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Archivo para Diciembre, 2012

Líneas de tiza

Sábado, Diciembre 29th, 2012

No hay más diferencia entre el 31 de diciembre y el 1 de enero que esa línea de tiza que los niños pintan en el suelo para luego saltar o para definir un territorio virtual: una mera convención, una marca en el agua, que nos sirve para medir y para contarnos: hasta el 2012 o desde el 2013, en el 2012 o para el 2013, simples números abstractos moderados por preposiciones. En el 2012 perdí el trabajo y también los ahorros de toda una vida en las preferentes, en el 2012 ganamos la Eurocopa y batimos el récord de abortos, en el 2012 empezaste la carrera, en el 2012 conseguisteis… Un año se puede conjugar como un verbo. Todo depende de la preposición. Desde el 2013 dejé de fumar, adelgacé, estudié inglés en serio. Esos propósitos tan españoles.

Pero seguimos siendo los mismos, nosotros y los demás, y siempre disponemos de un mañana, de un aplazamiento: primero hasta Reyes, después hasta carnaval, hasta mi cumpleaños, hasta que… la Navidad está de vuelta y recomenzamos el ciclo de fiestas e intentonas: este año voy a ser bueno. Pero no nos sale. Incluso tendemos a pensar que nos volvemos peores o, dicho de un modo más suave, que perdemos inocencia o felicidad con el paso del tiempo. Y no es cierto.

La inocencia se pierde cuando se pierde la esperanza, que a su vez muere solo cuando dejamos de intentarlo, cuando nos rendimos, cuando imaginamos que no tenemos remedio y los demás, tampoco. Por eso les deseo y me deseo un año de intentonas y de rabietas por los fracasos, un año de esperanza salvaje, indomable.

Publicado en La Voz de Galicia, 29.diciembre.2012

Tiempo de abrazos

Sábado, Diciembre 22nd, 2012

Queramos o no, estamos hechos de los otros. Han tenido que juntarse dos para darnos un cuerpo y varios centenares, quizá miles, para construir la personalidad con la que nos movemos, airosos o patosos, por el mundo. Hasta los que pretendían herirnos contribuyeron en ese trabajo hercúleo de construir un hombre, una mujer. Hemos sido levantados en un cruce múltiple de biografías. El hombre que se ha hecho a sí mismo no existe. Nadie se hace a sí mismo. Y si alguien fuera capaz, resultaría un monstruo. Por eso necesitamos fiestas como estas: para recordar, para agradecer, para celebrar tanto afecto.

La vida se complica y la Navidad se vuelve un infierno cuando faltan alguna de estas tres cosas: recuerdos hermosos, agradecimiento o afecto. Los niños disfrutan especialmente de estos días, porque suplen sus pocos recuerdos con una sobreabundancia contagiosa de lo demás. «Lo hemos pasado muy bien, porque teníamos un niño», escuché el año pasado. En un primer momento me pareció una afirmación brutal. Pero la comprendí enseguida. El niño no se siente autónomo e independiente y, por eso mismo, propende al agradecimiento y al cariño de un modo natural. Y los irradia a quienes le rodean.

A los mayores, a poco que echemos cuentas sinceras, nos sale una deuda tremenda cada año que por estas fechas apetece saldar, aunque resulte imposible. Me siento un poco crío mientras escribo esto, mientras justifico como puedo una felicitación acaso cursi, pero llena de gratitud para todos ustedes, que me leen habitualmente, de vez en cuando o, quizá, hoy por primera vez. Feliz Navidad y muchísimas gracias.

Publicado en La Voz de Galicia, 22.diciembre.2012

Lenguas de fuego

Martes, Diciembre 18th, 2012

Me arriesgaré aun sabiendo que no dispongo de espacio suficiente para el matiz. Debería estar prohibido legislar sobre lenguas, porque son cosa muy íntima, pero pueden darse conflictos de intereses. Mi primera afirmación es, precisamente, que tales conflictos no existen. Crecí en gallego, fui a la escuela en castellano y las principales consecuencias se pueden resumir en que aprendí castellano casi sin darme cuenta; sacaba diez en todos los ejercicios que consistían en pasar una palabra del latín al castellano, porque siempre sabía, al menos, una palabra intermedia; entendí portugués desde el primer día, sin estudiarlo, al igual que me ocurrió con el catalán, el italiano y, en menor medida, con el francés; y… eso que Dios me dotó de un oído mejorable. Si hubiera ocurrido al revés, si hubiera nacido en castellano y me hubieran escolarizado en gallego, probablemente, los resultados variarían poco y a mejor.

El idioma que está en riesgo -y con un idioma se pierden muchas vidas- no es el castellano. Me parece absurda, por tanto, la discusión. Los niños siempre aprenderán castellano. Se lo encuentran por todas partes y, además, sus padres querrán que lo aprendan lo mejor posible.

Harían bien, sin embargo, los defensores del catalán y del gallego en subrayar todo eso en vez de insistir en normas toscas como la de los rótulos comerciales. La imposición arbitraria genera antipatía, no ayuda. Y menos en lugares como Barcelona: el emporio mundial de la edición en castellano y, probablemente, la ciudad más atractiva para ese nuevo y creciente turismo que viene a aprender o mejorar su español.

