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Archivo para enero, 2012

En automático

sábado, enero 28th, 2012

De unos años para aquí, noto la intensificación de un fenómeno desesperante: que me respondan antes de que haya terminado de explicar o pedir algo. Quizá yo hago lo mismo. El caso es que con frecuencia creciente, me interrumpen para contestar a lo que piensan que voy a decir antes de que lo haya dicho. Y para mayor irritación, la respuesta rara vez tiene que ver con lo que, de hecho, no había terminado de decir. Así que, en cuanto me cortan, callo y espero. Escucho, compruebo que están respondiendo a una objeción o a una pregunta no formuladas y vuelvo al asunto desde el principio, como si arrancáramos la conversación, algo que a veces produce perplejidad y otras, nada. Quiero decir, que vuelven a interrumpirme antes de que termine.
Esta semana un periodista conocido arremetió contra otro también muy conocido del diario madrileño rival: tomó uno de sus textos y se encarnizó con él. El zaherido se quejó amargamente de que no había recogido todas sus palabras y de que omitiera que, en realidad, las que citaba eran a su vez una cita… Una cita de un editorial publicado por el diario del otro periodista. O sea, que ni lo había leído con atención ni había reconocido las ideas que habitualmente defiende.
No es la primera vez que ocurre algo tan chusco en esa dirección o en la contraria. La gravedad radica no tanto en las trincheras –que, por supuesto– como en la falta de atención a los argumentos del interlocutor. Reaccionamos por clichés, en automático, y perdemos la oportunidad de enriquecernos. En periodismo, además, perdemos la credibilidad profesional.

Publicado en La Voz de Galicia, 28.enero.2012

Una persona

sábado, enero 21st, 2012

Por razones imaginables, siempre que coincidía en un acto con Manuel Fraga evitaba saludarle: no tenía ganas de hacerlo y él no lo echaría en falta, así que no le ofendía. Hasta que, ya en vísperas de las elecciones que ganó y perdió, me vi obligado a compartir un almuerzo de pocas personas con él. Tomó la palabra desde el primer momento y, cuando parecía que iba a cederla, un conselleiro de su séquito dijo: “Presidente, cuénteles lo de Lázaro”. Le gustó la propuesta. Se irguió un poco y arrancó un nuevo monólogo: “Lázaro es el único hombre que murió dos veces…”. Entonces se me escapó un “No, presidente”, que sonó como un tiro y dejó la mesa en silencio.
Pasaron unos segundos y Fraga giró levemente la cabeza para enfocarme con aquellos ojos achicados por la edad. “Explíquese”, dijo. Puse cara y voz de aburrido y aclaré que también el hijo de la viuda de Naím, la hija de Jairo y otros habían muerto dos veces. Nuevo silencio.Ú Dejó de mirarme y se repuso aclarando que Lázaro era adulto y, por tanto, el caso resultaba diferente. Unos veinte minutos después, el anfitrión dijo: “Paco, no has hablado nada”. Fraga comentó en tono irónico: “Déjelo, ya ha hecho una exhibición de erudición bíblica”. Meses más tarde coincidimos en unos premios. Como siempre, fue el primero en marcharse. Pero esta vez salió solo, cojeando entre las mesas. Me levanté y le acompañé hasta el coche, porque era una persona mayor y porque había sido Presidente de Galicia.
Me parecen inhumanas ciertas manifestaciones de contento o desprecio en la hora de su muerte.
Publicado en La Voz de Galicia, 21.enero.2012

El invisible

domingo, enero 15th, 2012

No sé por qué me atrevo. Apenas conocí a Isaac Díaz Pardo. Le saludaba una o dos veces al año en actos de La Voz. Llegaba siempre el primero y me quedaba con él en la esquina que en cada caso eligiera, para acompañarlo y darle conversación. Para acompañarlo, más bien, porque hablaba poco y no sabía cómo sacarle las palabras. Quizá porque me imponía aquel hombre tan bajo, tan delgado y, a la vez, tan apersonado. Pero tampoco conseguían mucho más los invitados que acudían inmediatamente a su esquina en cuanto lo divisaban.
Escribía ayer Manolo Rivas que la vida de Isaac consistió en un continuo hacerse invisible. Encaja. Me gusta la gente que huye del primer plano, porque lo que busca y quiere no reside en los brillos de los focos, porque prefiere la libertad de su conciencia y de su obra. Quizá por eso, a un tipo tan poco dado a la mitomanía como yo le impresionaba su mera presencia, su mirada quieta e inquieta a la vez, que agradecía cualquier gesto. Era un imponente ser invisible.
Pienso ahora que acaso le conocí muy mayor y desengañado, “un pesimista activo”, según recoge Rivas. Alguien capaz de hablar con cualquiera, pero sin esperar mucho de nadie. No sé. Me parece un ejemplo de cómo trabajar, especialmente en Galicia y por Galicia: hasta el final y sin reparar en gastos personales, sin autocomplacencia ni autocompasión, sin miedo siquiera a los errores. Sin pausa. El retrato de una mujer joven con un niño en brazos parece recordármelo cada vez que acudo a la sala de juntas. Lleva su firma.

Los mismos

domingo, enero 8th, 2012

Vuelven los mismos: los que padecieron las hambrunas de los cuarenta, los que emigraron en masa en los cincuenta y en los sesenta, los que levantaron el país y sus familias trabajando sin tasa y sin pensar mucho en ellos, los que produjeron el milagro económico español. Ahora tienen muchos años y se dedican a amortiguar la crisis que hemos provocado. Son padres que reciben de vuelta en sus casas a hijos ya emancipados, abuelos con cuyas pensiones sobreviven ni se sabe cuántos parientes, ayudados, quizá, por unos euros de economía sumergida. Algunos, merecedores de un buen descanso y de una vida tranquila, han vuelto al tajo. Y otros…
Otros han vuelto de las residencias de ancianos: sus hijos prefieren atenderlos personalmente y que el dinero de sus pensiones se quede en casa, porque hace mucha falta, en lugar de pagar el geriátrico.
Me lo contaba el otro día un notario. Por su profesión, conocen muy bien el reverso del tapiz de esta sociedad nuestra, los nudos que sostienen el paisaje cotidiano que vemos en las calles y por televisión. Estaba asombrado de la fortaleza que, pese a todo, aun manifiesta la estructura familiar en este país. Dice que sería imposible aguantar sin ella semejantes cifras de paro. Pese a tantas bobadas como se han dicho, se ve que, al final, la familia es la mejor inversión común, aunque algunos la llamen «tradicional» con un desprecio incomprensible y arrogante. Como dijo hace años The Economist con otras palabras, no hay seguro de salud preferible -las personas con familia están siempre mejor cuidadas y cuestan menos al Estado- ni plan de pensiones más fiable.

La Voz de Galicia, 7.enero.2012