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Un entierro une mucho, pero…

jueves, octubre 21st, 2010

En España no hay como un entierro para acabar y dar por zanjada una enemistad. Un entierro, pero un entierro de los buenos, no de esos que fallece un tal Eliseo o Paquito, que lo conocías de refilón y te fumas un cigarro al final de la muchedumbre, no, de esos no; sino algo más cercano, más próximo, mucho más, pero mucho, excepto que seas tú el cenizas, claro.

Yo he visto en los entierros tantos abrazos entre personas que no se hablaban en años que, entre la tensión de esos instantes de apretujones junto con la congoja de cuando al fiambre lo meten pa dentro, te lo juro que aquello más que un cementerio parecía una central hidroeléctrica a punto de estallar porque eran tantos los chispazos emocionales que se producían en décimas de segundos en medio del que se va para el más allá y el que retomaba la amistad con el de más acá…

Pues pensaba eso, que no hay como un entierro para hacer las paces y que ya pueden estar 30, 40 o 50 años dos personas sin dirigirse la palabra que como coincidan frente a un nicho… es mirarse y… bueno; unos apretujones, unos abrazos, unas palmadas en los hombros, unos besos, unas lágrimas, un cariño… Increíble lo que hace la muerte por los vivos.

Pues como digo, eso creía yo, vamos, que estaba segurísimo; pues no. Un entierro, la verdad une, pero no tanto; lo que realmente une, funde y hasta diría que fusiona de por vida es un accidente de aviación, eso sí que une chaval, eso es otra cosa.

Y es que hasta lo ves en la tele. Coges una avioneta en el estado de Montana, por ejemplo, vais siete, incluido el amante de tu esposa, porque tiene que ir que si no tu esposa no va y tú tampoco, y no es plan no pasar unos días en Acapulco, total te va a engañar igual, pues por lo menos tomar el sol… Pues eso, y al pasar por el Gran Cañón del Colorado (perdona que haga un inciso y que me excuse mi mujer la sioux, ¿pero se puede ser tan inútil que al famoso Cañón no pueden ponerle un color?. El Cañón Marrón, El Cañón Ocre, El Cañón Teja… pero colorado… ¿¡¡¡ pero qué color, hombre !!!?. ¿Pero es que alguien puede imaginar en Galicia los montes «colorados» en vez de los verdes montes, o el «colorado» mar, en vez del azulado mar… ¿o es que allí en vez del azul marino tienen el colorado marino… ?, joé, menos mal que estos tíos están a 8.000 kilómetros).

Bueno que me pierdo. Pues vas en la avioneta y al pasar cerca del Gran Cañón ese, el aparato pierde altitud, o los árboles han crecido que no veas, que todo puede ser, los ocupantes se miran, gritan y ¡¡hala!! a pegarte de morros contra varios millones de árboles. Entonces pasan unos segundos, los ocupantes balbucean unas palabras, luego hablan y, ¡¡¡alucinante!!!. A la hora o dos horas del desastre, al amante de tu mujer (que es el que está más grave) le estás tomando el pulso ¡¡¡y te alegras porque está vivo!!!, lo coges suavemente por la nuca limpiándole la sangre de la cara, le das un poquito de agua para que beba y hasta lo arropas para que no pase frío, que soy yo y con lo que queda de la radio le pongo un botón en cada ojo y así lo encuentran, pero bueno…

Y mientras el operativo de rescate no os localiza, no solo lo cuidas durante dos semanas dándole de comer sopita y animándole para que no pierda la esperanza (que uno ya hasta piensa si al final lo que quieres es empaquetarle a tu mujer de una vez), sino que le calientas los pies, le das tu manta y hasta entras en total confianza con él, te sinceras, se sincera y lloráis; sí, lloráis juntos, que soy yo y le echo sal en las heridas y sé quien iba a llorar, pero llorar llorar.

Y al final llegan los rescatadores y ¡¡¡hala!!!, al hospital todo dios a curarse y después de varias semanas, ya dados de alta… ¡¡¡Fiesta, fiesta!!!, en tu casa, claro. El amante siguiendo a tu esposa, tu esposa siguiendo al amante, el amante que no la encuentra, la que no lo encuentra que lo quiere encontrar hasta que se encuentran y se encuentran donde se encuentran los que se quieren encontrar haciéndose el encontradizo, donde se encontraron siempre y se encontraron a gusto mientas tú no la encontrabas pese a que miraste tras las contras por si la encontrabas: Pues en una habitación, en otra y en aquélla de más allá y en tanto ellos a ello, tú, tras lo vivido, no se te ocurre otra que decir «amigos para siempre» y él; bueno él, como siempre, y más que nunca, haciéndose el avión. Joé, contras, lo que une un accidente.

