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Futbolistas, héroes absurdos

Escrito por Pablo Carballo
30 de mayo de 2011 a las 23:40h

Una de las razones por las que me declaro adicto a la prensa inglesa es la maestría con la que muchos redactores y columnistas manejan el humor como recurso estilístico y vehículo para la crítica o la pura diversión. Supongo que es simple reflejo de una nación en la que, para muchos, el humor es religión, a pesar de que no es raro que se polemice sobre el alcance permisible de las bromas, si bien por lo general prima la sagrada libertad de expresión.

Viene a cuento esto de un hilarante artículo firmado por Charlie Brooker en The Guardian, en el que reflexiona sobre el absurdo estatus que los futbolistas han adquirido en esta sociedad. Brooker dice, con un tono mordaz muy típicamente inglés, que “esto es como vivir en un mundo en el que la mitad de nosotros adora a los caballos percherones”.  Sería ridículo, ¿no? Pues eso.

El argumento no es nuevo, hasta ahí. Pero el autor del artículo va un paso más allá y a la vez que retira a los futbolistas el derecho a la gloria por “andar por ahí pateando balones dentro de redes”, también les libera de la responsabilidad de convertirse en modelos sociales, algo que también se les pide, dice, de forma absurda. Además, critica con dureza la curiosidad pública por sus cosas privadas. Brooker vuelve a la coña del caballo percherón: “Por si no fuera suficientemente extraño (admirarlos), no se contentan con admirar la capacidad de los animales para arrastrar carros, sino que también quieren conocer todo lo que se cuece en los establos. Y cuando Debbin se va de juerga a comer heno, o intenta montar a un burro, no sólo leerán vorazmente todo lo que se escribe sobre ello, sino que lo juzgarán”.

Está claro que los lectores agradecen el estilo de Brooker: el texto es la pieza más leída del día en la edición online del Guardian.

Hay una pequeña escuela de escritores de este tipo en la prensa inglesa. Un maestro en estos humorísticos artículos es Jeremy Clarkson, celebridad británica como presentador del programa de la BBC Top Gear . Dejo aquí un ejemplo reciente de uno de sus artículos, que empieza con su tono inconfundible: “Como sabemos, una vez un tipo entró con un par de botas explosivas de trekking en un avión, y como resultado todos los demás en el mundo entero estamos forzados a despelotarnos en los aeropuertos y entregar nuestros productos de higiene personal a un tío que lleva chaleco reflectante”.

Clarkson es particularmente conocido por dar caña sin piedad a alemanes y franceses, siempre usando la ironía y el humor. Sin embargo, no resulta particularmente sencillo adivinar su ideología política. Personalmente, echo en falta autores como Brooker o Clarkson en la prensa española: gente crítica, mordaz y no fácilmente asociable a una u otra tendencia de este imperante bipartidismo mediático tan aburrido.

Entonces, ¿quién cambia el mundo?

Escrito por Pablo Carballo
21 de mayo de 2011 a las 21:15h

Vale, admito que no es noticia de última hora, pero no puedo dejar de comentar una portada reciente de The Economist sobre lo que EE.UU. ha hecho con Bin Laden, probablemente la mejor definición práctica de eso que llaman “borrar del mapa” a un fulano. Al célebre Dr. No de Occidente, por lo visto, lo cazaron los americanos en un palacete más bien feo de Pakistán, tras violar flagrantemente la integridad territorial del país asiático, y lo lanzaron al océano sin más juicio sumarísimo que el que le pudieron proporcionar los tripulantes del helicóptero a su cadáver, al que concedieron el derecho inalienable a hundirse en los mares para la eternidad, etcétera. (Por cierto, un choteo de la legalidad internacional vergonzosamente aplaudido por Gobiernos de izquierda, derecha, centro, ONUs, OTANs y demás familia. Las friki-celebraciones en ciudades estadounidenses no merecen mayor comentario y, creo, representan a una minoría de la población).

