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Archivo para Julio, 2008

El último del Tour

Lunes, Julio 28th, 2008

Cuenta Ander que el belga Wim Vansevenant ha conseguido, por tercera vez, el último puesto del Tour. Y no es el peor corredor, sino un gran gregario:

Es cierto que sus cualidades no le permiten escalar puertos con los mejores, ni esprintar con los más veloces, ni rodar tan fuerte como los contrarrelojistas, ni siquiera participar en esas escapadas maratonianas en las que los secundarios se despellejan para conseguir un bingo que les cambie la vida. Vansevenant no juega a eso. Vansevenant se dedica a otra cosa: ayudar al jefe. Y en eso es un fuera de serie.

No olvidemos dos detalles evidentes: está en uno de los mejores equipos del mundo; y año tras año su líder Cadel Evans lo quiere en el grupo selecto que correrá el Tour para ayudarle. ¿Cómo ayuda? Eso es lo menos evidente.

 

Pero es lo que cuenta con detalle Ander en su apasionada entrada, que no sólo hace justicia a un gran corredor.

Saltar del pelotón

Sábado, Julio 26th, 2008

Escapar del pelotón no es cuestión de piñones, sino de cabeza y corazón, de meses de entrenamiento en carreteras inhóspitas:  kilómetros de soledad por los arcenes del invierno antes de llegar a la base de Alpe d’Huez y decidir, como Carlos Sastre, irse solo para arriba.
En el pelotón te cansas, por supuesto, pero vas bien: te relevan, puedes acoplarte en medio del grupo y dejarte llevar. Eres un gregario o tienes tus gregarios, que hacen el trabajo: te esperan si hace falta, te suben bidones o un plátano, te tapan el aire, te protegen en los abanicos, te aupan en las cuestas, aunque tú tengas que dar siempre pedales. Los rivales te vigilan, pero con mirada tranquila si ven que sigues allí. Les preocupa poco que encabeces el pelotón y mucho que te quedes algo, para surgir, de repente, con plato grande y piñón pequeño como un cohete que sale del bullicio tranquilo de la verbena y produce un silencio breve y un estallido de perseguidores después.
En el pelotón se va bien. El que demarra nunca sabe si llegará, porque de inmediato se organiza la caza. Al pelotón no le gusta que nadie le ponga en evidencia. Y menos si es favorito. Así que, en llano, olvídate: salvo que seas un donnadie, el pelotón te devorará en pocos metros o dejará que te desgastes a una distancia prudente. En llano, las escapadas buenas se producen en grupo y sin figuras. En la montaña todo cambia, porque el pelotón se desfibra. El que escapa abre un hueco pequeño, nunca sabe si suficiente. Se le pegan dos a rueda que intentan frenarle o que les suban. El corredor calcula, mide fuerzas propias y ajenas. Si cree, insiste.  Y se queda solo, sin relevos, sin cháchara, sufriendo y creyendo, sumando los segundos que le van dando, sabiendo que quizá le engañan, para que apriete los dientes, para que siga, para que piense más en la meta que en sus piernas. Para que venza.

 Nota: escribí esta columna a partir del recuerdo vago de un cuento inédito de Pedro de Miguel (dentro de unos días se cumple un año de su fallecimiento). Ni siquiera estoy seguro de haberlo leído, pero no se me ha borrado el efecto que causó en algunos que sí lo hicieron y me lo contaron. Agradecería mucho cualquier noticia de aquella historia y, si fuera posible, la historia misma. 

