Cuadernos
Viernes, diciembre 31st, 2010Como mañana no sale el periódico, repito una columna vieja de fin de año:
ME gustan los cuadernos, pero hace mucho que no compro uno. Quizá porque me cuesta empezarlos, porque me asusta escribir la primera página. Cuanto más hermoso es el cuaderno, más temo estropearlo. Pero no con tachones -que lejos de incomodarme, incluso me gustan- sino con ideas o historias que no darán de sí, anémicas, incapaces de remontar el curso de un cuaderno entero. Me ha ocurrido muchas veces: tengo unos cuantos sin terminar. Estaban destinados a algo, pero un día los abandoné o mezclé aquella historia con unas cuentas o con una lista de cosas que no debería olvidar o los empecé también por detrás o… Casi nunca los releo. Cuando lo hago me acuerdo de alguien que escribía su cuaderno y, a menudo, se arrepentía de lo escrito y grapaba aquella página a la siguiente, para no verla. No la arrancaba, la grapaba: acaso porque las grapas se pueden quitar o porque prefería dejar constancia del error. Las trataba como a esos días imposibles de arrancar de nuestra biografía: quedan ahí siempre, con su costurón de grapas que una tarde saltan y duelen. No importa. Habrá que ganar al miedo e ir página a página, día tras día, grapando lo que haya que grapar.







