue el Concilio Vaticano II, convocado e impulsado por Juan XXIII, decisivo para la historia de la Iglesia. Una vez concluido, y durante bastantes años, se ignoraron los documentos que produjo y, aludiendo a un etéreo «espíritu del Concilio», su mensaje fue tergiversado o directamente inventado, muy a menudo invocando a Juan XXIII. Al Papa bueno, de saberlo, le habría producido un dolor inmenso ver a sus supuestos partidarios arrojar su nombre contra la propia Iglesia. Otros, también muy pocos, desprecian el Vaticano II o lo tratan como si fuera un concilio de segunda. A estos les disgustan los dos nuevos santos de mañana. Y ambos, progres e integristas, prestan un servicio inestimable a la propaganda anticatólica.

Francisco quiere acabar con ese discurso ensimismado y estéril -autorreferencial, diría él- y centrarse en la nueva evangelización que Juan XXIII y Juan Pablo II proponían y ansiaban. Por eso, me parece, canoniza juntos a estos dos hombres santos, bendecidos con la devoción, la simpatía y el agradecimiento de millones de personas de buena voluntad.

Publicado en La Voz de Galicia,  26.abril.2014 

Las buenas inversiones

Miércoles, Abril 23rd, 2014

En el último Nuestro Tiempo. Empieza así:

La conversación me dejó algo inquieto, así que la rebobiné un momento para fijarla mejor en la memoria, y después tomé algunas notas en un cuaderno. Habíamos quedado para hablar de otros asuntos, sin embargo él empezó por ahí, no sé muy bien cómo: quizá sin introducción ni pretexto, abruptamente, en cuanto tomamos asiento en unos sillones rojos y blancos, de esos baratos que se compran desmontados. Total, que el hombre empezó a quejarse de que la gente ya no entiende las parábolas. Ni siquiera la parábola por excelencia, la del hijo pródigo: se ponen, me dijo, del lado del hermano mayor, el que se enfada. Le dije que no era difícil de entender la postura del hermano mayor. Incluso se entiende bien la del otro hijo. Ambos razonan en términos económicos, que nos resultan cercanos y familiares, y solo el padre rehúye ese esquema para acogerse a un paradigma distinto: el del amor, la misericordia y el perdón. Nos pasa mucho, le dije. Tendemos a juzgar en clave de coste—beneficio, lo justo y lo injusto, lo hermoso y lo feo, lo verdadero y lo falso, todo. (seguir leyendo)

Audiencia EGM abril 2014: España y Galicia

Martes, Abril 22nd, 2014

Primera procesión

Sábado, Abril 12th, 2014

Hasta hace tres o cuatro años, no me gustaban las procesiones de Semana Santa. Sentía respeto por su significado religioso y cultural, pero no las entendía: ni las castellanas, que me dejaron frío, ni la madrugá sevillana, que me produjo jaqueca. Pasé del respeto a la defensa cuando el discurso dominante empezó a acusarlas de atentar contra la pluralidad religiosa y el Estado laico o a pintarlas como un molesto botellón místico. Pero las defendía porque los argumentos en contra me parecían insidiosos.

Luego caí en la cuenta de que quienes recibieron a Jesús con hosannas y ramos el domingo no fueron los mismos que lo crucificaron el viernes. Los del domingo le acompañaban desde Galilea y le conocían, le habían escuchado lo de amar a los enemigos y poner la otra mejilla, le habían visto curar enfermos y perdonar pecadoras, habían sido testigos de su risa, de su llanto, de su sed. Habían sentido su mirada y la habían seguido. Estarían entre la turba que el viernes prefirió a Barrabás y pidió la crucifixión de Jesús, pero eran minoría: Jesús apenas había predicado en Jerusalén y, además, la ciudad estaba repleta de judíos procedentes de todo el mundo. Esos fueron los que, manipulados por el poder religioso y ante la cobardía del político, sin conocerlo, gritaron: ¡Crucifícale!

Después, sus amigos asistieron con dolor indescriptible a la primera procesión, la que terminó en el Calvario, la que las de ahora recuerdan. Cuando pasa una, me meto en la piel de aquella minoría absoluta aplastada por una muchedumbre que, sintiéndose justa, insultaba y escupía al más amable de los hombres. Y entiendo algo.

Publicado en La Voz de Galicia, 12.abril.2014

Sofisticados

Sábado, Abril 5th, 2014

Raramente leo novedades editoriales. No tengo prisa para perder el tiempo. Solo me animo con títulos recomendados por personas de cuyo criterio me fío. Así me llegó La cena, del holandés Herman Koch, una historia que no va de lo que parece. Quizá el autor tampoco sabía lo que estaba escribiendo, algo que hablaría muy bien de su honestidad literaria: sospecho del novelista que tiene demasiado claro su mensaje.

El argumento caracteriza lentamente a sus actores, de modo que solo al final los conocemos del todo. Koch juega con el lector, lo acerca y lo aleja de los protagonistas, con los que resulta fácil simpatizar: cultos, modernos, críticos de casi todo desde una visión acerada que el lector puede compartir, hacen ostentación permanente de una sencillez que, en realidad, resulta en sofisticación, como esos despeinados que requieren muchas horas de peluquería. Un retrato preciso de cierta clase de individuos que proliferan en la espuma intelectual y no tan intelectual de nuestros días, gente que en el fondo desprecia o ignora su cultura y se construye un montaje paralelo detrás del cual apenas queda nada, salvo la mera ironía y la crítica como sistema.

O peor, quedan solo instintos, que aun siendo muy naturales y, por tanto, buenos -me refiero, por ejemplo, al instinto paterno o materno-, degeneran en simple brutalidad si se los priva de una mínima solidez moral. Koch presenta el problema del proceso de embrutecimiento disimulado por el envoltorio llamativo de un refinamiento aparente, de una elegancia impostada. El final de La cena produce esa perplejidad tan propia de quien rechaza las consecuencias sin reconocer las causas.

Publicado en La Voz de Galicia, 5.abril.2014