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Archivo para noviembre, 2013

EGM prensa España y Galicia

jueves, noviembre 28th, 2013

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Piensan que no morirán

martes, noviembre 26th, 2013

Un artículo que publiqué hace unos meses en Nuestro Tiempo y que se me había quedado por ahí. Empieza así:

Mi madre lee el periódico con cuidado, con precaución casi extrema, como si las páginas estuvieran llenas de tramperos que anclan cepos entre las líneas y en los anuncios por ver si la pillan descuidada. Aprovecha cuando voy para contrastar. Casi siempre pregunta afirmando mientras rebusca en mis ojos una esperanza: “Xa están outra vez cos brotes verdes”, que quiere decir: “¿Es verdad?”. Lleva mal las noticias. A veces pienso que escribimos los periódicos para gente joven, que no nos lee, y olvidamos los ritmos, las pausas y las necesidades de los mayores, que sí nos leen. Con el periodismo televisivo ocurre lo mismo, pero a lo bestia.  (sigue aquí)

JFK

martes, noviembre 26th, 2013

Ya no recuerdo cuándo estuve en Dallas y visité con tantísima curiosidad la curva donde asesinaron a John F. Kennedy y el museo instalado en el almacén desde el que disparó Oswald. Para entonces me había curado algo de la atracción que Camelot y el mundo Kennedy en general ejercieron sobre mí durante muchos años, y del museo apenas me interesó el mero estar allí y el vídeo de Walter Conkite, que ya conocía, pero que no me canso de ver: le pasan la nota oficial que confirma la muerte del presidente, la lee en directo con tono profesional, pero su cara va transformándose, su voz se quiebra en un carraspeo y se quita las gafas al borde del llanto.

Ahora me interesa más por qué los Kennedy mantienen el aura cincuenta años después. Leí con cierta desgana inicial las memorias de Edward Kennedy y caí en la cuenta de que seguía fascinado por el mito. La mitología de lo kennediano se corresponde casi al milímetro con la idea americana sobre sí mismos que tanto admiramos también los demás. Esa debe de ser la clave. El mito Kennedy conecta con el despliegue simbólico de El Gran Gatsby. No es casualidad que la novela de Scott Fitgerald haya sido adaptada al cine en cinco ocasiones, la última este mismo año, ni que el lema del mandato de Kennedy se concretara en La nueva frontera. Esa mezcla de audacia y espacios de conquista, inmoralidad, reyes y princesas de Camelot, debilidad y fuerza, brillo y lobreguez resulta muy narrativa, sirve incluso para contarnos nuestras vidas o lo que quisiéramos que fueran o dejaran de ser.

Publicado en La Voz de Galicia, 23.noviembre.2013

Cerrar los ojos

domingo, noviembre 17th, 2013

A veces cerramos los ojos para no sentir, para escapar de la realidad, para huir de lo que nos desagrada o preocupa. O miramos para otro lado. Pero también se pueden cerrar los ojos para sentir más, para concentrarnos en un recuerdo, en un proyecto, en el olor de un vino o en la delicadeza de una melodía. Se podría decir otro tanto del oído: podemos desactivarlo para no enterarnos de lo que nos molesta escuchar o para buscar el silencio donde la creatividad crece y engendra. Por eso el silencio asusta al sistema, que prefiere el ruido.

Al sistema le convenimos embotados, con los sentidos en colapso por exceso de luces, sonidos y sensaciones, aturdidos, en ese estado morboso en el que se entremezclan los ecos y comienzan a desdibujarse o a bailar las cosas, de modo que desaparece cualquier capacidad de respuesta precisa, apropiada. El aturdimiento facilita la manipulación, incluso la de uno mismo. Hay quien lo pretende para olvidar o para hacerse capaz de lo que nunca acometería sereno. Umbral decía que se emborrachaba para escribir hasta que se dio cuenta de que no se le ocurrían ideas mejores. En realidad, el aturdimiento solo conduce al descontrol sobre uno mismo, y por eso gusta tanto al sistema, que se apresura a asumir la dirección vacante.

Sorprende, sin embargo, que el aturdimiento se presente de ordinario como antisistema y la sobriedad como sumisión o falta de espontaneidad. Excelente maniobra del sistema, que se muestra capaz de dictar la moda de sus adversarios y vestirla de poesía rebelde e irreverente en apariencia. Pero la verdadera rebeldía empieza por la sobriedad.

