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Archivo para Agosto, 2013

Sin salida

Sábado, Agosto 31st, 2013

La guerra de Siria se ha convertido en una ratonera donde ni los gatos tienen salida, y eso da mucho miedo: las consecuencias de la desesperación tienden a ser monstruosas. Obama no quiere intervenir porque no tiene nada que ganar ahí, pero se ve obligado: jugó de farol al marcar una línea roja -el uso de armas químicas- que, según todas las apariencias, el régimen sirio ha violado. Si lo pasa por alto ahora, su autoridad internacional se verá mermada, casi arrasada, en especial ante Gobiernos como el de Corea del Norte. Pero si interviene, desatará una espiral descontrolada y en parte predecible: se le echará encima medio mundo -los mismos antiyanquis que claman ahora contra la brutalidad- y sus propios votantes. Dará ventaja en Siria a unos opositores más problemáticos para Estados Unidos que el propio Bachar al Assad, quien además quedaría libre de compromiso para recurrir a salvajadas mayores: al fin y al cabo, niega haber usado armas químicas.

La ONU, como siempre, no ofrece una salida, porque tanto Rusia como China se oponen por norma a cualquier intervención. Y los regímenes amigos de Siria, particularmente Rusia e Irán, tampoco tendrán salida si se produce la intervención: no podrán quedarse quietos.

Así que Obama debería ver la manera de evitar el ataque sin parecer débil. Difícil empeño porque no puede contar con nadie para amañar cualquier simulacro de fuerza. Por eso está dispuesto a intervenir incluso sin el apoyo de sus más fieles aliados internacionales y sin respaldo interno en la opinión pública y en el Congreso. Se avecina el peor de los horrores, el que carece de algún sentido.

Publicado en La Voz de Galicia, 31.agosto.2013

Esta columna se apoya en el análisis, más extenso e infinitamente más interesante y matizado, de George Friedman, que puede leerse aquí.

La vida analógica y la vida digital

Martes, Agosto 27th, 2013

Publicado en Nuestro Tiempo (Número 679 abril – junio 2013), empieza así:

“La primera frase que tengo que decir va en contra de todos los preceptos de la retórica, porque ahuyentará a los principales destinatarios de este texto: les parecerá casposa y viejuna, propia de una mentalidad premoderna o incluso antimoderna, pero sobre todo les parecerá falsa. Asumo todos los riesgos y la mascullo: la vida es analógica, no digital. Ya está, ya lo he dicho, ya puede producirse la desbandada de nerds y geeks, si es que quedaba alguno a estas alturas del artículo. Pero qué culpa tengo yo de que la vida se parezca más a una libreta que a un archivo de word”. (para seguir leyendo)

Perfección

Sábado, Agosto 24th, 2013

La diferencia más obvia entre animales y humanos es que ellos son perfectos desde que nacen hasta que mueren: su período de gestación es menor, su infancia dura un suspiro y llegan a la condición de adultos, acabados, sin pasar por una etapa cada vez más larga, a menudo dolorosa y típicamente humana: la adolescencia. Las personas, sin embargo, tenemos mucho que crecer, por dentro y por fuera, desde que nacemos hasta que morimos. Nunca somos perfectos, como ellos. El don de la libertad nos obliga a trabajos incesantes que tienen que ver con nosotros mismos, con el moldeado del propio corazón, y con los demás.

De algún modo vivimos siempre en el filo de la navaja. Nunca solos, pero no siempre acompañados. Llevamos la carga de construir nuestra propia perfección, una carga tan excesiva que a veces puede desequilibrar al más sensato. La angustia de vivir no es un invento católico, la genera nuestra inagotable sed de perfección, bien descrita ya en los mitos griegos. El invento católico es el perdón. En The Killing uno de los protagonistas, abrumado por mil problemas graves, envidia a un perro: esa complexión que le permite cumplir suavemente con su destino de perro. «Él es perfecto», decía. Nosotros, no. Por eso ser humano significa comprender, ponerse en el pellejo de los demás y entender desde dentro sus luchas, sus errores, sus sueños, sus cansancios, sus heridas, sus ansias, sus miedos. Querer es aceptar a los otros con sus defectos y darles espacio para la mejora, sin juzgarlos demasiado. Algún día tenía que explicar por qué titulo este espacio «En la cuerda floja». Queriéndolo o no, ahí vivimos.

Publicado en La Voz de Galicia, 24.agosto.2013

Extraño agosto

Sábado, Agosto 17th, 2013

No me canso de mirar la foto de Rosalía Mera, que publicó ayer La Voz, en la que aparece con otras cinco dependientas del comercio La Maja. Es la última de la fila, la más lejana al fotógrafo, una de las dos que no mira a cámara, y la única que escapa a la pose: su brazo no descansa sobre el mostrador del cristal, no sonríe y parece incómoda, como si aquel no fuera su sitio. Y no lo era.

Tampoco Gibraltar es lo que era. Ha perdido cualquier valor para los británicos (que tampoco pueden aprovechar ya su otro gran logro del Tratado de Utrech: el derecho a comerciar con esclavos en las colonias españolas), pero a Cameron le viene bien simular una cosa tipo Malvinas que le dé un aire de liderazgo a lo Thatcher del que carece. El viejo recurso del enemigo exterior.

Y a Rajoy, bueno, a Rajoy esa historia le viene de maravilla para ir tapando este extraño agosto, tan lánguido, pese a que mandaron todo el lío Bárcenas al Congreso y a los juzgados precisamente en este mes, mientras los votantes se desparraman por las carreteras, los aeropuertos y las playas, huyendo de Gibraltar, sin tertulias radiofónicas que saquen punta al bla, bla, bla de Arenas y De Cospedal, de Rajoy y Cameron mintiendo la verdad, como diría Arendt.

En esto se muere de repente Rosalía Mera y la gente entendió que era una noticia real. Algo perceptible de inmediato en las visitas a las páginas web de los periódicos: esas visitas que no tenían ni Bárcenas ni Gibraltar. Porque la gente lee cuando le importa.

Se venden periódicos

Domingo, Agosto 11th, 2013

Decía Ben Bradlee, el mítico director del Washington Post, que el gran periodismo americano siempre estuvo ligado a empresas de carácter familiar. La afirmación puede generalizarse al mundo entero, porque así ocurrió, especialmente en las dos Américas y en Europa. Desde luego, en España.

La venta del Washington Post a Jeff Bezos, el multimillonario fundador de Amazon, confirma que los periódicos aún pueden venderse y no solo cerrarse, y que la gente con perspectiva aún cree en el periodismo: John Henry acaba de adquirir The Boston Globe y el año pasado Warren Buffett compró varios periódicos locales.

Pero lo más interesante en la venta del Post es que no lo compró Amazon, sino Bezos, una persona con talante de editor, en la línea que un columnista de Slate atribuye a las clásicas familias propietarias de periódicos: «Aunque quieren tener beneficios, sobre todo tienen periódicos porque quieren tener periódicos y porque poseen una visión periodística. Y esa visión es importante también desde el punto de vista económico. A la gente no le gusta que sus relaciones con el médico se parezcan a las que mantiene con el vendedor de coches usados, y por la misma razón prefieren recibir las noticias de gente que cree en las noticias».

El negocio de los periódicos consiste en identidad y pertenencia a una comunidad. No se reduce a transacciones mercantiles. El éxito de las familias editoras radicaba en que preferían la influencia a la mera rentabilidad, porque les gustaba más hacer periódicos que hacer dinero e invertían en periodismo y en periodistas: no dependían de accionistas anónimos en busca de dividendo inmediato. Bezos, tampoco.

Publicado en La Voz de Galicia, 10.agosto.2013

Relacionado: The Washington Post en manos de un amateur, de Toni Piqué.

Un mes para silbar

Sábado, Agosto 3rd, 2013

Agosto me sabe y me huele a cerezas y melocotones, a bizcochos adornados con merengues, a moras, sopas de vino con azúcar y agua del pozo bebida a morro, a empanadas, a las rosquillas de anís y a las galletas de coco después de misa, a las latas de dulce de membrillo… Era tiempo de ortigas en las piernas, salitre en la boca y olor a hierba seca, de siestas que no quería dormir, de cazar saltamontes y grillos, de sumar rasguños en los brazos, cicatrices nuevas sobre las viejas e inyecciones contra el tétanos. Tiempo de tíos y de primos que llegaban desde todas las esquinas de la emigración, de encuentros, de risas, de fiestas y romerías, de bombas de palenque, de orquestas de cuatro músicos, de ropa nueva, de comidas largas y anchas como las de la viñeta que cierra los libros de Astérix, de resol en las eras, de despedidas.

Era un tiempo para silbar. Me gustaría volver a casa por las noches con las manos en los bolsillos y silbando, pero nunca lo consigo, acaso porque no sé silbar y soy de natural inquieto. Pero esa imagen de la despreocupación me atrae siempre por muy inaccesible que resulte a mi carácter.

De ahí que haya robado el título del delicioso libro Una temporada para silbar, donde Ivan Doig relata su infancia en Montana. La despreocupación, si les dejan, es una cosa de críos, que descansan sus fantasías en el cariño de sus padres y en sus cuidados.

Les deseo un agosto de niños, este año más que nunca. Y que vuelvan a casa con las manos en los bolsillos, silbando.

Publicado en La Voz de Galicia, 3.agosto.2013

Diferencia moral

Sábado, Agosto 3rd, 2013

Cuando veo que alguien juega con los sentimientos de otra persona, siento una repulsión instintiva, casi animal. Aprovecharse del afecto ajeno es siempre cruel. Pero cabe una perversión mayor: utilizar el amor otros, sin corresponderlo, para generar además odio contra terceros. Si se trata de la manipulación del sentimiento de un pueblo, de una nación o, como en este caso, del deportivismo que tantos llevamos en las venas desde nuestra infancia, entonces faltan adjetivos para calificarlo.

Digo esto porque me parecen lógicas las protestas contra Lendoiro, siempre y cuando excluyan la violencia y los insultos bárbaros que el todavía presidente del Deportivo recibió en la medianoche del miércoles. Ciertamente, él hizo lo contrario con los demás: hasta ayer utilizó el deportivismo como una amenaza contra quien se opusiera a sus intereses: ?Algunas personas no podrán salir a la calle?, decía con estas o similares palabras.

Lo hizo con Fran, después de no pagarle, y con un sinfín de personas e instituciones. Para marcar los objetivos a batir, utilizaba, hasta que quebraron, unos medios de comunicación que pertenecían a los socios, siguiendo la fórmula inventada por los altavoces mediáticos del terrorismo para señalar a las víctimas. Cualquier socio recordará, por ejemplo, cómo la Revista del Dépor, durante los últimos once años, dedicaba a menudo la mitad de su paginación a insultar al editor y a los demás profesionales de este periódico, sin reparo para referirse incluso a sus domicilios particulares o vehículos.

Cuando se percibe que alguien se ha aprovechado de tus sentimientos, es comprensible el despecho que degenera en violencia, pero esta no es disculpable. Ni siquiera porque Lendoiro siga alentándola contra otros. En eso radica la diferencia moral.

Publicado en La Voz de Galicia, 2.agosto.2013