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Alternativas (¡muchas!) para una economía al servicio de las personas

8 de mayo de 2013 a las 19:02

El 11 de mayo será el Día mundial del comercio justo. Un buen día para celebrar que son muchas las posibilidades para practicar un consumo responsable.

Hace unos meses, al despertar a Pepito Grillo, Beti Vázquez ya demostraba que otro consumo era posible, y hace unas semanas que un mercado y una economía sociales ya eran una realidad. Hoy les dejo con Gonzalo Gesto, miembro de la cooperativa Panxea en Santiago de Compostela y del futuro banco ético Fiare del que, removiendo mi dinero, me acabo de hacer socio y espero que en breve cliente.

Gonzalo nos pide que no le metamos prisa, pero a cambio les aseguro que les va a agobiar un poco al regalarnos todo tipo de posibilidades y alternativas que en su ciudad o pueblo ya demuestran que otra economía es posible (¡en las fotos también!).

Gracias, Gonzalo

Economía solidaria: Vamos despacio porque vamos lejos

Vivimos en un mundo que no nos gusta. Sometidos y sometidas a múltiples “plagas” y esclavitudes (del dinero, de los mercados, de la prima de riesgo, de los horarios de trabajo, de la hipoteca, de las nuevas tecnologías, del coche, del “no se puede hacer nada”, …). Tenemos a las puertas de casa la precarización laboral y de los servicios públicos esenciales (educación, sanidad, dependencia, servicios sociales, …), el regreso de la emigración juvenil, las funestas consecuencias de las políticas de muchas multinacionales que buscan su beneficio incluso a costa de vidas humanas como en Bangladesh.

Pero hete aquí que son muchas ya las personas convencidas de que estamos en un momento de “éxodo”, que no podemos seguir viviendo en este “Egipto” regido por faraones de los mercados, que imponen una vida cada vez más miserable y precaria al 99% de la población. Personas que han emprendido camino desde diversos puntos de partida (ideológicos, geográficos, …) y que al hacerlo se han dado cuenta de que no estaban solas intentando construir ese #otromundoesposible.

Estamos hablando de los diversos caminos que ha comenzado a andar la Economía solidaria para dar respuesta a un sistema económico injusto que abusa de las personas (especialmente de las más vulnerables) y del planeta, que no puede ni debe sostenerse más, y que a menudo seguimos alimentando con nuestro trabajo, nuestro consumo o nuestro dinero.

Nos gusta llamarla Economía Solidaria porque entendemos que recoge mejor las múltiples iniciativas y realidades de las que estamos hablando, y viene a aglutinar a toda aquella economía que cómo explica el economista chileno Luis Razeto, se organiza en torno al “factor C”,  un factor económico que nos demuestra que la solidaridad es una fuerza económica de alta eficiencia y productividad. Con la letra C comienzan muchas palabras que lo identifican: compañerismo, comunidad, cooperación, colaboración, comunión, coordinación, cooperativas, …

Con este modelo han nacido y siguen naciendo múltiples iniciativas que son, cada vez más, alternativas reales que estamos construyendo entre muchos hombres y mujeres (especialmente mujeres), y que abarcan prácticamente todos los campos: desde la producción de alimentos o de múltiples bienes y servicios, a su distribución y comercialización, pero también la financiación ética y solidaria, los cuidados, …

Por poner sólo algunos ejemplos, en Galicia podemos hablar de iniciativas en el campo de la agroecología, redes de semillas, agricultura urbana o en los productos del mar.

Para su comercialización han surgido múltiples formas:  grupos de consumo (busque el de su ciudad), cooperativas de consumo, tiendas de comercio justo, o iniciativas privadas de tiendas de barrio en múltiples ciudades y pueblos.

Muchas de estas iniciativas pueden encontrarse en el mapa de entidades de la Rede Galega de Consumo Consciente y Responsable. En su conjunto llegan ya a más de mil familias/unidades de consumo, y su crecimiento continúa a pesar de la crisis del consumo privado. Se articulan también otros modos de comercialización alternativa en forma de bancos de tiempo, ferias de intercambio, páginas de trueque (o incluso de donación gratuita), monedas sociales y complementarias, etc, Pueden encontrar algunas muestras en la página de enlaces de Panxea, la organización de la que formo parte.

