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Culparás al otro

Escrito por Paco Sánchez
5 de noviembre de 2011 a las 10:00h

Hace muchos años escribí un artículo sobre los personajes que, en las entrevistas periodísticas, suelen responder que no cambiarían nada de lo que han hecho en su vida, porque no se arrepienten de nada. La cosa ha ido tomando cuerpo y lo que entonces era solo una tendencia ha cristalizado ahora en un rasgo cultural: nadie tiene la culpa de nada, siempre se desvían las responsabilidades hacia terceros, a menudo abstractos: los mercados, el sistema, la educación, los políticos en general, la crisis…
Entre las anécdotas que escuché a Toni Nadal el otro día, me impresionó especialmente una. Cierta vez, acudió a un torneo con dos tenistas. Para evitar suspicacias, acompañó al otro en un partido que se jugaba al mismo tiempo que el de Rafa. Sabía que su sobrino estaba perdiendo en la pista de al lado, pero no hizo nada hasta que alguien se le acercó para preguntarle si no tenían raquetas de repuesto. Claro que las tenían. “¿Por qué, entonces, tu sobrino está jugando con una rota?”. Toni se fue para allá y le dijo a Rafa: “Pero con el tiempo que llevas en esto, ¿cómo no te has dado cuenta?” La respuesta: “Pensaba que era culpa mía, estoy tan acostumbrado a que siempre es culpa mía…”
El cerebro humano parece diseñado para olvidar y para encontrar explicaciones que justifiquen la propia conducta equivocada o permitan atribuírsela a causas y agentes externos. Por eso hay que educarlo en la responsabilidad, porque cuesta Dios y ayuda reconocer algo, arrepentirse, pedir perdón o perdonar, que son los auténticos motores del cambio, del progreso personal y social. Pero no se lleva.

Publicado en La Voz de Galicia, 5.noviembre.2011

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12 respuestas a “Culparás al otro”

  1. azucena garcia dice:

    Estoy de acuerdo con la que expresas en la última para de tu columna. Pero recurrir a la anécdota de Rafa Nadal no me parece lo más adecuado, aunque seguro ha hecho que muchos de los lectores leyesen el texto hasta el final.
    Un abrazo, Paco.

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    Paco Sánchez Reply:

    Gracias. ¿Por qué no te parece adecuada la anécdota?

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    azucena garcia Reply:

    Supongo que la referencia al sentimiento de culpabilidad que tenía Nadal en aquel torneo de tennis no ejemplariza la idea de responsabilidad por los propios actos, el sentimiento de haberse equivocado, de haber hecho daño,…, de la necesidad de que pensemos en lo que hacemos y asumamos nuestra responsabilidad. De la culpa y el perdón.

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    Paco Sánchez Reply:

    Más que a un sentimiento de culpabilidad, me refería a que él no desvía sus responsbilidades a otros, y por eso es un número uno.

  2. Xoán dice:

    Paco as cousas deberían de ser como ti dis, mais tamén é certo que na vida non sempre un pode conseguir nin chegar a onde quere. Porque non existe igualdade de oportunidades dende o momento mesmo de nacer.
    Iso non quere dicir que non estee de acordo contigo co de responsabilizarse, arrepentirse, pedir perdón e perdoar.

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  3. Irene dice:

    Empezando por el final, eso de que “no se lleva” es tristemente cierto. Sin embargo, no tiene que ver con el cerebro humano, y no voy a “echarle las culpas” a un abstracto, te voy a hablar de algo que me contaron.

    En la sociedad oriental no sienten culpabilidad (bueno, sí, pero no en tan medida como nosotros), sino vergüenza. Cuando una empresa falla por culpa de un empresario, el empresario siente vergüenza por haber fallado. Pero no sólo eso, el jefe también siente vergüenza (y no de su empleado, sino de si mismo) por haber fallado a la empresa. Mientras que un español le echaría las culpas a otro, un japonés las asume. Las empresas, incluso las más conocidas como Toyota, hacen reuniones (hansei-kai) para reflexionar sobre lo que han hecho (lo hayan hecho bien o mal) y, de paso, aportan ideas sobre cómo se podría mejorar.

    Con esto quiero decir (que me he ido por las ramas) que la cultura, la sociedad en la que nos desenvolvemos, tiene mucho que ver en la forma en la que nos comportamos. No le echemos las culpas al cerebro humano. Si crecemos viendo como los demás dicen “la culpa no es mía”, entendemos que eso es, de alguna manera, normal, y acabaremos diciéndolo nosotros también. Es una costumbre, un comportamiento. Se puede cambiar (con esfuerzo, pero se puede)

    Por cierto, a menudo utilizo una frase de coña que viene muy a pelo para la columna “las culpas son mías y se las hecho a quien me dé la gana”.