Pero me voy del tema: la portada del Economist que reproduzco aquí, y que se desarrolla a fondo en este editorial, sintetiza una idea que se me pasaba por la cabeza con el festín mediático en torno a la caza del líder de Al Qaeda. Evidentemente, el poder simbólico de su imagen era enorme, y a su crecimiento contribuyó también EE.UU. lanzando una campaña de “Se busca, vivo o muerto” como en el far west, en lugar de pensar en modos eficaces de limar el rechazo generado por su política exterior.

La cuestión es qué supone operativamente el hecho de haber liquidado a Bin Laden, y mi opinión es que no mucho, pues no creo que falten aspirantes con similares aptitudes y ánimos para ocupar su lugar. Por supuesto, no se quiere decir que el tipo no mereciera ser capturado; pero celebrar su muerte me parece como festejar que se ha apagado una cerilla en medio de un incendio del tamaño de Australia. El titular del Economist va por ahí: Now, kill his dream; como diciendo, Vale, pero matad también su proyecto, sobre la imagen de miles de pequeñas imágenes que, unidas, componen el rostro y la historia de Bin Laden. Su personalidad podía causar fascinación entre muchas personas, pero se exagera el valor real en el estado de las cosas que tiene su presencia o ausencia. Ver en esta operación estadounidense una victoria de Occidente es simplista; tampoco su autoridad moral queda reforzada.

Del otro lado de esta trama posmoderna está el presidente Obama, que a tantos ha defraudado en casa y fuera, y cuya actuación en este caso muestra que aquello del Change era relativo; que las maneras de actuar de la -todavía- gran superpotencia no cambian de un día para otro, ni siquiera de un presidente para otro. La realpolitik es otra cosa; la inocencia idealista de Obama, si es que todavía permanecía a flote, para muchos se ha hundido en el océano con el cuerpo de Osama. Como en el caso del líder islamista radical, me parece que todos hemos sobrevalorado el papel real de una sola persona, por influyente que sea, ante una fuerza masiva que le es superior: en este caso, el peso de una nación gigante y su lugar en el mundo y en la Historia.

Otro caso de lo mismo, salvando las distancias, claro: el de Strauss-Kahn. Por muy presidente del Fondo Monetario Internacional y próximo aspirante socialista a presidir Francia que fuera, lo ocurrido con su detención tiene, a mi entender, más valor simbólico que real. ¿O es que no hay otro economista cualificado para ocupar su sillón y que todo siga más o menos igual?

Pensar que el hecho de que detengan a este señor, por un asunto tan prosaico y perteneciente a su esfera privada, pone en jaque la economía europea y del mundo mundial es tan ridículo que sería para partirse de risa, salvo porque no tiene ninguna gracia.  Y sin embargo, así se ha comentado hasta la saciedad, en notas de prensa como esta, que asegura que “La detención del jefe del FMI renueva los temores de la crisis de deuda de la zona euro”. Uno lo piensa y trata de comprender: resulta que a este señor un día se le cruzaron los cables en un hotel de Nueva York, y por lo tanto, como consecuencia, se complica mucho la situación financiera en Europa. ¿Cómorr? O, como diría Mou: “No-en-tien-do”.

Pues eso: ¿no damos demasiada importancia a lo que ocurre con una persona, por más que sea el jefe, cuando las razones reales de lo que ocurre hay que buscarlas en estructuras mucho más complejas? ¿Es por pereza, porque entender la realidad es mucho más difícil? ¿Quién decide cómo ocurren las cosas? ¿Quién cambia el mundo?

Como posdata de actualidad, me pregunto si con el movimiento del 15-M (aquí, el amplio artículo que le dedica el Huffington Post) no estará ocurriendo precisamente todo lo contrario: comenzó de forma anecdótica; fue ganando tamaño en los titulares de prensa y minutos en las radios y teles hasta convertirse en el gran tema del día. Pero no tiene líderes, ni rostros simbólicos, ni jerarquías reconocibles, y por tanto nos cuesta encajarlo en las estructuras a las que estamos habituados. ¿Serán ellos, quizá, los que decidan qué pasa en el mundo?