¡¡¡ Vuela Rodribico, vuela, vuela !!!

jueves, abril 29th, 2010

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NO ESTÁ MAL TERMINAR EL MES CON UNA BUENA NOTICIA

Después de algunos años con una serie de cuentos en un cajón, mi colega el pajarico Rodribico ha sido ilustrado por el dibujante y amigo Xosé Tomás (http://xosetomas.blogspot.com/) un crack, y una editorial, Baía, se ha embarcado en el proyecto de editar una serie de 10 cuentos cuya fecha de publicación todavía yo mismo la desconozco.

En principio Rodribico hablará en gallego, pero pronto lo hará en castellano y seguro que en inglés, ya que por unos contactos en Estados Unidos, a través de mi mujer, la sioux, en Ohio están interesados en ver la colección entera en su propio idioma y luego…. como la vida misma, que sea lo que Dios quiera.

Por lo menos Rodribico (un día se lo prometí) saldrá del cajón para surcar libre los cielos. Y si aleteará mucho o poco desde que un día apareció en mi imaginación hasta que lo vi impreso en papel y sentí una gran emoción eso depende ya de vosotros, los lectores; pero hoy es el día en que Rodribico se presenta en la vida para desplegar sus alas y para transmitir lo que a mí me transmitió: alegría, sensibilidad, cariño, mucho cariño, compresión, amor y amistad.

Y Rodribico surgió en unos momentos inolvidables, cuando mis hijas eran pequeñas y les contaba cuentos para luego verlas dormir y darles en la frente el mayor cariño que puede dar un padre…. un beso. Y un día, no me digas cómo, que el vivir y sentir tiene estas cosas inexplicables, se me ocurrió una historia de un pájaro que vivía en un árbol, que era muy aventurero porque era muy fuerte y comía mucho y que descubría con su inocencia los paisajes, las formas (círculos, cuadrados, colores) todo lo que le rodeaba y que luego regresaba cansado, muy cansado a su nido y también él se quedaba dormido.

Y así, con esta idea tan intensamente vivida mientras mis hijas se dormían y yo embelesado veía como su ojillos se cerraban, con la colaboración de Xosé Tomás, que se involucró de lleno también en el texto, por esas cosas que tiene la vida y que uno nunca sabe exactamente cómo suceden, los cuentos serán publicados.

Y mientras llega la hora, la del gran vuelo, hoy os presento a mi amigo Rodribico. Y a partir de ahora, Rodribico, ya no es solo mío… volará y volará y espero que como a mí, a vosotros os transmita lo que siempre me dio: alegría, sensibilidad, cariño, mucho cariño, inocencia, amistad y humor. Rodribico volará y yo, como Alejandra y Victoria, recordaremos momentos irrepetibles, que quedarán grabados para siempre, y como a los buenos amigos, los que nos han marcado en la vida, solo podemos decirle: Suerte, mucha suerte y gracias, muchas gracias Rodribico.

PD. 5 agosto 2010. Ahora ya está en las librerías

Lo de volar en USA… una película (II)

miércoles, abril 14th, 2010

(Este artículo forma parte de la serie Un viaje a USA. Sep 2009)

Ya que me ha dado un punto norteamericano de bemoles; estos días, hasta que me echéis del blog, os voy a contar cosas de Estados Unidos, un país en el que lo que ves es como estar volando en otra dimensión. Bueno, pues eso, para nosotros lo de volar siempre ha sido una historia porque, no lo neguemos, lo de coger un vuelo… de vez en cuando que si entre 20 podemos ir en un coche…. pues vamos y que sea lo que Dios quiera, que mientras no terminemos como los del Imserso…

Aquí en España, cuando uno tiene que coger un día un avión ya casi no duerme la noche anterior; pone tres o cuatro despertadores avisas a tu madre para que te llame, a tu tío, a tus primos a un amigo… y al final, claro, te despiertas y siempre hay alguien que llama cuando ya te has ido y se preocupa de si te habrás o no levantado.

Para un condenado viaje en avión montas tal follón que hasta se han dado casos de gente que al no localizarte va a tu casa a ver si estás, llaman a tu familia, a tus conocidos y al aeropuerto para saber si por fin estás en la aeronave. «¿Sabe si Alberto Peláez está en el vuelo 222.344 MNY5?». «Para saber si Alberto Peláez está en el vuelo 222.344 MNY5 pulse 1.428 y almohadilla, en caso contrario… ». Y al final ya no sabes bien si es que te adoran o quieren asegurarte que por fin te has largado de una vez.

