aventuras de un fotógrafo de prensa en un despacho
Hay que contar con el lector. El lector, nuestro cliente, tiene mucha memoria visual y no necesita imágenes precocinadas. Si sacas a Hawking una vez sobre ruedas, no debes dar los días siguientes la misma nota. Xoán A.Soler ofrece un intenso retrato que además contiene mucha información. Las gafas de empollón del científico se prolongan en un artilugio que pone en palabras los movimientos de sus ojos. La foto está tomada interponiendo el ordenador, que es su prolongación intelectual. Sólo muestra su mirada y sobre todo su ojo izquierdo. En su profundo azul habitan todos los misterios del universo. También su propio misterio: cómo sobrevivir a un cuerpo roto. Mientras tanto en este mundo, Hawking recibe tratamiento de superestrella y su endeble cuerpecito es llevado en volandas por una troupe de asistentes. No es frecuente que la inteligencia sea algo mediático. A nosotros nos valió para publicar un careto a cuatro columnas. Y no pasó nada.
Y ahora, un momento para las promociones personales. El día diez de octubre cuelgo en la Galería Sargadelos de Barcelona una nueva exposición. Después de mucho cavilar lleva por título“Anatomías soñadas”. La razón es que esta obra, comparada con lo último, es mucho menos cartesiana y mucho más orgánica. De hecho, pensé en titular algo relacionado con lo orgánico, pero todo lo que salía me sonaba a casquería.
El cuadro de la foto se llama mergullador. No me preguntéis por qué. Como decía Anacleto, el inefable detective de los tebeos, cuando salía airoso y con vida de un embrollo irresoluble: “No me pregunten cómo lo he hecho”. Supongo que es como la escritura automática. Pongo la mente en blanco y las palabras brotan aleatoriamente. Se me da bien poner la mente en blanco. Es lo bueno de ser un tipo primario.
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El teleobjetivo es la herramienta más adecuada para hacer frases compuestas. Varias ideas se acercan por yuxtaposición gracias a eso de la profundidad de campo, que es una de las tres ideas que componen mi formación teórica como fotógrafo. Tampoco hay muchas más. Simón Balvís ilustra en una única imagen, el futuro de la autovía de Barbanza y su negro pasado. Muy elocuente.
Voy a abrir una sección específica para las aventuras de los políticos. En la larga precampaña que se avecina, la feroz disputa del cromo va a deparar fotos desternillantes. El Conselleiro de Industria (oportuna foto de Pradero) convertido en un improbable Robin Hood, que hurta megavatios a los ricos para dárselo a los ricos. Voy a salirme del jardín de Sherwood, no sea que me haga un lío. El Vicepresidente (simpática foto de Capotillo) que se sienta con los niños. Sus expresiones van del estupor a la desconfianza. En próximas fotos Quintana irá más allá y se ceñirá su propio mandilón. Va a ser divertido.
Más deportes. César Quián, animal de estadio. Es su medio, donde más disfruta. Se nota. El partido del domingo tuvo al arbitro de gran protagonista. En las fotos de Quián, el arbitro efectivamente sobreactúa un poco. Lotina se lleva las manos a la cabeza mientras pasa un juez de línea cibernético. Los jugadores se entregan a torpes y desmañadas coreografías. Fútbol poco.
La fotografía deportiva, en la que tantas veces he naufragado, se compone entre otras cosas de paciencia y equipo. Paciencia para, después de montar la cámara, esperar el lance propicio; equipo para que la ausencia de un buen teleobjetivo y de un cuerpo rápido no sea un obstáculo. Pero además hacen falta otras cosas como picardía e intuición. Buscar algo distinto. Marras tuvo ambas cosas cuando hizo esta foto el otro día en una prueba de Judo, Kárate o… En fin, de Artes Marciales. Una mano suministra Reflex a una participante en una pupa, justo donde acaba esa especie de corsé que lleva al talle. Desconozco si el kimono oficial de competición, que tampoco sé si se llama así, lleva o no enaguas. El caso es que las mujeres siempre están divinas, huelan a Chanel nº 5 o a linimento.
Pili Prol, leyenda viva de la fotografía ourensana, a la que la guardia civil prácticamente le hace un pasillo cuando llega a un suceso, se pone delante de dos adolescentes que hacen cine que ya no es que sea de bajo presupuesto, es que parece el resultado de los recortes de la famosa crisis. Les sobra imaginación y a Pili oficio. Se montan una escena de cine negro con graffiti. Una pistola de juguete y una languidez gótica, deudora de tanto cine de género consumido. El resultado es una foto divertida y diferente. Uno de esos oasis en el áspero día a día de la información. Bravo Pili.
A los que les gusta eso del dogma, los mismos que prefieren que no haya ninguna interacción entre el fotógrafo y lo fotografiado, no les gustará esta foto. El portador de la cámara debería ir camuflado, con flores en el casco, para que todo lo que entre por el objetivo sea puro y no esté contaminado. Mucha gente cuando una cámara merodea, deja de ser natural. Otros además se preocupan de llenar el encuadre como una prima donna.
La foto que nos ocupa recoge el retorno a las clases en un instituto. Dos amigas se reencuentran después del verano. Se contarán sus aventuras, hablarán de novios y de cosas de adolescentes, apretando deliciosamente contra sí sus carpetas, moteadas con las pegatinas de sus ídolos. Pero la chica de la izquierda tiene tiempo además para dedicar una polisémica mirada a la cámara de Kopa. Mientra se entrega al abrazo sabe que se está fraguando una foto. No quiere dejar pasar la oportunidad de participar activamente en esta ceremonia sin armar una mirada arrebatadora. Lo consigue con nota y toda esa intensidad llena la foto. La hace rebosar.
En la Ría de Arousa no se andan con chiquitas a la hora de defender lo que es suyo. Tanto que a veces se les va la mano. Pero lo sorprendente de las fotos de Mónica Irago está en la convivencia de todos los elementos y en el hecho de que su cámara estaba a menos de un metro de lo que sucedía. La Fuerza y el Cuerpo (no sé si es correcto llamar así a una unidad de las Fuerzas y Cuerpos) reprimen a un ciudadano mientras otra contribuyente le fotografía y en todo esto hay una naturalidad y una normalidad que parece ensayada. Dentro de una situación extrema, de acuerdo, pero siguiendo un manual no escrito de cómo montar, cómo controlar y cómo fotografíar una movilización. Dramatis personae, cada uno en su pápel.
Llegados a este punto se producen dos batallas. La primera es la más evidente. La segunda se produce entre los fotógrafos que, acostumbrados a sestear tranquilamente con previsiones cotidianas, reciben una descarga de adrenalina que les hace competir para obtener la mejor foto. Todos contra todos y todos contra Efe, que manda fotos a todos los periódicos y que te puede arrebatar la primera si no has estado fino. No fue el caso. Irago salió airosa a pesar de que las fotos del gran Salvador Sas (Efe) ocuparon la primera provisionalmente. A las nueve llegaron nuestras fotos. Lo tenían todo. Me sentí orgulloso y entré en el despacho adecuado sacando pecho.
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