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Archivo para septiembre, 2009

Dejadles beber

sábado, septiembre 12th, 2009

¿Qué ha ocurrido para que, en apenas una generación, los jóvenes hayan pasado de correr delante de los grises a asaltar comisarías de policía? Puede parecer que el cambio de fondo no es mucho, que se trata del mismo impulso juvenil que lleva al enfrentamiento con la autoridad establecida, plásticamente representada por los cuerpos de seguridad. Se puede decir que en las revueltas universitarias y en las manifestaciones contra la OTAN también agredían a policías y guardias con piedras, cócteles o bolas de rodamientos. Se pueden decir muchas cosas, pero permanece la gran diferencia: aquellos arriesgaban el pellejo por unos ideales, porque querían cambiar a mejor el mundo, y estos pelean para que les dejen beber en la calle, por su derecho a molestar y a que limpiemos las caquitas que producen.

No sé cómo se explicarán algunos el paso de aquellos hijos a estos, del idealismo social al de la litrona. Cómo unos padres supuestamente autoritarios engendraron hijos idealistas, y padres supuestamente liberales engendraron a estos. Alguien dirá que los jóvenes de hace treinta años lucharon para ganar una decepción, así que abrazaron la vida cómoda y desengañada y formaron así a sus hijos, los que ahora asaltan comisarías.

De hecho, los comentarios periodísticos y políticos insisten en responsabilizar a los padres de lo ocurrido, también económicamente: ¡que paguen los desmanes de sus retoños! Me parecía razonable y sensato hasta que leí el comunicado del Foro de la Familia: que sí, que los padres son los principales responsables y que eso lo dicen ellos desde siempre, pero entonces que les dejen educar a sus hijos según sus valores morales, que les dejen elegir colegio, que los medios masivos de entretenimiento no dificulten la tarea con ciertas series y determinadas revistas juveniles, que los ayuntamientos prohíban lo que tengan que prohibir, que…

No. No es culpa solo de los padres.?

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Material desechado

jueves, septiembre 10th, 2009

Mañana escribiré sobre lo de Pozuelo.

Se me ocurren muchas cosas, pero en las columnas solo se debe hablar de una. Entre el material desechado,  están estos dos detalles.

Escuché en la radio el audio de la grabación que hizo con el móvil uno de los críos en pleno ataque. Insultaban a los policías llamándoles “¡homosexuales!”. Se me hizo muy raro. Nunca hubiera imaginado a alguien insultando así. Esto indica claramente que la palabra ha perdido el toque científico y aséptico, y está tan desgastada por el uso excesivo que ya equivale al insulto clásico.

En el mismo programa, un padre decía que su hijo, veinticuatro horas después de haber pasado la noche en el calabozo, seguía sin entender que lo que había hecho era malo y, por tanto punible, y que solo estaba arrepentido por el ataque de ansiedad que había producido a su madre.

Ni él nos entiende ni nosotros le entendemos, porque sin valores compartidos la comunicación es imposible. Y a él, probablemente, alguien le enseñó que lo bueno y lo malo apenas son conceptos, que depende, que todo es relativo. Menos mal que tiene madre y la quiere.

Flannery O’Connor: “Quienes carecen de valores absolutos no pueden dejar que lo relativo siga siendo exclusivamente relativo: antes o después lo elevan a la categoría de lo absoluto” (Misterio y maneras, p. 183-184)

Alta cultura 2

lunes, septiembre 7th, 2009

Comienzo de la entrevista de Juan Cruz al ministro Ángel Gabilondo en la Ser. Hablaban de la importancia de las palabras: Juan Cruz en un tono pastoso y sentimental, Gabilondo con propiedad y poesía.

Juan Cruz:  “Acuérdate de lo que dijo Jesús en la cruz: ‘Una palabra tuya bastará para sanarme'”

Gabilondo simula, supongo, que no ha oído el disparate y habla del poder curativo de las palabras.

Iba a dejar el programa inmediatamente, pero el ministro dijo: “…como lo hemos puesto todo perdido de palabras…” y seguí.

Relacionado: Alta cultura

Actualización: Me chivan que ese error no es nuevo. Escribió en su blog hace año y medio:

De todos los textos sagrados el que más me impactó siempre fue ese que pronuncia Jesús: “Una palabra tuya bastará para sanarme”.

Solo uno de los muchos comentarios de la entrada le advierte del doble error -en la cita y en la atribución-, pero se ve que no lo leyó. Ahora también se equivoca en el lugar.

Nueva actualización (09.09.09): Gema Lendoiro pasó este post a Juan Cruz  y luego me transmitió su respuesta:  “Claro que tiene razón! Siempre me pasa con esa dichosa frase. Dile a tu amigo que gracias por el coscorrón, y que en efecto, soy un pelma como él dice, y no sabe bien cuánto”.

Lo del pelma ni lo he dicho ni lo he escrito y ni siquiera recuerdo haberlo pensado.


Leer y sobrevivir

sábado, septiembre 5th, 2009

Me contaron ayer la desdicha de un taxista madrileño que no encontraba la calle Hortensias en su navegador y empezó a negar su existencia, hasta que el cliente le aclaró que se había olvidado de introducir la «hache» inicial. La anécdota me recordó un ensayo de Daniel Cassany incluido en el informe «La lectura en España».

Cuenta ahí Cassany el papel decisivo, imprescindible para sobrevivir, que representa la lectura en la vida cotidiana. Si hasta ahora considerábamos que la lectura era condición necesaria para el conocimiento, de modo que analfabetismo e ignorancia se habían vuelto sinónimos, en nuestros días no se puede hacer casi nada sin leer. Múltiples indicaciones escritas pespuntean las acciones más corrientes: un prospecto (mucha gente los lee, poca los entiende), la etiqueta de un producto, una señal viaria, las instrucciones para cumplimentar un impreso o para manejar el frigorífico. Según avanzaba Cassany, caía en la cuenta de la difícil vida de los analfabetos reales o funcionales, mucho más abundantes de lo que parece. El ensayo llegaba a la crueldad de obligarme a imaginarlos peleándose con una máquina expendedora de billetes de tren: «En algunos lugares, como el aeropuerto, las pantallas informativas y las máquinas de facturación están erradicando la oralidad. La lista de tareas sociales que se resuelven con la mediación de máquinas digitales crece día a día: comprar entradas de espectáculos, sacar libros de la biblioteca o vídeos del videoclub, cambiar divisas, llenar de gasolina el depósito del coche, obtener información turística, etcétera».

La tremenda soledad de la persona frente a la máquina se agiganta si no sabes leer o no entiendes el idioma. Como la soledad y la confusión de quienes saben leer y no leen, o leen poco o leen mal, y quedan indefensos ante la manipulación. La gripe A es solo un triste ejemplo.

(Versión impresa)

Tantos meses después

miércoles, septiembre 2nd, 2009

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