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Archivo para septiembre, 2013

Apenas noticias

domingo, septiembre 29th, 2013

En días como los que vivimos aquí, conviene recordar algo básico: que a menudo las noticias son noticias porque se refieren a acontecimientos que se desvían de lo normal. Y lo normal es que los padres quieran con locura a sus hijos -adoptados o naturales- y que no solo estén dispuestos a dar la vida por ellos, sino que efectivamente la den privándose de lo necesario, sufriendo jornadas laborales extenuantes en empleos que quizá rechazarían si no tuvieran familia, pensando todo el día en ellos: en su bienestar, en su descanso, en su formación, en su futuro. Los hijos lo notan y crecen robustos. Y respaldados en ese amor incondicionado, porque sí, gratuito y libre, también ellos aprenden a amar entregándose.

Luego la vida se va equilibrando, los hijos crecen y empiezan a corresponder, de modo que los papeles se invierten cuando se acerca el final, y son los hijos quienes entonces arañan tiempo a su descanso para poner pañales a los padres o para sacarlos un rato al sol o para darles un rato de conversación y ventilar el cuarto de su memoria. Esto es lo normal y me obligo a recordarlo para suavizar los miedos, que jamás desaparecen, de tantas madres y tantos padres. Mi madre sabe que no sé comer solo. Así que me entregó ayer unas chocolatinas que compra, desde hace treinta años, cuando salgo de viaje. Lloró porque no quiere que me vaya, dice que aún no estoy bien. Pasará cuatro días de sinvivir hasta que vuelva. Funciona así, la inquietud nunca se calma. A ninguna edad. Y esto es lo normal, lo demás… apenas noticias.

Publicado en La Voz de Galicia, 28.septiembre.2013

Culpables

sábado, septiembre 21st, 2013

En los momentos de crisis personal, todos buscamos culpables: a menudo, culpables externos que nos alivien de cualquier responsabilidad. Pero a veces también nos acusamos demasiado a nosotros mismos y perdemos de vista lo esencial: buscar la salida. También ocurre en las crisis sociales: salimos de inmediato a la caza y captura de chivos expiatorios en lugar de centrarnos en lo decisivo, en cómo salir adelante. Sin duda, determinar las causas ayuda a encontrar soluciones. Pero a veces se convierte en mero consuelo de tontos. En el marasmo de la crisis actual, arremetimos -no sin razón- contra políticos y financieros. Pero a algunos no les basta y responsabilizan ahora a la moral. No por ausencia, sino por su improbable presencia.

Anteayer El País publicó con cierto destaque un artículo que, en resumen, achacaba la corrupción desmadrada que padecemos a la moral católica que, según el autor, hemos heredado del franquismo. De Franco y de la I República, y de los Austrias y… de los visigodos, debería haber añadido. El artículo concentra su crítica en la confesión como causa de la inmoralidad o, al menos, de su banalización: si basta con confesarse y ser absuelto, ¿para qué dejar de robar?

Este argumento, que se ha escuchado y leído mucho últimamente, manifiesta un desconocimiento grave, porque la moral católica condiciona el perdón al propósito de enmienda y a la restitución del daño causado, como sabe cualquier niño de catecismo. Si uno ha robado, por ejemplo, tiene que estar decidido a no robar en adelante y a devolver lo que ya birló para recibir la absolución. Resulta triste, pero así de bajo está el nivel de nuestro debate público.

Publicado en La Voz de Galicia, 21.septiembre.2013

Relacionado: Da lecciones de ética pese a sus antecedentes. La moral de Jaime Botín.

Amor de foca

sábado, septiembre 14th, 2013

En Brasil llaman focas a los periodistas jóvenes que se inician en la profesión, porque la maldad de los veteranos dice que siempre sonríen, andan con torpeza por la redacción y aplauden por todo. Desde 1996 imparto clases en el curso parafocas de un gran periódico, O Estado de São Paulo. A veces me invitan a cenar el último día en algún local de la avenida Paulista. En una de esas me preguntaron si me daba cuenta de lo que me querían. Respondí mal, escéptico: «Amor de foca dura um ano». Años después, el mismo grupo volvió a invitarme. La vida los había dispersado y eran menos. Cuando me iba, el delegado de la promoción me dijo al oído: «Ta vendo como amor de foca não dura um ano?».

En otra ocasión me regalaron un libro de reportajes de una famosa periodista. Al leerlo, recordé que le había dado clase en 1989, la primera vez que viajé a Brasil. Le escribí para felicitarla y confirmar que era ella. Contestó amable y me recordó que en aquella época prefería los textos de un compañero suyo. Una manera de decirme que no había sabido valorarla. Era verdad.

Esta semana empezaba el curso aquí y fui a la universidad con los miedos de siempre: a herirlos, a no saber ayudar y también a que los nuevos alumnos no respondieran como los anteriores y a que los anteriores ya no fueran como eran. Me hago viejo, la distancia generacional se amplía y siempre me parece que ya no sabré rellenarla.

Veremos. Pero salí muy agradecido a los alumnos del año pasado y de otros. Ellos saben por qué.

Publicado en La Voz de Galicia, 14.septiembre.2013

Ridículo

sábado, septiembre 7th, 2013

Los partidarios del ataque a Siria aluden con frecuencia asombrosa al «deber moral» de Occidente con respecto a una guerra civil que el propio Occidente ha permitido e incluso alimentado con posturas infantiles. Infantil fue la narración periodística de la crisis Siria, mal contada desde el principio en clave de tirano contra su pueblo, como había ocurrido antes con Egipto o con Libia. E infantil el pragmatismo de las principales potencias que, con su desinterés activo, inflamaron y armaron a los opositores del régimen hasta encender la guerra. Ahora invocan el «deber moral» de atacar para, en el fondo, dejar las cosas como están, porque nadie quiere que haya vencedores, aunque solo Israel diga de un modo descarado que prefiere el statu quo vigente. La falta de principios se viste de «deber moral».

Muchos cerebros chisporrotean, al borde del cortocircuito y del apagón, al ver a Obama y Hollande, con el presidente turco, del lado de la guerra y al papa en contra. Porque un mundo como el nuestro, dominado por la simpleza de los eslóganes y por el presentismo -ni recordamos lo que ocurrió ayer ni queremos ver las consecuencias de lo que hagamos hoy en lo que pasará mañana-, un mundo así, tan manipulable, olvida que en la dos guerras del Golfo también el papa, que era otro, se opuso y que en el lado opuesto figuraban los Bush. La complejidad atasca las mentes infantiles y la carencia de principios produce estos finales.

Por cierto, algunos comentaristas encuentran ridículo que Francisco haya convocado para hoy una jornada de ayuno y oración por la paz. Los comprendo. Haré gustosamente el ridículo.

Publicado en La Voz de Galicia, 7.septiembre.2013