Publicado en La Voz de Galicia el 15.diciembre.2012

Iberia, cuatro años después

Domingo, Diciembre 16th, 2012

En julio de 2008 escribí una columna alarmada sobre la fusión de Iberia y British.

Han tenido que pasar cuatro años para que esa alarma sea ya generalizada. Un par de ejemplos de entre mil:

El impune secuestro británico de Iberia

Un acuerdo contra España

Promesas rotas

Miércoles, Diciembre 12th, 2012

La columna en el último número de Nuestro Tiempo. Empieza así:

Algún día se escribirá esa historia: la de cómo las ideologías dominantes forzaron la ciencia del siglo xx y, esperemos que solo en parte, la del siglo xxi. Mientras no se haga, seguirá hablándose del antagonismo entre razón y fe, entre religión y progreso, con descuido de la más estridente evidencia: que el progreso científico y humano se ha dado y sigue dándose (piénsese, por ejemplo, en los derechos de las mujeres) en los países de cultura cristiana. Entre tanto, mientras nadie explique, por ejemplo, cómo las revistas científicas rechazan papers que no están de acuerdo con lo políticamente correcto, se mantendrá la falsa oposición. Basta recordar la historia truculenta de las células madre embrionarias, de las manifestaciones delante de los parlamentos con enfermos en sillas de ruedas y alaridos contra la Iglesia Católica: resulta que no había nada detrás de esa investigación, salvo falsas esperanzas y, quizá, un recurso para deshacerse de los cientos de miles de embriones congelados, sobrantes de fecundaciones in vitro a menudo fallidas, y cuyo almacenamiento resulta carísimo. O los estudios sobre los efectos psicológicos del aborto intencionado que nadie quiso publicar durante años. No es la Iglesia quien se opone a la ciencia y la censura para ahormarla a conceptos previos simplificados, irracionales y falsos.

Para leer más

¿Borrador?

Lunes, Diciembre 10th, 2012

Ahora que estamos en los albores de una nueva batalla educativa, convendría insistir en la importancia de alcanzar grandes acuerdos que produzcan leyes estables en esta materia. Es mi aportación al borrador del ministro Wert, que ha planteado, me parece, una batalla desde lejos para poder negociar mejor. Esa estrategia, razonable quizá en otros ámbitos, se me antoja irritante en este. Pero en fin, concreto más: incluya en su borrador, si técnicamente es posible, que la ley se apruebe por mayoría reforzada, no por mayoría simple, y que obligue el mismo refuerzo para modificarla. Otros países ya lo hacen.

Tal medida tendría, al menos, dos efectos beneficiosos. Primero, evitaría el continuo ir y venir de leyes fracasadas o incluso nonatas, como ocurrió con la del PP. Y sobre todo, forzaría una poda ideológica, un centrarse en lo común, en lo que nos une, en lo que todos admitimos, de manera que se eviten las imposiciones ideológicas. Debo reconocer que no resulta fácil, porque los valores universalmente aceptados menguan cada día y, como consecuencia, también nuestra cohesión social.

La ley de Zapatero, por ejemplo, disparó la demanda de plazas en la enseñanza concertada, precisamente por el carácter partidista de aquella norma y porque muchos padres pensaron que se aplicaría de manera mitigada en esos colegios. Pero lo justo sería que la enseñanza pública pueda servir para todos, no solo para quienes ganaron las elecciones. Que no se imponga lo opinable hasta convertirlo por la fuerza en indiscutible. Esas batallas deben librarse en otros campos, no en las conciencias vírgenes de los niños y a espaldas de las convicciones de sus padres.

Publicado en La Voz de Galicia, 8.diciembre.2012

Práctica libre

Domingo, Diciembre 2nd, 2012

Cuando les mando práctica libre, los alumnos de primero me miran mal, con cara de «no nos hagas esto». Resoplan y rezongan, tardan en ponerse a escribir. Prefieren, en contra de lo esperable, los ejercicios de escritura con tema o género prefijados. Y tiene sentido. La práctica libre, sin límites de espacio ni de formato, funciona como una mayoría absoluta: parece que se puede hacer cualquier cosa, que no hay límites ni fronteras. Y no. Siempre los hay, empezando por los límites propios.

El alumno al que se ofrece una práctica libre, como el Gobierno con mayoría absoluta, se queda sin disculpas y eso le da vértigo, porque le enfrenta con su capacidad creativa y con su experiencia. Percibe de algún modo que la libertad nunca es absoluta ni sirve para nada si no está al servicio de alguien, si no se compromete. Porque decidir el asunto sobre el que tienen que escribir ya significa un compromiso, y el tono en el que lo afronten -humorístico o formal, distanciado o cómplice-, otro. Y luego está la realidad misma, tan poco dúctil, tan reacia a dejarse transformar en palabras y frases, en párrafos, como ocurre a los Gobiernos con los mercados y esas cosas.

Quizá los mejores alumnos escriben sus mejores textos en la práctica libre y, por lo mismo, los peores escriben los peores. Como en la vida. Como en el gobierno de las naciones, como en todo. Curiosamente, el miedo a la libertad es miedo a uno mismo, a las propias limitaciones, a no parecerse lo suficiente a los demás, a tener principios, juicio y criterio, a desentonar. La libertad exige mucho.

Publicado en La Voz de Galicia, 1.diciembre.2012