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Vas a comparar a mis vecinos con el Adriá ese

Sábado, Abril 28th, 2012

GRACIAS POR VUESTRO APOYO. NO LO OLVIDARÉ. TODO ME VA GENIAL Y… SEGUIMOS PARA BINGO 😉

Adriá, el filósofo ese de la patata, comparado a mis vecinos es un colgao. Mientras él se dedica a hacer chorradas con cientos de condimentos y no sé cuantas materias primas, mis vecinos lo tienen claro: Callos y churrasco y de ahí no hay quien los mueva; pero esto de los callos y el churrasco es más complicado de lo que a simple vista puede parecer, porque no es hacer callos o churrasco así porque sí… sí hombre… hay que hacer justo, pero justo justo aquéllos callos y aquél churrasco con aquél sabor y no otro, y en esto, si te contara… hay unas discusiones que no veas.

Unos que si hay que cubrirlos totalmente con agua; otros que no es necesario, que si dos hojas de laurel, que con una vale; otro que no se precisa laurel, que si un ajito, que no, que mejor dos y tal vez tres… que tres cuartos de picante, que 10 gramos de…

Tú sabes eso del Masters de Augusta, cuando el golfista se agacha como si estuviera en un cuarto de baño de pedales para saber si tira por allí o por allá para embocar la bola; bueno, pues mira: qué habré tomado yo en estos años que vivo en la aldea… 7.000, 8.429 churrascadas, tal vez 11.000… pues no conozco una, pero ni una en la que no haya alguien que agache para ver la altura a la que está la carne del fuego, como si aquello fuera el hoyo 17 de St. Andrews (pero sin chaquetilla verde) para poner la parrilla que si un poco más alta, que si un poco más baja, que si más brasa, que si menos… y además, cuando esto se hace, ni que en vez de una churrascada estuviéramos haciendo un cóctel molotov, porque es mover la parrilla y decir: «¡¡¡ Separaros, separaros !!!!», como si fuera a estallar.

Mira, he visto tantas dudas de dónde poner la condenada parrilla que en más de una ocasión he estado a punto de llamar a mi buenos amigos arquitectos José Manuel López Mihura, Leopoldo Uría Herrero o al diseñador Manuel Agrafojo y pedirles pero ya una regla y un cartabón para medir la altura o que me hagan a escala 1: 1.500 o 1: 18.000 un plano en sección de la condenada parrilla y que me calculen a qué altura pongo la carne.

Pero en esto del comer en la aldea (como ocurrió ayer), los dime y diretes en la preparación se acaban de una forma inmediata cuando alguien dice: «¿Y el vino?». Y entonces ahí, ni parrilla ni laurel ni ná, la siguiente pregunta es «¿y cuántas botellas hay?» Y da lo mismo si es Rioja, si es a granel, si es vino de casa, de chalé o de cartón, mientras haya botellas como si es alcohol del 90 y hasta creo que si ponen Betadine, pues que se lo beben como si fuera Baylis.

Y entonces sí que se acaban los problemas; es decir que si hay vino de sobra y ya da lo mismo los callos o el churrasco, todos dicen que «está perfecto», que sabe genial y da lo mismo esté como esté.

Que está salado… un trago de tintorro, mucho más salado… pues dos; que se quemó una chuleta… pues ya puede estar una parte carbonizada, calcinada, achicharrada, que siempre habrá uno que saque de navaja y rascando en ella diga: «ná, esto se hace así y está buenísima». Y oye, alucinante, todos asienten convencidos, con un compañerismo… y esto sí que es una filosofía del comer y no como el otro, el papón ese de la patata, el Adriá

Una boda típicamente francesa

Viernes, Junio 12th, 2009

Una boda en España al estilo francés sería imposible; ¿por qué?, ¿porque dura dos días?, no; ¿porque se bebe y come demasiado?, bueno hombre, no somos nosotros bestias, tampoco. Entonces, ¿por qué?. Pues sería impensable porque en Francia hay dos tipos de invitados, los que acuden a lo que llaman «Vino de Honor», que se celebra en un hotel cercano a la iglesia donde la pareja se promete mutuo amor, y al que van los conocidos, y la Recepción (lo que para nosotros es el convite en sí), que es para los íntimos, con lo cual ya te puedes llevar el palo de que te creías «íntimo» y eres solamente «conocido», que tal y como somos los españoles esto sería ya suficiente para que hubiera casi tiros entre las familias, que no somos nosotros poco vengativos cuando consideramos que nos han hecho un feo.

