
Un mosquito remolonea cerca de la oreja del Presidente. O a lo mejor es su propio Pepito Grillo que le susurra recados de la conciencia. El de Zapatero ahora es ministro. El de Feijoo, que suponemos es Rueda, no empezó muy bien la cosa por culpa de unos flecos de nada, un quÃtame allá esas comisiones.
Pero a lo mejor el mosquito no es la conciencia. Sólo un zumbido o un runrun. El Presidente sale al rescate de la automoción, que más que zumbido es el rugir de un motor gripado. Luego está lo de la leche, que es un lamento. Pronto será el textil. Pero el zumbido no cesa.
Pepa Losada tomó esta foto con la precisión de un entomólogo y la oportunidad de un politólogo.
Publicado en: General | 4 Comentarios

Mi padre era pescador de rÃo. Un gran pescador de truchas. Mis hermanos y yo nos ocupábamos de cazar saltamontes en los prados cerca de casa, para armar su caña de cebo vivo. Ocupábamos un peldaño inferior en la pirámide alimenticia. Cuando en vacaciones viajábamos en coche por ahÃ, mi padre siempre paraba cerca de los rÃos. Entonces se asomaba al pretil y observaba el cauce para avistar ejemplares. Nunca entendimos cómo era capaz de pasarse las horas asomado al rÃo. Sin duda habÃa algo filosófico en ello.  Pero nosotros no lo apreciábamos.  Sólo nos aburrÃamos dentro del coche.
Ahora me gustarÃa saber pescar (y pensar) como lo hacÃa él. Muchas veces paro mi coche y me asomo al pretil. Pero no veo nada.
Viendo esta foto de Marcos MÃguez una catarata de recuerdos me sobreviene. Cuando una foto desencadena todo esto, entonces debe ser que es buena.
Publicado en: General | 4 Comentarios
Â
Cuando alguien va al cine a ver un western contemporáneo, Sin Perdón por ejemplo, lleva en su retina todo el cine de Ford, de Howard Hawks, de Zinnemann… En fin, todo el género. El código necesario (con sus personajes arquetÃpicos y su crepuscular melancolÃa) para disfrutar de un buen western, ha sido aprehendido por el espectador sin sufrimiento, por decantación. Gracias a muchos años viendo vaqueros desmontar de sus caballos sin hacerse preguntas. Cuando alguien va a un Museo de Arte Contemporáneo, muchas veces está viendo su primer western. No entiende a los vaqueros. Tampoco a los indios. Entonces culpa al sheriff de su desconcierto.
Â
La policÃa nacional acompaña al director del MARCO (el sheriff) de Vigo y presenta orgullosa sus decomisos en el museo. Los puños americanos y los chacos son inesperados ready-mades. Gustavo Rivas participa de la ceremonia tomando esta foto. El gran público (se le llama asà porque es grande en número) no participa, como siempre.
Publicado en: General | Comentar

De la factorÃa Marvel, cuya cadena de montaje alumbra discrecionalmente superhéroes como directores generales en un relevo gubernamental, salió aquel mÃtico Magneto. Su taimado poder magnético le otorgaba un control absoluto de todo lo que estuviera hecho de metal. Feijoo, nuestra imantada versión patria, atraviesa el paso de cebra con el semáforo en rojo mientras paraliza los coches con sus superpoderes. César Quián, como Peter Parker, el alter ego de Spiderman, volvió con la foto que desenmascara el gran poder do noso presidente. Quién sabe que otras secretas habilidades nos deparará en el futuro. Quién sabe qué rutilante traje, con la F tatuada al pecho, duerme plácidamente dentro del discreto atuendo de estadista. De momento el Feijomóvil parece inofensivo.
Publicado en: General | 1 Comentario

Las mascotas deportivas como el irritante Sport Billy -y su siniestro minimaletÃn- o el orondo Naranjito -la mascota que nos merecÃamos- siempre pregonaban eso del fair play y el juego en equipo. Eso sólo es posible encontrarlo ya en el amateurismo o en las categorÃas inferiores. La foto que tan oportunamente trae Manuel Marras recoge un momento de aparente deportividad. Un jugador del Racing de Ferrol lleva en volandas a un rival, lesionado, del Fabril. Pero en realidad es para evitar que se pierda tiempo porque el resultado le es adverso. ¿Se imaginan a Raúl llevando en volandas a Leo Messi? (en estos momentos deberÃa incluso llevarle el desayuno a la cama) Insisto, sólo en categorÃas inferiores.
Publicado en: General | Comentar

