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Archivo para Marzo, 2014

Principios e intereses

Lunes, Marzo 31st, 2014

De los muchos textos publicados sobre Adolfo Suárez, me quedo con la reimpresión de la entrevista que le hizo Josefina Martínez del Álamo en 1980 para Abc, aunque no se publicó hasta casi treinta años después, porque los asesores del presidente la consideraron demasiado sincera y, por tanto, inconveniente. En esa conversación, mantenida en un hotel peruano a la una de la madrugada y después de una cena de estado, Suárez comparece con la guardia baja y dice lo que piensa. Permite mucha glosa, pero me detuve en una afirmación: “Intenté conciliar los intereses con los principios, y en caso de duda, me quedé con los principios”. No sé si la frase se entiende hoy, porque confundimos continuamente intereses y principios, convertimos las conveniencias particulares e inmediatas en normas o ideas que rigen el pensamiento o la conducta, según la definición del diccionario para ‘principios’. De manera que nuestro obrar resulta a menudo variable e incluso contradictorio. Robamos solo esta vez para asegurar el futuro de los hijos. Chalaneamos con la dignidad humana, pero solo para ganar las elecciones. Terminamos vendiendo a nuestra madre y pretendiendo que se trata de un derecho, por supuesto sentimental, para que no precise justificación y para poder indignarnos, como niños malcriados, si se nos pide esfuerzo o responsabilidad. Ayer Obama, tras la entrevista con el Papa, se manifestó “extremadamente conmovido por sus comentarios sobre la importancia de que tengamos una perspectiva moral sobre los problemas del mundo, en lugar de abordarlos en los términos estrechos de nuestro propio interés”. Habría que recuperar cuanto antes aquella tensión entre intereses y principios. Por el bien de todos.

Publicado en La Voz de Galicia, 29.marzo.2014

Lecciones de Putin

Domingo, Marzo 23rd, 2014

Como diría un amigo, el presidente Putin es un santo de mi no devoción, pero debo reconocerle algunas cosas: recibió un país atrasado, con unos territorios al borde de la desintegración, descartable y descartado en la escena política internacional y ha conseguido devolverle la apariencia y el orgullo de potencia que tenía en la guerra fría. De ahí sus índices de popularidad, que contrastan vivamente con los de los líderes del Oeste.

Desde luego, los medios que emplea y los principios desde los que opera están muy lejos de pasar una reválida ética, pero le han bastado para poner en evidencia a los dirigentes occidentales, que, comparados con él, no solo parecen débiles, sino aficionados incompetentes. Los lógicos movimientos de Putin sobre Ucrania -y no digamos sobre Crimea- eran esperables y los expertos los previeron hace años. Sin embargo, se le facilitaron. Putin ha ganado la partida: Crimea no volverá a Ucrania y el paripé de sanciones ridículas sirve para confirmárselo. Sabe que el mundo del dinero americano y europeo no admitirá que se le pidan sacrificios, aparte de que, por supuesto, ni se puedan tocar los capitales o las sociedades que los rusos tienen en Suiza. Así que Putin ha convertido nuestra supremacía económica en debilidad, y su supremacía energética, en nuestra dependencia: los gorditos del patio atemorizados por el macarra, al que consienten todo con tal de que no les quite el bocadillo.

Venimos haciendo lo mismo desde hace años con China, una potencia real. Cuando la política se guía solo por intereses comerciales y aparca los principios morales, termina primero con el coraje y luego… con todo.

Publicado en La Voz de Galicia, 22.marzo.2014

Paradojas feas

Domingo, Marzo 16th, 2014

La lluvia en São Paulo cae como si en vez de gotas llovieran baldes de agua. En apenas unos minutos las calles se inundan y el tráfico aterrador de esa ciudad inmensa se detiene en atascos que pueden alcanzar cientos de kilómetros. Me ocurrió el miércoles, justo cuando me iba hacia el aeropuerto. Me salvaron la pericia de un taxista amigo y el haber salido con bastante anticipación. Gracias a eso, callejeamos por el Braz, un barrio atestado de tiendas de tejidos al por mayor. Me impresionó y caí en la cuenta de que los mercados que más me interesan y en los que más aprendo -voy a los mercados para aprender- son aquellos en los que nunca compraría nada. También me había ocurrido tres días antes, al llegar, en un centro comercial en el que lo más barato, cafés aparte, era una corbata de doscientos euros. No diré marcas, pero jamás había visto juntas aquellas tiendas, salvo en un centro comercial parecido que encontré en Beirut, destinado casi exclusivamente a jeques árabes.

Esas paradojas, quizá contradicciones, de Brasil.

Como las de aquí: nada más aterrizar, me encontré en la web del periódico dos noticias pegadas: una hablaba de la preocupación por el problema creciente de obesidad infantil y la otra de que cada día hay más niños que van al colegio sin desayunar o sin nada para la merienda. Ciertamente, una y otra situación responden a razones bastante distintas, pero no dejan de resultar paradójicas, quizá contradictorias, porque ambas tienen que ver con cómo se cuida o descuida a los niños. La paradoja es bonita, pero la contradicción, feísima. Insoportable.

Publicado en La Voz de Galicia, 15.marzo.2014

Otra crisis mal contada

Sábado, Marzo 1st, 2014

Si preguntáramos a un ciudadano cualquiera qué ocurre en Ucrania y por qué, las respuestas variarían desde un amplio «no sé» hasta una historia en blanco y negro, sin matices, sobre el dictador Yanukóvich que fue desplazado del poder por su pueblo, pese a una sangrienta represión. Pocos sabrán que el presidente ucraniano había sido legítimamente elegido en las urnas y, por lo tanto, ilegítimamente depuesto; que en las refriegas murieron casi tantos policías como opositores; que estaba en juego una alianza precaria con la UE, sin apoyo económico de Europa, que pondría en peligro sus exportaciones industriales a Rusia y dejaría temblando el país; o que Putin es más cercano a Timoshenko -la opositora excarcelada- que al propio Yanukóvich, etc.

La disrupción tecnológica de lo digital, sin duda, es importante en la crisis que atraviesa la industria de la comunicación. Pero el principal problema sigue siendo que no se hace periodismo de calidad suficiente. Como consecuencia, la gente no lo necesita para vivir: para ser más libres y poder tomar decisiones gracias a un buen conocimiento de los hechos. Ya ocurrió con Siria -tampoco sabíamos por qué debería importarnos- y con casi todos los países de la llamada primavera árabe: la narrativa se resumió en el reconocible esquema del dictador contra su pueblo, tan fácil de contar en su simplificación como insuficiente para dar cuenta de la complejidad real y formarse criterio. También a menudo sucede lo contrario: los ciudadanos no quieren saber y los medios callan para no incomodar. Otra equivocación, porque el lector agradece que la realidad le interpele e incomode. Por eso y para eso es lector.

Publicado en La Voz de Galicia, 1.marzo.2014