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Archivo para septiembre, 2010

Ay, ay, ay

jueves, septiembre 30th, 2010

La columna que publico en el último Nuestro Tiempo. Termina así:

“La farmacéutica es  una industria clave en nuestro sistema, y no sólo en el económico. Sin embargo, una parte de este sector ha demostrado muy pocos escrúpulos en el último medio siglo. Quizá fueron los primeros en entender a fondo las ventajas de una acertada comunicación estratégica, y como consecuencia, más que a la promoción directa de sus productos, se han orientado a la intervención en el discurso cultural. Para ello han recurrido a muy diversos procedimientos: desde la creación de lobbies con apariencia de institutos de investigación hasta la financiación de sociedades médicas.

Nadie lo dice, pero el alarmismo demográfico característico de los años setenta, ochenta y parte de los noventa tiene ese origen, con la ventaja de que encajaba bien con las llamadas posiciones “progresistas” en materia de moral. Todavía guardo un editorial publicado por El País en marzo de 1990 y titulado “Dos hijos”. El discurso era el de siempre: caminábamos hacia una catastrófica superpoblación y había que planificar y controlar los nacimientos. Las cifras que facilitaba, vistas veinte años después, resultan grotescas, falsas y ridículamente exageradas. Pero vale la pena releer los argumentos finales, característicos de una moral totalitaria, en los que se recogen propuestas como “limitar la libertad de procreación”, con el agravante de que, por el contexto histórico y textual del artículo, se deducía que eso habría que exigírselo al tercer mundo, ya que en España estábamos muy por debajo de la tasa de dos hijos por pareja ¿De dónde procedían esos argumentos? De un informe del CCP. Si lo buscan en la red, verán que ahora se llama Population Action International y se dedica, principalmente, a “la salud reproductiva”, nuevo mantra progresista, una vez agotado el argumento de la superpoblación. Por lo demás, el antiguo CCP como el actual PAI actúa como  un lobby de… ¿adivinan quién?

A veces pienso que la moral occidental está en manos de la industria farmacéutica, a la que quizá debamos, por papanatas, la tremenda, casi irrecuperable crisis demográfica que padecemos, además de otras pérdidas graves”. (leer más)

Tierno “noitebús”

sábado, septiembre 25th, 2010

Hace unos cuantos años escribí sobre la perplejidad que me produjo en aquel momento la insólita petición de los chicos en las zonas de movida nocturna: querían más presencia policial. Después me asusté con el caso de unos padres que reclamaban al ayuntamiento de una ciudad andaluza porque su hijo había fallecido en un megabotellón tras atiborrarse de no sé qué pastillas. Cuando se aprobó el noitebús, ya ni dije nada, ¿para qué? A nadie le iba a parecer bien y de nada serviría que me pusiese a discutir que el Gobierno gallego deba pagar el transporte a los niños que se van de juerga lejos de sus casas, con el riesgo añadido de que me llamaran cualquier fealdad por no darme cuenta de que se morían a chorros, borrachos, en las carreteras del fin de semana. Me escandalizó, más tarde, que el mismo Gobierno presumiera del número de usuarios que ya tenía el «noitebús» y de que esperaban aumentarlo, como si se tratara de un gran logro.
Ahora se plantea suprimir la subvención al «noitebús», porque hay que recortar esos seis millones de euros (mil millones de las antiguas pesetas), que nos cuesta traer y llevar niños de jarana. Pero se han levantado todo tipo de voces en contra de ahorrar un gasto que salva vidas. Adelantó una respuesta Blanco Valdés: manténgase el servicio y que lo paguen ellos o las discotecas.
Lo grave del asunto, en realidad, no radica en cómo se arregla esta desfeita, sino en la capacidad que tienen nuestros políticos para ir a la raíz de los problemas. ¿Que los chavales se matan borrachos y matan a otra gente en la carretera? Gastémonos seis millones en autobuses y los recogemos cociditos y se los devolvemos a papá. Un mensaje lleno de valores positivos que hablan de esfuerzo, solidaridad y coraje para afrontar tiempos difíciles. Seguro que este dispendio enternece, por ejemplo, a los países del Tercer Mundo.

Los “anti”