En la financiación por canales de finanzas éticas existen ya a nivel gallego desde entidades de microfinanzas como AIS O’Peto, a cooperativas de servicios financieros como Coop´57, o en una dimensión aún mayor la cooperativa de crédito de finanzas éticas Fiare-Banca Popolare Etica, de la que Fiare Galiza, al igual que O´Peto o Coop´57 son parte.

Existen también iniciativas en la producción y distribución de energías renovables,  seguros éticos,  software libre,  turismo responsable,  formación en consumo, medios de información, …

Todas ellas están comenzando a articularse, a hacerse visibles y a ofrecerse como alternativa elegible para la ciudadanía. En unos casos simplemente dándose a conocer, cómo en el mapa de entidades en Galicia iniciado por el proyecto de cooperativa integral galega, o con iniciativas más ambiciosas cómo el Banco de recursos para un consumo consciente y transformador del CRIC (Centro de Investigación e Información en Consumo) en la plataforma de “crowfunding” Goteo.

Y la cosa no queda aquí, existen a nivel gallego al menos tres iniciativas llamadas a colaborar tanto a nivel local y gallego como estatal e incluso internacional, y que se agrupan en torno a la Mancomunidade Integral Galega, al Laboratorio Social Galego (impulsado por la Coordinadora Galega de ONGD, junto a otras redes y entidades como EAPN Galicia, …), y al Mercado Social o Mercado de la Economía Solidaria (a iniciativa de REAS-Galicia). En este último caso, la iniciativa se integra incluso en un proyecto de mapeo de iniciativas a nivel internacional a través de RIPESS.

Ya no cabe decir que no existen alternativas. No valen excusas para no pasarse a la Economía Solidaria, porque todas estas iniciativas nacen de la ciudadanía y están al servicio de las personas y del planeta, regeneran el tejido social y construyen, también desde el ámbito económico, un mundo mejor.

Es cierto que construirlas supone a veces un pequeño esfuerzo: económico (lo que nos ayudará a que nuestro bolsillo comience a ponerse de acuerdo con lo que nos dicta la razón y el corazón), o de ponerse a trabajar para construir esas alternativas, levantándose del sillón de la comodidad que algunos invocan diciendo que se unirán a las iniciativas de economía solidaria cuando estén hechas. Si nos ayudas a empujar y construirlas “la travesía del desierto” será para todos y todas más corta

Por favor: no nos metas prisa si no te unes al camino.  “Vamos despacio porque vamos lejos”. Vamos despacio porque estamos cambiando el mundo.

Y tú, ¿a qué esperas para unirte?

@gonzalo_gesto

@PanxeaCoop

Imagen de previsualización de YouTube Bancos, Campañas, Comercio justo, Consumo responsable, Desarrollo rural, Empleo, Empresa, Participación, Personas, Riqueza, Tercer Sector
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La unión hace la fuerza: construyendo un mercado social

2 de marzo de 2013 a las 10:51

Hace unas semanas les proponía regalar mejor con menos y les presentaba Opciones, una  revista referente en el consumo consciente y la economía solidaria. En  su último número Rubén Suriñach escribía un artículo en el que demostraba que si en general la unión hace la fuerza, en el número 43 de la calle Caspe, en Barcelona, lo hace especialmente.

Rubén está concentrado en la presentación inmediata de un ambicioso proyecto de Opciones que pretende financiarse mediante crowdfunding, pero ha tenido tiempo para enviarme un resume de su artículo.

En Galicia coincide con una innovadora iniciativa de la Coordinadora Galega de ONGD de crear un Laboratorio Social (o mejor “aldea social”) junto a todo tipo de entidades sociales, cooperativas, banca ética. Se lo cuenta de maravilla Sergio Fernández en su blog.

Antes de dejarles con Rubén, les recomiendo que se suscriban al boletín de la web Economía Solidaria.  A ver quien se atreve a seguir diciendo que no se puede hacer nada…

Moltes gracies, Rubén

Construyendo un mercado social y una economía solidaria

Los bajos del número 43 de la calle Caspe, en Barcelona, acogen en sus dos plantas a 75 trabajadores en una de las mayores concentraciones de entidades de Economía Social y Solidaria.

