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Archivo para marzo, 2013

Lo falso

sábado, marzo 23rd, 2013

Solo una época como la nuestra, con escasa querencia hacia la verdad, podría celebrar por todo lo alto a los falsificadores. Se dice que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud, pero de lo falso no se puede decir que rinda pleitesía a la verdad, sino todo lo contrario: lo falso, por definición, se apropia de lo verdadero, lo genuino, lo original, lo verdaderamente valioso y lo destruye y denigra. Lo calumnia. La falsedad es soberbia frente a la legítima imitación, que es modesta, reconoce lo auténtico e intenta acercársele como un modo de aprender. Andrés Trapiello lamentaba el otro día el éxito de una exposición de Elmyr de Hory, el más célebre falsificador de obras de arte. Le parecía una manera «de alimentar el resentimiento de las masas hacia lo original, sembrando la duda de que todo puede ser falso o, al revés, que no hay nada verdadero y genuino en este mundo».

Me recordó un aforismo de Cioran: «Diógenes se dedicaba a falsificar moneda. Todo hombre que no crea en la verdad absoluta tiene derecho a falsificar cualquier cosa». Cabría completarlo para nuestra época: «Todo hombre que considera el dinero única verdad absoluta tiene derecho a falsificar cualquier cosa». De hecho, está condenado a hacerlo.

Lo falsificamos todo: no solo arte o moneda, falsificamos tesis doctorales, bolsos y polos, currículos, la contabilidad, el sabor a fresa y los ERE. No sé si ha habido un período histórico tan falsificador, así que entiendo, aunque lo lamente, el fervor por De Hory. Vivir en lo falso, entre Judas de plástico, es el castigo justo por despreciar los rigores de lo verdadero.

Publicado en La Voz de Galicia, 23.marzo.2013

Francisco

sábado, marzo 16th, 2013

Parecía decir con su compostura «aquí me tenéis, ya podéis empezar a devorarme». Seguramente no pensaba eso, pero su actitud era la de un eccehomo ante la turba, no la de la plaza, sino la de los medios de comunicación que empezaban en ese justo momento a reproducir interminablemente su imagen, a vigilarlo, a desposeerlo de cualquier vida propia. Sin los atavíos de los que suelen revestir a los papas cuando aparecen por primera vez en la logia de las bendiciones de San Pedro, solo con la sotana blanca, parecía más desprotegido aún, los brazos caídos a los lados -ni recogidos en actitud de plegaria ni extendidos hacia la multitud-, con el semblante sereno, pero grave, la mirada quieta y esos setenta y seis años. A tal edad, la mayor parte de las personas llevan jubiladas una década o más y él empieza la etapa más exigente de su vida, casi una vida distinta, incluso con otro nombre. Al verle en la televisión con tal aire de desvalimiento, se me escapó un «¡Ay, pobre!».

Pero que nadie se engañe. Francisco es un papa que mandará mucho y sorprenderá a los comentaristas tempranos que se apresuran a clasificarlo y etiquetarlo, partiendo casi siempre de estereotipos equivocados de los jesuitas, olvidando que la Compañía de Jesús ha producido muchos más santos que papas. En esa muchedumbre de santos jesuitas deberían buscar indicios de cómo será el pontificado de Francisco, y en su nuevo nombre: una lectura de cualquiera de las muchas excelentes biografías de San Francisco podría ayudarles. La de Chesterton, por ejemplo, es muy breve y está al alcance de personas que comentan mucho y leen poco.

Publicado en La Voz de Galicia, 16.marzo.2013

 

Líderes

sábado, marzo 9th, 2013

Chávez evoca un chafarrinón de pinturas frescas, vivas y abigarradas, más desde que decidió envolverse en la bandera, literalmente, con ese chándal diseñado con los colores patrios que ya había puesto de moda Fidel Castro cuando se retiró a la enfermería, infinita como sus discursos. También en esto le imitó Chávez, aunque con un sutil cambio de género y en formato televisivo: se sabía a qué hora comenzaba su programa Aló, presidente, pero no a cuál terminaría. Castro y él, además de en las logomaquias, coincidían en la pasión por el caqui y el verde oliva. Alguien debería ocuparse de explicar por qué determinada izquierda, la dictatorial, propende al caqui y a los desfiles allí donde gobierna -añadan China, Corea del Norte y demás- al tiempo que manifiesta una ruidosa repulsión por lo militar donde no. A esa izquierda le gustan también las momias, y por eso embalsamarán a Chávez, quizá después de sustituir su cadáver por el de algún muerto más guapo o de hacerle la cirugía estética. La propensión a lo hortera y a la verborrea que producía verbalgia hizo que el escritor mexicano Carlos Fuentes le llamara payaso. Combina bien con el norcoreano Kim Jong Un y sus payasadas (el hombre más atractivo del mundo, ¿recuerdan?), con algunas de las de Putin, quizá tan machista. Menos macabro que los chinos, su cáncer no fue inventado como el de la Kirchner, pero se le atribuye oficialmente a los servicios secretos americanos, acaso también culpables de ese aturdimiento mental proactivo del pobre Evo. Podría seguir así unas cuantas páginas y posarme en personajes más cercanos, para llegar a la pregunta: ¿qué nos pasa?

Publicado en La Voz de Galicia, 9.marzo.2013

Poder y palabra

sábado, marzo 2nd, 2013

Es posible que haya algo de gusto por lo exótico: trajes y arquitecturas que dan bien en pantalla, tapices y escudos que se retiran, portones que se cierran, un anillo de oro que se quiebra, campanas y helicópteros, multitudes que se cuentan por cientos de miles y no son extras, historias de intrigas y ambición, mucho rojo y mucho blanco por todas partes, buenos y malos que intercambian papeles según de qué se hable o según quién los mire. Encaja todo con cierta estética de moda en la literatura barata y en las series de televisión: la sincronía de lo anacrónico, la mezcla en la misma secuencia de Egipto y Babilonia con Roma, lo contemporáneo y lo medieval. Solo que aquí funciona.

Y al cabo se trata de que un anciano renuncia a hablar, a un poder que, en nuestros términos, no sería gran cosa: un territorio diminuto, un dinero que cabe en un banco pequeño y que a él no le sirve de nada y dos mil millones de almas que para el anciano son solo almas y que los políticos traducen en votos (aquel detallado seguimiento del voto católico en la reelección de Barack Obama, por ejemplo) y el capital en consumidores (algunos bobos piensan que hay una verdadera discusión moral en torno a las píldoras, los condones, el aborto o determinados modos de vida).

Más allá del espectáculo, mucha gente percibe que nos jugamos entender a Dios y el correspondiente aprovisionamiento de referencias, algunas ya muy racionadas, como el amor al prójimo: no ya a los enemigos, sino al menos a los más necesitados, los enfermos, los ancianos, los niños…

Publicado en La Voz de Galicia, 2.marzo.2013