Extraña pareja en el karaoke

Escrito por Pablo Carballo
18 de abril de 2011 a las 23:47h

¿Qué tienen en común Ronaldo (el pata negra, el auténtico Nazario de Lima), Bono (el de U2, no el  de ejque) y The Edge (éste es único)? Pues poca cosa, aparte de que en un momento dado se pueden liar la manta a la cabeza y ponerse a darlo todo cantando en un karaoke. Ocurrió en Sao Paulo, la gran metrópolis de América Latina, en un barzinho del barrio de Vila Madalena llamado Bar Secreto. Si tienes curiosidad por ver las versiones que cayeron (Ronaldo se atrevió con Satisfaction) y una foto de las dos superestrellas posando con una camiseta del Corinthians, está disponible aquí, en la web de O Globo.

Como es menester, la juerguita ha tenido recorrido por las redes sociales y ha sido replicada en medios europeos también. Uno de ellos es la revista especializada en música New Musical Express, más conocida por sus siglas, NME, que leídas en inglés dan el sobrenombre a la publicación: El Enemigo. Se trata de una revista de prestigio en Reino Unido, siempre anhelante por descubrir la última sensación rockera y cuya portada es uno de los espacios más deseados por los departamentos de comunicación de las grandes discográficas.

Como suele pasar en los medios especializados en música, muchos asuntos se convierten en materia de fiero debate entre detractores y seguidores de tal grupo o estilo. Es inevitable en un asunto tan sutil y sujeto a la subjetividad de cada cual como es la música. En la propia sección de comentarios de este texto dedicado a la fiesta paulista enseguida salta la chispa: para unos, U2 son los más grandes; para otros, el grupo y en especial su cantante están “sobrevalorados y sobrepagados”.

El debate se repite con otros artistas. En realidad, no es muy distinto del que se genera en otros medios con deportistas como el propio Ronaldo, sin ir más lejos. Adorado por unos, vilipendiado por otros. Al final, esta extraña pareja va a tener más en común de lo que parece.

Y con todos ustedes… los Radio Eds

Escrito por Pablo Carballo
28 de marzo de 2011 a las 23:58h

No sabe uno por dónde empezar entre tanta noticia internacional, con catástrofes naturales y artificiales por todas partes y la prensa del mundo mundial echando humo. Aturdido ante la avalancha, no encontraba la manera de volver a este foro o forillo después de un retiro completamente inmerecido, pero no me he podido resistir con la última de The Guardian. Para uno, que es anglófilo radical en cuestiones musicales y moderado en asuntos periodísticos, es un caramelo demasiado goloso.

La historia es la siguiente: el grupo de rock Radiohead, banda de culto de la parroquia alternativa desde los noventa hasta la eternidad, ha lanzado un ‘periódico’ (sólo un día; absténganse de concurrir redactores en paro) como complemento promocional de su nuevo disco. Bueno, una iniciativa curiosa del grupo, aunque tampoco nos epata viniendo de una banda a la que le gusta proyectar su influencia por medio de recursos varios.

Lo curioso es la respuesta del diario The Guardian: ante esta noticia, decidieron pagarles “con la misma moneda”. El razonamiento fue el siguiente: si ellos pueden hacer un periódico, nosotros podemos hacer música. Es más, su música. Y se propusieron hacer una versión del gran éxito de Radiohead, Creep, un superclásico de los noventa.

La historia está relatada con mucha, mucha gracia en este blog musical del propio diario. En la misma entrada hay un link para escuchar la canción, que por cierto, les sale bastante decente con la instrumentación básica del rock más bangio y trombón, añadiendo “lo que ellos se dejaron” en la versión original. Qué cachondos.

