La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Archivo para Marzo, 2012

Rabo preso

Sábado, Marzo 31st, 2012

Los brasileños se sirven de una locución muy expresiva para indicar que una persona no puede hablar sobre determinados asuntos o actuar en algunos ámbitos cuando su pasado o los intereses personales le impiden hacerlo. Fulano “fica de rabo preso”, dicen, y la imagen evoca inmediatamente al perro atrapado que permanece constreñido al radio de acción que marca la distancia entre su cola y el hocico. Más allá no puede morder. A menudo lo aplican a políticos. Supuestos líderes que no se atreven a hablar de derechos humanos cuando negocian con China, para evitar represalias sobre las empresas de sus países. O aquellos que reciben o visitan a Chávez, Kirchner o Correa y no se atreven a mencionar los atentados salvajes contra la libertad de expresión, no vaya a ser que les nacionalicen otro banco u otra petrolera. Les pasa a los presidentes americanos con Israel, que ha hecho rehenes en una parte clave y bien adinerada del electorado estadounidense.

En ese panorama sorprende la voz de Benedicto XVI que, cuando viaja a un país, pone siempre el dedo en la llaga, siguiendo a Juan Pablo II, que no calló ante Jaruzelski, Marcos, Pinochet, Ortega y tantos otros, incluido el propio Fidel Castro. Sin embargo, el papa también tiene rehenes: la minoría católica cubana, gentes relegadas por el régimen, pisoteadas, y a las que desea ahorrar sufrimientos mayores. Sus discursos en Cuba, más duros y directos que los de cualquier otro dirigente internacional, han parecido insuficientes a algunos despistados. Y eso que sus rehenes no son grandes corporaciones vaticanas ni intereses nacionales, sino gente común cubana. Hay quien no advierte la diferencia.

Muy raro

Sábado, Marzo 24th, 2012

Cuando leí un poco por encima sobre las matanzas de Mohamed Merah, el supuesto islamista radical abatido anteayer por los geos franceses, pensé que demostraba un entrenamiento inusual, propio de las fuerzas especiales. Como se movía en moto y cubierto, comenté con alguien que, probablemente, se trataba de un antiguo miembro de algún servicio especial que se había desmandado. Después, muy pronto, hicieron pública su identidad. Demasiado joven para ser un excualquiercosa y demasiado extraña la explicación de cómo dieron con él: a través de una web de motos consultada por su madre. Por fin salió lo de Afganistán: los servicios secretos sabían que había viajado allí y lo tenían fichado, aunque sorprendentemente, no lo controlaron durante meses. En ese punto, regresó a mi imaginación la sospecha inicial, ligeramente modificada.
Ahora, en mi cabeza fantasiosa, ya no se trataba de un ex, sino de un infiltrado en activo que, al contacto con su cultura originaria, desanduvo el trayecto y se volvió contra sus reclutadores. Quizá los servicios secretos franceses lo entrenaron para infiltrarse en las células islamistas y por eso viajó impunemente a Afganistán, sin que nadie se ocupara de vigilarlo después, porque estaba controlado de otra manera.
El miércoles, cuando supe que lo habían acorralado, pensé que no saldría vivo de aquella casa. Sin embargo se multiplicaron los mensajes oficiales que insistían en que lo querían vivo para juzgarle. Cuanto más insistían en que lo apresarían vivo, más me convencía de que saldría muerto. Ya saben el final: una bala en la cabeza y mil historias inverosímiles sobre la actuación de los servicios secretos. Tengo que hacer algo con esta imaginación desbocada.

La Voz de Galicia, 24.marzo.2012

Puestos a reformar…

Martes, Marzo 20th, 2012

Columna en el último Nuestro tiempo, que empieza así:

Al salir del aparcamiento por la noche tropecé con un escritor amigo que entraba. Yo iba para mi casa y él venía de dar una conferencia de la que apenas hablamos porque estaba interesado en otra cosa que le abrumaba: anda empeñado en rehabilitar una vivienda en el casco antiguo de una ciudad próxima. Me dijo que la crisis de la construcción se debería a muchos factores, pero también a que ya no se trabaja con el cuidado, el mimo y la calidad de otros tiempos. La afirmación podría provenir de alguien que supera los setenta años, pero mi amigo apenas llega a los cuarenta y fue albañil e hijo de albañil: “Mi padre trabajaba mucho y cobraba poco, pero tenía un sentido de responsabilidad y de orgullo sobre lo que hacía”. Así que cuando se queja de los gremios que ha contratado para rehabilitar la casa, sabe lo que dice.