Publicado en La Voz de Galicia, 16.noviembre.2013

Marc Marginedas

viernes, noviembre 15th, 2013

El Periódico recoge este artículo que acabo de publicar en Nuestro Tiempo, y que empieza así:

Los actos meramente imaginados pueden hacer mucho daño o mucho bien, pero todavía permanecen bajo el control de quien imagina y apenas afectan a nadie más. Una vez que lo imaginado se traduce en hechos, y estos tocan el mundo real, ganan vida propia y resultan incontrolables: tanto los buenos como los malos. La recién terminada ‘Breaking Bad’ lo explica de un modo acertadísimo: de hecho el protagonista pasa las cinco temporadas intentando controlar las consecuencias, multiplicadas, del mal que genera. Una pretensión imposible. Quizá por eso me asusta tanto dar clase. Puedes hacer daño sin querer, con la mejor voluntad de ayuda. Cuando pasa el tiempo y me encuentro con antiguos alumnos, siento alegría y miedo, porque a veces se quedan con unas palabras que quisieron ser una broma cariñosa, porque me expliqué mal aquel día en clase, porque recuerdan una frase que les ha servido de guía y… bueno, no se corresponde exactamente con lo que pienso ahora.
En fin, con el tiempo se aprende que basta con mirarlos bien, quererlos mucho y como son, darles buen ejemplo y pocos consejos. (Sigue aquí)

 

Escritura

lunes, noviembre 11th, 2013

A veces da miedo escribir y otras produce desgana o tedio, en parte por aquello que Platón ponía en boca de Thamus, supuesto rey egipcio a quien el dios Toth quería vender varias artes y juegos que había inventado: el número y el cálculo, la geometría o los juegos de dados o de damas. Quiso venderle también la escritura, que haría «a los egipcios más sabios y más dignos de ser recordados, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría». Pero al rey le pareció más bien lo contrario, que el arte de la escritura, más que remediar el olvido, lo generaría «en el alma de quienes lo aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles además de tratar, porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de ser sabios de verdad».

Siempre que releo este pasaje pienso en Internet y en qué diría el rey a Toth si le hubiera ido con el invento. Quizá algo así: «Los hombres se persuaden fácilmente de la falsedad o, al menos, del carácter dudoso de lo que no quieren que sea verdad y, con esa invención tuya, les resultará aún más fácil engañarse».

Publicado en La Voz de Galicia, 8.noviembre.2013

Difuntos

sábado, noviembre 2nd, 2013

Recordar a alguien es una forma específicamente humana de querer, por eso se ha escrito tanta literatura sobre el amor y el olvido, tantas canciones. Quien ama recuerda y no puede imaginar un frío mayor que el del olvido, de ahí que estos días inundemos de flores y rezos los cementerios, aun sabiendo que quedan solo restos del padre o de la madre, de la esposa o del esposo, de la hija o del hermano, pero restos muy queridos porque durante un tiempo fueron ella o él, no algo que les perteneció o una buena imagen suya. De ahí que las familias no descansen hasta recuperar los restos de su gente, por mucho tiempo que haya pasado. De ahí que quizá resulte desconsiderado pedir que aventen las propias cenizas. No sé.

Los arqueólogos saben que se encuentran ante una cultura humana cuando dan con restos funerarios, indicio de que alguien ama, llora, agradece y tiene miedo a olvidar. Pero señal asimismo de un sentido originario de viaje, de mudanza, de trascendencia. Se ha escrito también mucho sobre la muerte: sobre ese saber que vamos a morir pero no cuándo, que determina un modo de vivir. Escuché quejarse enfadada a mi madre delante de un telediario en el que comparecían por enésima varios casos de corrupción: «Esta xente pensa que non vai morrer».

Los que mercadean con las vidas suelen repetir mucho que las religiones negocian con la muerte y sus angustias. Prefieren que olvidemos ese dato seguro, que vivamos como si no fuéramos a morir, como los perros, como cualquier otro animal que vive para comer y come para vivir, como un esclavo.

Publicado en La Voz de Galicia, 2.noviembre.2013