En fin, esto ocurre porque nosotros no vamos mucho en avión, es más, casi no viajamos, y cuando lo hacemos es casi un acontecimiento. Y como primerizos que somos en esto de la navegación aérea somos capaces de darle la brasa a otro durante mes y medio contando lo impresionante que son los aviones y los aeropuertos, cómo hacen los controles de seguridad los funcionarios, lo bien que te tratan las azafatas, lo que comiste, lo que bebiste, lo que… pesaditos que somos hasta decir basta, pero pesaditos con un toque entre bucólico e inocente, que siempre se agradece.

En Estados Unidos no; en USA, para muchas personas coger un avión es como ponerse los calcetines, como lavarse las manos, cepillarse los dientes o utilizar un kleenex: una rutina más. Ajustan la alarma del reloj o del móvil, no dan la brasa a nadie para que los despierten, y felices y contentos se levantan y van hacia el aeropuerto con el tiempo justo.

Que llegas tarde… no pasa nada, te meten en otro avión y fuera. ¿Pero por qué te buscan otro avión sin mayores problemas ni complicaciones?, ¿por qué esa facilidad para solucionar lo que para nosotros sería una tragedia, un drama? Pues porque en Estados Unidos, de una ciudad a otra hay más vuelos que paso de cebra en Madrid o Barcelona, y si son las diez y cinco minutos y lo has perdido, ya que era a las diez, pues ya cogerás el de las 10.15, y sino el de las 10.20 o de las 10.30 ó…. como el autobús pero por el aire.

Además, desde el 11-S, el asunto se ha complicado tanto en Estados Unidos para subir a un avión que ya todo el mundo asimila el retraso, como si fuera una deferencia de la compañía: «Bienvenidos a American Airline, hoy solo salimos dos días tarde, si llegamos al destino el comandante Stewart les desea… »

En Estados Unidos la gente llega a la terminal casi a la hora que le peta, espera en la cola y la meten a paladas en las aeronaves como el carbón, sea la hora que sea. Ni horarios ni historias, con que vean que el billete es para el vuelo y que éste pueda llenarse… pues igual que esa salvaje celebración de arriba, abajo, al centro y… ¡¡¡ padentro !!!, pero papadentro del Boeing, claro. ¿será por aviones? Bo.

Profesiones que son envidiables

viernes, octubre 2nd, 2009

La verdad es que hay profesiones envidiables. ¿Cuáles?, pues muchas. Por ejemplo, ¿el tío ese que pone los banderines en los córners del campo de fútbol? Te parecerá una tontería, pero ese ha estado más cerca de Maradona, Johan Cruyff o Beckham de lo que tu puedas imaginar. Y eso no es lo importante, estar cerca de un tío que le da patadas a un balón; lo importante es todo lo que sabe.

Te imaginas mientras el crack argentino calienta en el campo… «Hola Maradona, nada que voy a poner el banderín», y con la excusa del trapito y como a uno de estos lo encuentres en horas bajas y con ganas de rajar… pues te puedes saber toda la intrahistoria del fútbol del mundo mundial: amaños, trampas, estafas, chantajes, amenazas, robos…

¿Y qué me dices del funcionario de aduanas? Allí, junto al detector de metales, oteando como ave de rapiña una fila de personas que acaban de llegar de Colombia y con una mirada trata de buscar al camello. Visual por encima de las Ray Ban y… «para mí que el del chaleco verde…». Y el aduanero tratando de poner nervioso a alguien porque sabe, porque lo sabe, que si no es en este vuelo es en el siguiente alguien tratará de colar algo. ¿Y su colega de profesión?, pues entrado al trapo y ambos haciendo apuestas: «¿Van unas cañas a que hoy pillo yo más que tú… van? Y que si van…. y así todo los días, todo el año.

Hombre, también está el músico que utiliza el triángulo en una orquesta de 4.000 tíos, que parece que no, pero su toque, una vez cada 100 años es fundamental, o el que está con una señal de tráfico en la mano en una carretera para que pasen los coches o el que lanza la bolita en la ruleta, pero éste no es el no va más.

Para mí quien lo supera todo es el tipo ese que cuando llega un Boeing 700007 con licencia para volar, una vez que aterriza, va a la pista y con esos aparatos rojos que parecen dos raquetas de cadena cien que lleva en las manos, a todo un avión de miolos con un comandante, el segundo, seis azafatas, y con más de 800 tíos abordo los hace parar.

Y dicho y hecho «¡¡¡¡ Chuchi, que viene el vuelo de Florida !!!!» Y Chuchi, que minutos antes se estaba tomando un grasiento bocata de sardinillas, va a la pista y con tranquilidad y temple pasmosos … ¡¡¡¡ zas !!!!, levanta los brazos, cruzada de raquetas que te crió y casi mil tíos parados, donde quiere, cuando quiere y como quiere …. Impresionante.