El asunto se desarrolló así: tras una reunión matinal en la que se parió la idea, se hizo un llamamiento a toda la plantilla para captar a gente con alguna habilidad musical. La cosa fue fácil, y a mediodía ya tenían gente de sobra para montar el combo. El plan inicial, que era editar un CD para “promocionar” el periódico del lunes (la jugada de Radiohead pero a la inversa; fina ironía inglesa), resultó imposible por cuestiones logísticas, así que se decidieron por un único tema que colgarían en la web para que lo vea el personal mediante streaming. Se pusieron un nombre adecuado, los Radio Eds, y con tres tomas les bastó para conseguir la buena. Después, bromea el blogger Tim Dowling, la banda se separó “por diferencias creativas” y descarta una posible reunión. Y termina preguntando a los lectores: “¿Qué tal ha quedado, comparado con, por ejemplo, el periódico de Radiohead?” Supongo que el mensaje que subyace es: “No es tan fácil como creéis hacer un periódico. O, al menos, hacer una canción no es más difícil”.

Y lo mejor: al grupo se unió el director del periódico, Alan Rusbridger, que se puso al teclado.  Es un detalle genial, que prueba el talante audaz de este diario y de la gente que lo hace. ¿Alguien se imagina a un director de periódico/radio/TV de España metido en semejante fregao sin sentirlo indigno de su elevada condición? Improbable. Pero a Rusbridger no se le caen los anillos por desmitificarse a sí mismo y a su cargo participando de esta iniciativa divertida, ingeniosa y con mensaje. (Recordatorio: no hablamos de un mindundi cualquiera, sino del mismo hombre que hace unas pocas semanas explicaba en este artículo el rol de la cabecera que dirige en el affaire Wikileaks, que él mismo describe como “la mayor filtración de la historia”).

Por cierto, que tampoco tienen desperdicio los comentarios de los lectores, que como es de esperar tiran con dardo. Uno comenta: “Se dice que el Daily Mail está pensando en editar algo parecido a un periódico con alguno de sus CDs gratis en algún momento del año”. Y otro: “A ver cuándo saca News of the World una versión de Karma Police“.

De buena gana desearía larga vida a los Radio Eds, pero ya no existen.

Kim Jong-il necesita una buena defensa

Escrito por Pablo Carballo
25 de mayo de 2010 a las 10:13h

Corea del Norte vuelve a asomarse a los titulares, como ya ocurrió hace cosa de un año, cuando fue muy comentada la supuesta designación del sucesor del dictador Kim Jong-il. El país asiático aparecerá en los papeles pronto como víctima, a buen seguro, de una goleada severa de Brasil en la primera fase del Mundial de Sudáfrica, pero hay otro tema más actual y mucho más serio, aunque no es nuevo: la escalada de tensión con sus vecinos de Corea del Sur, de la The Times ofrece aquí una interesante crónica que habla de la amaneza de una “guerra total”.

Recapitulando: Corea del Sur acusa al régimen comunista de Kim Jong-il de haber hundido el buque de guerra Cheonan con un  torpedo lanzado desde un submarino. Mientras, Estados Unidos, aliados -claro está- de Corea del Sur, apoyan la realización de ejercicios navales el próximo mes para tratar de detectar submarinos como el supuesto autor del ataque. Lo cuenta aquí el New York Times, que también puntualiza que la postura norteamericana -oh, sorpresa- tiene el respaldo además de la ONU. Sí, esa ONU con sede en Nueva York, influencia estadounidense descarada y, por si fuera poco, secretario general surcoreano. Vamos, que Kim Jong-il lo tiene complicadillo para ganarse la simpatía de la organización internacional.

Y a todo esto, ¿qué dice Corea del Norte? Recurrimos a su inefable agencia de información oficial, que explica aquí que “las autoridades títeres de Corea del Sur” (empezamos bien) vinculan “sin ninguna base” el hundimiento de un barco militar con una acción de la república popular norcoreana. Según su punto de vista, se trata de una “provocación intolerable” y una “declaración de guerra” en toda regla.