Tengo dos insensatas teorÃas sobre Damien Hirst. La primera es que no existe. El manoseado tiburón y el formol serÃan una leyenda urbana. En realidad Hirst serÃa el perfecto mcguffin, necesario para que los columnistas, opinadores y tertulianos, despejen la tranquilizadora ecuación: arte contemporáneo igual a fraude. No hace falta profundizar, sólo invocar a Hirst y quedarse tan ancho. La segunda teorÃa es, precisamente, que la auténtica obra de Hirst consiste en inundar las revistas dominicales, las columnas de opinión y las sobremesas de la tele de sus travesuras fluxus o sus ocurrencias conceptuales. Esta masiva inundación mediática serÃa ampliamente documentada por el autor y un buen dÃa empapelarÃa las sacrosantas paredes de un centro de arte contemporáneo con los recortes de su acción. SerÃa como llevar la mÃtica obsesión de Warhol por los mass media al paroxismo. Las dos teorÃas no tienen nada que ver con su obra, igual que todo lo que se escribe por ahÃ.
Lo que está claro es que Hirst ha sentado una suerte de jurisprudencia. A Santiago Sierra, que estos dÃas actúa en el Marco, se le aplicará con toda seguridad la Ley Hirst.
La foto es de Xoán Carlos Gil.
Publicado en: General | 2 Comentarios
A veces la pintura y la fotografÃa se confunden. Los lenguajes se entrelazan. El inventor de la franquicia puntillista Pierre Seurat no sabÃa que cuando descomponÃa la realidad en pinceladas cortas, como puntos, en realidad estaba utilizando megapixels. Manuel Marras hace el viaje al revés y se olvida de la mera representación para pintar con la cámara. Le valió el tercer premio del concurso de fotografÃa Puerto Centro de Ocio. Enhorabuena maestro.
Publicado en: General | 2 Comentarios

El galeón de la economÃa se hunde y la gente corre a empeñar el oro que ocultan sus bodegas. Por eso Pontevedra amaneció sembrada de octavillas con la leyenda compro oro. Capotillo, nuestro fotógrafo en esa plaza, compró oro fotográfico. El comprador, pegado a su lupa como un cÃclope, convierte certeza en incertidumbre. Oro en dinero. La crisis se cobra una nueva foto.
Publicado en: General | 4 Comentarios
Por la mañana, en un dÃa muy importante para ti, el dÃa que recibes tu acta de concejal para abrazar el servicio público, te atas los cordones de un zapato. El otro zapato te lo calzas sin tener que atar cordón alguno porque es un mocasÃn. No ves en ello nada sospechoso, ni nada raro. O la heterodoxia ha llegado al Bng, o el despiste más absoluto. Hay más hipótesis que expliquen lo ocurrido pero son más peregrinas: lanzó parte de sus zapatos en alguna manifestación pacifista y ahora tiene que arreglarse con los descartes; quiere despistar a la policÃa cientÃfica creando desconcertantes discrepancias en sus huellas; plantea una posmoderna reinterpretación del desenlace del cuento de La cenicienta; sigue los severos dictados de algún provocador diseñador neoyorkino y cazatendencias. De todas formas auguro un gran futuro a Roberto Valverde, flamante concejal de Baiona protagonista de la anécdota, por su conmovedora flexibilidad. También por su sentido del humor, porque el dÃa que se publicó esta foto llamó a Alejandro MartÃnez, autor de la foto, para felicitarle. Alejandro llevaba bien calzados los zapatos de fotoperiodista.
Publicado en: General | 1 Comentario
Bob Dylan siempre va a lo suyo. Por eso no puedo evitar sentir mucha simpatÃa hacia él y cuando publica un nuevo disco es como recibir la carta de un ser querido. Su obra es tan grande que hasta sus errores destilan genio. Una canción descartada de uno de sus discos menores (hay muchos si tenemos en cuenta que tocó techo hace más de cuarenta años con Blonde on blonde) serÃa un logro enorme para algún grupito contemporáneo. En lo que va de siglo Dylan parecÃa instalado en un sonido estable, acompañado de una banda estable y embarcado en un vÃacrucis heroico de conciertos. Pero a Dylan no le gusta pintar siempre el mismo cuadro. Cuando algo le sale bien, al contrario que otros artistas más proclives a fijar el producto, se aburre y salta a otra cosa. Cuando esperas algo de él, Dylan te da justo lo contrario. Cuando vas a un concierto dependes de su estado de ánimo. Si está contento es una fiesta. Si no lo está no tiene ningún problema en ser huidizo, en mostrarse huraño. No siente la necesidad de agradar. Por eso los dylanólogos hacen cábalas y cuando en un tuerce el rictus creen atisbar una sonrisa en una mueca. En el complejo lenguaje corporal de Dylan, cuando levanta un brazo, como para saludar, es el equivalente a varias volteretas de Springsteen en su cuarta hora de concierto. Otra de las distracciones de los dylanólogos en los conciertos es adivinar el primero qué canción está tocando. A veces hasta la segunda estrofa no logran descifrar qué clásico de los sesenta está recomponiendo. Con todo, a pesar de que su último concierto en Galicia fue espectacular, me gustaba más cuando tocaba la guitarra (nunca he oÃdo a nadie complicarse tanto la vida con una guitarra eléctrica) que ahora con ese pianito Feber que parece como una mesa camilla. En fin, es muy difÃcil ser objetivo cuando llevas veinte años oyendo los mismos discos y suenan como si se hubieran compuesto ayer. Siempre que voy al Prado voy a ver Las Meninas.
Publicado en: General | Comentar