Futbolistas, héroes absurdos
Una de las razones por las que me declaro adicto a la prensa inglesa es la maestrÃa con la que muchos redactores y columnistas manejan el humor como recurso estilÃstico y vehÃculo para la crÃtica o la pura diversión. Supongo que es simple reflejo de una nación en la que, para muchos, el humor es religión, a pesar de que no es raro que se polemice sobre el alcance permisible de las bromas, si bien por lo general prima la sagrada libertad de expresión.
Viene a cuento esto de un hilarante artÃculo firmado por Charlie Brooker en The Guardian, en el que reflexiona sobre el absurdo estatus que los futbolistas han adquirido en esta sociedad. Brooker dice, con un tono mordaz muy tÃpicamente inglés, que “esto es como vivir en un mundo en el que la mitad de nosotros adora a los caballos percherones”. SerÃa ridÃculo, ¿no? Pues eso.
El argumento no es nuevo, hasta ahÃ. Pero el autor del artÃculo va un paso más allá y a la vez que retira a los futbolistas el derecho a la gloria por “andar por ahà pateando balones dentro de redes”, también les libera de la responsabilidad de convertirse en modelos sociales, algo que también se les pide, dice, de forma absurda. Además, critica con dureza la curiosidad pública por sus cosas privadas. Brooker vuelve a la coña del caballo percherón: “Por si no fuera suficientemente extraño (admirarlos), no se contentan con admirar la capacidad de los animales para arrastrar carros, sino que también quieren conocer todo lo que se cuece en los establos. Y cuando Debbin se va de juerga a comer heno, o intenta montar a un burro, no sólo leerán vorazmente todo lo que se escribe sobre ello, sino que lo juzgarán”.
Está claro que los lectores agradecen el estilo de Brooker: el texto es la pieza más leÃda del dÃa en la edición online del Guardian.
Hay una pequeña escuela de escritores de este tipo en la prensa inglesa. Un maestro en estos humorÃsticos artÃculos es Jeremy Clarkson, celebridad británica como presentador del programa de la BBC Top Gear . Dejo aquà un ejemplo reciente de uno de sus artÃculos, que empieza con su tono inconfundible: “Como sabemos, una vez un tipo entró con un par de botas explosivas de trekking en un avión, y como resultado todos los demás en el mundo entero estamos forzados a despelotarnos en los aeropuertos y entregar nuestros productos de higiene personal a un tÃo que lleva chaleco reflectante”.
Clarkson es particularmente conocido por dar caña sin piedad a alemanes y franceses, siempre usando la ironÃa y el humor. Sin embargo, no resulta particularmente sencillo adivinar su ideologÃa polÃtica. Personalmente, echo en falta autores como Brooker o Clarkson en la prensa española: gente crÃtica, mordaz y no fácilmente asociable a una u otra tendencia de este imperante bipartidismo mediático tan aburrido.






Entre cuchillos para unos y cenizas para otro, Brown a lo suyo. Ojo, que este hombre es un survivor.

Traigo aquà esta estupenda viñeta de Peter Brookes, publicada en la sección de opinión de The Times, no para hablar de la convocatoria de elecciones en el Reino Unido, sino de la institución monárquica. Y es lo que hace, de hecho, el humorista gráfico en este caso: poner en solfa no sólo la clase polÃtica, diana habitual del humor en la prensa, sino a la propia monarquÃa, con un diálogo ingenioso y seguramente hiriente tanto para fervorosos seguidores de Gordon Brown (si es que queda alguno, después de los casi tres años de penurias que ha pasado el hombre) como a monárquicos impenitentes: