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Archivo para julio, 2013

Sufrimiento

sábado, julio 27th, 2013

La profundidad del sufrimiento humano se corresponde con la profundidad del propio hombre y puede resultar, ante lo que no entendemos, aterradora y maravillosa a la vez. Nos sitúa al borde del abismo de nuestros límites, muy particularmente el de la muerte, ante el que algunos enmudecen, otros buscan trascenderlo y unos cuantos miran para otro lado y el que venga detrás que arree. Estos aprovechados son incapaces, como los animales, para la compasión y la misericordia, virtudes exclusivamente humanas, como el sufrimiento que las activa. Pero ni la compasión ni la misericordia son virtudes de mirones, sino de gente que percibe el padecimiento y hace algo por remediarlo, como ocurrió de un modo inmediato en el accidente de Santiago. Ha habido mucha grandeza estos días: los vecinos de Angrois, todas esas personas de vacaciones que de un modo espontáneo acudieron a su trabajo, las que prolongaron sus jornadas, la reacción del maquinista herido en el cuerpo y en el alma que se lanzó a socorrer pasajeros… tantas cosas. Pero me conmovió más que ninguna aquella cola ancha que se alargaba cientos de metros: esos miles de mujeres y hombres anónimos que hacían lo que podían, estar allí y dar su sangre, como una familia o un pueblo. Las grandes tragedias afloran la extrema bondad de los mejores y la perversidad de los peores. Las guerras producen héroes, pero también saqueadores y violadores. Ocurre lo mismo con las catástrofes. En Galicia llevamos demasiadas seguidas. Ninguna natural. Y salvo en los incendios forestales, aflora siempre y sobre todo la bondad de los mejores, que son muchos y sanan con esperanza tanto desastre inmerecido.

La Voz de Galicia, 27.julio.2013

Cien días

sábado, julio 27th, 2013

Es una columna que se me olvidó colgar en su día (22.junio.2013):

A veces, eso que llamamos el estilo de alguien no responde más que a apariencias diseñadas por terceros, para gustar, para acomodarse a las tendencias dominantes o para dirigirlas, pero puede carecer de conexión alguna con la personalidad real de quien exhibe tal estilo. Ocurre a menudo con el aspecto físico de los políticos y con su mismo discurso, controlados por asesores de imagen y estrategas de comunicación, o el de los ídolos pop fabricados por el márketing del espectáculo: su aspecto, sus modos y sus palabras no conectan necesariamente con quienes son, sino con quienes quisieran ser o parecer. Digo esto, porque a la hora de hablar de los primeros cien días del papa Francisco, la palabra que más se repite es, precisamente, estilo.

El estilo de Francisco atrae por sí mismo, porque su sencillez, su sobriedad y su poderoso sentido del compromiso no son impostados, sino coherentes con su biografía y con lo que predica, en un mundo que se caracteriza por el aprecio de lo opuesto: la búsqueda a cualquier precio del dinero, del poder, de la fama, de la popularidad, el desprecio de la mesura, que se entiende como represión, el miedo al compromiso, a la lealtad.

Esta es la revolución de Francisco para dentro y fuera de la Iglesia. No pretende ser un papa enrollado, pero sí cercano, de modo que la exigencia, precedida por el ejemplo, se perciba como resultado de la comprensión y el afecto. Más exigencia a los que más pueden, más afecto a los vulnerables y débiles, a los que pueblan los mundos periféricos de nuestro tiempo. Un perfecto estilo anticorrupción.

La Voz de Galicia, 22.junio.2013