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Archivo para Marzo, 2011

Mi cajera

Miércoles, Marzo 30th, 2011

Ayer me escribió  “Una cajera”, parece que es mi cajera, tres años después del artículo sobre ella que, quizá, nadie recuerde.

Me alegró tanto…

Lo hizo  en un comentario a la segunda entrada, “Más sobre la cajera”,  y me ha costado muchas horas aprobarlo por un pudor comprensible.

Pero es lo que ella quiere y debo respetarla, así que lo publiqué .

Luego se me ocurrió que quedaría enterrado si no aviso: está en este enlace.

Luna retrasada

Martes, Marzo 29th, 2011

Columna en Nuestro Tiempo que me olvidé de colgar aquí. Quizá no me dio tiempo. Empieza así:

Escribo a primeros de febrero, en un sábado que amaneció frío y con una niebla pegajosa que se agarraba al mar, al asfalto y a las casas. Cuando el día viene así, para animarnos, decimos: “¡Esto levanta!” Sin comprobarlo en el periódico, fui a buscar a mi hermano y marchamos hacia la finca de un amigo.

La niebla se iba deshilachando por los bordes de la carretera y se replegaba poco a poco y en desorden hacia las cimas de los montes. Cuando llegamos, había un sol tibio y tímido, apocado. Pero pudimos percibir que la finca ya no olía a invierno: “Aunque la luna viene retrasada”, dijo nuestro amigo, “ya se siente la primavera: está todo explotando, escachando, como dicen aquí”. Una hilera de mimosas amarilleaba detrás de la casa, que hoy parecía más blanca, y en el patio, enfrente de las cuadras y un poco más allá de la fuente de piedra, que es también abrevadero, los magnolios ofrecían sus primeras flores blancas, recién abiertas. María, su mujer, cortó tres de pétalos todavía apretados. Dimos un paseo largo, con calorcillo al sol y frío en las sombras. Los muchos regatos de la finca bajaban con aguas abundantes, pero sin las prisas, los atropellos y murmullos de unos meses atrás.

(resto del artículo)

Autocrítica

Sábado, Marzo 19th, 2011

La semana que termina pasará a la historia del periodismo, pero a la menos heroica. Nos ha vuelto a ocurrir. Como en la gripe A, la tentación del alarmismo pudo sobre los datos. Mientras los muertos reales crecían diariamente de mil en mil, los medios nos ocupábamos de un accidente que, a día de hoy y que se sepa, todavía no ha producido ninguno. Esto se justificaría si estuviéramos hablando de una amenaza latente capaz de provocar una tragedia mayor que la ya ocurrida. Los datos científicos y técnicos desmentían tal posibilidad, así que nos hemos agarrado a declaraciones estrepitosas e interesadas de alemanes y franceses. Un papelón. Y todo eso mientras Gadafi marchaba hacia Bengasi con la complacencia de la Santa ONU, tapado encima por el alarmismo de la tragedia japonesa. Tristísimo. La crisis de los medios no es tecnológica, sino de periodismo.
Piensen, para el caso español, en el nivel del debate nuclear. Primero, se abrió sin datos. Apenas se sabía que el terremoto y el posterior tsunami habían generado problemas en una central, se dispararon las opiniones globales, por otra parte, perfectamente previsibles y bien alienaditas con esquemas ideológicos y políticos. Decía el historiador Paul Johnson que España era “una desconcertante mezcla de ideas antiguas y cháchara confusa”. Lo recordaba esta semana Daniel Tercero, quizá porque respondimos con precisión a esa idea, hasta un punto sonrojante.
Veremos qué pasa finalmente en Fukushima. Todo apunta a que la posibilidad de un gran desastre mengua con los días. Y a que podremos seguir yendo a ver “Torrente”, que es lo que mejor combina con la “cháchara confusa” de este país.

