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La mirada en el retrato

Escrito por Vítor Mejuto
19 de Junio de 2009 a las 10:32h

sindicalista

El retrato es mi género favorito. Cuando fotografío a una persona no suelo hablar mucho con ella pero hay dos palabras que siempre salen de mi boca: “póngase ahí”. Si la persona es extranjera la palabra es “here” acompañada de un gesto con el dedo índice. No creo en la cháchara innecesaria, qué le voy a hacer. Mientras dura la sesión, eso sí, estoy completamente pendiente de la mirada del retratado y sólo cuando me devuelve una respuesta convincente dejo de bajar y subir las cortinillas del obturador. Pasan varios minutos hasta que la persona se olvida de la cámara y me mira a mí. A veces esto no ocurre, entonces no hay nada que hacer. Otras veces la mirada es tan poderosa que se come mi cámara y hasta yo tengo que apartar la mirada. Algo de esto debió pasarle a Óscar Cela cuando firmó este espectacular retrato del histórico sindicalista lucense Santos Costa, que visita la cárcel, ya cerrada, donde cumplió condena como preso político en una época en la que las cárceles estaban llenas de ideas. Y con ellas, de sus propietarios.

Peregrino globo sonda

Escrito por Vítor Mejuto
18 de Junio de 2009 a las 12:56h

botero

La Xunta proclama su austeridad pero no escatima en I+d. Cómo si no se explica este prototipo de peregrino globo sonda, sutil hibridaje entre una escultura de Juan Muñoz y un pariente cítrico de aquella heroica mascota nuestra, aquella que nos merecíamos. Una suerte de emisor de feromonas xacobeas que estimulan y animan a salir al camino para vivir esa cosa de la aventura interior, a la que yo por cierto soy inmune y que probablemente haría en sentido contrario, sin hacerme una sola pregunta sobre el ser y la nada. A mi sastre, personaje completamente inflexible y restrictivo en lo que se refiere a los usos y maneras de la ropa sport (tanto que si le obligaran a ponerse un chándal para ir al centro comercial, un sábado por la tarde, podríamos estar hablando de tortura),  seguro que no le gustaría el corte y las calidades del plástico. Mi sastre haría el camino ataviado como un personaje de Julio Verne y no como un montañero fosforescente lleno de cremalleras, bolsillos e inútiles gadgets cubiertos de membranas, porosidades y estrafalarias patentes pensadas para combatir la inclemencias del tiempo. Si mi sastre tuviera la potestad necesaria, degradaría a soldado raso al mismísimo Coronel Tapioca.
La foto es de Xoan A. Soler que desoyó los cantos de sirena y en la única mochila que lleva habita una cámara de fotos.

El probador

Escrito por Vítor Mejuto
9 de Junio de 2009 a las 17:56h

votantes

Hay parejas que no se separan ni para votar. Las cortinas que envuelven sus cuerpos son el molde de un acercamiento, las arrugas que se forman el rastro de una caricia. Aunque naturalmente todo esto sólo ocurre en mi rijosa cabeza, lo cierto es que cuando una pareja bien avenida comparte un metro cuadrado, le sobra espacio.
En el probador de la democracia, aunque ya sabes lo que te vas a poner, siempre queda un pequeño espacio para el secreto. Y no estoy hablando del voto.
Ramón Leiro acudió a la aburrida cita con las urnas para dibujar este otro tipo de cita.

Gaudeamus

Escrito por Vítor Mejuto
7 de Junio de 2009 a las 23:47h

gaudeamis

Los estudiantes salen de la trinchera boloñesa para ocupar lo que parece ser el pabellón de rectores ilustres. Las togas y los birretes cimbrean asustados dentro de los retratos. Los rectores dentro de los marcos, tienen más de hidalgos barrocos del siglo de Oro, que de abajo firmantes de un pacto a lo Dorian Gray. Los estudiantes ponen la nota contemporánea e irreverente y el autor de la foto, Álvaro Ballesteros, levanta acta cum laude.

