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Archivo para Octubre, 2012

Rapaces

Lunes, Octubre 29th, 2012

Nico es uno de los amigos más pequeños que tengo. Tiene cara de pillo y pelo ensortijado, travieso como él. Pero se manifiesta a menudo como un pensador que confunde a sus mayores con silogismos sorpresivos, perfectamente plausibles. El otro día, citando una frase de los dibujos animados, se quejaba con su madre de que estaban estropeando la escuela. Habían cambiado el suelo de tierra por uno artificial y blando que, según él, «si te resbalas, quema». Por eso acudía a lo que había escuchado a Scooby-Doo: a veces los humanos cambian las cosas que estaban bien y lo estropean todo. Nico echa ahora de menos los charcos de su patio, donde imaginaba barcos mientras hacía flotar palos y hojas secas.

A su madre el nuevo pavimento le parece un adelanto, más limpio y menos peligroso, pero entiende lo que dice y sus razonamientos la conmueven. Es verdad que, a veces, por intentar cambiarlo todo terminamos estropeando lo que estaba bien. Ocurre mucho en lo que se refiere a los niños.

Las noticias de esta semana han sido dolorosamente pródigas en chiquillos maltratados o asesinados. Nada nuevo, por desgracia. Las teorías liberales sobre el sexo han terminado en esto: en chavales guapetes, criados con la mayor asepsia, para uso y disfrute de adultos rapaces. Hablo del presentador de la BBC, de los Boy Scouts norteamericanos, de nuestro crimen de El Salobral o del que se juzga en Vigo. Insisto en que no son comportamientos que se corrijan con el Código Penal, aunque lo de los 13 años para el consentimiento me parezca un escándalo, sino repensando nuestro código moral, supuestamente tan avanzado.

Publicado en La Voz de Galicia, 27.octubre.2012

Sylvia

Lunes, Octubre 22nd, 2012

Anteayer, mientras sorteaba en los digitales las noticias sobre la muerte de una tal Sylvia Kristel, más conocida por el nombre de su personaje, Emmanuelle, recordé unos segundos que me dejaron helado en la vieja terminal de Barajas: una actriz que aún conserva su nombre, llevada en volandas y a toda velocidad por otras dos mujeres más jóvenes, vestidas de negro las tres. A Brigitte Nielsen se la veía consciente, pero los pies no le respondían, la cabeza se le caía a los lados y se dejaba arrastrar con la mirada perdida. No parecía ya ni alta ni guapa, ni respondía siquiera a la metáfora de la muñeca rota. Solo daba lástima. Una mujer hermosa más devorada por las masas, consumida.

Anoche dejé de escapar de las noticias sobre Sylvia, porque tropecé con un comentario de Rubén Amón en la radio: le había hecho una entrevista al poco de publicar ella sus memorias y recordaba que la encontró «vestida como una catequista», y que no la reconoció hasta que ella le dijo: «Soy yo». Recordaba, sobre todo, que la actriz se arrepentía de no haber amado nunca a nadie, pese a tantas camas y canas. Estaba ya muriéndose de casi todo. Rubén Amón lo contaba con un estremecimiento que dolía.

En la biografía de Sylvia Kristel pueden reconocerse algunas causas de este final: una infancia de atropellos, el abandono de su padre, la inmersión precoz en la vorágine de la moda y el espectáculo… Y al final, a mí, sin haber visto ninguna de esas películas que ahora todos coinciden en calificar de bodrios, me queda una desoladora sensación de culpabilidad. Como si la hubiera matado yo.

Publicado en La Voz de Galicia, 20.octubre.2012

Abrir puertas

Domingo, Octubre 14th, 2012

No he vivido la escena. Me la contaron el lunes y, desde entonces ha vuelto a mi memoria todos los días, como si rebotara en alguna parte mientras conducía. Descrita con sobriedad, incluye pocos elementos: la sección de librería de unos grandes almacenes, una niña y su padre; la niña se agarra con todo el cuerpo a un libro, abrazándolo. El padre dice: «Estás loca si piensas que voy a meter veintiún euros en un libro. Vamos a mirar los juguetes».