¿Y que Mackein el comandante se despista o Chuchi interpreta que lo vacila? Pues lo tiene claro el James, le puede hacer dar vueltas por la pista a derechas e izquierdas como si estuviera sacando el carné de conducir. Y Chuchi consigue lo que no logra nadie: que 8.000 o 12.000 tipos al día: hombres, mujeres, niños, niñas, altos, bajos, delgados, gordos, blancos, negros, asiáticos y alguno de Arcade pararlos donde le peta con solo dos raquetillas y todos calladitos y sin decir ni mu.

Pero tú por un momento eres capaz de imaginar la esa sensación que tiene que ser estar en la pista, ver un avión de no sé cuantos miles de toneladas de peso, más alto que un edificio de tres plantas, mirar fijamente al morro del monstruo volador y decir: «¡¡¡¡ Ahora !!!!» y ¡¡¡¡ zas !!!, raquetazo «y va por ti Aurora», que puede ser su mujer o su amante.

Dios, si me dieran un día, aunque solo un fuera un día esa oportunidad…. Y pensar que creía que ya lo había hecho todo… Papón soy, Dios

Ella, el perfume, el avión y la policía

martes, septiembre 15th, 2009

Como he comentado en más de una ocasión, mi mujer, Veneatra Paynther, es de la tribu sioux y la conocí en una aldea de 11 habitantes porque se confundió de casa; sí, como te lo cuento, se confundió de casa y para mí, (pero te lo digo a ti solo), creo que también de marido, pero es otra historia.

Como norteamericana que es no se amedrenta ante nada ni nadie, tiene ese espíritu luchador de salir adelante y ya puede tener cualquier tipo de problema que no solamente encontrará una solución, sino que como la Nasa, siempre tiene un plan B e incluso C, que suelo ser yo. Pero si soy sincero, cuando llega al Plan C, el asunto es casi imposible de solucionar, por eso yo la animo en el Plan A, y me vuelco totalmente en el B para que no me caiga el marrón del C. (Dios, que noble era).

Como mujer aventurera que es ha conocido medio mundo y, curiosamente, mientras puede desorientarse en A Coruña, donde vivió más de cuatros años, para ella Nueva York, París o los macroaeropuertos son como para ti ir a por tabaco y yo fumarlo. ¿Vas con ella a París? Pues machiño, ni que estuviera en Arzúa o Lalín, en un plis plas te enseña todo y sabe por donde va; pero le dices que vaya a la plaza de Cuatro Caminos, e A Coruña, y sí, va, pero pasando por Segovia, Avila, Badajoz y Palencia. No sé, a lo mejor lo hace por eso que dice Tráfico que los desplazamientos cortos son los más peligrosos… tal vez, pero yo no lo entiendo y por eso entiendo porqué estoy con ella. Contradicciones de la vida, que dicen.

A lo que vamos, pues si para otras mujeres la ropa es superimportante, y en vez de llevar una maleta parece que están haciendo una mudanza, ella, quizás porque vivió en Francia 15 años, no va a ningún sitio sin su perfume. Y si hace un viaje lo primero que mete en su bolso es su esencia.

En una ocasión cogió un avión en el aeropuerto de Alvedro para ir a París, donde tenía que hacer unas gestiones por su trabajo de traductora. Al llegar al puesto de la Guardia Civil y pasar el bolso por el detector de metales, el funcionario vio un frasquito por lo que preguntó de qué se trataba. (Nitroglicerina, pensé yo, que siempre me vienen las ideas más estúpidas en los momentos menos adecuados y ya me imaginaba al personal de aeropuerto gritando: «¡¡¡ Nitroglicerina, nitroglicerina !!!, ¿¡¡¡ Paco, qué se hace con la nitroglicerina !!!?». O sea, el protocolo normal de este país para después, al cabo de una hora, oír al papón de turno preguntando: «¿Que era qué, que niotronotoquequé?».

Tras decirle que era su perfume, el agente le dijo que aunque la creía, el botecito en cuestión tenía más cantidad de la permitida y, que lo sentía mucho, pero que no podía llevarlo consigo. Entonces ella miró al funcionario y le dijo: «Y dígame, ¿qué cantidad puedo llevar?». El guardia civil cogió el envase, lo izó, lo observó al trasluz, y tras hacer un cálculo con logaritmos neperianos cuando X tiende a cero le explicó que, más o menos la mitad, a lo que Veneatra, también mirando el perfume y con él en la mano, pero sin hacer ningún cálculo aritmético le contestó: «Mire, este frasquito me ha costado 60 euros; pero no hay problema, lo que dice que sobra me lo echo todo encima y allá usted, que si vamos oliendo así todos hasta París…». El agente un tanto contrariado, no pudo menos que decir: «Bueno, pase, pase». Ella pasó y yo pasé a pensar: «Joé, en poco más 300 años, lo rápido que aprenden estos sioux».

PD.- ¿Qué te pasó a ti?