La fiebre del oro

Escrito por Vítor Mejuto
5 de Junio de 2009 a las 16:32h

burgas

La crisis se cobra otra imagen. El concello draga la fuente de As Burgas en Ourense. Los lodos se acumulan en un contenedor y la gente se arremolina para rescatar del fango las monedas que, después de un prolongado baño de óxido termal, parecen sestercios. Si además estuvieran dentro de un cofre, el botín podría ser reclamado por un capitán pirata. Pero me temo que poco podría hacer frente a la turba de eventuales zapadores que no prestan atención al fotógrafo, porque en sus pupilas brilla todo el fulgor hipnótico de la fiebre del oro.
Un buen día lanzas una moneda a la fuente y pides un deseo. Si tu deseo se ha cumplido tienes un problema de impago con la Diosa Fortuna. Porque tu moneda acaba en el monedero de un  pensionista.
La foto es de Miguel Villar,  al que la calle le susurra noticias.

Rande según Houdini

Escrito por Vítor Mejuto
3 de Junio de 2009 a las 20:53h

rande2

Podría haber utilizado para esta analogía de mago que hace desaparecer un puente a David Copperfield. Pero el único Copperfield que me cae bien es el que imaginó Dickens. No te fíes nunca de un hombre que usa más laca que tu mujer.
En fin, leyendo sobre Houdini descubrí que le unía una entrañable amistad con Conan Doyle. Esa relación se truncó por culpa de sus discusiones sobre lo paranormal y el espiritismo. Conan  Doyle era tan crédulo como un tertuliano de Iker Jiménez mientras que Houdini disfrutaba desenmascarando farsantes y demostrando que toda esa fanfarria extrasensorial podía explicarse con unos cuantos trucos.
Para mí la fotografía también se sustenta en unos cuantos trucos y si los dominas, dominas el lenguaje. Ahora bien, dominar los trucos no garantiza que se produzca la magia. Eso está reservado a unos pocos. En el fraseo de un fotógrafo bien entrenado los lugares comunes (trucos), los encuadres aprendidos (trucos), los efectos que puedes lograr con un buen flash (trucos), los juegos de enfoque y desenfoque (trucos), convierten el resultado final en una imagen correcta, pero aburrida.
Gustavo Rivas tiene todos los trucos en su chistera pero además tiene a veces las palabras mágicas. Algo que ni Houdini sería capaz de desentrañar. Y no me refiero a la proverbial tendencia de Gustavo hacia el escapismo vía Photoshop.

Acordeonista y tres sillas como tres acordes

Escrito por Vítor Mejuto
2 de Junio de 2009 a las 10:49h

acordeonista1

El último disco de Dylan, tejido con la espesa trama de un acordeón, ya ha sido destrozado por la crítica. No es nada nuevo. En la gira del 66 Dylan aporreaba el piano para perpetrar sin piedad, con un sonido horrible y una banda que no lograba seguir sus erráticas envestidas, un Ballad of a thin man por el que el público le devolvía un atronador abucheo. Poco virtuosismo, brocha gorda para esbozar obras maestras y mucha determinación. Siempre se dijo que necesitaba un buen productor y entonces apareció Daniel Lanois para domar su sonido. Pero a mí siempre me ha parecido que el Dylan del 66, enloquecido, torpe y desmañado, es el mejor Dylan. Lo que no sabía se lo inventaba y esto es una prerrogativa del caprichoso ego de los genios.
La foto, de Marcos Míguez, de un acordeonista esperando a sus dos compañeros que con él forman el trío, además de evocarme al viejo Bob, es una lección de ritmo y teatralidad. La luz penetra en las sillas y entonces lo que tenemos es un suceso constructivista que firmaría el mismísimo Moholy Nagy o el excelente pintor vasco Muniategiandikoetxea. Tenemos también mucha atmósfera cinematográfica y una cierta melancolía contenidas en el viejo músico. Todo eso lo tenemos en una sencilla foto tomada con luz natural. La luz es la materia sobre la que se construyen las fotos. Marcos Míguez asiste al momento en que la luz convierte tres sillas en una partitura. Y la ejecuta con éxito.

Landscape

Escrito por Vítor Mejuto
1 de Junio de 2009 a las 14:41h

ezaro

Los caprichos de la naturaleza son un clásico de la fotografía. Ansel Adams además de gran paisajista, era prácticamente alpinista. Subía las montañas de Yosemite con aquel armatoste de placas y tenía como máximo dos disparos, dos oportunidades para la genialidad. Le sobraba uno. Adams, con su famoso sistema de medición de zonas, tenía todos los grises a su disposición y podía convertir una apacible tarde de primavera en un intenso e improbable claroscuro. Sus fotos no eran una mera aprehensión de la realidad, papel que muchas veces se asocia a la fotografía, eran la traducción química de la heróica visión que Adams tenía de la naturaleza. Demostraba que realismo y abstracción funcionan muchas veces como vasos comunicantes.

