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Quién susurra al oído de Feijoo

Escrito por Vítor Mejuto
18 de Mayo de 2009 a las 17:13h

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Un mosquito remolonea cerca de la oreja del Presidente. O a lo mejor es su propio Pepito Grillo que le susurra recados de la conciencia. El de Zapatero ahora es ministro. El de Feijoo, que suponemos es Rueda,  no empezó muy bien la cosa por culpa de unos flecos de nada, un quítame allá esas comisiones.
Pero a lo mejor el mosquito no es la conciencia. Sólo un zumbido o un runrun. El Presidente sale al rescate de la automoción, que más que zumbido es el rugir de un motor gripado. Luego está lo de la leche, que es un lamento. Pronto será el textil. Pero el zumbido no cesa.
Pepa Losada tomó esta foto con la precisión de un entomólogo y la oportunidad de un politólogo.

El río

Escrito por Vítor Mejuto
16 de Mayo de 2009 a las 17:37h

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Mi padre era pescador de río. Un gran pescador de truchas. Mis hermanos y yo nos ocupábamos de cazar saltamontes en los prados cerca de casa, para armar su caña de cebo vivo. Ocupábamos un peldaño inferior en la pirámide alimenticia. Cuando en vacaciones viajábamos en coche por ahí, mi padre siempre paraba cerca de  los ríos. Entonces se asomaba al pretil y observaba el cauce para avistar ejemplares. Nunca entendimos cómo era capaz de pasarse las horas asomado al río. Sin duda había algo filosófico en ello.  Pero nosotros no lo apreciábamos.  Sólo nos aburríamos dentro del coche.
Ahora me gustaría saber pescar (y pensar) como lo hacía él. Muchas veces paro mi coche y me asomo al pretil. Pero no veo nada.
Viendo esta foto de Marcos Míguez una catarata de recuerdos me sobreviene. Cuando una foto desencadena todo esto, entonces debe ser que es buena.

Western

Escrito por Vítor Mejuto
15 de Mayo de 2009 a las 14:30h

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Cuando alguien va al cine a ver un western contemporáneo, Sin Perdón por ejemplo, lleva en su retina todo el cine de Ford, de Howard Hawks, de Zinnemann… En fin, todo el género. El código necesario (con sus personajes arquetípicos y su crepuscular melancolía) para disfrutar de un buen western, ha sido aprehendido por el espectador sin sufrimiento, por decantación. Gracias a muchos años viendo vaqueros desmontar de sus caballos sin hacerse preguntas. Cuando alguien va a un Museo de Arte Contemporáneo, muchas veces está viendo su primer western. No entiende a los vaqueros. Tampoco a los indios. Entonces culpa al sheriff de su desconcierto.
 
La policía nacional acompaña al director del MARCO (el sheriff) de Vigo y presenta orgullosa sus decomisos en el museo. Los puños americanos y los chacos son inesperados ready-mades. Gustavo Rivas participa de la ceremonia tomando esta foto. El gran público (se le llama así porque es grande en número) no participa, como siempre.

Presidente Marvel

Escrito por Vítor Mejuto
10 de Mayo de 2009 a las 17:20h

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De la factoría Marvel, cuya cadena de montaje alumbra discrecionalmente superhéroes como directores generales en un relevo gubernamental, salió aquel mítico Magneto. Su taimado poder magnético le otorgaba un control absoluto de todo lo que estuviera hecho de metal. Feijoo, nuestra imantada versión patria, atraviesa el paso de cebra con el semáforo en rojo mientras paraliza los coches con sus superpoderes. César Quián, como Peter Parker, el alter ego de Spiderman, volvió con la foto que desenmascara el gran poder do noso presidente. Quién sabe que otras secretas habilidades nos deparará en el futuro. Quién sabe qué rutilante traje, con la F tatuada al pecho, duerme plácidamente dentro del discreto atuendo de estadista. De momento el Feijomóvil parece inofensivo.

Sospechosa deportividad

Escrito por Vítor Mejuto
6 de Mayo de 2009 a las 10:49h

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Las mascotas deportivas como el irritante Sport Billy -y su siniestro minimaletín- o el orondo Naranjito -la mascota que nos merecíamos- siempre pregonaban eso del fair play y el juego en equipo. Eso sólo es posible encontrarlo ya en el amateurismo o en las categorías inferiores. La foto que tan oportunamente trae Manuel Marras recoge un momento de aparente deportividad. Un jugador del Racing de Ferrol lleva en volandas a un rival, lesionado, del Fabril. Pero en realidad es para evitar que se pierda tiempo porque el resultado le es adverso. ¿Se imaginan a Raúl llevando en volandas a Leo Messi? (en estos momentos debería incluso llevarle el desayuno a la cama) Insisto, sólo en categorías inferiores.

