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Archivo para febrero, 2013

Antojos

sábado, febrero 23rd, 2013

Se diagnosticó hace ya tiempo cierta incapacidad para esperar como uno de los males de nuestra época: parece ser que cuando queremos algo lo queremos ya y no estamos dispuestos a aguardar ni poco ni mucho. Por lo visto hemos educado así a los niños, pero nosotros ya éramos así: buena parte de la crisis financiera se explica partiendo de esa pulsión inmoderada que nos llevó a comprar a crédito millones de coches y de pisos, segundas casas en el campo y semanas de vacaciones en el Caribe como si fueran antojos, deseos irreprimibles que, si se difieren, pueden producir trastornos patológicos andando el tiempo. Nada de ahorrar durante años para la bici, nada de bracear hasta tener en el banco lo necesario para la entrada del piso. Eso está superado, como diría un buen amigo. Y acabamos en la desesperación de esta crisis sin final de la que solo tienen culpa políticos y banqueros.

Quizá esta incapacidad para la espera tenga que ver con el evidente agotamiento mental que padecemos. Andamos mal de ideas frescas, manoseamos sin parar conceptos revenidos que ya no se aplican a las nuevas realidades, porque para tener ideas hay que pensar. Y para pensar, hace falta tiempo y calma, dar vueltas a las cosas una vez y otra, escapar de los eslóganes, de los simplismos y de lo fácil, mirar de un modo más detenido y profundo. Pero nada de esto encaja con nuestro estilo, ligerito y rápido como un videoclip de titulares periodísticos que, de grito en grito y de escándalo en escándalo, nos lleva a ninguna parte con la vertiginosa velocidad de una bici estática.

Publicado  en La Voz de Galicia, 23.febrero.2013

Sobrecogedor

sábado, febrero 16th, 2013

En asuntos de corrupción resulta complicado innovar. Ciertamente, la tecnología ha vuelto invisible el dinero y permite moverlo y ocultarlo con la facilidad y rapidez de un trilero digital, pero al cabo nuestros corruptos lo llevan en maletines y maleteros, incluso de coches oficiales, y los ingresan en las clasiconas cuentas de Suiza, tan franquistas, que siguen prefiriendo a los más modernos paraísos fiscales.

La corrupción siempre es vieja, como el pecado: los espías del Watergate se repiten, y aunque la tecnología aporte métodos más sofisticados, aquí seguimos pinchando teléfonos y poniendo micros en los floreros, de modo que facturamos como única novedad que todos los partidos espían a todos e incluso alguno, como el PP de Madrid, se espía a sí mismo. Y eso que el vicepresidente de una de las empresas demoscópicas más importantes escribe en el periódico más importante un artículo que empieza así: «España es un país que, en conjunto, padece un nivel bajo de corrupción» (José Pablo Ferrándiz, vicepresidente de Metroscopia, El País, 12 de enero del 2013), mientras la prensa internacional se escandaliza de que no hayamos dejado una institución sana.

Aquí lo que pasa es que no queremos evitar la corrupción. Sabemos que lo de la financiación de los partidos es como el contrabando de tabaco: algo no tan malo, salvo por el ambiente que genera en torno de pistolas y amenazas para suplir la falta de facturas exigibles en lo mercantil. Sabemos que quizá bastaría con que cualquier empresa implicada en un delito de corrupción quedara excluida de la contratación pública durante un tiempo proporcionado al delito. Saber sabemos muchas cosas, pero no hacemos nada.

Publicado en La Voz de Galicia, 16.febrero.2013

Razón de amor

martes, febrero 12th, 2013

Era libre para aceptar y libre para renunciar. Hizo ambas cosas: aceptó en el 2005, con 78 años, y renunció ayer, con 85. Dos decisiones tremendas: dudo que nadie sea capaz de ponerse en la cabeza y en el corazón de un hombre que sueña con retirarse a descansar y escribir, pero de pronto deviene papa, oficio poco compatible con tales aspiraciones, especialmente a los 78 años. Y luego, ya con 85, la duda tremenda de conciencia: «¿Debo seguir?», «¿renuncio porque quiero descansar, porque no puedo más o porque es lo que Dios pide, el mismo Dios ante el que pronto tendré que rendir cuentas?».