Fontcuberta por su parte, utiliza ordenadores para traducir en paisaje cuadros de pintores célebres. Su intervención se reduce a la mediación. Un todopoderoso demiurgo digital. Para los que creen que los artistas deben presentar como coartada su virtuosismo técnico, en esta nueva entrega de Fontcuberta no encontrarán ese confortable asidero. Los que busquen simplemente un lugar para la ensoñación, disfrutarán.

Xesús Búa, que colabora con nosotros cubriendo el lejano Oeste (Costa da Morte), nos regala esta fantástica imagen de la caprichosa (por culpa de la intervención humana) cascada de Ézaro. Que Adams y Fontcuberta me vinieran a la cabeza  fue algo natural.

Cuiña road

Escrito por Vítor Mejuto
25 de Mayo de 2009 a las 18:33h

valla

Ningún cuarteto cruzó nunca una calle con tanto donaire como los Beatles. Por cierto, si los Beatles hubieran elegido Vilagarcía para grabar el histórico álbum Abbey road, no habrían podido acabar el disco. En Vilagarcía, donde el atropello de peatones es endémico, Paul y John habrían causado baja. George, aunque para muchos es el tapado, no habría podido acabar el trabajo solo porque el bueno de Ringo sólo habría aportado una intrascendente cancioncilla de un jardín donde se sirve pulpo á feira.
La foto que traigo, de Marcos Miguez, es más prosaica aunque recuerde a la legendaria foto mencionada. El alcalde de Lalín, Xosé Crespo, acompañado del Conselleiro de Medioambiente Agustín Hernández  y de otros dos próceres inaugura un puente separando la valla que corta el tráfico al mismo. El puente lleva el nombre de Xosé Cuiña. Los que trabajamos alguna vez haciendo fotos en actos liderados por el finado conselleiro Cuiña, sabemos que este momento de humor le habría encantado. Recuerdo que en una ocasión inaugurando alguna cosilla, Cuiña se dirigió indolentemente, casi bostezando, a un miembro del público (el paisano más pintoresco que había) y le invitó a descubrir la placa. El hombre se llevó a su casa un trozo de cinta, una divertida anécdota y mucho desconcierto.

Balmoral rianxeiro

Escrito por Vítor Mejuto
22 de Mayo de 2009 a las 20:08h

rey

Ayer soñé con el Príncipe de Gales. Estábamos en un evento, acto, sarao, vernissage, brunch o como quiera que se diga en el relamido dialecto que utilizan los que se dedican al protocolo. No sé que hacía yo allí pero cada vez que me cruzaba con el egregio habitante de Balmoral charlaba con él como si lo conociera de toda la vida. Él llevaba cada vez un traje distinto. Le pregunté cuántos trajes podía ponerse durante una ceremonia. Me dijo, con toda su flema windsor, que doce y mientras lo hacía yo me fijaba en sus manos, esperando encontrar en ellas el resultado de una delicada sesión de manicura. En su lugar encontré suciedad bajo las uñas. Cuando le contaba el inquietante descubrimiento a unos plebeyos vino a buscarme el Rey de España que me anunciaba el comienzo del lunch. Me sentía como Josemi Rodríguez Sieiro una semana cualquiera. Antes de sentarme a la mesa el monarca me dijo que firmara en el libro de honor que, para mi sorpresa, era una especie de cutre cuaderno de anillas con garabatos hechos con boli de distintos colores.
No sé qué demonios significa todo esto pero debería visitar menos a mi sastre, poner más rock and roll en mi coche cuando voy de viaje y tirar mis discos de Bing Crosby. Qué clase tenía el tío.
Buscando una foto para este sueño, encontré esta visita del rey Don Juan Carlos a la conservera Rianxeira. El monarca, que siempre rompe el protocolo porque es muy campechano, tanto que a veces acude a sus citas conduciendo su propio coche (algo que debe tener mucho mérito entre la realeza porque siempre lo destacan en las noticias), se mezcla con las  trabajadoras de la conserva que se deshacen en aplausos. Qué súbditos tan entusiastas. Qué paño más noble el del traje del Rey. Qué foto más buena de Carmela Queijeiro.

ojd