Los datos nos dicen que la mayoría de cánceres son resultado de nuestro estilo de vida, y sobre todo se relacionan con el tabaco y una mala alimentación. Dicho de otra manera, esta enfermedad podría ser prevenida en un 70-80% de los casos si no fumásemos y nos alimentásemos adecuadamente. En concreto, nuestra dieta se vincula directamente con un 30-40% de los cánceres. Sólo un 10-15% se producen por factores hereditarios, un porcentaje mucho más bajo que el que se suele achacar a esta causa en las encuestas a la población.
En líneas generales, los vegetales se alzan con el título de mejores preventivos de cáncer. De hecho, los estudios revelan que los vegetarianos tienen probabilidades bastante menores de tener esta enfermedad. Por tanto, la base de una alimentación anticáncer ha de ser las frutas y verduras, ya que son las que poseen las sustancias con propiedades más anticancerígenas, entre otras razones. Pero también es importante restringir aquellos alimentos que aportan sustancias promotoras del cáncer como pueden ser los nitratos (presentes por ejemplo en embutidos y charcutería.), los hidrocarburos policíclicos (presentes en alimentos ahumados o a la barbacoa), aditivos (ciertos edulcorantes, conservantes, colorantes..), alimentos tratados con pesticidas,… así como también ha de evitarse el exceso de sal, de grasas saturadas y trans, de azúcares y harinas refinadas, de lácteos, de alcohol, de carne o de alimentos conservados en vinagre. A su vez, es fundamental huir de la sobrealimentación, tan presente en este nuestro primer mundo, puesto que la obesidad y el exceso de grasa se vinculan fuertemente a ciertos tipos de cáncer, y por esto precisamente vuelve a ser recomendable un alto consumo de frutas y verduras.
Hasta aquí, poco que no hubiese dicho antes. Todo lo que hasta ahora aparece en el blog se puede considerar alimentación anticáncer, al igual que anti-muchas más enfermedades. Lo que me gustaría en este y más posts es darle mayor importancia a la relación entre alimentación y cáncer, y para ello profundizar un poco en las investigaciones al respecto. Por tanto, en futuros post iré comentando los alimentos concretos que son o fueron objeto de estudio por su posible acción protectora frente al cáncer.
Como dije ya alguna vez, no es posible patentar un alimento y, por tanto, ningún “inversor privado” muestra mucho interés en investigar las bondades de cualquier alimento o sus moléculas frente al cáncer u otra enfermedad, ya que no sale rentable. Además, para que las conclusiones de un estudio sean validadas oficialmente debe superarse la fase de experimentación en humanos, lo cual sale mucho más caro aún, demasiado para la mayoría de instituciones públicas que investigan. Lo más común es que las investigaciones con alimentos se queden en fase de cultivo celular o de experimentación en animales. Por este motivo, entre otros, no se les suele dar la importancia o difusión que sí se les dan, por ejemplo, a los estudios sobre medicamentos, que cuentan con una gran financiación y pueden llegar a conclusiones en humanos, y luego ser aprobados aún cuando, en ocasiones, los beneficios de su uso no superan sus efectos adversos en el organismo.
Claro que, cuando hay un alto interés económico de por medio, como en el caso de los alimentos transgénicos (sí patentables), no parece que haya la misma exigencia a la hora de evaluar las pruebas existentes que demuestren su inocuidad. Es decir, que para permitir los transgénicos, aún con miles o millones de voces alzadas en su contra, se basan únicamente en estudios realizados desde la misma empresa productora de los transgénicos (además parece que no muy respaldados científicamente…) y sin embargo, para admitir que ciertos vegetales pueden tener efectos anticancerígenos necesitan estudios de enorme calibre…Que no es que no sean necesarios, todo lo contrario, pero resulta paradójico que en otros casos no exista tal seriedad a la hora de justificar determinadas decisiones en cuanto a alimentación se refiere (transgénicos, aditivos, fertilizantes, pesticidas, y largo etc).
Bien, esto que se sale un poco del tema, viene al caso de lo que, elaborando este post, leí en la página de la Asociación española contra el cáncer, en la cual en su apartado “Preguntas más frecuentes sobre dieta y cáncer” se pueden leer estas dos preguntas con sus correspondientes contestaciones:
¿Los alimentos transgénicos tienen relación con la aparición de cáncer?
NO. Los posibles riesgos para la salud humana están relacionados con cuadros alérgicos y con resistencia a antibióticos. No existen estudios científicos que relacionen los alimentos transgénicos con procesos oncológicos. Estos alimentos se modifican mediante técnicas de bioingeniería. Contienen genes no propios, es decir, genes provenientes de un organismo donante, que les confieren una característica nueva y mejorada respecto al organismo equivalente no transgénico.
El té… ¿es bueno para prevenir el cáncer?
SE DESCONOCE. El té verde contiene gran cantidad de antioxidantes, motivo por el cual algunos investigadores han propuesto que puede ser beneficioso. Sin embargo, aún no se ha podido demostrar este beneficio en personas.
Me sorprende sobre todo la frase “No existen estudios científicos que relacionen los alimentos transgénicos con procesos oncológicos”, ¿entonces por qué afirman categóricamente que no tienen relación cuando la verdad es que NO HAY ESTUDIOS? ¿Y por qué en el caso del té desaniman con un “se desconoce” cuando afirma que SI HAY INVESTIGACIONES sobre el tema (y además con resultados muy optimistas, como veremos en próximos posts)? Por otra parte, por lo menos está bien que se reconozcan algunos posibles riesgos de los transgénicos, más que posibles diría yo.
Bueno, aunque también en esta página se dice que los aditivos y edulcorantes no suponen ningún riesgo porque están presentes en cantidades muy pequeñas en los alimentos… ¿y si resulta que nuestro organismo está constantemente luchando contra esas “pequeñas cantidades” de un aditivo, de otro aditivo, de los 2 edulcorantes que lleva la Cocacola Light y Zero, de un pesticida, de un hidrocarburo,… y así con muchas “pequeñas cantidades” de múltiples carcinógenos a los que desgraciadamente nos encontramos expuestos en este mundo desarrollado? ¿y si un día este montón de pequeñas cantidades cancerígenas supera a nuestro sistema defensivo y nos causa un cáncer?
En el próximo post intentaré explicar brevemente el mecanismo de formación de un cáncer, para poder entender luego mejor cómo actúan los alimentos y sus moléculas anticancerígenas en la prevención y también en el tratamiento del cáncer (siempre, por supuesto, como complemento a tratamientos clásicos como cirugía, quimioterapia, radioterapia, etc.).
Y una última nota para la reflexión. Las estadísticas dicen que desde 1940 la incidencia de cáncer va en aumento en todos los países industrializados. Muchos dicen que es normal, ya que la esperanza de vida también aumenta. Pero en 2004, la OMS afirmó en la revista The Lancet que desde 1970 uno de los sectores en los que más ha aumentado el cáncer es entre la población infantil y adolescente. Desde la segunda guerra mundial, el mundo occidental ha sufrido tres grandes cambios fácilmente relacionables con el aumento de la tasa de cáncer:
- Adición a nuestra alimentación de grandes cantidades de azúcar refinado.
- Cambios en los métodos agrícolas y ganaderos y, como consecuencia, cambios en nuestros alimentos.
- Exposición a una gran cantidad de productos químicos que no existían antes de 1940.
Continuará…
Para más información:
Anticáncer, una nueva forma de vida. Dr. David Servan- Schreiber. Ed Espasa. 2008
Los alimentos contra el cáncer. Dr Richard Beliveau, Dr Denis Gingras. Ed Integral. 2008