  • FIARE , empresa de finanzas éticas hija de la cooperativa de crédito italiana Banca Popolare Etica.
  • Hobest, empresa dedicada al asesoramiento para la mejora de modelos organizativos
  • Complementum,  consultora social en políticas públicas y economía solidaria.
  • Nusos, cooperativa dedicada a la divulgación científica y a la educación para la sostenibilidad.
  • Cooperativa ETCS, asesora y dinamiza procesos organizativos y participativos a escala local.
  • SostreCívic, cooperativa que ayuda a poner en práctica modelos de acceso a la vivienda social y ambientalmente sostenibles.
  • Gestcivic, cooperativa que ofrece servicios técnicos integrales en torno a la arquitectura, la energía y el territorio.
  • Observatori DESC, entidad especializada en la incidencia política, la investigación y la formación para la defensa de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.
  • LabCoop: un laboratorio de ideas cooperativo.
  • Barnaciber, dedicada a la creación de páginas web y servicios de internet;
  • Ex-Libris, cooperativa de servicios de edición y creación gráfica;
  • L’Apòstrof, especializada en la edición y el diseño además de la comunicación; .
  • Arç Serveis Integrals d’Assegurances, ofrece servicios de seguros con criterios éticos.
  • Arç Intercooperació Econòmica, ofrece servicios y recursos de consumo responsable.
  • Centro de Investigación e Información en Consumo (CRIC) y su revista Opciones.

8 de estas 15 entidades y otras dos con locales propios (la cooperativa Trèvol, dedicada a servicios de mensajería y limpieza, y COS, cooperativa de servicios de salud) se integran en el grupo cooperativo ECOS. En total generan 102 puestos de trabajo.

Unirse bajo el paraguas del grupo cooperativo les sirve para acceder a servicios y ventajas que en solitario serían más difíciles de conseguir:  capacidad de negociar como grupo ante las entidades financieras y tener acceso a fondos de inversión; la fuerza de una imagen comercial unificada con su web y la unificación de los canales de difusión de cada una de las entidades socias; el establecimiento de estrategias conjuntas para acceder a nuevos clientes y generar puestos de trabajo en el marco del grupo; las economías de escala en la gestión de webs y otras herramientas de internet… Todo ello con las contrapartidas de tener que dedicar tiempo a la gestión de la dinámica colectiva: reunión mensual de gestión del local, reunión quincenal del comité de dirección, comisiones de trabajo…

Para las entidades que en Caspe 43 no están en el grupo ECOS, el simple hecho de compartir local con entidades de economía social y solidaria genera unas dinámicas que estando en locales separados no se darían. La facilidad de compartir información, las visitas improvisadas para hacer propuestas, los desayunos cooperativos mensuales para que cada entidad presente proyectos y propuestas … Todo ello es un caldo de cultivo propicio para el intercambio de experiencias, el aprendizaje mutuo, el apoyo entre entidades, la creación de nuevas ideas y la emergencia y consolidación de intercambios económicos entre las diferentes organizaciones. Es decir, para intercooperar.

 

LA ECONOMÍA SOLIDARIA EN ESPAÑA

En España hay cerca de 260 empresas y entidades de economía social, articuladas en la Red de Redes de Economía Social y Solidaria (REAS). Esta red estatal y su completo portal de economía solidaria, trabaja en cuatro direcciones: la producción solidaria, el consumo responsable, las finanzas éticas y la cultura libre. En 2011 estas entidades facturaron 218 millones de euros y dieron trabajo a 5.902 personas, además de implicar de forma voluntaria a unas 11.000 personas más.

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CAMINANDO HACIA EL MERCADO SOCIAL

Un mercado social se define como una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios y aprendizaje común que funciona con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios, en un territorio determinado, constituida tanto por empresas y entidades de economía solidaria y social como por consumidores individuales y colectivos.