    Pero bueno, creo que en mi opinión se trata de cambiar esto nosotros mismos. Aprender a reflexionar (hacer “hansei”, como dirían los japoneses) y asumir las responsabilidades de lo que hacemos. Es difícil, y supongo que será aún más difícil para la gente más mayor (es más reacia a cambiar, por lo que tengo entendido), pero… con esfuerzo todo es posible, ¿no?

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  4. Moisés dice:

    Como casi siempre estoy contigo en este post. Estamos en unos años en los que equivocarse parece delito y por eso lo escondemos como sea. En política cuesta encontrar a alguien, de primera linea, que diga haberse confundido. En el trabajo se premia al que aparenta no haberse confundido nunca, por encima del que intenta 20 cosas y reconoce públicamente confundirse en 4 de ellas.

    Acabamos generando con esta mentalidad, dos perfiles muy dañinos:
    - El que no hace nada por si solo, para no confundirse
    - El que hace, sin medir las consecuencias, porque simplemente tiene que contar milongas y sonreir cuando lleguen los resultados.

    Con esta mentalidad, no conseguiremos nunca ser un país de emprendedores, y seguiremos premiando la mediocridad.

    Un fuerte abrazo

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    Paco Sánchez Reply:

    Me parece acertadísima tu descripción. estoy por subirla a la entrada. O quizá monte un texto nuevo con ella. Muchísimas gracias, Moisés.

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  5. Prometeo dice:

    Los estudiosos de la “estupidología”, (rama de la ciencia -que como indica su nombre- estudia la estupidez humana) encabezados por  Carlo Cipolla, explican que el incremento del índice de autoexculpación, es directamente proporcional al incremento de la estulticia.

    El “Principio de Peter”, demuestra como la autoexculpación es muy destructiva individual y colectivamente,  pero  triunfa en las organizaciones complejas.

     Derivar las responsabilidades no sirve para nada, si  se trata de  ganar una competición deportiva donde las reglas son claras.

     Otro tanto ocurre cuando se pretende forjar un liderazgo o emprender un proyecto empresarial.

    La estupidez humana no tiene límites, pues  es bastante frecuente escuchar a un jefe disculparse derivando la culpa a un subordinado.  

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    Paco Sánchez Reply:

    Disculpad, pero la herramienta del blog está fallando: de ahí el retraso con el que he aprobado algunos comentarios y que otros estén aún sin responder. Espero que este aviso entre.

    [Reply]

  6. Maikel dice:

    Uno de los ejemplos más claros de lo que Paco comenta es lo que pasa cuando en una entrevista de trabajo se le pregunta al aspirante cuáles son sus defectos. Normalmente en vez de defectos dice virtudes exageradas del tipo: soy muy meticuloso, soy demasiado ordenado, soy excesivamente perfeccionista. Las contestaciones de ese tipo son las que te aconsejan dar ante tal pregunta.
    En el fondo, parece que nadie tiene defectos.
    Y existe otro comportamiento que también tiene algo que ver con este pero al contrario: la maldición, muchas veces exagerada, de todo aquel que comete un error y la falta de compasión. Somos muy dados a ellos. Incluso la gente buena.

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  7. Gordo dice:

    Yo creo que una entrevista no deja de ser un instrumento mediático, y como tal cuanto menos pifias se admitan mejor. No deja de ser una cuestión de estrategia. En un trabajo de empresa es parecido, cuando ocurre algo malo la autoflagelación no es buen camino, de hecho es casi un suicidio.

    En este contexto me hace mucha gracia una entrevista que he leído últimamente, a Carme Chacón, tipo test genérico más que entrevista casi. Le preguntan si se arrepiente de algo y dice algo así como:

    - “Me parece que tendríamos que haber pinchado antes la burbuja inmobiliaria…”

    Y pensé, oye qué bien, un poco de autocrítica, pero la carcajada me salió cuando continuaba:

    - “…producida por una ley del PP”

    De todos modos estoy de acuerdo con la idea de fondo del artículo, cuando uno lee estas entrevistas o declaracionees una lucecita se te enciende dentro, la del sentido del pudor, de lo correcto o llegado el caso hasta salta la risa.

    Un saludo

    G

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