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Archivo para febrero, 2012

Cenizas

sábado, febrero 25th, 2012

Hurtarse unos días al tableteo de las noticias tiene la ventaja de volver con ojos frescos, sin legañas de acostumbramiento ni cataratas de prejuicio, pero te asustas: que si una mujer dejaba comida con alfileres por recomendación de un hechicero televisivo para reconquistar un antiguo amor, aunque solo consiguió atragantar algunos perros, que según todos los indicadores andamos en los peores índices de pobreza de Europa, que los crímenes de las páginas de sucesos aumentan en número y salvajismo o que seguimos batiendo records de guerras y conflictos violentos.
En medio de esas tinieblas, leí que los tres grandes periódicos estadounidenses se prendaron este año del Miércoles de Ceniza hasta el punto de coincidir en ilustrarlo con fotos o incluso galerías de imágenes que mostraban fieles con esa marca tan característica en la frente. Pero más me sorprendió el editorial que ese día publicó The Guardian: una pieza breve y sabia, titulada precisamente “Miércoles de ceniza”, en la que se ocupaba del sentido de la muerte en la cultura actual. Dice que si hoy nos preguntaran cómo queremos morir, probablemente la respuesta más común sería: rápido, sin dolor y, a ser posible, mientras dormimos. Algo en contradicción directa con nuestra cultura secular cuyo principal miedo consistía en morir desprevenido, sin preparación. Solo el cine de autor y la Iglesia Católica, dice, nos recuerdan ya que no se puede entender el sentido de la vida sin preguntarse por la muerte.
“Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”: en las palabras del Génesis con las que se impone la ceniza se aparean humildad y verdad, claves las dos para evitar la desesperación.

Versión impresa: La Voz de Galicia, 25.02.2012

Relacionados: “La conspiración del silencio”

Ídolos

sábado, febrero 18th, 2012

Me tiene muy soprendido el fenómeno Jeremy Lin, el jugador de los New York Nicks y revelación de la NBA este año. No tanto por él mismo como por el fenómeno que ha generado en Estados Unidos, la Linsanity (insanity, locura en inglés). Realmente reúne muchos requisitos para convertirse en el ídolo nacional que el deporte de aquel país estaba necesitando desde la caída en desgracia de Tiger Woods. Lin es hijo de padres chinos y uno de los poquísimos jugadores asiáticos que ha tenido la NBA en su historia: cuatro, si no estoy mal informado. Además, cuenta con un relato de superación muy del gusto de los aficionados a las películas del sueño americano: el de un hombre despedido por varios equipos que apenas le dieron minutos de juego para demostrar su valía. Solo gracias a la lesión de la estrella de los Knicks pudo emerger repentinamente y conseguir records de puntos y rebotes en cinco partidos sucesivos y convertirse de la nada en un ídolo nacional.
Pero encima Jeremy Lin es un cristiano fervoroso, que habla con naturalidad de sus luchas por ganar y ser humilde, por triunfar pero solo para la gloria de Dios. Hasta el punto de que uno de los columnistas fijos del New York Times dedicó ayer su espacio a explicarle que, en realidad, eso no es posible. En fin. Lin se ha convertido en una referencia para los asiáticos americanos, en una esperanza para los cristianos chinos, tan perseguidos, y en un ejemplo de multiculturalismo del bueno, del que suma y no excluye.
Visto desde España parece todo muy raro e intransplantable. Sería interesante preguntarse por qué.

La conspiración del silencio

lunes, febrero 13th, 2012

Publicado en el último Nuestro Tiempo, arranca así:

Es médico y dice que no tiene fe, pero que la tuvo y que le gustaría volver a tenerla. A veces lo tomo a broma y le discuto que la haya perdido o, según las ganas de meterme con él, que quiera recuperarla. Después de comprobar en muchas conversaciones que ambas bromas le molestan mucho y casi por igual, las he abandonado definitivamente. Pero insiste en explicarme de nuevo cuál fue el origen del cambio, por qué ahora desea tener fe: la muerte de algunos enfermos particularmente creyentes. Dice que “saben morir serenamente”, con alegría incluso, que le emocionan, que entienden mejor la muerte, quizá, porque entienden mejor la vida. Habla en particular de una mujer, muy conocida. Pero siempre que ocurre de nuevo con otros, me lo vuelve a contar. Se encocora hasta la rabia, sin embargo, cuando advierte  que los familiares o los profesionales ocultan al enfermo la inminencia del fin. Pone voz enojada y de desprecio para decir, casi gritando, él que es hombre calmado: “¡Una conspiración de silencio!” Y la describe: “Una cosa tremenda, un silencio cenagoso, en el que todos saben y nadie quiere saber: los familiares, los médicos, el propio paciente. Deberías escribir sobre eso”.

(continúa aquí)

La cháchara

sábado, febrero 11th, 2012

Ahora que estamos en la crisis total, podríamos seguir hasta el fondo con los recortes: a juzgar por lo ocurrido esta semana en España, tanto el TAS como el Tribunal Supremo resultan perfectamente prescindibles y, por lo tanto, también los pequeños comités de competición y los tribunales menores. Sobran todos, basta con preguntarle, por ejemplo a Gaspar Llamazares (“Diga lo que diga el Tribunal Supremo, Garzón es INOCENTE!”, escribió en Twitter) o a los habitantes de Facebook, que además nos juzgan gratis, de modo que, como decía ayer una de mis tuiteras preferidas (@Lupe), nos ahorraríamos un pastón.
Como lo veía venir, me leí la sentencia entera en cuanto el periódico la colgó en la web. Tenía, en efecto, algo de previsible en su contundencia: no dejaba resquicio alguno sin razonar. Era previsible, porque el Tribunal se la jugaba, sabía que le estaban esperando, así que escribieron clarito (solo hay una errata y resulta irónica: dicen “empelo” donde deberían decir “empleo”). Pero en las tertulias radiofónicas de la noche ya pude comprobar que los cracks de la opinión no se la habían leído. Supongo que habrían estado muy ocupados toda la tarde comentándola y, claro, no les dio tiempo a más.
Manuel Jabois describía ayer con datos precisos el rigor con el que se produjeron el jueves las redes sociales. Daban miedo. No solo por la rápida propagación de mentiras groseras, sino por los insultos hacia quien intentara aclararlas, mientras el Gobierno protestaba por el maltrato de los guiñoles franceses a los deportistas españoles. Por no hablar de la prensa: un carnaval adelantado. Nuestro debate público sigue instalado en la cháchara confusa.

Ángulo muerto

sábado, febrero 4th, 2012

Hace ya un tiempo que los fabricantes de coches incorporan sistemas para controlar el ángulo muerto de los retrovisores: ese espacio que queda fuera del campo visual y del que emergen repentinamente otros coches, motoristas o incluso piedras inesperadas cuando uno está dando marcha a atrás o cambiando de carril. El ángulo muerto produce una cierta angustia. Sin embargo, basta con un leve giro de cabeza para anularlo. Lo difícil es acordarse de que existe o querer girar la cabeza.
He leído estos días Historia de un alemán, las memorias de Sebastian Haffner correspondientes a los años entre la Primera Guerra Mundial (1914) y el triunfo de los nazis (1933). Haffner cuenta su juventud y la evolución psicológica de la sociedad alemana. Los paralelismos con nuestros últimos años son inquietantes, asustadores. En la página 169 decide responder a la llamada de un amigo judío y acudir a su casa: “No me desagradó la idea de haber sido convocado a algún sitio y así no tener que pasar el día en el ángulo muerto de los acontecimientos”. Los nazis habían iniciado el boicot contra los judíos: él era ario y le repugnaba, pero no sabía cómo reaccionar. Describía así el peculiar estado de anestesia: “Están cometiéndose asesinatos como si fueran las travesuras de unos chicos malos, la humillación personal y el suicidio ético se aceptan como pequeños incidentes molestos”. Lo que Hannah Arendt llamaría después “la banalidad del mal”.
Viviendo en el ángulo muerto, ocupados en llegar a fin de mes y arreglar nuestras cosas, llegará un momento en que la conciencia reclame y ya no tengamos a quién echar la culpa.