En otras palabras, las empresas y entidades de economía social y solidaria debemos comprar y vender entre nosotras, procurando que la oferta de producto y servicio que hacemos sea visible y comprendida por parte de aquellas personas de la sociedad más predispuestas al consumo crítico, y que por tanto deben tender a adquirir nuestros productos y servicios.

Se está promoviendo que cada vez más necesidades puedan ser satisfechas a través de la economía solidaria. Creando nuevas empresas, productos o ramas de actividad que llenen un vacío que existía dentro del mercado social como Som Energia, una cooperativa dedicada a ofrecer electricidad generada a partir de fuentes renovables, lo que ha permitido que se pueda pagar la factura de la luz dentro del circuito económico del mercado social.

En estos momentos existen varios procesos en marcha a nivel autonómico que confluyen en la creación de un mercado social virtual a nivel estatal y que se articulan alrededor del portal Konsumoresponsable.coop, un espacio de referencia que aúna información, formación, denuncia y alternativas desde una óptica de economía solidaria y, sobre todo, es una herramienta de visualización de los mercados sociales. Ya pueden consultar la oferta de su comunidad.

Además, en www.mercatsocial.cat, ya se pueden comprar productos de economía solidaria con la moneda social Ecosol.

 

Vemos, pues, que desde la creación de cooperativas de segundo grado como el grupo ECOS, pasando por compartir el espacio de trabajo y llegando a la idea y la práctica del mercado social, se nos muestra una manera de construir las relaciones económicas y sociales a través de unos valores y unas prácticas basadas en la colaboración, el trabajo conjunto, el bien común… desterrando la ley de la competencia y la búsqueda del máximo beneficio individual que tanto daño nos hace como personas, como sociedad y como especie.

Ruben Suriñach Padilla

 

Bancos, Comercio justo, Consumo responsable, Desarrollo rural, Empleo, Empresa, Inclusión, Organizaciones No Lucrativas, Participación, Personas, Responsabilidad Social Empresarial, Riqueza
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Desarrollo rural. Al borde del olvido (2)

10 de junio de 2012 a las 23:50

Hace unos días, Vanessa Fernández nos contó como era la vida en plena montaña lucense. Aunque es una reconocida experta en desarrollo rural en la facultad de  Geografía e Historia de la universidad de Salamanca, su vocación y su optimismo vienen de nacer y vivir en Os Ancares. Hoy nos propone algunas propuestas para que el mundo rural no siga en el olvido del desarrollo.

Gracias de nuevo, Vanessa.

Bordes de montaña, al borde del olvido (II)

En estos tiempos de noches en vela y cifras desalmadas, quiero hablar de las personas, y en particular de aquellas que llevan años olvidadas en los bordes de nuestras montañas.

En los 16 municipios de la montaña lucense viven alrededor de 30.000 habitantes desigualmente repartidos por sus cerca de 1.500 aldeas, la media indica que unas 20 personas por pueblo y de hecho tan solo 23 superan los 100 habitantes. La mayor parte de ellos de avanzada edad, más vulnerables y con unas necesidades de servicios sociales de sobra conocidas; no obstante, y a pesar de la exigua pensión de 500 euros que cobran del Régimen Especial Agrario, no siempre perciben su situación de pobreza porque tienden a compararse con situaciones pasadas más difíciles y no tanto con los estilos de vida mayoritarios actualmente. Al mismo tiempo, este pensamiento tradicional aprecia, acertadamente, más los aspectos no monetarios (“rico en espíritu, pobre en medios“) y entiende lo rural como un “medio de vida” y no un “modo” o un “estilo” como define la corriente actual.

En estas áreas de montaña los servicios sociales son deficitarios, lo cual contribuye inevitablemente a un mayor riesgo de exclusión; además, dada su organización, que atiende en demasiadas ocasiones más al tamaño de los núcleos que a las necesidades reales de la población, los niveles de pobreza se incrementan. Las soluciones ni están lejos ni son tan caras. Los servicios de proximidad son una clara respuesta a todas estas necesidades: transporte a la demanda, catering o lavandería itinerante, incluso servicios de peluquería o podología a domicilio, además de la adaptación y flexibilidad de aquellos más básicos a las características del territorio y de la población. Así lo recoge el capítulo 2, “Pobreza y exclusión social en el ámbito rural“, del Cuaderno Europeo 8.