Según los norcoreanos, el caso es un complot urdido por un grupo de misteriosos “traidores” de Corea del Sur que pretenden provocar un conflicto entre ambas naciones.

Entretanto, en Corea del Norte hay otras preocupaciones, que resultan un poco surrealistas comparadas con semejante panorama en sus relaciones con el vecino capitalista. Y no es el diseño de una buena defensa contra los brasileños, sino el traslado de una pequeña Arca de Noé desde Zimbabwe, que prepara el envío de cebras, elefantes, jirafas, chacales, hienas y otros ejemplares africanos rumbo a un zoo de Pyongyang. La historia al completo está aquí, en Le Monde. Ya no sorprende que el régimen de Mugabe, que también tiene mala reputación en el patio occidental, tenga en cambio excelentes relaciones con Corea del Norte.

Hay voces críticas sobre el traslado de los animales, pues el clima de Corea del Norte no les conviene demasiado. A Kim Jong-il le importará más que eso, seguramente, organizar unos cuantos fastos a mayor gloria del régimen para celebrar semejante guiño diplomático, y la agencia de noticias del país se hará eco en su estilo no-do-esco. Ahora bien, seguramente necesitarán mucho más que dos elefantes para defenderse de los delanteros de Brasil… o de un despliegue militar surcoreano.

Humor inglés: “No tenemos un duro”

Escrito por Pablo Carballo
18 de mayo de 2010 a las 0:15h

Tal podría ser la traducción libre de la carta con la que se ha encontrado el nuevo ministro del Tesoro del Gobierno británico, David Laws, al instalarse en su despacho.

Según ha contado Laws, su predecesor en el cargo, el laborista Liam Byrne, le dejó una carta sobre el escritorio. Cuando llegó para cumplir con su primera jornada, encontró la misiva, en la que esperaba encontrar consejos útiles para su nuevo trabajo. “Lamentablemente -ha explicado el ministro- todo lo que había era una sola frase: ‘Estimado señor ministro, lamento informarle de que no queda dinero”.

Es la cruda realidad, al desnudo: el Reino Unido arrastra un considerable déficit en las cuentas públicas; tanto es así que la redacción de un “presupuesto de emergencia” es la primera y más urgente tarea que se ha encomendado el nuevo Gobierno de coalición.

El autor de la nota asegura que pretendía hacer un guiño humorístico, según se puede leer aquí en The Guardian y aquí en The Times.

Ayer, ese trozo de papel que encapsula de modo sobresaliente el legendario humor inglés era la pieza más buscada por los medios ingleses. El ministro ha contado la historia, pero por ahora no ha mostrado la ‘prueba del delito’.

Lecciones de “chinglés”

Escrito por Pablo Carballo
10 de mayo de 2010 a las 23:39h

Menos conocido que el “espanglish”, al menos para nosotros, pero igualmente agraviante para puristas de gramática y diccionario, el “chinglés” es otro de los pseudo-idiomas del futuro. O del presente, porque ya está aquí.

Igual que no debemos tener problema en reconocer nuestra supina ignorancia sobre todo lo relativo a China, como quedó explicado en esta entrada, tampoco debemos dejar de señalar que a ellos no les vendría mal abrirse a Occidente en general, y en particular mejorar su inglés, indiscutiblemente lingua franca en los siete mares y las tierras que hay entre medias. Personalmente, puedo dar testimonio de lo difícil que es dar con chinos que se manejen con buen inglés. Poco antes de los Juegos Olímpicos de Pekín, en los que el gigante asiático habría de abrirse al mundo, era casi imposible encontrar empleados angloparlantes en el aeropuerto internacional de la capital. Sorprendente.

Ahora bien, la cosa también da para reír. Las enormes diferencias no solo lingüísticas, sino culturales, dificultan la interpretación de ciertos mensajes, con lo que es fácil que cualquier viajero tenga en China la impresión permanente de haberse metido en Lost in translation y no encontrar una salida. Este reportaje publicado en The New York Times aborda la cuestión de forma humorística (ya desde la aliteración del titular), al hilo de un nuevo evento de alcance universal, la Expo de Shangai.