(para seguir leyendo)

Fin del mundo

Sábado, Marzo 17th, 2012

Un grupo de estudiantes de Periodismo de la Universidad de Navarra está proyectando un suplemento especial sobre el supuesto fin del mundo que se avecina y me pidieron que les mandara el texto que publicaría en el blog si llego a ese día. Cuando recibí la encomienda, pensé: «Si las cosas sucedieran de ese modo, con aviso previo, lo último que haría sería escribir en el blog». Pero al final decidí aceptar. Luego supe que la estudiante que me convenció es ourensana: lo malo de los de Ourense, dice un amigo, es que para cuando te enteras de que son de allí,  ya es demasiado tarde.
Pero resultó un ejercicio interesante. Al imaginar la situación, percibí que, antes del apocalíptico griterío que según todos los pronósticos acompañará el fin del mundo, probablemente se producirá un gigantesco, estremecedor, silencio: nadie tendrá nada que decir -salvo para despedirse de las personas queridas, dar las gracias y pedir perdón- y nadie tendrá ganas de escuchar. Los periódicos, las teles, los organismos internacionales, los científicos, los políticos resultarán de pronto inanes, innecesarios, tan superfluos y vanos como las propias palabras. Andarán muy ocupados en morir de la mejor manera posible o, según las creencias de algunos -sí, también son creencias-, en desaparecer. ¿Quién querrá vender algo entonces? ¿Quién convencernos de cualquier cosa? ¿Quién se acordará de escribir en su blog para nadie?
De pronto caí en la cuenta de que no estaría mal que el fin del mundo me pillara así: escribiendo para el único lector que me quedaría, el único fiel y seguro, para pedirle perdón una vez más y para darle las gracias.

Publicado en La Voz de Galicia, 17.marzo.2012

La báscula

Sábado, Marzo 10th, 2012

Me disgustan esas conversaciones que añoran la juventud perdida, los “¡Ay si tuviera veinte años!” y lamentos parecidos, porque prefiero la edad de cada momento y, por alguna razón quizá equivocada, pienso que a todo el mundo debería sucederle lo mismo. Así que, cuando la gente se pone en ese plan, suelo reponer que de ningún modo volvería a los veinte con el riesgo de cometer los mismos o peores errores que los que ya he cometido, de pasar los mismos o peores trabajos que los ya pasados, de llorar las lloreras que ya he llorado o peores y de navegar por las angustias que ya quedaron atrás. Ayer, de pronto, comprendí que quizá era una pose y que mis instintos son los comunes.
Decidí pesarme después de años sin hacerlo, por la insistencia de algunos en que había adelgazado una barbaridad. Aproveché un rato de ejercicio y pedí la báscula. Me subieron a una que, además del peso, calcula no sé cuantas cosas más que he olvidado, salvo esta: la edad biológica que, supuestamente, represento. Ahí la máquina, tan amable, me quitó 16 años de golpe. Desconfié: “Esta máquina es de marketing”, les dije riéndome, y el chico respondió que “a algunas personas les da mal”, más edad de la que tienen, supongo. Eso confirmó la sospecha, pero salí de allí contento como un bobo.
Lógico, dirán. Al fin y al cabo, no he vuelto a los treintaytantos que me adjudicaba la báscula ni a los trabajos pendientes de entonces, a ese laborioso modelado del propio corazón en el que consiste vivir.

Y por cierto, no había adelgazado nada.

Publicado en La Voz de Galicia, 10.marzo.2012

Cajas

Sábado, Marzo 3rd, 2012

Leyendo un artículo de Víctor Pérez-Díaz, percibí que habíamos olvidado qué significan las cajas de ahorro y de dónde vienen: es lógico, por tanto, que muchos olviden también por qué a un territorio le conviene defender la suya. Al remontarse a sus orígenes en el XIX, en el XVIII o incluso en la Edad Media, dice, “siempre encontramos comunidades de gentes relativamente modestas tratando de ayudarse y ajustarse a grandes ciclos de expansión comercial, vinculadas a una ética de la reciprocidad y del don, una filosofía de la solidaridad y la comunidad, en una economía de mercado”.
Esa es la identidad de las cajas y el sentido que perdieron en estos años de marasmo en los que, convertidas en naipes políticos, jugaron a otras cosas, poco parecidas a cualquier función protectora de las clases media y baja frente a las inclemencias del puro mercado, de modo que hasta la obra social se convirtió en vulgar exhibicionismo, y el negocio, en especulación y red clientelar. Volver a aquella identidad perdida, a la vinculación estrecha con las clases populares y el territorio, a una verdadera obra social es la tarea pendiente y la tesis de Pérez-Díaz que, por supuesto, no comparten los grandes bancos.
Aunque no me suelo meter en estos andurriales, parece un buen objetivo defender la caja en su identidad primigenia y remar juntos hacia alguna parte, antes de que los mismos de siempre, por conveniencia, distancia o comodidad, presenten todo como perdido, amparándose en que el dinero no tiene patria. Es cierto que el de algunos no la tiene, pero me gustaría pensar que el nuestro, por poco que nos quede, sí.