Los jóvenes son el grupo más reducido de la pirámide demográfica. Sin embargo su papel es clave para el desarrollo rural. Es preciso enseñarles, ya desde la escuela, las potencialidades del medio en el que viven; hacerles visibles las oportunidades de futuro que tiene el territorio y fortalecer su autoestima e identidad. Un ejemplo de ello es el trabajo realizado por alumnos del colegio Doctor Daniel Monje de Navia de Suarna, un  multipremiado cortometraje o una exposición fotográfica sobre la historia de su municipio que dio lugar a un libro.

La participación activa y comprometida de los jóvenes en la vida cotidiana contribuye a lograr estos objetivos; permite también la puesta en marcha de actividades que aúnen tradición e innovación, respetando y aprovechando lo propio y, al mismo tiempo, abriendo nuevos caminos por los que avanzar. Para ello es necesario el apoyo institucional: cursos formativos adecuados a las demandas y los entornos rurales, políticas que se acuerden de las características propias de estos territorios, simplificación de la burocracia, incentivos para jóvenes emprendedores, etc.

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Mientras tanto, la población adulta, que Luis Camarero llama generación soporte en el informe de la Fundación La Caixa “La población rural de España”, atiende a pequeños y a mayores y se emplea en lo que puede, principalmente trabajos de baja cualificación y a tiempo parcial transitando entre una situación de empleo precario, con pocas posibilidades de progreso, a otra de inactividad; de tal forma que los ingresos provienen en muchos casos de subsidios, aumentando así la dependencia de las familias.

El espíritu emprendedor de algunas de estas personas ha permitido mejorar sus expectativas de futuro con actividades relacionadas con el turismo, el senderismo, la artesanía, la industria agroalimentaria con la ganadería o la castañicultura o la miel. Incluso en las zonas más aisladas de los Ancares o el Courel hay actividades destacadas y ejemplares que han sabido aprovechar los recursos endógenos de forma renovada. Todas estas iniciativas contribuyen también a la atracción de nuevos pobladores y, sobre todo, de la población vinculada, emigrantes que estos tiempos de crisis puede encontrar opciones de futuro en sus pueblos de origen.

Y todo ello en una zona de montaña con numerosos espacios naturales protegidos y un rico patrimonio cultural, recursos que atraen a turistas y a visitantes no siempre conscientes de las dificultades que para la vida cotidiana acarrea lo que a ellos les parece un paraje excepcional. La profesora Pérez Fra da algunas cifras preocupantes sobre las infraestructuras y equipamientos en la montaña gallega. Entre todas ellas cabe destacar la mejora necesaria en la accesibilidad social y en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, para lo cual se requiere del compromiso, no sólo de la población local, sino también de las administraciones.

Finalmente, en la búsqueda de estos nuevos modelos de desarrollo rural sostenible es esperanzador encontrar programas como Grandes Lugares (TVG) que se acercan a la montaña lucense (Murias, Piornedo, Seonae…) y apuestan por una visión optimista y renovada de nuestros espacios rurales. El compromiso y la apuesta seria por nuestros pueblos requiere, no sólo conciencia activa y sensibilización, sino también comportamientos y acciones por parte de toda la sociedad, ya que un medio rural vivo es sinónimo de bienestar y calidad de vida para todos

Vanessa Fernández Fernández

Desarrollo rural, Exclusión, Inclusión, Mujeres y hombres, Riqueza
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Desarrollo rural. Al borde del olvido (1)

24 de mayo de 2012 a las 21:07

El desarrollo y la pobreza en el mundo rural es un tema aún desconocido, con muchos problemas pero también con muchas razones y ejemplos para ser optimistas.  Una introducción al optimismo la tuve al leer  Proxectos de vida no rural” en el interesante blog sobre ecologismo social y biodiversidad “Un claro no bosque”, pero hoy me gustaría que conocieran la opinión de una experta en desarrollo rural y en optimismo: Vanessa Fernández

Vanessa trabaja en la facultad de  Geografía e Historia de la universidad de Salamanca. La conocí hace meses en la presentación de una Guía de inclusión social y me sorprendio además de su ánimo y optimismo contagioso, la capacidad y calidad de su análisis y de plantear propuestas interesantes y factibles para que el mundo rural no siga en el olvido del desarrollo.