sábado, septiembre 18th, 2010

En los tiempos en que falla la razón, abundan el sentimentalismo y la violencia y, con ellos, se multiplican los «anti»: es decir, personas que, como el adolescente de Salinger, se definen más por lo que odian que por lo que aman. El otro día alguien me dijo, bromeando, que el Barça perdería también con el Panathinaikos. Le contesté que me parecía improbable, pero que me dijera en qué se basaba. «Es que yo soy anti-catalanes», respondió. Puse cara seria y dije: «Muy mal». Añadí algo que no viene al caso. Así que él se corrigió: «Bueno, en realidad, soy anti-Barça». Le dije, riéndome con la broma, que me parecía menos grave, pero que seguía sin gustarme.
El no hablaba muy en serio, pero yo sí, aunque me riera. El «anti» es, por definición, un personaje destructivo, porque es incapaz de ver bondad alguna en aquello contra lo que se define, aunque la tenga. Se obsesiona con lo negativo —o lo que a él le parece negativo— y cierra su mente a cualquier posibilidad, no ya de afecto, sino de mero reconocimiento de la belleza o el valor de cualquier faceta de su antagonista.  Por eso, ser «anti» es una forma de soberbia cegadora y muy poco razonable, salvo en las contadas ocasiones en que el prefijo se antepone a una palabra cuyo significado es de por sí perverso: «antiviolencia», por ejemplo.
Y es poco razonable, porque anula para siempre y de un plumazo todo un ámbito de la realidad que no se quiere ver o que se quiere ver solo de una determinada manera. Triste y empobrecedor. Supongo que los antirreligiosos y los antievolución estarán hoy que trinan con unas palabras que dijo el Papa ayer: «Una visión científica se convierte en peligrosamente estrecha si ignora la dimensión ética o religiosa de la vida, como una religión queda limitada si rechaza la legítima contribución de la ciencia a nuestro entendimiento del mundo”. Es más fácil atacar la verdad que defenderla.

Crisis de gobierno

sábado, septiembre 11th, 2010

Supongo que los presidentes de gobierno cambian a sus ministros por varias razones: porque lo hacen mal, porque los necesitan para otras cosas o porque, aunque lo hagan bien y no los necesiten en otros menesteres, piensan que el gobierno precisa de lo que suelen llamar en su jerga «un impulso político». El «impulso político» sirvió para justificar la entrada de José Blanco y Manuel Chaves en la última crisis. Y quizá también, para la salida de  César Antonio Molina,  que lo hacía muy bien y…
Los presidentes prefieren no hacer cambios, porque significa que todos lo hacen bien y que el gobierno no necesita «impulso político». Pero a veces puede suceder que no se hagan cambios pese a que muchos ministros hagan mal su trabajo y, a la vez, resulte imprescindible un «impulso político». En esas estamos desde hace bastantes meses y la esperada crisis de gobierno se retrasa. Puede deberse a tres razones: a que el Presidente no se dé cuenta de que es necesaria,  a que se dé cuenta pero pretenda simular que todo va bien o a que, simplemente, no pueda. Tengo la impresión, agrandada día tras día, de que nos encontramos ante el último caso: no puede, porque ninguna personalidad verdaderamente relevante acepta incorporarse a este gobierno.
Hasta ahora, esa percepción mía se basaba en noticias sueltas de este o aquel personaje que habría rechazado la llamada de Zapatero (la lista de candidatos que declinaron la invitación sería particularmente larga con respecto al Ministerio de Economía y Hacienda). La crónica que firmaba ayer Gonzalo Bareño en este periódico parece confirmar la sospecha, si como se rumorea, Leire Pajín se incorpora al Gobierno, Bibiana Aído sustituye a Trinidad Jiménez en Sanidad  y Manuel Chaves a Corbacho. Ni siquiera hace falta que lo explique, supongo.

A vueltas con Dios

sábado, septiembre 4th, 2010

Me hice eco en el blog, hace cuatro meses, de un artículo que advertía sobre la posibilidad de que alguien estuviera mangoneando al físico más mediático del planeta, el británico Stephen Hawking, cuya figura en silla de ruedas evoca fácilmente casi cualquier persona. La duda venía de unas afirmaciones harto extrañas con respecto a los extraterrestres y su recomendación, dicho a lo bestia, de que quizá convendría abandonar el planeta. Resulta complicado tomarse en serio aquellas afirmaciones que acaso buscaban más notoriedad que otra cosa. Ahora se anunció su último libro y la prensa adelantó algunos de sus contenidos en medio de un fenomenal barullo, porque dice que Dios no es necesario para la creación, que habría sido espontánea («Spontaneous creation»).
Por supuesto, muchas de las reacciones contra semejante teoría desde ámbitos religiosos han recordado las palabras previas de Hawking sobre los extraterrestres y su recomendación de evitarlos como una manera de desacreditar lo que ahora dice sobre Dios. Están en su derecho, como lo está Hawking en decir lo que le parezca y con el fin que desee. Es posible que, cuando se pueda leer el libro entero, la afirmación sobre Dios, completamente contextualizada, se quede en muy poca cosa o en nada, pero el barullo habrá multiplicado las ventas del libro. También podría ocurrir que se confirme con toda su crudeza y que Hawkings haya escrito filosofía en vez de física. En ese caso, casi le daría las gracias: hablar de Dios, aunque sea para negarlo, es mejor que no hacerlo, al menos en los tiempos que corren, de opinión pública lábil y sin criterio.
Leo en algún sitio un comentario positivo y certero sobre las palabras de Hawkings. Procede de un lector que lo ve así: «¿Creación espontánea? ¿No es ese uno de los muchos nombres de Dios?»

Publicada en La Voz de Galicia

Relacionados: Paul Davies, Stephen Hawking Big Bang Gaps (publicado en The Guardian, en inglés). En castellano, Dios y el último libro de Stephen Hawking, en Aceprensa.