Pero claro, el asunto, en el plano individual, puede ser peor, porque tú estabas convencido de que eras solamente un «conocido» (y contento estabas con ello porque el tío ese que un día te presentaron, para ti era un petardo), y resulta que no, que, cosas de la vida, le has caído genial y eres «íntimo» y, como í«ntimo» que eres, pues nada, a ir a la Recepción y a pasar dos días comiendo y bebiendo a lo salvaje quieras o no quieras. Toma, por simpático.

¿Y cómo es la Recepción?. Pues esa es otra historia ya que depende un poco de la boda. Si tiene un cierto nivel te llevan a unas instalaciones (por lo general colegios mayores que están en las afueras de las ciudades) donde hay tropecientas habitaciones y cada uno coge la que quiere; pero si el enlace es un poco más corriente, entonces, frente a donde se celebra el convite aparcas tu coche, sí, el coche, como lo oyes o lo lees (como quieras) y comes, bebes, bailas, echas una cabezadita dentro del vehículo y, si puedes salir… pues vuelves a comer a bailar y a beber, y así casi 48 horas.

¿Y hay algo más que diferencia a las bodas francesas de las españolas?, pues naturalmente que sí, la forma de celebrarlas. En Francia la gente se levanta, se agarra por los hombros y se pone a cantar balanceándose de un lado a otro como si estuvieran en el Fondo Sur del Aleti o del Vilapasar F.C. También, cuando menos te lo esperas, cualquier excusa es válida para oir el típico «hip, hip, hip… urra; hip, hip, hip.. urra», que por lo visto no es exclusivo de Gran Bretaña, y se hacen concursos, entre los que no faltan imitar al gallo, símbolo nacional del país, y que para ellos es un momento cumbre de la fiesta. Y como la pareja no iba a ser menos, al ya matrimonio se le hace pasar (eso ocurrió en la boda que fui) por una peculiar prueba, que más o menos es como sigue. Los novios se sientan (en sillas, claro) en medio del salón de baile, espalda con espalda, se descalzan y cada uno lleva en una mano un zapato negro y en la otra uno blanco. A continuación se les hacen las típicas preguntas picaronas. Por ejemplo: «¿Quién es más ardiente haciendo el amor?». Entonces ambos levantan a la vez el zapato que quieren. Si la mujer, por ejemplo, iza el negro (que representa al hombre), significa que es su marido el más pasional, si es el blanco, que es ella, y si levanta el negro y el blanco al mismo tiempo, que los dos por igual. Y lo mismo hace el hombre, pudiendo así comprobar los invitados el grado de compenetración que tienen los recién casados.

¿Y qué se come y se bebe?. Por lo general son platos fríos, en plan bufete, con una presentación alucinante, y luego, dependiendo de la zona, pues además de vinos de todo tipo, en Normandía, por ejemplo, sidra, por ser una zona eminentemente manzanera. Y así, a simples rasgos y para no marearte más, son las bodas de los de ahí al lado, que cuando finaliza, los invitados envuelven en papel de aluminio las viandas que quieren y se las llevan a casa para al día siguiente seguir comiendo.

Y como veo que no lo preguntas lo haré yo: ¿Lo pasa bien un español en una boda francesa?, pues qué quieres que te diga, si te toca de las de dormir en el coche, eres camionero y te llevas el trailer, supongo que sí, porque si no….. a mí me tocó un enlace de los de habitación; y de los dos días, la verdad, disfruté uno porque dos… como que es mucho, se hace muy pesado. Pero sí, sí, lo pasé bien, muy bien, y lo que es la vida; a no sé que hora de la madrugada me sentí identificado con Martin Luther King, cuando dijo aquello de: «Yo tengo un sueño… ». Pues yo igual, también tuve un sueño, pero no encontraba mi cama. Qué cosas pasan ¿verdad?.

PD. Te agradecería que hicieras un comentario porque estoy realizando una prueba. Gracias por tu colaboración