Ipadear

Sábado, Marzo 12th, 2011

Parece que los que usan iPad no se perciben a sí mismos como alguien que está leyendo un libro, escribiendo un correo o jugando, sino como personas que usan un iPad, aunque estén leyendo, escribiendo o jugando. No es cosa mía, sino de un estudio que se hizo público esta misma semana. Por lo visto, ocurre con el iPad algo parecido a lo que, casi desde siempre, ha sucedido con la televisión y, muy especialmente, desde el maravilloso descubrimiento del mando a distancia: que zapeamos. Es decir, uno se coloca delante del aparato sin un propósito definido y se dedica a picotear los botoncitos hasta que algún programa le detiene. Del mismo modo, con el iPad, uno enciende la tableta y empieza a bordonear entre las diversas aplicaciones que se hayan bajado.
He de admitir que, más de una vez, al abrir el iPad me he preguntado, “¿pero para qué lo he encendido?” Así que el estudio debe de tener algo de razón. Pretendían probar y mejorar formatos publicitarios para las revistas digitales y descubrieron que lo verdaderamente difícil era retener al lector en los contenidos editoriales, porque se escapaba constantemente por los anuncios a comprobar precios o a comprar en la tienda de Apple, y costaba conseguir que volvieran a la revista que estaban mirando.
La conclusión del estudio es que la interactividad de la máquina prima sobre los contenidos de la publicación, al contrario de lo que ocurre con las revistas impresas y con los dispositivos específicos para la lectura de libros. Por eso los usuarios de iPad ipadean y compran convulsivamente, porque el cacharro les puede. Otra excelente metáfora de nuestro estilo de vida.

Mascarada

Sábado, Marzo 5th, 2011

Ser uno mismo resulta muy cansado, ya lo dijo, de otra forma y quizá con otro sentido, Pablo Neruda. De ahí el éxito del carnaval y de la máscara: te permiten esconderte un rato, de modo que no se te atribuyan actos que, en condiciones normales, serían -según tú mismo- impropios de ti. Una especie de paréntesis en el duro trabajo de ser yo, de parecernos a lo que realmente queremos ser.

Pero el carnaval resulta muy complicado cuando no es un paréntesis, sino una superposición, cuando nos ponemos la máscara sobre otra máscara o sobre otras máscaras. Cuando aparentamos sobre lo que ya aparentamos y no somos. Cuando carnaval es todo el año y, además, tenemos Carnaval. ¿De qué podrían disfrazarse, por ejemplo, los líderes de Estados Unidos o de la UE después de cómo han actuado con Libia? ¿De demócratas, de nosotros-no-intervenimos-en-asuntos-internos- de-otros-países, de campeones de los derechos humanos, de amiguito-según-me convenga? ¿De qué podría disfrazarse Rubalcaba, que ya se ha disfrazado de todo? ¿Y Berlusconi?

Nadie es tan guapo, dicen, como su foto de Facebook, ni tan feo como la de su carné de identidad. En los perfiles de Internet abundan las fotos falsas, los disfraces curriculares. ¿De qué se disfrazarán los que ya van disfrazados todo el año?

La sabiduría popular carnavalesca arremete contra tanta personalidad impostada, tanta incoherencia, tanta falta de respeto por uno mismo, tanto querer ir de otra cosa: la que sea, con tal de que los demás la valoren. Quizá por eso, la poesía reivindica como nunca antes la voz propia, personal, frente a una sociedad de masas y máscaras.

La Voz de Galicia, 5.03.2011, última página.

Más sobre los 110: la teoría y la práctica

Miércoles, Marzo 2nd, 2011

A favor:

Ignacio Escolar: ¿Cuánto se ahorra con los 11o km/h?

En contra:

Jorge Casanova (La Voz de Galicia) hace una prueba: “Ir de Galicia a Madrid ahorra dos euros y alarga una hora el viaje”

Actualización:

Y la otra posibilidad, más que verosímil: que se trate de una cortina de humo (aunque, en este caso, me parece que les salió mal, muy mal):

Montse Doval: “Una cortina de humo de 110 km”