Resulta arriesgado juzgar o generalizar. De la anécdota no debo extraer ninguna conclusión sobre los actores, porque no puedo saber con certeza los motivos del padre, no sé cuál era el libro; en realidad, desde fuera no se sabe nada. Parece obvio que el padre no tiene por qué comprarle un libro a la niña solo porque lo pida. Pero me asusta el lenguaje: no ya el «estás loca», sino el «si piensas que voy a meter veintiún euros en un libro», que equivale a «si piensas que voy a tirar el dinero en un libro», no en ese libro en concreto, sino en un libro, en cualquier libro. El asunto se complica con la aparente invitación a comprar juguetes.

Ojalá se trate de una historia aislada. No lo parece a la vista de las encuestas de lectura y del recién publicado informe sobre el mercado del libro. El número de ejemplares vendidos ha caído más de un 20 por ciento en los cinco últimos años. Quizá muchos padres piensan lo mismo que el de la escena sin llegar a decirlo. O casi peor: actúan como si lo pensaran, sin percibir que los libros abren las puertas del mundo, de muchos mundos, o que la ignorancia mata más que el hambre. Mucho más.

Publicado en La Voz de Galicia 13.octubre.2012

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Lo excesivo

Lunes, Octubre 8th, 2012

La felicidad tiene que ver con lo excesivo. Algunos piensan que la aseguran poniendo diques a lo que les rebasa: lo reducen a proporciones digeribles o, simplemente, lo tachan, borran lo excesivo de sus vidas y se conforman con un vivir pequeñito, de casa de muñecas, donde resulta fácil acomodar cada elemento, donde los demás son apenas muñecos que sirven al juego y uno lo controla todo a su gusto, mientras dura. Mientras dura la casita, mientras duran los muñecos, mientras duran las ganas de jugar.

Otros buscan la felicidad como pueden, sin descartar lo que les excede por mucho que a veces no lo comprendan del todo o comprendan incluso poco. No hacen maquetas del universo, que serían falsas, para intentar abarcarlo, sino que se pasman en su contemplación, en la inmensidad tremenda que se expande más allá de unos límites desconocidos y a partir de un origen igualmente ignoto. Pasmarse no significa renunciar a comprender, más bien lo exige. Pero cuanto más comprendemos, más se amplía el ámbito de lo desconocido. Ocurre también con nuestra propia libertad. Y ocurre, sobre todo, con el amor, tan excesivo e incontrolable.

Las sociedades que se articulan como casitas de muñecas se aseguran un infierno. Como no quieren saber nada de lo excesivo y rechazan lo incontrolable, terminan sometidas a las manías de un loco o de varios, quizá astrólogos. Las otras, ya digo, van haciendo lo que pueden, pero progresan. Nos viene muy bien, por eso, el Año de la Fe que ha convocado Benedicto XVI y arranca el jueves. Otra oportunidad para lo excesivo, para lo que no podemos controlar.

Publicado en La Voz de Galicia, 6.octubre.2012

Perdedores

Lunes, Octubre 1st, 2012

Todas las semanas alumbran una frase que se repite como un eco por los recovecos de las redes sociales –las virtuales y las de verdad– hasta que retumba como un trueno. La que termina ha producido muchas, pero me quedo con la pregunta de Gervasio Rodríguez Acosta, presidente de Vendex, a la jueza de Lugo: “Señoría, ¿pero cómo creen que se consiguen las adjudicaciones?” La jueza y casi todos sabemos cómo se consiguen. Estamos hartos de saberlo: con rolex, con sobres de dinero, con cacerías y putas… Así que entiendo el tono sorprendido de Gervasio e ignoro por qué ha causado tanto escándalo. Casi estoy por agradecérselo: un bandido nos pone ante el espejo. En la frase estamos todos. No vale escudarse en la corrupción de la clase política, porque habría que hablar de funcionarios y técnicos de los que depende un informe, capaces de agilizar un trámite o de modificar levemente una convocatoria. Y de sus contrapartes, los conseguidores. ¿Qué espacio queda, así las cosas, para el contratista honesto? Tendríamos que empezar por discutir qué significa hoy ser honesto, por qué importan la sinceridad, la lealtad, la palabra dada, el compromiso y la transparencia si nos convierten en perdedores, el nuevo pecado imperdonable. Necesitamos gente que se arriesgue a perder frente a los deshonestos o no recuperaremos la confianza en nosotros mismos, en la economía, en las instituciones: esos procesos judiciales eternos, esas comisiones de investigación que parecen tapaderas… Pero no es tiempo de héroes, sino de ídolos, y el fútbol dicta, como nueva religión, que todo vale con tal de que el equipo esté arriba.

Publicado en La Voz de Galicia, 29.septiembre.2012