Chillida-Leku

Sábado, Julio 19th, 2008

Vengo de Chillida-Leku, el caserío donde el escultor vasco organizó un muy peculiar museo con parte de su obra. Me gusta mucho Eduardo Chillida y me gustan poco los museos. Así que he estado visitándole en sus esculturas —empezando, claro, por el peine de los vientos, donde me hubiera pasado la tarde—, pero no tenía la menor intención de enfilar la carretera de Hernani para acercarme a Chillida-Leku. Un conjunto de acasos y algo de afán de agradar terminaron dejándome allí esta mañana. Y ahora estoy muy contento de haber ido y muy agradecido a quien me llevó. Las obras de Chillida son muy a propósito para la contemplación. Y como todo arte verdadero, sus trabajos se explican solos y a su manera, que requiere atención, parsimonia y, curiosamente, tacto. No me refiero ahora a la delicadeza en el trato con las personas y las cosas, que también, sino al tacto mismo: conviene palpar las texturas diversas del acero corten, de la madera o del granito, quizá porque Chillida quiere que aprendas a querer esos materiales con sus imperfecciones. Quizá quiere que aprendas que lo defectuoso forma parte de lo real, y que lo real se presenta casi siempre en formas asimétricas: el caserío, vaciado por el propio Chillida, es un prodigio de asimetría que produce una espacio leve y aéreo, pese a la pesadez de los materiales, pese a la torsión de las vigas, pese a la descomunal puerta de lados desiguales, pese a todo. El visitante que se obsesione con las imperfecciones —en este caso, buscadas—, no entenderá nada, porque no habrá sido capaz de dejarse abrazar por el conjunto. De la misma manera que las personas que solo ven —o ven en primer lugar— los defectos ajenos, jamás pueden entender al otro, hacerse cargo de quién es ni, mucho menos, ayudarle. Porque al final, quien solo ve defectos se está mirando a sí mismo.  

Vagón ¿bar?

Lunes, Julio 14th, 2008

Cualquiera podría adivinarlo: ¿en qué puesto nos sitúa el Eurostat en cuanto a consumo familiar de restaurantes, bares y asimilados?

Los segundos por detrás de Portugal. Los detalles pueden verse en Wonkapistas.

He acertado con el nombre del blog.

Nuevo Sunday Times: felicidades, Alfredo

Domingo, Julio 13th, 2008

El rediseño del Sunday Times, obra de Alfredo Triviño, ha sido un éxito, pese a las dificultades que suponía afrontar semejante desafío. Sugiero echar un vistazo a la entrevista con Alfredo en el blog de Mario Garcia, y a otros blogs de referencia como cuatrotipos, Paper Papers o What’s next: Innovation in Newspapers.

Alfredo Triviño estuvo hace casi dos años en La Voz para dar una sesión en el Máster en edición periodística y es un viejo amigo, pese a su juventud. Muchas felicidades, Alfredo!

Los días 21 y 22 de este mes estará en Buenos Aires, como ya anuncié.

Gañanes

Sábado, Julio 12th, 2008

Me dijo: «¿Te has fijado en que los niños hablan castellano entre ellos y en vasco con la profesora?». No me había fijado. La escena había tenido lugar en alguna calle de San Sebastián: un grupo de chicos, dirigido por la profesora, desarrollaban, supongo, algún programa cultural veraniego. Sí me había fijado, sin embargo, en que se habla mucho más euskera que hace veinte años, y que la ciudad está aún más bonita que entonces y mejor cuidada, no solo los bordes de La Concha y Ondarreta, sino todos los barrios: hasta las casas de protección oficial antiguas parecen aquí otra cosa, pese a que se construyeron con planos muy parecidos —si no idénticos— a los de otras zonas.
No había reparado en que los niños hablaban vasco con la profesora y castellano entre ellos, pero tampoco me pareció extraño ni señal de algo perverso. Me gusta sentarme en un banco y escuchar a los niños hablando euskera, aunque no les entienda más que cuando pronuncian dos o tres palabras. Me parece un idioma mágico. Hace ya años, en una clase práctica, una alumna me agradeció la ayuda que le presté en el ejercicio con un «Eskerrik asko», que significa «gracias». Le dije: «¿Cómo se contesta?» La mujer debió de creer que la estaba regañando y se ruborizó: «Ah, sí, perdón, gracias». Me quedé desconcertado e insistí: «Te estoy preguntando cómo se contesta a eskerrik asko». Mantuvo la turbación y el agradecimiento en castellano. Por fin, entendí qué pasaba: «¿Que cómo se dice en euskera ‘de nada’?» Se le puso una sonrisa enorme, todavía nerviosa, y con una mezcla de alivio y entusiasmo dijo: «¡Ez horregatik!, ¡ez horregatik!».
Produce tristeza la reducción de las cosas más queridas a banderas de combate. Facilita el debate de los políticos y de sus corifeos, atrae o repele un voto irreflexivo y fácil, pero genera gañanes. Que pregunten, si no, a los belgas.