Es recomendable sobre todo la presentación de diapositivas sobre traducciones divertidas del chino al inglés. Por ejemplo, el cartelón para suelos fregados que advierte de que hay una “ejecución en marcha” (??) o el aviso de una escalerilla que recomienda “resbalar y caerse con cuidado”. Y hay más perlas, todas para echarse a temblar.

Cuchillos y volcanes

Escrito por Pablo Carballo
22 de abril de 2010 a las 22:20h

En política, el éxito es un bocado dulce pero a veces envenenado. Que se lo digan a Nick Clegg, la sorprendente estrella de la campaña electoral británica, cuya popularidad se multiplicó exponencialmente tras sus intervenciones en el primer debate entre los candidatos la semana pasada.

Hasta entonces era sólo el tercero en discordia; podía tener la llave para una mayoría pero nadie lo consideraba un candidato serio a primer ministro: el escenario de un liberal demócrata en Downing Street era simplemente impensable en un sistema político de fuerte vocación bipartidista en el que tories y laboristas se han repartido el poder ininterrumpidamente desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero… llegó el debate, apareció el estelar Nick Clegg, y todo cambió. Al día siguiente, los analístas políticos hacían notar su irrupción en la batalla, lo mismo que los propios partidos rivales: el que era hasta entonces un aspirante “lateral”, casi marginal a la verdadera pugna entre Brown y Cameron, superó en las encuestas a ambos. Y claro, éstos, que hasta entonces lo trataban con docilidad e incluso condescendencia, se vieron obligados a cambiar de actitud. Así se cuenta en este artículo del pasado fin de semana en The Guardian, que describe cómo los rivales de Clegg “sacaban los cuchillos” para enfrentarse al impulso del líder de los Lib-Dem.

Y ayer, fue la prensa la que empezó a afilar los cuchillos para desplumar a Clegg: el Daily Telegraph publicó una portada que debió hacer que se le atragantara el desayuno: “Nick Clegg bajo presión para explicar donaciones a su cuenta privada”, decía el titular.

Como en el principio de los vasos comunicantes, el ascenso de Clegg se ha correspondido con un descenso proporcional del otro rostro del cambio en estas elecciones, el joven conservador David Cameron. Lo captó bien, sin necesidad de usar muchas palabras (en realidad, sólo una, inventada pero graciosa), el dibujante de The Times Peter Brooke, que retrata a Cameron de modo ingenioso, inspirándose en las cenizas, ahora casi apagadas, de ese volcán de nombre impronunciable y efectos sorprendentes:

volcano1Entre cuchillos para unos y cenizas para otro, Brown a lo suyo. Ojo, que este hombre es un survivor.

Pax-Man

Escrito por Pablo Carballo
9 de abril de 2010 a las 23:38h

paxman

Valga de homenaje esta entrada a un periodista legendario de la BBC británica, el gran Jeremy Paxman. En su programa Newsnight del segundo canal de la corporación televisiva, analiza a diario la actualidad del país y del mundo con el estilo carismático de los elegidos en el mundo catódico.

Pero lo grande de Paxman, su verdadera virtud, el rasgo que le convierte en maestro de periodistas, es su implacable rol de entrevistador. Es incisivo, pregunta lo que considera de interés, le importa un comino si el entrevistado se ofende; él insiste e insiste en busca de una respuesta, muchas veces a costa de generar situaciones de tensión en el plató. Aquí va un ejemplo de cómo se las gasta: una entrevista en la que Paxman no tiene inconveniente en repetir más de una decena de veces la misma pregunta a Michael Howard, antecesor de Cameron como líder conservador:

Imagen de previsualización de YouTube

Y claro, a alguien que no deja de morder hasta que tiene la presa, los políticos le tienen terror, pánico, pavor. La prueba está en esta historia que cuenta The Guardian. Pese a las insistentes invitaciones desde este programa de la BBC, ni David Cameron ni Gordon Brown, los dos candidatos a ocupar el 10 de Downing Street tras las elecciones de mayo, han confirmado por ahora su presencia en el programa de Paxman, que no deja de ser un referente de la información de calidad en televisión. Mientras, se anuncia ya el primer debate electoral entre Cameron, Brown y Nick Clegg, candidato liberaldemócrata.