Benedicto XVI escribió tres encíclicas en siete años: dos sobre el amor y una sobre la esperanza, como si esas dos fueran a la vez las grandes dolencias de nuestro mundo y sus grandes remedios: amor y esperanza contra las plagas de desamor y desesperación. De ahí su empeño en volver a explicar a Jesús de Nazaret, que es Dios y es amor -como dice el título de su primera encíclica- y es hombre. Quizá su pontificado pueda resumirse en esto, en volver a Jesús. Frente a la percepción simplificada de la Iglesia como un conjunto casposo de normas morales, principalmente de carácter sexual, Ratzinger propone al mismo Cristo. Y frente al sentimentalismo relativista, tan inseguro como angustioso, reivindica el papel decisivo de la razón: Caritas in Veritate se titula su tercera encíclica.

Joseph Ratzinger pasará a la historia como uno de los más grandes teólogos de nuestra época, pero también como uno de los intelectuales que mejor supo entender y diagnosticar las crisis de nuestro tiempo. Crisis de la inteligencia y del amor. Justo las dos claves que explican la grandeza de su generosa aceptación en el 2005 y de su renuncia ayer.

Publicado en La Voz de Galicia, 12.febrero.2013

Disfraz inverso

sábado, febrero 9th, 2013

Muy interesante el carnaval que estamos viviendo en este país: parece un baile de disfraces temático sobre el siglo XIX, con la peculiaridad de que en lugar de disfrazarnos por fuera nos disfrazamos por dentro. A ver si me explico, en vez de sombreros y capas, de gabanes, pañuelos y volantes, vestimos las ideas políticas de entonces, bastante rancias dos siglos después, en el mismo sistema rancio de entonces, y las discutimos con los potentes medios tecnológicos de hoy, pero utilizando el periodismo rancio de ayer. Que sigamos en los moldes políticos del XIX me exaspera y ya lo he comentado aquí en otras ocasiones. Pero que también el periodismo, con su carcasa ultramoderna, responda a modelos del XIX me entristece no saben cuánto. Me pregunto, por ejemplo, cómo pudieron circular ayer dos versiones profesionales -hasta aquí, todo bien- perfectamente contradictorias sobre el testimonio de Trías: según una, Trías accedió a los papeles de Bárcenas originales y, según otra, solo conoció una fotocopia, de modo que los originales siguen inéditos.

Hay periodistas que juegan las grandes ligas, esas en las que participan los partidos y las oligocracias de siempre y para quienes el público somos un comodín. Suelen ser listos y ricos. Y hay periodistas ingenuos, a veces idiotas, que trabajan para unos o para otros sin darse cuenta y creyendo, encima, que sirven a una Humanidad etérea y con mayúsculas. Por eso padecemos aquel guirigay simplón y maniqueo del XIX multiplicado ahora por las redes sociales y demás advenimientos tecnológicos de la modernidad. Ya digo, un disfraz inverso: muy actuales por fuera, muy diecinueve por dentro. Una pena.

Publicado en La Voz de Galicia, 9.febrero.2012

Explicaciones

sábado, febrero 2nd, 2013

Pensaba escribir una cosa más o menos humorística y distanciada que sirviera de justificación por la ausencia del sábado pasado, si es que alguien la ha advertido: un texto más bien superficial y frívolo sobre la compulsiva necesidad que sienten las personas de reñir al infartado y amonestarle a que cambie de vida, como si el infartado se hubiera dejado seducir y someter por los placeres del trabajo excesivo, el muy vicioso. O sobre la tendencia de los varones en cierta edad a pedir relatos muy detallados de los síntomas y sus circunstancias, de cómo y cuándo se notan, y con qué calidades e intensidades. O quizá, sobre esa sensación de volverse cristalería, algo frágil capaz de reducirse a mil arenas de vidrio por el empujón de un bebé, como aquel personaje de Delibes que se imaginaba en el pecho una bombilla finísima que cualquiera podría quebrar, incluso él mismo, a poco que se descuidara. O hablar de las mañanas de ambulatorio, el mismo de la niñez, al que no había vuelto, con las mismas conversaciones de las señoras que cuentan en público sus males y la vida de sus hijos y sus nueras y sus nietos. O hablar solo de las mañanas, de los barrios de la mañana, poblados por gente tan distinta de la que se ve en ellos por la tarde o el fin de semana: gente diferente en su aspecto, en su forma de moverse, en lo que hacen. Qué nuevo todo. La vida grabada en slow motion, a cámara lenta, como suspendida, flotante y con brillos en los bordes. O intentar un agradecimiento: tanto que agradecer a tantos. Hubiera estado bien. Quise hacerlo, pero… es como si las palabras hubieran encogido.

Publicado en La Voz de Galicia, 2.febrero.2013