Vanessa no olvida sus orígenes en la montaña lucense y de ahí viene su vocación. Hoy nos lo cuenta y dentro de unos pocos días nos propondrá algunas soluciones.

Gracias Vanessa

Bordes de montaña, al borde del olvido

Vivir en los bordes de montaña supone vivir también en el borde de muchas otras cosas, algunas de ellas vitales, empeoradas estacionalmente por las inclemencias meteorológicas y rodeadas, quizás también, por un halo de misterio y de olvido que invita a la reflexión.

Hace escasos días, en un pueblo de montaña, una urgencia médica me sorprendió a la una de la madrugada a través de una ventana, los teléfonos tampoco funcionan siempre. Conductor, acompañante y enfermo nos subimos al coche y nos fuimos. La distancia con absolutamente todo lo necesario no permitía la espera. De camino, la gravedad de la situación nos obligó a llamar a la ambulancia, pero estábamos en la montaña y primero había que encontrar cobertura. En cuanto el móvil dio señal nos paramos con urgencia: “061 de Asturias, dígame”. Le digo que estamos en Galicia, limítrofes con el Principado, sí, pero en una carretera de la provincia de Lugo. “Espere, que le paso con el 112 de Galicia”. El que espera desespera, así que colgamos y continuamos la marcha. Así dos veces más, aguardando con gran desasosiego. A la tercera, paramos al borde de la carretera y descolgamos, esta vez parece que ya en Galicia.

“¿En dónde están?”

“¿Es esta la dirección correcta?”

“¿Cuál es la emergencia?”

“Espere que le paso con un médico.” Y el médico pregunta, respondemos y no cambia nada.

“Espere que le paso con la ambulancia”. Hablamos con los de la ambulancia de nuestro término municipal, a 25 kilómetros de nosotros por las denominadas carreteras de montaña: “le paso con el conductor”. Y quedamos con ellos a medio camino, en un punto donde pudieran dar la vuelta porque el terreno es agreste y los caminos estrechos y la lluvia caía cada vez con más fuerza y nunca el tiempo fue tan valioso ni duró tanto. Tras veinte minutos en marcha vemos la ambulancia, el enfermo estaba cada vez peor y los escasos cinco metros que separaban unas luces de otras eran oscuros y preocupantes.

En la ambulancia iban el conductor y un ATS, atendieron al enfermo y llamaron al médico, que se encuentra en otro municipio que hace de cabecera comarcal a otros 30 km. Quedaron con él también a medio camino, parecer ser que es la única forma de reducir distancias y acercar servicios a la población. Tras ser atendido por el médico, el enfermo fue llevado al hospital de Lugo (50 km. más), donde fue atendido con bastante diligencia, pasó la noche en observación y por la tarde, a pesar de su avanzada edad, ya se encontraba relativamente bien en su casa, en el pueblo, en el borde montañoso.

Esta vez coincidió que estaba yo y puedo contarlo, pero ocurre a menudo en cualquier otro pueblo de la montaña lucense, muchas más veces de las que imaginamos. La movilidad se reduce a un pequeño número de vecinos que disponen de coche privado, los acompañantes son principalmente mujeres que cuidan de los abuelos y abuelas que mayoritariamente habitan estas tierras, y que quieren vivir en sus casas a pesar de los deficitarios servicios sociales, irse a la ciudad les aterra. Y ahora más que nunca.

Lo verdaderamente importante son las personas, y algunas, de avanzada edad, aguardan con desasosiego el disfrute de unos derechos básicos que todavía no han llegado, mientras escuchan en los telediarios los despilfarros económicos y administrativos de unos y otros. En los bordes montañosos, la gran política no funciona más que para recaudar impuestos e imponer prohibiciones, y los actores locales ven reducidos sus fondos y sus actuaciones esenciales por una situación económica que ni siquiera sabe de su existencia.

Vanessa Fernández Fernández

Desarrollo rural, Exclusión, Inclusión, Inversión social, Personas, Pobreza
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