Total, que los aspirantes están listos para enfrentarse entre sí… pero a Paxman no lo quieren ver ni en pintura. Irónicamente, el hecho de que (por ahora) rechacen la entrevista (que han concedido ya a otros grandes medios ingleses), habla bien del periodista. Significa que saben que hará las preguntas incómodas sin importar la militancia de cada cual.

Gran Paxman.

Los líderes ‘no electos’

Escrito por Pablo Carballo
7 de abril de 2010 a las 1:02h

brownTraigo aquí esta estupenda viñeta de Peter Brookes, publicada en la sección de opinión de The Times, no para hablar de la convocatoria de elecciones en el Reino Unido, sino de la institución monárquica. Y es lo que hace, de hecho, el humorista gráfico en este caso: poner en solfa no sólo la clase política, diana habitual del humor en la prensa, sino a la propia monarquía, con un diálogo ingenioso y seguramente hiriente tanto para fervorosos seguidores de Gordon Brown (si es que queda alguno, después de los casi tres años de penurias que ha pasado el hombre) como a monárquicos impenitentes:

-”¿Sería tan amable su no electa majestad de disolver el Parlamento?”, pregunta el líder laborista.

-”Desde luego, mi no electo primer ministro”, responde con idéntico lenguaje ridículamente solemne la reina.

El perro palaciego que se alivia en los pies de Brown acentúa lo jocoso de la escena, aunque no tanto como el título superior, irónico y al grano como un dardo: “Democracia en acción”. Es decir, se pregunta Brookes: ¿Qué democracia es ésta en la que estos dos supuestos representantes del pueblo rigen los destinos de una nación a la que no han dado la oportunidad de elegirlos o rechazarlos?

El hecho de haber sido sucesor de Tony Blair por decisión interna del partido (¿a alguien le suena el método del dedazo, por otros lares?) pesó como una losa al comienzo para Brown, allá por el verano de 2007, pero después tuvo que enfrentarse a tantos problemas en sus tareas de Gobierno que la cuestión de su no-elección quedó en un segundo plano.

Pero en este caso, me parece más interesante cómo un periódico de la prensa respetable británica publica con total normalidad este cuestionamiento directo y sin remilgos de la monarquía. En España manejamos a menudo el tópico de que la monarquía británica es intocable, frente al aire más moderno de la española. Sin embargo, en lo que se refiere a los medios y otras expresiones de la opinión pública, habría mucho que matizar al respecto del tratamiento de la cuestión. En Inglaterra, los cómicos vapulean sin piedad a la Familia Real; se cachondean en particular del duque de Edinburgo, del príncipe Carlos y de Harry, el hermano menor del heredero; en la BBC hasta se pueden escuchar ocasionalmente chistes sobre las circunstancias de la muerte de Lady Di. En España, una popular revista satírica fue retirada de los kioskos (medida extrema y de rara aplicación en democracia) por una célebre portada sobre los príncipes de Asturias. Se puede defender que en aquel caso los humoristas se pasaron un pueblo, o no. La cuestión es que, en general, respecto a temas monárquicos, prima la autocensura más que en los periódicos ingleses.

Claro que cada país tiene sus inescrutables códigos morales. Los mismos medios suficientemente modernos como para cuestionar a una arraigadísima monarquía son capaces de presionar hasta la extenuación a un futbolista por un lío con la ex (sí, ex) mujer de un compañero… hasta que le quitaron el brazalete de capitán de la selección inglesa. Éste sí que era un representante del pueblo… elegido por un italiano, por cierto. Curiosa es la vida.

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