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El mono obeso

lunes, marzo 30th, 2009

Estoy acabando de leer un libro que trata ampliamente la idea que comentaba en el segundo post de este blog. El libro se llama El mono obeso. La evolución humana y las enfermedades de la opulencia: diabetes, hipertensión, arteriosclerosis. En él se abordan estas enfermedades como el resultado de un desajuste entre nuestro metabolismo y los hábitos alimenticios modernos. Un desajuste muy lógico teniendo en cuenta que nuestros genes y nuestro metabolismo han ido evolucionando y adaptándose a las diferentes formas de alimentación durante millones y millones de años, y que ahora, en tan sólo unos fugaces 100 años, nuestra alimentación y circunstancias ambientales han cambiado mucho, mucho, tanto que a nuestro organismo le resulta muy dificil sobrevivir a ello impunemente. El precio por esta vida de opulencia, son las enfermedades de la opulencia.

El mono obeso insiste en la idea de que todo lo que somos es resultado de millones de años de evolución. Así, hace un recorrido por la vida de nuestros ancestros, desde unos diez millones de años atrás hasta el día de hoy, analizando las características ambientales y nutricionales a las que se exponían y sus adaptaciones a las mismas. De esta manera, es fácil llegar a comprender que cualquiera de nuestras funciones es consecuencia de las sucesivas adaptaciones de las especies que nos precedieron, y entre esas funciones se incluye la nutrición.

Para aquellos a los que la evolución humana no resulte un tema demasiado apasionante, he descubierto que el autor de este libro, José Enrique Campillo Álvarez, ha sido protagonista de un reportaje muy interesante (aunque menos que el libro para mi gusto) llamado ¿somos lo que comemos?  y que contiene temas más populares como la obesidad, dieta mediterránea,  alimentos funcionales, etc…

Su blog también ha resultado ser un provechoso descubrimiento.

Se suele decir que “somos lo que comemos”, pero desde la perspectiva evolucionista, más bien “somos lo que comieron nuestros ancestros”.

La cesta de la compra

lunes, abril 7th, 2008

Hace 2´5 millones de años, comienzo del Paleolítico, nuestros antecesores se alimentaban a base de los vegetales que ellos mismos recolectaban, y de lo que, ocasionalmente, cazaban o pescaban. En el Neolítico (10.000-4.000 años a.C.) se produce un gran desarrollo de la agricultura y ganadería, que, junto con la pesca, serán la base de la alimentación hasta nuestros días. Durante todo este tiempo nuestro cuerpo ha ido evolucionando y adaptándose a este tipo de manutención natural, y que, además, suponía un esfuerzo físico importante.

Ahora pensemos en la cantidad de sustancias artificiales que, desde hace poco más que 100 años (un abrir y cerrar de ojos en nuestra larga evolución), estamos introduciendo en nuestro organismo a través de los alimentos procesados:

-restos de abonos químicos, pesticidas, hormonas, dioxinas, antibióticos,…en plantas y
animales tratados
-grasas parcialmente hidrogenadas o grasas trans-azúcares refinados
-harinas refinadas
-aceites refinados
-aditivos artificiales (edulcorantes, conservantes, colorantes, potenciadores de sabor,…)
-productos transgénicos
-etc

Actualmente, las cestas de la compra suelen estar demasiado llenas de todas estas
sustancias que resultan extrañas a nuestro cuerpo. Después de una larga adaptación a
alimentos naturales, en estos últimos 50 años, o más,  nuestro organismo está empezando a responder a este «cambio de combustible» con un disparatado aumento de enfermedades relacionadas directamente con el exceso, mala calidad y desequilibrio de la alimentación actual (diabetes, obesidad, osteoporosis, enfermedades autoinmunes, alergias, patologías intestinales, digestivas, cardiovasculares, etc…).

No se trata de volver a vivir como nómadas, sino de que en nuestra cesta de la compra
aumente la cantidad de productos frescos y naturales, con todas sus vitaminas, minerales y fibra; que ¾ partes de nuestro menú del día sea de origen vegetal (frutas, verduras, cereales, legumbres, frutos secos, semillas, germinados, algas…) y además sean, en parte, consumidas de forma cruda; y , como mucho, ¼ podría ser de origen animal, pero de buena calidad. Y sobre todo, reducir el consumo de productos demasiado industrializados que tanto fomentan las enfermedades «modernas», y que sólo aportan beneficio a dos de las grandes potencias económicas mundiales, la industria alimentaria y la farmacéutica (primero compramos un producto rico en grasas trans que nos puede incrementar el colesterol y luego el medicamento que nos lo disminuye).

¿No será más fácil y sano prevenir que curar? Y más barato para todos…ahorraremos dinero y salud en un futuro próximo.