Actualización:

Más sobre el mismo asunto en Letras galegas.

Comentarios en otros blogs a propósito de esta columna: El toupo que fuza, 3news.

Nenos y memos

Sábado, Julio 5th, 2008

Acabo de hacer setecientos y pico kilómetros en coche con un profesor de enseñanza media y un estudiante de postgrado. A este apenas le conozo —le dejamos en Alsasua, camino de los Sanfermines— y con el profesor hacía tiempo que no coincidía. Trabaja en el CPR Efa Fonteboa, de Coristanco, un centro de gran prestigio, especialmente por su ciclo de formación agraria. Hace años le veía muy a menudo y disfrutaba con las historias que se traía de Fonteboa: el estribillo «eu non fun» , [yo no fui] que repetían los chavales ante la aparición de cualquier desaguisado o aquella apuesta de tres mil pesetas contra «duas raposas vivas» entre dos alumnos para dilucidar quién llegagaba antes en bicicleta a no sé qué puerto. Ahora las anécdotas son otras: las bromas que los chicos gastan al servicio de información telefónica («teño o trator nun rejo e non vai p’diante nin p’atrás, ¿qué fajo?» [tengo el tractor en un surco y no va palante ni patrás, ¿qué hago?], con el consiguiente desconsuelo de quien les atiende), la visita a la Expo de Zaragoza, en la que gastaron buena parte del tiempo hablando con la gente de seguridad sobre cuánto cobraban, o como se vuelven serios si se trata de aprender del funcionamiento de una explotación ganadera ejemplar en la provincia de Lleida.
Yo conducía y él enlazaba una anécdota con otra, riéndose,  lleno de un evidentísimo orgullo por sus alumnos. Me contó, por ejemplo, que este año empezaron primero de ESO. Como la diferencia de edad con los demás era notable, avisaron a los mayores que quien no respetase a los pequeños se iría para casa inmediatamente. Los mayores cumplieron su parte, pero los pequeños se dieron cuenta de que eran intocables y empezaron a abusar de los mayores, que apenas podían defenderse: por sentido de responsabilidad y porque pendía sobre ellos la amenaza de principios de curso. Los más, no solo en número, sino en fuerza física y en madurez, controlados por los menos/nenos/memos.
 

Nota: la columna tiene algunas diferencias con respecto a la impresa. He incluido, por ejemplo, que las raposas de la apuesta debían estar vivas (cuando la mandé al periódico se me olvidó ese detalle importante), y he traducido el gallego con jeada o geada (no sé) de los chavales en atención a los que entran desde otras zonas. La broma que suelen hacer al servicio de información de las compañías telefónicas, gratuito, es mucho más larga y divertida de lo que he podido contar aquí.

Más explicaciones

Jueves, Julio 3rd, 2008

Mañana salgo de vacaciones. Estos días no he podido pasar por aquí, porque se han convertido en una auténtica carrera contrarreloj. Estaré poco tiempo fuera y, quizá, mantenga una cierta presencia en el blog. Dependerá. Desde luego, seguiré colgando, al menos, las columnas de los sábados.

Como el viernes lo emplearé en viajar hasta Donosti (por cierto, buenísima la sugerencia de Ander en el último comentario a la entrada anterior), quizá tenga que dejar escrita antes la de esta semana. Como siempre, se adminten sugerencias.

Gracias también por venir tantos a pesar de que durante días no había nada nuevo que leer aquí.

Y un agradecimiento especial para Internet política.