La ley Hirst

Escrito por Vítor Mejuto
30 de Abril de 2009 a las 16:50h

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Tengo dos insensatas teorías sobre Damien Hirst. La primera es que no existe. El manoseado tiburón y el formol serían una leyenda urbana. En realidad Hirst sería el perfecto mcguffin, necesario para que los columnistas, opinadores y tertulianos, despejen la tranquilizadora ecuación:  arte contemporáneo igual a fraude. No hace falta profundizar, sólo invocar a Hirst y quedarse tan ancho. La segunda teoría es, precisamente, que la auténtica obra de Hirst consiste en inundar las revistas dominicales, las columnas de opinión y las sobremesas de la tele de sus travesuras fluxus o sus ocurrencias conceptuales. Esta masiva inundación mediática sería ampliamente documentada por el autor y un buen día empapelaría las sacrosantas paredes de un centro de arte contemporáneo con los recortes de su acción. Sería como llevar la mítica obsesión de Warhol por los mass media al paroxismo. Las dos teorías no tienen nada que ver con su obra, igual que todo lo que se escribe por ahí.
Lo que está claro es que Hirst ha sentado una suerte de jurisprudencia. A Santiago Sierra, que estos días actúa en el Marco, se le aplicará con toda seguridad la Ley Hirst.
La foto es de Xoán Carlos Gil.

Marras y el neoimpresionismo

Escrito por Vítor Mejuto
28 de Abril de 2009 a las 11:33h

geometriasA veces la pintura y la fotografía se confunden. Los lenguajes se entrelazan. El inventor de la franquicia puntillista Pierre Seurat no sabía que cuando descomponía la realidad en pinceladas cortas, como puntos, en realidad estaba utilizando megapixels. Manuel Marras hace el viaje al revés y se olvida de la mera representación para pintar con la cámara. Le valió el tercer premio del concurso de  fotografía Puerto Centro de Ocio. Enhorabuena maestro.

Compro oro

Escrito por Vítor Mejuto
27 de Abril de 2009 a las 16:26h

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El galeón de la economía se hunde y la gente corre a empeñar el oro que ocultan sus bodegas. Por eso Pontevedra amaneció sembrada de octavillas con la leyenda compro oro. Capotillo, nuestro fotógrafo en esa plaza, compró oro fotográfico. El comprador, pegado a su lupa como un cíclope, convierte certeza en incertidumbre. Oro en dinero. La crisis se cobra una nueva foto.

Discrepancias en sus huellas

Escrito por Vítor Mejuto
26 de Abril de 2009 a las 19:19h

huellas2Por la mañana, en un día muy importante para ti, el día que recibes tu acta de concejal para abrazar el servicio público, te atas los cordones de un zapato. El otro zapato te lo calzas sin tener que atar cordón alguno porque es un mocasín. No ves en ello nada sospechoso, ni nada raro. O la heterodoxia ha llegado al Bng, o el despiste más absoluto. Hay más hipótesis que expliquen lo ocurrido pero son más peregrinas: lanzó parte de sus zapatos en alguna manifestación pacifista y ahora tiene que arreglarse con los descartes; quiere despistar a la policía científica creando desconcertantes discrepancias en sus huellas; plantea una posmoderna reinterpretación del desenlace del cuento de La cenicienta; sigue los severos dictados de algún provocador diseñador neoyorkino y cazatendencias. De todas formas auguro un gran futuro a Roberto Valverde, flamante concejal de Baiona protagonista de la anécdota, por su conmovedora flexibilidad. También por su sentido del humor, porque el día que se publicó esta foto llamó a Alejandro Martínez, autor de la foto, para felicitarle. Alejandro llevaba bien calzados los zapatos de fotoperiodista.

Hay carta de Bob

Escrito por Vítor Mejuto
25 de Abril de 2009 a las 13:53h

imagesBob Dylan siempre va a lo suyo. Por eso no puedo evitar sentir mucha simpatía hacia él y cuando publica un nuevo disco es como recibir la carta de un ser querido. Su obra es tan grande que hasta sus errores destilan genio. Una canción descartada de uno de sus discos menores (hay muchos si tenemos en cuenta que tocó techo hace más de cuarenta años con Blonde on blonde) sería un logro enorme para algún grupito contemporáneo. En lo que va de siglo Dylan parecía instalado en un sonido estable, acompañado de una banda estable y embarcado en un víacrucis heroico de conciertos. Pero a Dylan no le gusta pintar siempre el mismo cuadro. Cuando algo le sale bien, al contrario que otros artistas más proclives a fijar el producto, se aburre y salta a otra cosa. Cuando esperas algo de él, Dylan te da justo lo contrario. Cuando vas a un concierto dependes de su estado de ánimo. Si está contento es una fiesta. Si no lo está no tiene ningún problema en ser huidizo, en mostrarse huraño. No siente la necesidad de agradar. Por eso los dylanólogos hacen cábalas y cuando en un tuerce el rictus creen atisbar una sonrisa en una mueca. En el complejo lenguaje corporal de Dylan, cuando levanta un brazo, como para saludar, es el equivalente a varias volteretas de Springsteen en su cuarta hora de concierto. Otra de las distracciones de los dylanólogos en los conciertos es adivinar el primero qué canción está tocando. A veces hasta la segunda estrofa no logran descifrar qué clásico de los sesenta está recomponiendo. Con todo, a pesar de que su último concierto en Galicia fue espectacular, me gustaba más cuando tocaba la guitarra (nunca he oído a nadie complicarse tanto la vida con una guitarra eléctrica) que ahora con ese pianito Feber que parece como una mesa camilla. En fin, es muy difícil ser objetivo cuando llevas veinte años oyendo los mismos discos y suenan como si se hubieran compuesto ayer. Siempre que voy al Prado voy a ver Las Meninas.

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